PRONTO A LA VENTA

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TÁNGER...

sábado, 10 de septiembre de 2016

Socialmente social


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“No seas extremista” hemos escuchado en muchas ocasiones de la parte de alguien que en absoluto es extremista, ni apasionado, ni probablemente esté vivo. Hay personas que son, diríamos, templadas y no entienden a otras que defienden a ultranza cualquier cosa, con pasión y fanatismo. Pero, si no se tiene pasión y fanatismo no se puede “ser algo”  ni defendar nada, dicho de otro modo cuando tenemos una pasión o una profesión debemos defender o amarla con todas nuestra fuerzas, luchando y trabajando con toda nuestra alma. ¿Por qué? ¿Acaso nos dará dinero? Eso es una cuestión que debería de estar en un lugar posterior, no es pregunta que se deba de hacer uno en una primera instancia. El fanático, el amante de una profesión no se lo cuestiona, “si además me pagan, mejor”, -dirá en su fuero interno. El apasionado lo es con independencia del mundo materialista, es decir, es un romántico. No hay muchos, pero hay. Ya sé que esta no es la filosofía económica que se ha impuesto hoy en nuestras sociedades, por esa misma razón, no hay hoy prácticamente nadie que destaque de forma sorprendente y por si misma, se destaca por apoyo publicitario, nada más. El altruismo que debe ser hermano del amor a una profesión, se ha desterrado y las gentes estudian una u otra profesión en función de lo que les pueda dar económicamente, sin tener en cuenta que  luego pasas toda tu vida en algo que si no te gusta puede ser una tragedia terrible. Triste elección y peor forma de pensar. Comercio humano extremadamente degradante. Los que adoran una profesión, aquellos que tienen pasión por algo y que han empezado desde pequeños, pondré el ejemplo de los sacrificados músicos o bailarines que tienen que empezar obligatoriamente en su tierna infancia, su vida es diferente de las de los demás. Es de suponer que en algún momento de su vida habrán pensado en una recompensa económica pero no con mucha frecuencia, seguro que no, aunque habrá quien piense que sí. Por encima de todo está “el hacer” la honestidad, el acto divino de ejecutar aquello que nos gusta y en ese anhelo la persona encuentra la dicha, aunque la mayoría de las veces estar ahí en esa determinada profesión nos de mucho sufrimiento y soledad. La soledad es muy necesaria para la consecución de algo grande. Sin soledad es imposible que la persona se encuentre con el ser humano que lleva en su interior y los talentos que tiene dentro, todo ser humano los tiene. La sociedad en la que vivimos precisamente lo que hace es esconder todo eso para que la persona no se encuentre a si misma, no sepa nunca lo que quiere porque no ha tenido el tiempo de sentirse solo, claro, disfrazado todo de una mentira social, cree que tiene un mundo, cree que está acompañado pero no lo está, tiene un mundo falso y cree que no tiene soledad. Como la ha rechazado no se encuentra a si mismo y la soledad es necesaria para conocerse y encauzar su vida. Bien, pues como digo, hay ciertas profesiones que se tienen que realizar obligatoriamente solos, esto es un virtuoso de un instrumento, un bailarín, un lector...un estudioso...cualquier cosa que se hace en la soledad nos da mucho a cambio, nos da sobre todo mucha seguridad y a ojos de los demás, somos peligrosos, muy peligrosos. No hay nada peor que alguien que se encierra solo a hacer algo que los demás no son capaces de hacer. El resultado es que los otros, esos mediocres a quienes les da miedo “ese que se encierra a trabajar solo” intuyen que algún día “ese ser” será superior a ellos porque sabrá hacer cosas que los demás no. Ahí viene la recompensa económica, ese es el momento en que se paga a alguien porque sabe hacer algo mejor que los otros, pero lo sabe hacer porque ha pasado tiempo, mucho tiempo intentándo hacerlo perfecto, trabajando mucho mientras que los otros no, los otros han preferido probablemente la vida social o el dolce farniente. Cuando se tiene una pasión, como todo en la vida se debe de llevar al extremo, en política, en ideología, en amor, en la profesión, en las pasiones, en los vicios...los poquitos...¿por qué beber un poco? Porque hay que ser comedido en la vida. Es una opción desde luego. Los hay que si beben, beben, si fuman, fuman. Hay quien es capaz de fumar dos cigarros por día...es una postura. Las pasiones como los vicios se deberían de llevar al extremo, pero esto no se debe imponer, son solo opciones de vida, de entrega, de darse. Creo yo que lo de tomar una copita de vino es algo tonto, yo no bebo alcohol pero si se terciase por alguna razón, creo que caerían veinte botellas de lo que fuera. Lo de ser templado, no lo entiendo, pero no hago apología de nada, son formas y como tales, distintas. La vida es compromiso a lo bestia, para eso se vive, para tomar partido continuamente por las cosas, aunque salga mal. En las cuestiones artísticas, la mayor batalla que hay que superar es el fracaso enorme que nos proporciona la relación con los otros, la incomprensión social con nuestro quehacer. Qué nos hace suponer que vamos a ser comprendidos cuando hemos pasado miles de horas para poder tocar determinado pasaje o para poder escribir esa página con esas ideas, ¿de dónde salen esas ideas? ¿Cuál es la respuesta a esa comunicación que se supone que es la respuesta del público o la de un lector? Casi siempre es trágica y con ello la relación del artista con su entorno, doblemente trágica. Es lógico. Todo esto es solo una imagen de lo que significa el compromiso con la vida, con el arte, con la amistad, con la libertad...con la vida. O lo hacemos o no no lo hacemos, o vamos a por todas o nos quedamos en la mediocridad del que nunca arriesga o del que culpa al que tiene a su lado para salir vencedor.
Todas estas opciones sobre nuestro quehacer son respetables, el que quiere trabajar, el que no quiere, el que ha encontrado su pasión ayudada por un talento natural, el que ha conseguido algo por trabajo pero sin talento, el que lo consigue por talento pero sin trabajo, el que quiere trabajar pero poquito, el que quiere llegar muy lejos...todas las opciones del ser humano y sus elecciones son respetables, y ese es el punto de no retorno, todas las elecciones son eminentes. Yo prefiero el compromiso aunque haya perdido en la vida muchas cosas a ojos del mundo. ¿Para qué vive la gente? Yo vivo con pasión y compromiso todo lo que puedo. Hay dos puntos importantes que se derivan de este planteamiento sencillo de las opciones del hombre en su vida y el sentido de estar en la tierra. Una de ellas se relaciona con el sentido que se da Hoy a esto materialmente y la otra es la reacción que tienen los otros como fruto de tal  conflicto establecido. Claramente ¿por qué una persona que no quiere pasar desde los 4 años toda su vida, por ejemplo, cinco horas cada día tocando un violín tiene envidia del que sí lo hace? El tiempo pasa y se convierte en alguien muy especial por lo que tiene de trabajo personal, con una vida completa no hablo de fama, esto hoy en día no dependerá de él, ni de dinero, que tampoco dependerá de él, hablo  de orgullo y satisfacción de haber llegado a la excelencia de si mismo, con independencia de lo que opinen los demás y sabiendo que a la otra vida se lleva un conocimiento que nadie le podrá arrebatar. ¿Por qué existen esas personas que tienen siempre envidia y que no quieren reconocer a los que han trabajado más  y que además tienen un talento especial para esta u otra cosa? Por qué si alguien tiene esas cualidades magníficas para la danza que es capaz de volar por las aires habrá alguien capaz de desacreditarle por pura envidia? De otro lado, si tenemos a alguien que nos impide nuestro desarrollo, por qué no sacar fuerzas y cambiar nuestra vida, lo que nos llevamos al otro mundo, es lo que únicamente nosotros haremos por nosotros, no lo que haga el de al lado, probablemente lo que hagamos nosotros por los demás y por uno mismo. Si alguien nos impide esto es que no estamos en absoluto en el buen camino, y no importa la edad para que esto sea transformado de forma radical. No importa la edad para ponerse a trabajar por aquello que nos apasiona, nunca, nunca es tarde para luchar por lo que consideramos que es el centro de nuestra vida, nuestra razón de ser. Por eso mismo, una profesión, una pasión es lo que hace a la persona y probablemente marcará el acontecer de su vida, porque según lo que haga, según haya escuchado su talento, sus fuerzas y su voluntad de acción y de trabajo, así será su vida, así serán los elementos de su vida. Poco importa lo que se haga mientras sea con pasión y amor.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Llamando a una amiga


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Llamar por teléfono a una amiga no es cualquier cosa. Yo recuerdo de pequeña –en mi casa somos muy aficionados a hablar por el teléfono- que me marchaba al colegio por la mañana y mi madre se quedaba hablando por ese aparato que en aquellos años era un tocho muy pesado, y cuando regresaba del colegio a comer cerca de la una pues mi madre seguía hablando con la misma persona. Bueno, yo pensaba para mis adentros, ¿qué cosas se tendrán que decir? Pasados los años he podido comprobar por mi misma que esto puede suceder casi sin proponérselo. Igualmente mi hermano que cuando yo era muy pequeña él ya tenía novia, se encerraba en su cuarto por cuya puerta salía un cable que conducía a la parte grande del teléfono, estaba horas también. Recuerdo de la misma manera en las reuniones que hacíamos cuando eramos estudiantes cómo si a alguien le llamaban por teléfono –ahora recuerdo el caso de Almudena y su novio Luis- cambiaba radicalmente la forma de hablar, el tono de la voz, la intención de la palabra. En las reuniones de estudio cuando alguna pasaba al habla las demás nos hacíamos las locas como si no fuera con uno, y no quitábamos la oreja del tema de nuestra compañera: -Hola mi bichito, -decía Almudena- a su novio con voz bajita para que no la oyésemos, lo cuál claro, era imposible y las carcajadas sonaban a diestro y siniestro por toda la casa aunque eso sí, de forma disimulada.
Había un anuncio de televisión por aquel entonces, supongo que sexista, donde se hacía un apología de hablar por teléfono y a la sujeta se le llamaba Matilde telefónicas. Ya ves tú, como si los hombres no hablasen, solo hay que verles móvil en mano. La fase peor y patética de ellos es cuando se ponen romanticones o incluso atrevidos. En esos momentos te dan ganas de matarlos. Sin embargo, culturalmente a la gente le ha quedado en su registro memorial que somos las mujeres las que más hablamos por teléfono y las que más criticamos. Cosa absolutamente falsa, los hombres son los más fanfarrones y cotillas del mundo como les des un poco de sitio y si es por hablar por teléfono...habría que ver estadística en mano. ¡Leche!
Ya mi madre de muy pequeñita soñaba –me ha contado muchas veces- con que la gente fuese por la calle llevando en su bolsillo un teléfono, en su sueño –decía- todas las personas respondían a sus comunicaciones según iban andando por la calle. A veces la ficción se convierte en realidad y mi madre ha podido comprobar por si misma efectivamente cómo la gente va por la calle, en el metro, en el bus, en el super...en cualquier lugar y circunstancia y le suena el teléfono y va y habla. ¡Alucinante! pero cierto. Esto como todos sabemos es para morirse pues en plena ciudad la gente va como hablando sola, sonriendo o dando gritos (con el piringanillo en la oreja) y en realidad no quiere decir que se hayan vuelto locos es que van hablando por teléfono, en esto, ganan como locos mundiales, los del piringanillo. ¡Flipante! Y si te paras a mirarlos el resultado es el siguiente: Estoy parada en la puerta de unos almacenes –sí ya sé que es un lugar horrible- esperando a una amiga y de repente uno que pasa: te lo juro te lo juro que yo no quería decirle nada, pero es que la verdad que me encanta no sólo él sino todo lo que le rodea. Y tú miras con cara de alucinada pensando en que quieres enterarte de todo lo que falta pero en ese momento pasa otra: María te he dicho que no, no te pongas tonta porque no quiero ir a esa fiesta. Y tú que estás esperando te preguntas ¿por qué no querrá ir a la fiesta? Y ya te han dejado con las ganas para todo el día. Una carcajada de otro que pasa con maletín en una mano y el teléfono en la otra: ¡Jajajajaja! desde luego es que se te ocurre cada cosa...vale luego nos vemos y no llegues tarde, sí donde siempre. Ya te han vuelto a dejar mal y cuando quieres reaccionar pasa otro: por favor, por favor, no me digas eso que no lo voy a soportar...Bueno, pues ya te han chafado el día. Así te puedes pasar horas hasta que llega tu amiga, tarde como de costumbre, mientras tú estás con los nervios de punta porque te han dejado a medias de un montón de conversaciones, decides hacer un puzzle de todo lo que has oído pero lógicamente el resultado es surrealista, te quedas con ansiedad de caballo.
Los hay que se mueven mucho para hablar, los hay que parece que están dando un discurso, unos miran al cielo, otros al suelo, la mayoría coge el teléfono con una mano y la otra la pone sobre el brazo del teléfono en actitud de corte de mangas, las hay que al mismo tiempo que hablan buscan algo en el bolso y parece que se les va a caer todo..., no se les cae y siguen controlando la conversación, ésta son las superguoman, pero lo mejor de todo es que los hablantes telefónicos parecen muy concentrados en lo que hacen y por supuesto todos fuera de la realidad. ¡Qué le vamos a hacer! Luego está el teléfono de casa, ese que solo suena cuatro veces y que cuando quieres llegar ya se ha cortado a pesar de haberte dejado la hernia discal en el intento, bajando las escaleras. Lo que es, llegar para nada, pero una vez que ya estás ahí pues se te ocurre que como tienes una tarifa muy apañada pues vas a llamar a alguien. Marcas el teléfono y como estás cual moto te has confundido y responde alguien que no es, una voz de persona mayor y enfadada: perdone, perdone creo que me he confundido, dices tímidamente y cuelgas. Vuelves a marcar esta vez clavando el dedo en los botones para que se marque bien, por inercia rara también te clavas el teléfono en el oído como si de esta manera estuvieses mas cerca de la persona...¡raro! Esta vez es tu madre que tiene el teléfono para sordos y te contesta con un volumen tal que te hace polvo la oreja para todo el día, pero eso sí, la has escuchado muy cercana.
Están las llamadas de la telefónica, sí las que hacen encuestas, de chorradas en cuyo caso lo mejor es decir que tú misma no estás que no sabes cuando vas a volver y que llamen más tarde. Siempre me funciona lo de: mi madre se ha ido a Argentina a buscar a la madre de Marco y a pasarlo bien. Un día se me ocurrió encargar por teléfono unos congelados y a partir de ese momento ya no sé qué hacer para que no te llame la chica de la empresa haciendo su trabajo –ya lo sé y me da pena- para saber si has mirado el catálogo y demandarte el inefable encargo. Hay ofertas estupendas –dice- y te sirven en seguida dos kilos de judías verdes, te regalan una bolsa de cebollas, y si compras veinte pizzas te regalan dos bandejas de canelones, más los helados y las tartas. Total, un descuadre de 75 euros que en realidad no tenías pensado gastar porque estás en tu casa pa ahorrá, pero como te han pillado de tonta y en el fondo te da pena la chica a la que les has dicho cuarenta veces que tú misma no estabas, que no te ha llegado el catálogo, que te lo ha enviado, que lo ha vuelto a enviar, que no lo has mirado, que espera a que lo mires, que no lo encuentro y que te lo cuenta ella por teléfono...encargas todo lo que te diga y punto. Declive de tu voluntad y por lo tanto de tu personalidad que la has perdido si es alguna vez la tuviste. Acaso algo de bien sí se le hace a la amiga telefonista que con ello se llevará gracias a ti una comisioncilla, nada del otro mundo, claro.
Existe igualmente ese momento en el que suena el teléfono y son ellos los que se han confundido preguntando por María que no eres tú. A partir de ahí se te hace más difícil vivir por la sencilla razón de que te preguntas como en una interiorización del ser ¿por qué no seré yo María? Ya tienes ahí la consiguiente crisis de autoestima y personalidad. Ahora hemos caído en el totum maximus, en el desideratum único como es el hecho de tener teléfono en casa pero un teléfono portátil. Es un teléfono inalámbrico que te permite trasladarte por tu casa mientras hablas con alguien. De esa manera puedes hacer cualquier cosa y cuando digo cualquier cosa es que es cualquier cosa. Tiene el fallo de que si no se ha cargado hace unos ruidos horribles, pero bueno, superada esa cuestión el portátil inalámbrico y con altavoz es toda una novedad sensorial, sin dudas. Llamar a una amiga en esas circunstancias supone entrar en otro mundo acústico y como tal, imaginativo.
Cuando has conseguido comunicar con tu amiga –mi amiga Ángela en este caso- que de hecho tenía ocupado su teléfono desde hace una hora, la llamas justo en el momento en que ésta trabaja para hacer la comida, ya que por la tarde no está en casa. Tú ese día estás hecha polvo pero no va a importar ¿por qué? Porque las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez. Mi amiga también tiene un teléfono inalámbrico y con altavoz, osea el tow mach. –Ay, me has cogido en el baño, perdona, pero no, sigue, sigue hablando si yo te escucho igualmente es que ya no podía más Uff!! Suena la cisterna del water. ¿qué tal? Esperas a que termine el ruido de la cisterna. Pues bien, nada, aquí estoy que no sé qué hacer con el pelo. ¡Vaya! Pero si así estás muy bien. ¿te has cansado? Sí, yo creo que sí, es que me veo fatal...además con los kilitos que he cogido últimamente...¡que estoy de buen año! Bueno, si te sirve de consuelo no he bajado los veinte kilos de más desde el 2008, pero me da igual...Ay, espera, espera un segundo. Ruido de batidora. Ya, ya está, es que tenía que batir esos huevos, pero sigue...espera que pongo el manos libres. ¡Oye! ¿Pero me oyes? Si, sí es que de paso aprovecho para lavar estos platos que si no se me acumula. –Ah, ya.
-Pues te decía –intentas seguir- que he tenido problemas en el trabajo y que estoy fatal además con lo del pelo. –Ya, ya lo comprendo...pero espera, espera un momentito que me llaman a la puerta...Esperas, ya, ya estoy contigo otra vez. Nada te decía que estoy muy desanimada que pienso mucho en el suicidio. ¡Pero mujer! Estás mal, eso no puede ser, ¿qué te pasa además de haber perdido el bolígrafo? Pues ya te he dicho que tengo problemas en el trabajo y que no aguanto mi pelo. Ya..espera, espera un segundín...¡ya! es que no podía abrir el frasco de los espárragos. (Escuchas los golpes del tarro en tu mismo cerebelo). Bueno, te decía que me siento muy mal (ladridos de perro) ¡anda!, ahora es a mi que llaman a la puerta. Un segundito que ya llego, era el cartero que traía una carta certificada pero no es para mi. Bueno dime cariño –dice Ángela-, siento que estés fatal, lo del trabajo lo entiendo porque yo estoy igual. (Ahora enciende el extractor de humos) Oyeeeee, oyeeee, dice ella. Sí, sí te oigo, algo mal pero te oigo. Por favor, mira a ver si puedes quitar la extractora. Vaaaaale, la quito. Es que si no la pongo luego huelo a fritanga que no veas.
Ahora que lo pienso...¿cómo está Julio? Pero de qué Julio me hablas? Pues hija de tu marido, quién va a ser, veo que estás peor de lo que yo pensaba. Por cierto ¿me has enviado el libro de métrica? Pero qué estás hablando, perdona pero no entiendo nada. A ver tú no eres Ángela que vives en Madrid? No, claro que no, yo vivo en Asturias y me llamo Conchita. ¡Anda! Y tú no eres Rosa que vives en Bilbao? Pero tú no eres Rosa? No, que va yo soy María.  No, Pues para no conocernos de nada qué bien nos hemos entendido.

jueves, 18 de agosto de 2016

El gusto en la escritura


Hay cosas que tienen delito y otras cosas que no tienen solución como es el caso del buen gusto en las personas, para algunos es obvio que no saben lo que es ni en Estética, para otros, bajo ese título se dedican a la escritura. Lo que sí es claro es que para escribir hay que tener buen gusto, con esto se nace, sin embargo existen muchos empecinados en ser, existen los que como sea, no importa el precio, quieren ser de la profesión, ¿por qué? Por que hoy en día todo el mundo es escritor, por lo tanto portador de ideas y teóricamente con sapiencia como para desarrollarlas. Pero esto no es así. Existe un intrusismo muy grande que invade la profesión y que solo crea confusión entre unos y otros.
La escritura es algo que desarrollamos algunas personas como algo, que nos gusta hacer, en realidad todo el tiempo, sirve para dar testimonio, para jugar con la filología y su canon ideal, para denunciar, para ilustrar, para criticar, para acariciar...para hacer llorar, divertir, ilustrar, hacer pensar, culturizar... Tiene muchas utilidades y para mi es algo sagrado. Después está lo que podríamos denominar -seguro- como el escritor y todo lo que le rodea, es decir la escritura y todo lo que la rodea. Éste -el escritor- como tal, conlleva ensimismo otra serie de cargas que aunque no deberían sin embargo influyen directamente en la escritura y en la aportación del mensaje que esta tiene. Esto pertenece a lo que entendemos como el mundo del escritor. Conviene recordar que en la actualidad  por delante de la escritura está la venta de otras cosas, si es del escándalo, mejor.
Por desgracia hoy en día no se sabe quién es quién y qué persona puede o debería dedicarse a tal o cuál cosa. ¿por qué? Porque en un país como el nuestro –me refiero a España- suceden cosas que solo pueden suceder aquí. En otros lugares suceden otras cosas pero desde luego, éstas no. Y claro, todo tiene su razón de ser y su razón de existir. Hoy hablaré en continuidad a lo dicho por Javier Marías sobre la zafiedad y sus ventajas, vamos, a las palabras y acciones que últimamente venimos contemplando en algunos escritores y otros que se hacen llamar periodistas, locutores, habladores...gentes que tienen un contacto directo con las masas. La escritura también tiene su parte televisiva, este es el segundo punto importante a analizar.
No sé por qué o de qué se extraña mi apreciado colega de la forma de expresarse y de calumniar de gentes que pretenden ir de tertulianos, de periodistas o gentes de la política o de la cultura. Van por ir, pero lo que es ser, no son, nada. Son los canallas, los cafres, los canivales de la Humanidad, de la indecencia filológica porque ya se ve que decencia no tienen, que no la conocen, asesinos del buen gusto, porque el gusto también se ve que nunca podrán tener y eso sí, maestros de la calumnia porque eso es lo que vende, y no su arte, ni sus políticas. Mientras se sigan permitiendo programas y programas donde se favorece y se facilita el calumniar a hombres, mujeres, enfermos, profesiones...todo, no debe extrañarnos nada de lo que suceda en los que “dan la cara” y que tenga por claro el que esto lee que en esta  “meriendas de negros” ninguno de los que da la cara delante de su público es inmune ni indemne. Ojo que lo quiero decir es que mañana le tocará a otro, a ti como no te andes con cuidado en un país donde no se respeta absolutamente nada. Pero ¿alguien se extraña? ¿se extrañan los hombres cuando llevamos siglos oyéndoles hablar asquerosamente de las mujeres? ¿Se extrañan los médicos de que les ataquen cuando ellos se hacen publicidad o hacen programas jugando con la salud, cosa inaudita y exclusiva de este país? No encuentro nada de relación entre la patanería y la disconformidad que mueve al escritor a reaccionar y escribir. Disconformidad, sí, insatisfacción.
En mi profesión en la que ser mujer entraña mayor dificultad, tengo que soportar la manera de cómo hablan los hombres de las mujeres, pero es que también hablan así las mujeres de las mujeres. Yo la última vez que escuché decir que a una compañera la Tesis doctoral le había tocado en una tapa de yogurt, me cabreé, claro que no sé para qué la defendí si esa misma compañera se dedicó hace unos años a desacreditar mi trabajo diciendo lo de siempre, que los que apoyaban mi revista era porque habian tenido un lío conmigo. Triste y poco inteligente su reflexión que nadie se creyó, era claro que la muy mendruga no me conocía. Al final terminó por dar pena, ella, que quedó de envidiosa de una profesora mayor que envidia a la que es más joven. Punto. Comportamiento muy habitual y cerdo, que al final como el tiempo pone a cada uno en su lugar voy a tener que pensar que sí, que su tesis se la encontró en una tapa de yogurt, pero me resisto a hacerlo. Las mujeres no debemos reírnos de los comentarios machistas y puercos de unos y de otras, pero yo los he oído mucho y me cabrean soberanamente. Algunos lo consideran la sal de la cocina española. La lengua española, adalid de la sátira, de la novela picaresca, de los embites entre Quevedo y Góngora, es una maravillosa arma del sacarmo y de la diversión cuando se sabe utilizar, pero cuando es mal usada, puede llegar a ser lo más grosero del mundo y por lo tanto un arma de ofensa.
El escritor con su escritura siempre ha vivido condenado a la soledad, pero hoy en día eso ya no es así. El escritor con su escritura era la mayoría de las veces alguien extraño, poco conocido, tímido (por eso se dedicaba a la escritura) porque era su refugio, era alguien a quien –por lo general- no le interesaba exhibir su vida privada (podríamos hablar del caso de Galdós, guardián celosísimo de su vida privada). Pero lo peor es que el escritor –para mi- pierde su sentido y su función en el momento en el que se dedica a abrazarse con los políticos, sean cuales sean sus ideales, mucho peor si son de Franco, claro. Esto pasa factura. A partir de ahí está uno  perdido. Si alguna vez tengo problemas –que visto lo visto nadie está exento- me gustaría que me defendieran aquellos que hacen lo mismo que yo, aquellos que viven y sirven a los demás en la soledad con su escritura y sus trabajos y que en ocasiones tienen que hacer funciones de escritor: conferencias, clases, lecturas...esos, los que son de lo mío, los intelectuales y no los políticos esos no quiero que salgan al quite a defenderme porque yo espero no estar a su servicio, nunca. Yo incluyo en “los políticos” a todo aquello que entraña politiquería, también pueden ser editores y otras maravillosas joyas nacionales de poder.
Sobre el mal gusto imperante y sus dineros, insisto en que no es más que un fiel reflejo de lo que hay en la sociedad. En las muchas funciones que corresponden al escritor –osea a su vida- no debe estar el perder los papeles como se pierden hoy en día, con tan poca inteligencia y tantas ansias de llamar la atención, aunque sea con escándalo del más cutre. También existe algo que se llama la dignidad, pero es para los muertos de hambre como yo. Con eso está todo dicho, ni hay inteligencia ni es culto lo que hacen, ni Cristo que lo fundó (expresión galdosiana). Por eso no puede ser escritor cualquiera, ni intelectual, ni periodista, ni comunicador, porque hay que saber muchas cosas para no meter la pata y que se vea el plumero más de lo que concierne. Yo metería en la cárcel a toda la gente que se cree en el derecho de poder hablar y calumniar a los demás, a los que invaden las profesiones, a los que se rien de los defectos físicos de otros, costumbre tan andaluza como extendida por todo el territorio cada uno con su aderezo, se ríen de los mayores, de las mujeres, de los que tienen exceso de peso...sin gusto alguno en la sátira, todo es molesto y la gente es muy faltona, faltar por faltar, sin saber pajolera idea de educación porque no les interesa o porque no les ha hecho falta. Con lo polis que son los franceses. Con esta manera que tienen los comunicadores (sí, esos intelectualoides de las tertulias televisivas que además crean opinión) ahora demuestran que no saben manejar el idioma como otrora lo hicieron nuestros predecesores (praedecesoris). La educación (educatio), como la discreción (discretio) y otras cualidades del ser humano que ya nadie conoce, cuando se tiene es un disfrute, es una manera de relacionarse, de dialogar, de trato, pero también de ataque, de la más dura batalla, de crítica...solo que hace falta inteligencia para manejarla y algunas otras condiciones más. Hacen falta desde luego enemigos de la misma talla. De estos aderezos poco quedan a los españoles. Ya pocos sonetos de hombres pegados a narices podemos leer porque no hay Quevedos, mal que les pese.
No hay nada más fácil, característico, tradicional y chabacano por otra parte que un hombre alardeando de lo que probablemente no sea capaz luego de hacer ni por asomo, ni creo que tenga que ver nada con lo que le concierne a su profesión. Peor aún si hace las cosas y las cacarea. Menos aún soporto a las mujeres “hablar de cómo la tiene Fulano o Mengano”, me parece de un mal gusto que produce exacerbación y sobre todo que no me interesa. Eso no se cuenta, nunca. Un aspirante a  escritor porque no lo es, que escribe una farsa de pésimo mal gusto en un periódico en contra de uno que sí es escritor...es el día a día de la actualidad. Yo creí que la gente conocía el manejo político que existe detrás de estas movidas, pero no, no lo saben y aquel que tiene más espacios televisivos y de radio, pues ese gana. Querido Marías ese lenguaje brutal y vocabulario deleznable del que hablas en tu texto del domingo también ha sido utilizado en ocasiones por muchos académicos, con sinceridad con muy poca gracia y menos arte. Les hemos escuchado. La guasa machista sigue existiendo, y tristemente permanecerá porque es la manera “jocosa” de divertirse de algunos hombres. Vamos, el bocazas de toda la vida que merece que se la partan, al que yo no me acercaba ni loca o que intentaba reconducir con mis comentarios, probablemente sin conseguirlo y expuesta a que al darme la vuelta, ese mismo, me atacase a lo bestia. Pues esos, siguen ahí cada vez con más fuerza. Pero la verdad termina por salir, yo creo en la verdad, pero en los mentirosos también, en los traidores, en los groseros, mucho más y creo en combatirlos, ellos colaboran a mi disconformidad con la sociedad, colaboran a la insatisfacción necesaria del autor y es seguro que tendrán su merecido porque a cada cerdo le llega su San Martín. Son muy numerosos pero quizás sean necesarios -son los buffone de la sociedad-, útiles quizás para que pueda brillar alguna vez algo verdaderamente hermoso aunque sea a codazos. Es una lucha que ha permanecido desde siglos y que continuará.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Año de menos



Meses de recorrido sin seres tan
Espeluznantes como un trino elegíaco.
Tiempo perdido por mediocre juventud
Que se ha perdido en las quebradas
 De tus actos, siempre detestables.
He quitado un año de mi vida
Cuando te que quitado de mi vida.
He respirado de nuevo el desierto
Donde encontré la paz del olvido
Ante tanta minúscula alma frente
A patricia humanidad.
No has merecido nada, yo sí,
Merezco olvidarte para poder encontrar
Merezco rejuvenecer al despreciarte.
Unos días, unos meses de nueva conciencia

De nuevo atardecer, ya lejos de ti.

sábado, 9 de julio de 2016

Cuando se tiene un amigo escritor



Los escritores en general somos personajes peligrosos. Esto sin duda se puede comprobar de una manera cotidiana con las reacciones que tienen nuestros amigos y familiares. Yo he podido ver, sufrir y padecer muchas reacciones de las personas que me rodean y seguro que a otros colegas que se dedican a lo mismo les sucederá igual. De entrada, nuestra profesión parecerá –para la mayoría de la gente- algo ociosa, nada fundamental y mucho menos algo de importancia para la marcha de la economía de un país. Me refiero concretamente a la “opinión” que de estos temas tienen mis confrères españoles, pues en otros países conceden otra importancia a escritores y filósofos como es el caso, por ejemplo, de Francia. Bien, dicho esto, paso a comentar algunas reacciones curiosas que de este tema he podido cosechar. Siendo consciente de mi estatus de vaga nacional, constaté en algunas amigas (todas eran mujeres las que me lo decían sin saber hasta hoy porqué) la mala leche que tenían cuando me lancé en pleno embarazo y crianza de varias criaturas a hacer un Doctorado en Filosofía y Letras. Lógicamente nadie daba un duro por mi, considerada escoria social, osea una mamá que ahora quiere ser intelectual, un horror, ni siquiera el director de tesis –del que podría decir y acusar ahora de más de una cosilla- confiaban en mi proyecto. ¿Para qué quieres ser Doctora en letras ahora? Ese ahora castrante, me sonaba a fascismo puro. Pero me dió igual porque uno debe confiar y creer sobre todo en su propio potencial y nada más. El tiempo pasó y donde la gente normal emplea seis o nueve años en terminar, yo lo hice en tres, es decir, que cuando leí mi tesis, fui con varios libros publicados y me dieron mi notaza. (también llevé varios bebés). Los libros de ensayo literario y filosofía que escribí a partir de aquellos años cayeron en saco roto. Todavía hoy, colegas de Universidad –un mundo dominado por acomplejados y por machismo paternalista- continúan a hacerlos pasar desapercibidos. A mí me sigue dando igual porque no consiguen que me pare, son seres que tienen que existir forzosamente para el héroe de sí mismo. Cuando uno escribe “esas cosas tan serias que nadie entiende” te dejan de lado por marginada social, o por alguien que en realidad no llegará a nada porque escribe cosas raras y desde luego de poco pecunio. Yo digo siempre: eso, por ahora y así hallo consuelo y bonheur.

Temas académicos aparte de los que se podrían escribir aburridos tomos, llegamos al momento en que el escritor comienza a escribir otras cosas más molestas, artículos,opinión, cuentos, poesía, novela...¿qué sucede con amigos y familia? Para los amigos, tener un amigo escritor o poeta es desconcertante, es como encontrarse de bruces con la realidad, con él, y si no has hecho los deberes...mal, vas, mal. A un primo poeta o a una hermana novelista hay que leerle algo ¿no? Los amigos se sienten presionados –supongo- por esta situación. ¿por qué? Porque te preguntan bueno, y ahora qué haces? –pues lo de siempre...escribo esos textos que pongo en mi blog (subsconsciente: y que tú nunca lees) que a la gente le gustan mucho, el otro se pregunta en su subsconsciente (a qué gente) trabajo sobre una novela...ultimo los detalles de mi último libro de cuentos...ya sabes, artículos para revistas...(en fin vida de vagos...) El amigo a quien hace alomejor dos o tres meses que no ves se siente obligado como a decir alguna cosa para agradarte con una cara rara porque en realidad no se ha leído ese libro que tú con tanto esfuerzo le regalaste entre otras cosas para que te conozca, para que sepa lo que haces y no te juzgue tan a la ligera, ¡leñe! Y descubres que es un traidor, que no lee nada, que solo se tira el pisto con lecturas ociosas, con cuatro cosas de bobo de salón, que leer, leer, en realidad no lee nada, o que sino... es un cabrón si no se toma la molestia de leer un libro de un amigo o de decirte algo, de reconocerte. Punto. Ahora llegaría el momento de terror absoluto cuando te da por preguntar abiertamente: -Por cierto ¿te gustó mi último libro? Horror y más horror en el semblante de nuestra amiga o amigo, que se ha quedado ñeque-ñeque, por lo tanto: Esta es una pregunta que nunca se debe hacer.

Luego están los que se sienten intimidados ¿cuáles son? Los que creen que serán fuente de inspiración para algún cuento o quizás un personaje...y por consiguiente te temen. Y llevan razón...por eso un escritor es molesto porque observas y luego de manera consciente o inconsciente lo llevas al folio, pero no es grave, es la vida y la novela por ejemplo, es imagen de la vida. A partir de ahí eres sospechoso. Después están los que han leído algo tuyo y no les gusta pero ¿cómo te lo van a decir?, están los que querrían hacer un Simposium sobre lo que han leído de ti, y claro, tampoco es eso (yo siempre digo...ah! yo he dicho eso...no me acuerdo) y luego están los que han leído algo tuyo pero no te encajan nada en absoluto con tu imagen o con lo que representas, es decir, con la persona que eres. Lo que leen no es la persona y la persona no está o sí está en lo que está escrito...pero no saben qué hacer con ese material. Resulta que les parecias una pacifista y acaban de leer algo tuyo que incita a la revolución, o piensan que eres una mística y tus libros son una apología del hedonismo ¿qué hacer?.

En Francia, me han parado muchas veces por la calle para felicitarme por el artículo Les chaussettes Ah les traites! En su versión española Los calcetines también tienen su vida interior. Ya ves tú, probablemente el texto que más rápido he escrito en mi vida y que menos complicaciones me creó. La razón es sencilla y simple, es un relato que habla de un asunto de orden extremadamente cotidiano como son los calcetines que uno se encuentra por la casa de la manera más absurda y loca, pero contado, quizás con cierta gracia y veracidad. El lector, probablemente –a juzgar por lo que ellos mismos dicen- encuentra una comunión muy grande con el escritor que se acerca a él para hablar de cosas de orden diario, cosas normales, nada sublimes que son las que nos hacen recrearnos a los escritores en un a modo de exaltación de la amistad con la retórica quizás demasiado irreal para algunas personas. El lector –o mejor dicho a determinado tipo de lectores- quiere que el escritor se acerque a él. El resultado es que el otro día en una cena, en Francia, claro, presentándome como caso clínico, alguien lo hizo refiriéndose como: es una estupenda escritora española que escribe mucho sobre calcetines... Vale. No hablemos de ideologías y demás...muchas veces me han preguntado ¿pero tú has sido espía y guerrillera comunista? O ¿pero cuando has tenido esa experiencia con un músico? Yo he dicho la verdad, no, nunca he tenido esa experiencia con ningún músico (es por el texto de El Oboísta) y de haberlo tenido jamás lo sabría nadie...En fin, la gente se despista, se descoloca, se despeinan al ver que en realidad de una persona de apariencia llana y tranquila (como creo que soy yo) no saben nunca en realidad qué eres, qué diablos tienes en la cabeza, y eso, te convierte en peligroso ¿por qué? Porque no te controlan. Y yo, río de felicidad completa de poder tener ese mundo particular, íntimo, sorprendente que te permite ir de un lugar  a otro fácilmente como un navegante sin que nadie sepa en realidad qué eres, ni quién eres. Si te mueres de hambre...pues, ya se verá.



jueves, 7 de julio de 2016

La metáfora de Ser, fábula teatral absolutamente inverosímil


 

La metáfora de Ser, fábula teatral absolutamente inverosímil
Habitación naranja, soleada y con un tragaluz por el que entra un sol de justicia. Muebles antiguos de anticuario rellenan las paredes que son de color amarilloanaranjado como un sol. Es lógico en ese despacho está amaneciendo. Dentro hay libros cuyos lomos se transparentan por los cristales de las puertas. Todos ordenados por colores. Muchas barras de pan cuelgan del techo.

Despacho de una Facultad cualquiera. (suena la puerta, toc, toc)
Sara Latina: (profesora universal inaccesible al desaliento) ¡Adelante!
Entelequia Nebrija: paaaadentrooo ¡Hola! ¿Esta es la Casa de las Metáforas?
Sara Latina: (que está haciendo el pino en su despacho como si nada) Esta es la casa de las metáforas, en efecto.  Naturalmente que podeis pasar, estaría bueno: ésta, es vuestra clase. (huele bien)
Entelequia Nebrija: Bien pues vengo acompañada de esto: un lápiz, un trozo de madera, tela de algodón, plastilina, agua en una botella, un trozo de hierro, arena en una caja, un trozo de desierto, un árbol pequeño ciprés, un árbol pequeño sauce llorón, una goma de borrar, un trozo de cristal, una cerveza, un libro, acuarelas, una caja de latinajos, un imán…y un pollastre. (Este último parece el emblema del grupo.)
Sara Latina: Hombre, qué sorpresa…estáis todos aquí.
Entelequia Nebrija: Ajá, osea que sabes lo que significa esto ¿no? Guapetona.
Sara Latina: saber, saber…yo solo sé que no se nada.
Entelequia Nebrija: entonces si no sabes nada ¿porqué estás ahí?
Sara Latina: Por que vengo a aprender y porque me da la gana… a hacer asociaciones metafóricas que las vendo en mis clases a cambio de que me devuelvan otra metáfora…y así. También puedo inventar palabras pero estas solo las doy cuando otro lo provoca, sino, nada de nada.
Entelequia Nebrija. Ya, ya, muy inventora te veo. (Según dice esto el personaje sacude su melena de un sitio a otro con rapidez. Es una melena gallega).
Sara Latina.- (que al ver el espectáculo de los cabellos gallegos, flipa un poquito) Pues mira, mi querida Entelequia aquí tienes dos o tres palabrejas: hidromaníaco, hidrófilo, latinfan…
Entelequia Nebrija:- Tu sigue así que un día harás Cátedra. Muy bien que me parece, pero ¿sabes lo que tienes que hacer ahora no?
Sara Latina.- ¿Te refieres a todo esto que te acompaña verdad? (se acerca a acariciar la tela de algodón, toca el trozo de hierro, mete el dedo en las acuarelas, bebe un poco de agua, teclea sus uñas en el cristal…observa todo)
Entelequia Latina.- Sí, me refiero a nosotros barra nosotras. Ahora te toca a ti hacer algo con estos materiales, de modo que ya puedes empezar a currar un ratito y al final del curso nos mostrarás qué has hecho con nosotros. ¿qué te parece?
(Suena la puerta. Voz: ¿Podemos entrar profesora?)
Sara Latina.- ¿Si me dice quien habla? (grita cual posesa)
La Voz.- Somos los de los muebles. (también elevan sus voces pero son una coral)
Sara Latina.- (perdonad) Ah, sí. Pues entren, entren.
La cuadrilla va vestida de guerrero ninja. Hay un quinto mozo que entra por la ventana descolgándose con arneses.
Mozo.- Soy el antenista que traigo las antenas de plastilina que ha pedido usted.
Sara Latina.- Bueno, bueno, muy bien, pero por favor sean breves. (siguen a lo suyo)
Entelequia Nebrija.- Lo siento, quizás sea mejor que vuelva en otro momento...tienes mucha gente aquí.
Sara Latina.- No os inquieteis (ahora habla al plural del personaje) haga usted como si no estuvieran…¿vale? (este ¿vale? Debe ser pronunciado con intención entre macarra y culta, una cosa rara .) Yo me ocuparé de este encarguito que me hacéis. ¿Qué más?
Entelequia Latina.- Nosotros somos pura dinamita, así que puedes empezar a currar. (se da cuenta de que se ha pasado un pelín…Sara es la profesora) (tose, ejem…onomatopeyas varias….se ponen nerviosos y comienzan a hacer acrobacias…la madera salta sobre el pie derecho, el cristal sobre el izquierdo, la arena se sube por los muebles, el desierto emite voces, la plastilina baila bachata, el agua hace formas de héroes, el sauce se mueve a ritmo de cajón flamenco, el ciprés canta con voz de contratenor, la tela de algodón emite viento como de barco…(Se lía parda.)
Sara Latina.- (como si no fuera con ella) Vale, bien, bueno…tranquilos.
(Un pollastre sale mareado y dice: Arrrivederchi!!!) Poned la mente en blanco!!! A ver qué tal.
Entelequia.- uno de los de la Entelequia (Noemí) dice que dejar la mente en blanco es una virtud, así que a ver ahora qué hacemos.
Sara.- No, no es un virtud, es un entrenamiento…tranqui…ya lo haremos más a menudo.
(Hay un bolso muy grande que nadie sabe de quién es. Se abre solo ante el estupor de los que están en el despacho. El Mozo antenista que parece no haber terminado su trabajo hace un ale-op para cerrarlo pero no lo consigue)-
Entelequia.- Deja, deja chaval no te metas donde nadie te llama. (el Mozo se va disparando una pistola de rayos laser, pero se va como contento. La cuadrilla Ninja sigue por ahí haciendo que hacemos…están y nadie sabe quién son ¿lo sabes tú lector?)
Se abre el bolso y empiezan a salir de ese bolso estereotipos, algunos molestos, otros divertidos, muy buenos algunos, estereotipos de fresa, estereotipos de cerveza…
Entelequia.- Adiós Sara…vamos a mirarnos hacia adentro a ver qué tal…
Sara.- Adiós, adiós amigos: Solvet saeclum in favilla.


 

miércoles, 6 de julio de 2016

Apuntaciones a un texto de El País 29 cadáveres en la Puerta del Sol



Aquel que vive de la Historia, vive, pero vive mal. Algunos se han manifestado ayer en la Puerta del sol exhibiendo cadáveres de fusilados encontrados en el monte de La Andaya en Burgos, ante la sorpresa de turistas –a quienes le parece un horror- o de trabajadores que a la sazón les parece el opio que distrae a la peña de otros grandes males. Este tema  ha recobrado –porque ya existía antes- una nueva dimensión ahora entre gentes, asociaciones, políticos y demás personas y personajes que se unen a esta lucha. ¿cuál? La de la búsqueda de sus antepasados de una guerra que ya se perdió, de una guerra que perdimos. No digo nada, solo que se perdió. No digo nada solo que el tiempo ya ha pasado y que me gusta mirar hacia adelante no sin mirar hacia atrás de vez en cuando, con un nudo en la garganta, con nostalgia, con tristeza, con pena, pero con respeto. Yo soy una buena perdedora y en el perder he encontrado mucha sabiduría que no el recurso del pataleo, claro. Yo no quiero que de mi historia, de la mia personal y de la de tantos otros españoles que salieron del pais, -muchos de ellos por culpa de los políticos republicanos- sea manipulada, utilizada y usada como mercancia cultural ahora que es un tiempo en el que van muy bien esos temas. Yo no digo que no haya que explicar qué pasó y con ello respeto las versiones que cada quién y cada quisque quiera dar, yo también tengo la mia, claro, tan respetable como las otras, no, lo que digo es que esto no es una feria. Las personas no somos ganado. Es posible que con el tiempo y si alguien me convence cambie de opinión. La persona está para evolucionar y tampoco hay que estar a piñón fijo con una idea, pero lo que es por ahora, creo que no me apean del burro.
En mi familia como en la de tantos otros existieron de los dos lados, unos conscientemente y otros probablemente sin saberlo. Como sea, unos se quedaron, se adaptaron e intentaron ser felices –como en los cuentos- y otros se marcharon cambiaron su identidad y no les volvimos a ver. Uno de mis abuelos fue uno de los que escapó a Francia, agobiado por los de su partido, abandonado por los de sus mismos ideales y por lo tanto desaparecido. Combatió en la resistencia, solo se eso. Probablemente si me dieran una subvención para encontrarle aquí en estas tierras desagradecidas con los combatientes españoles, pues no voy a negar que no la despreciaría, pero, luego está la otra parte, y es que yo prefiero contárme las cosas así, pasearme por los bosques franceses pensando que en alguno de ellos estará mi abuelo, o quizás esté en las cenizas de Dachau o de Manhautsen...no lo sé. No podemos castigar a los demás por algo que aunque para nosotros sea un crimen para los verdugos no lo es, nadie cree que ha hecho mal, nadie cree que obra mal, todo el mundo tiene su razón para actuar de una manera o de otra. La vida, las circunstancias son de una manera y cuando uno quiere que hayan sido de otra –y hablo en pasado- no se puede o no se debe buscar culpables, porque ya no lo arregla. Lo que sí lo arregla es lo que puedo hacer o construir hoy o mañana pero no el ayer, ni la Historia, de esa, solo me queda aprender y ser más inteligente, y actuar mas inteligente. Mucho menos politizar y pretender vivir de ello, eso ya me parece criminal. Y hay personas que viven de la Historia y ayer sin ir mas lejos hablando con una colega francesa profesora de filosofía por poco meto la pata porque la quise matar. Me trató como los algunos franceses históricamente han tratado a los españoles, es decir, neciamente, con suficiencia, como si fuéramos...qué se yo, salvajes, con el respeto por el forro, atacándome...y diciendo cosas  históricamente preconcebidas. De igual manera –todo hay que decirlo- los españoles tratan así de mal a otras personas latinas o de Marruecos, por poner un ejemplo. Como digo, obedeció a lo que la Historia le había contado, y claro, la realidad le dijo otra cosa bien distinta y se descolocó por completo y mucho. Nos observamos. Yo que soy pacifista por naturaleza  -aunque hubiera querido matarla- dejé que las cosas cayeran por su propio peso. Al final creo que se fue a su casa con otra opinión de los españoles y con algo para reflexionar. Fue una víctima de la Historia, y yo, aunque tengo muchas razones, no quiero ser eso, ni ir castigando a diestro y siniestro. Quiero descubrir y abrir ventanas aunque con el aire fresco entren también pequeños virus.

Seguiré en otro rato.
Voilà el link de El País
http://elpais.com/elpais/2010/09/02/actualidad/1283415432_850215.html

sábado, 11 de junio de 2016

Miedo



El miedo a morir ha sido –podríamos decir sin equivocarnos- la obsesión más grande del ser humano desde su aparición en la tierra. En nuestra tradición cultural y religiosa ya desde Adán, primer hombre, la muerte fue la razón que cambiaría su condición de seres inmortales en continua perfección, su condición de seres celestiales a hombres terrenales. La muerte a partir de ese momento tendría un protagonismo absoluto y su elección dentro del contexto de libre albedrío que les llevó a revelarse en contra de Dios, llevó consigo la posibilidad de elegir el bien y el mal, y junto a ello serían mortales, la muerte llegaría o en un momento o en otro. Tener conocimiento de los grandes secretos de la vida y la capacidad de poder elegir a partir de ese momento se traduce en una nueva vida, el nuevo sistema elegido por aquellos seres puros celestiales que vivían en un paraíso pero que al no conformarse con eso y querer ser dioses, jugaron su papel, el ser Dios quiere decir que seremos somos dueños de nuestras decisiones y quiere decir que el conocimiento vendrá por controlar y conocer el bien y el mal. La muerte conllevaba el sentimiento intrínseco del miedo. Ya no soy inmortal pero en la elección terrenal de no serlo también tendré otras experiencias –se diría Adán- y el miedo se une a esta nueva categoría de ser humano, exento por completo de ser dios. 
Muchas veces me he preguntado qué es el miedo, y cómo se traduce en nuestra vida. La verdadera libertad no está en lo que haces, sino en la forma como eliges vivir lo que haces, y sólo a ti te pertenece tal facultad.
La naturaleza misma del miedo no está en tener temor a algo, esto puede ser a cualquier cosa, la muerte, a nuestro cónyuge, a nuestro amigo, una situación...cualquier cosa, pero no, la naturaleza del miedo tiene su base en la misma esencia del miedo, por lo tanto en la reacción que este produce, en el miedo al miedo. ¿Cuál es la causa o la raíz del miedo? ¿Es el pensamiento, pensar en el presente, pensar en el futuro? ¿Es pensar en el pasado descubriendo un día algo que no sabíamos de nosotros mismos? ¿El tiempo es algo que nos causa miedo? ¿Cómo vamos a envejecer desde el día en que nacemos...Qué es lo que sucede desde el día en que somos bebés porque a partir de ahí comenzamos a envejecer, el tiempo que va pasando por nuestro cuerpo y las secuelas que éste va dejando son parte del miedo. Un miedo que surge en nuestro interior y que además ve su parte activa en la forma externa que ésta genera y que el envejecimiento –por hablar de este ejemplo- es la consecuencia del tiempo. ¿Cómo eliminar eso de nuestra mente cuando vemos la consecuencia activa o física de ese tiempo, de esa idea del correr del tiempo que de pronto toma su forma? No es ya una idea, algo que está en nuestro pensamiento, el tiempo ejerce una acción en nosotros. Por eso el miedo en relación con el tiempo tiene una forma física, difícil de eliminar de nuestra mente.
El tiempo tiene un movimiento entre lo que es y para nosotros lo que debería ser. Ese lugar del vacío genera miedo. Lo que podría ser, lo que podría haber sido, cómo ha interactuado en nosotros y nuestra vida, esa es una de las causas inevitables del miedo. Haber sentido alguna vez dolor físico, espiritual o psicológico nos genera una y otra vez miedo a través del tiempo, ayer, presente y futuro se conjugan en ese parámetro de terror. Pensamos que esa mala experiencia –por llamarlo de alguna manera- se va a volver a repetir, conjugando igualmente ideas y tiempo en un solo acto de temor porque es la consecuencia de la fijación de nuestra memoria. La memoria fija los actos en el tiempo, en el pensamiento causando miedo. Porque el tiempo ha pasado de una manera y no de otra, qué podía haber sucedido hace unos días o tal vez un mes si las cosas hubieran sido de otra forma? El conocimiento es otra forma de miedo, cuánto más sabemos más miedo tenemos. Cuanto más conocimiento tenemos de una situación, de una circunstancias estamos en posición de temer porque conocemos todos los elementos de la situación. Cuánto más conocemos –por ejemplo- el ambiente de la noche –decía una madre asustada por los peligros que podían correr sus hijos- cuánto más detalles tenemos acumulados en nuestro pensamiento, mayor miedo generamos por ese conocimiento. Es el tiempo el que se traslada una experiencia vivida antes, en el pasado, a lo que podría ser esa misma experiencia vivida en el presente o la que podría darse vivida en el futuro. Esa es la inquietud que se crea, inevitable entre pensamiento, experiencia, tiempo, conocimiento. Toda esa conjunción de elementos es un movimiento unitario.
Si el miedo es algo que está en nosotros, en nuestra psique, entonces podemos decir que se puede terminar con él. Son nuestras ideas, el pensamiento y el tiempo el que nos genera miedo. El tiempo con lo que fue ayer y con lo que puede ser mañana. Es cierto que existen temores físicos, miedo al dolor que sin duda se relacionan con nuestra predisposición mental. No venimos con miedo al mundo, ese se adquiere en el tiempo. No tenemos miedo a la oscuridad, tenemos miedo a nuestra propia luz. Algunos médicos dicen que venimos solo con dos miedos: a los ruidos y a caernos, el resto de los miedos son generados por nosotros y están como he dicho en nuestro pensamiento. ¿Por tanto se puede combatir el miedo en el equilibrio de lo que está dentro de mi y lo que está fuera y saber al mismo tiempo qué soy yo?



martes, 31 de mayo de 2016

Sin mi perdón



Aparte de Hobbes del que ya hemos hablado en otros apartados de este libro y también lo hago de vez en cuando con mis alumnos, hemos de considerar como hecho ineludible para entendernos que Dios existe, bueno quiero decir que consideraremos la creencia en Dios para explicarnos algunos hechos importantes del propósito de la vida. Este Dios nos ha dado un principio que es el del arrepentimiento que parece que va unido al perdón. Todos los pecados salvo los que Dios ha especificado, el pecado contra el Espíritu Santo y el homicidio, les serán perdonados a aquellos que total, congruente y continuamente se arrepientan mediante una transformación genuina y comprensiva de su vida. Hay perdón aun para el pecador que comete transgresiones graves, porque la Iglesia perdonará y el Señor perdonará tales cosas cuando el arrepentimiento haya dado fruto. El arrepentimiento y el perdón son parte del ascenso a la divinidad, según el plan divino el hombre debe hacer este ascenso voluntariamente porque el elemento del libre albedrío es fundamental. El hombre escoge por si mismo pero él no puede controlar los castigos. Estos son inmutables. No se tiene por responsables a los niños pequeños ni a los que se hayan incapacitados mentalmente, pero todos los demás recibirán, ya sean bendiciones, progreso y recompensas, o castigos y privación, conforme a la manera en que reaccionamos o decidimos vivir según el plan que Dios nos presenta y según la fidelidad que le presentemos. Dios dispuso esta situación e hizo posible que hubiera bien y mal, consuelo y dolor, alegría y tristeza... Las opciones nos permiten escoger y así viene el crecimiento y el desarrollo.
            Parece claro entonces que perdón y arrepentimiento están unidos de alguna manera pero también parece claro que esta evolución de las ideas en la mente o en el espíritu tiene que ver directamente con el progreso personal, con el “enfoque” que demos a nuestro mundo emocional-espiritual y no con las relaciones entre las personas. De modo que tenemos de un lado nuestro perdón –que es el que se nos debe dar, el que nos da Dios directamente- el nuestro que debemos darnos cuando cometemos errores y el que debemos dar a los otros. Sobre el primero ya he dicho algo en este breve artículo, sobre la segunda posibilidad poco dicen las Escrituras, salvo que también debemos ser caritativos con nosotros mismos y cuando nos arrepintamos de algo no ser excesivamente severos o implacables con nuestros errores, no debemos ponernos más cargas de las que seamos capaces de llevar ni más angustia añadida en busca de una perfección que forzosamente será imposible pues somos seres humanos. Parece que aquellos que se recrean excesivamente en sufrir lo que ya debería pasar a olvido porque estamos en otra etapa…es obra del Maligno que influye sobre nosotros para que sigamos sintiéndonos culpables aunque ya nos hayamos arrepentido.
Crearnos, por tanto, más angustia de la que en sí, produce el arrepentimiento sincero no es propio tampoco de un ser humano digno, ni creo que se nos exija ni se nos pida que seamos nosotros mismos quienes ejerzamos sobre nosotros mismos mayor castigo. También es importante tener  piedad con nuestros errores y en cierto modo mimarnos para de esa manera tratar las cosas como son, fallos humanos que nos llevan a mejorar a lo largo de este existencia temporal.  
            Me extenderé no obstante en lo que se refiere al perdón de los otros, así de forma abreviada pero esto será en el siguiente capítulo.

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lunes, 30 de mayo de 2016

El sueño de Tabitha


Temblores y vértigos habían ocasionado más de una reacción convulsiva en la maltrecha y desesperada alma de Tabitha.
-Oigo voces y las escucho, quiero saber dónde se meten pero es imposible. Llevo una máscara ¿dónde estoy?
El esposo había dejado unas flores en su alcoba y sin embargo no dijo nada. Oír o escuchar, ver o mirar, siempre resultó ser lo mismo de inútil, siempre divagando en cosas ilógicas, por ello, nunca tuvieron demasiada importancia.
-Es un rojo como todos los demás. –Exclamó la enfermera no sin cólera y con un convencimiento digno de los mejores autoconvencidos hieráticos de la historia mejor contada de la certeza: la infalibilidad del todo ser.
Era un petardo marca ACME y lo lanzó con gran precisión sobre aquellas absurdas orejas, oídos que le escuchaban también de alguna manera. Eran orejas con pelos, de lo peorcito en orejas.
Ahora, hoy, decidió no querer y no ser nada, es lo mejor en estos casos. Demasiados colores, demasiados ruidos como para soportarlos, lo mejor es no soportarlos ¿cómo poder hacer eso? ¿Cómo no soportar la vida si ésta lleva su curso? El peor momento, el instante más deleznable se alcanza cuando no pasa nada y sin embargo, ésta, la vida, discurre si más. No es que sea rutinaria, que lo es, no es que sea convencional que lo es, no es que sea aburrida y gris, que lo es, lo que es, es insoportable. La vida, no se puede soportar cuando ésta se excluye porque le da la gana. No se puede soportar. Bien.
Tabitha decidió que la vía del tren era lo mejor para desaparecer aunque bien pensado dijo: estaré fea cuando me recojan, estaré verdaderamente echa un asco. Entonces pensó en tomar una buena dosis de barbitúricos pero igualmente le pareció harto desagradable y poco definitivo, sobre todo poco definitivo. Seguro que a última hora aparece alguien para salvarme, menuda cobardía.
-Si ingiero muchas pastillas –se dijo- tendré que soportar un proceso largo hasta la muerte. Por qué el Dr. Robles no me pincha cualquier cosa que me haga reposar para siempre. Ya me gustaría ya.
Tedio y más tedio, un día y otro día sin nada que suceda o que pueda hacer participar al ser humano de que estar vivo. No puedo estar con nadie, los demás no pueden meterse dentro de mi cabeza y mucho menos de mis sentimientos, éstos maltratados hasta el infinito por la propia vida. ¿Qué son los sentimientos sino estados de la conciencia que se pueden sujetar y dirigir? ¿Qué podemos hacer con ellos? Tabitha pensó que no podía seguir aquí ni un minuto más, y es que el dolor le podía, y le podía mal.
-Es obligatorio para vivir como los demás ingerir todos estos medicamentos, entonces de qué me sirve estar en el mundo. Ellos no tienen dolor, está excluidos de esa maldición y solo juzgan. La humanidad, las gentes, juzgan a los que tienen dolor como si fueran los dueños de la creación, propietarios del mundo. Juzgan, conceptúan, atribuyen, adjetivan… y lo hacen perversamente. El dolor, el sufrimiento pertenece en exclusiva al que lo padece y el resto de la humanidad no debe intervenir en ello. Por esa misma razón cuando uno, un ser humano cualquiera que sufre dolor decide no sufrirlo más, hay que respetar su decisión. Venimos, llegamos para marchar, transitar a otro estado a la otra vida y Tabitha lo quiso hacer cuanto antes. Entre sueños y pensamientos suicidas no encontró la manera más digna de pasar al otro estado. Volvían las voces increpadoras, voces que promulgaban órdenes, allí en donde no se puede encontrar el ser humano, oía voces, las mismas y no sabía muy bien a qué o a quienes pertenecían. Sólo oía y conspiraban.
Tabitha pensó: “yo quiero morirme ya”. Estaba completamente inmovilizada, llena de cables y ese horrible techo otra vez. Intentaba mover una de sus piernas pero todo era dolor, un dolor insoportable, un estado de fatiga tan grande que a penas si podía pestañear. Otra vez las voces conspiradoras y más dolor, mucho más. No puedo irme hasta la vía de un tren, no puedo tirarme por un piso, no puedo ingerir miles de barbitúricos, no puedo pagar para que me maten. Los brazos le pesaban como una deuda, no podía cambiar de posición, estática toda ella, durante todas las horas del día y de la noche permanecía inmóvil, quieta, con los ojos hacia arriba, hacia el horrible techo de hospital.
-De todas formas voy a morir, qué más me da. No podré estar más con mis hijos como no lo estoy desde hace mucho tiempo, desde que estoy enferma, ni estoy ahora, ni podré volver más atrás, el tiempo ya ha pasado y aquellos días de crianza cuando yo era joven y bella, también. Mis hijos se tienen que acomodarse como ya lo han hecho a vivir sin mi, porque la vida pasa, tengo fe en reencontrarlos después en esa tan anunciada vida de después. ¿Qué pasará cuando esté muerta?. Nada, no pasará nada, no pasará nada. No soporto las miradas tristes de aquellos que me han necesitado tanto, tanto tiempo y que ahora tienen vida…y sin embargo se han acostumbrado a estar si mi. El maldito techo es lo que me está volviendo loca. Sí, seguro que veré a mis hijos en la otra vida como los veo ahora. Sus lamentos, gemidos, gritos ensordecían a todo el hospital, era el dolor. Tabitha vio cómo su cama se acercaba a un lugar donde estaba escrito Cuidados paliativos. Dio las gracias al Doctor que tenía cogida su mano. Tabitha ya se había despedido de todos, solo le preocupaba saber si quedaría algo de ella en el mundo…si alguien la recordaría, si pensarían en ella. De todas formas había cumplido sobradamente con sus obligaciones –que fueron muchas-, Tabitha había cumplido con toda su fuerza.
-Estoy tranquila, no siento el cuerpo y ya no siento dolor. Esto le proporcionaba una felicidad hasta aquel momento nunca encontrada. El ser humano lo aguanta casi todo.
Tabitha se estaba relajando y cada vez sentía menos, no oía las voces, tampoco a los que allí estaban, Tabitha se marchaba poco a poco con un placer ilógico, inhumano. Por las miradas de sus hijos sabía que no se moría, que en realidad no se moriría nunca. Tabitha no sentía dolor, por fin, ya no maldecía el mundo, quería marchar, ahora solo había luz, una luz enorme, inexplicable, placentera, invadía toda la habitación y a ella también.
Hora de la muerte: seis y media de la mañana. Corrieron por encima de Tabitha una sábana blanca.