El Blog de Rosa Amor del Olmo

Rosa Amor del Olmo es profesora de literatura, filosofía y religión. Escritora y poeta. Dirige una editorial universitaria Isidora Ediciones. http://www.isidoraediciones.com/

jueves, 24 de noviembre de 2016

Un poco de Individuo y sociedad

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En nuestro país el asesinato a cargos públicos -otrora reyes- se ha dado con mucha frecuencia, en otros países también, ahora comienza a desencadenarse en otros lugares con bastante profusión el desbancamiento de dirigentes y gobernantes explotadores. Las personas que gobiernan a los pueblos, o las que siguen la carrera de la política deberían de tener que contar cotidianamente con un elemento intruso, histórico, pavoroso y muchas veces irremediable: el asesino. En todos los tiempos desde que existen gobernantes, hubo atentados a la persona; pero eran aquellos atentados fruto de una confabulación, movimientos colectivos que tenían carácter de conciencia y de responsabilidad. A César no le mató Bruto; le mataron todos los enemigos del cesarismo. Después y ya entrados en el XIX y XX, surgió la figura del hombre individual, que mata espontáneamente, a requerimientos personales. Este hombre de ahora tiene un sabor nuevo, más terrible y desconcertante que los conspiradores antiguos; tiene un sabor de fatalidad y de inconsciencia considerable, y esta inconsciencia y fatalidad le convierte en un ser tan pavoroso como irremediable.
¿Que cómo surgió esa figura del asesino aislado? la sociedad europea, también fue europea nuestra sociedad incluso a principios del XX y hasta el fin de la República, vio que los vínculos internos y asociados se rompían, dando paso a una forma de nihilismo o de independencia personal importante. El individuo que antes se sentía en las tupidas mallas sociales, y que dependía de la colectividad por una serie de jerarquías y sumisiones cesarias, hoy se encuentra aislado, libre de trabas, aéreo y móvil como una cosa al viento. La instrucción fundamentalmente enciclopédica le liberta de la dependencia cultural: tiene nociones de todas las cosas, y los libros baratos, los periódicos fácilmente adquiribles le nutre de numerosos y universales conocimientos, hoy, el uso de internet le proporciona esa ventana a un mundo enorme y mágico que le alimenta de universales conocimientos. Estos mismos periódicos y noticiarios que imagino después son los que elaboran el notición, le aleccionan en los asuntos públicos y poniéndose humildemente a su servicio le hacen a él, anónimo lector, punto central de la vida política. Este hombre de ahora se siente halagado, y convertido, por consiguiente, en sancionador y juez de las cosas públicas. Añádase, además, el espíritu cosmopolita que va adquiriendo la vida civilizada, la dignificación del individuo por las huelgas y concesiones sociales y tendremos un ejemplar de hombre moderno que sigue, instintivamente, las lecciones de Marx Stirner: el uso del arbitrio individual ante todas las contingencias, morales o sensorias. Otro espejismo más de la sociedad en que vivimos (farsa, mentira o verdad). Los que se aventuran hoy en la carrera pública están obligados a contar con este hombre moderno, aislado, individualista, obediente a sus impulsos personales y arrastrado por el arbitrio de sus pasiones. Este hombre fatal es mucho más temible en los pueblos latinos o meridionales, por existir en tales pueblos una mayor propensión al homicidio y al asesinato, según parece. Y entre los pueblos latinos, el que más debería de temer a esa clase de seres es el pueblo español, por haber sufrido una triste condición de raza inexperta, ignorante y poco batida en los azares de la civilización. El pueblo italiano ha pasado lo suyo, todavía más propenso al homicidio que el español, porque ha dado hasta ahora la mayor parte de los asesinos políticos; pero, pasado el tiempo vemos como pasó a ese género de actividad el pueblo español, y de su inexperiencia, de su amorfismo rudo, se deben esperar grandes desdichas. No es el caso ahora de hablar de la Guerra Civil española.
El desprecio por la vida –si se me permite- es ahora mucho mayor que antes. Cohibían el alma de nuestros antepasados múltiples terrores de índole religiosa y material; apartados los elementos airados, como eran los militares, los pícaros y aventureros, el resto de los hombres vivían en un cierto estado de infantilismo. Hoy la vida se la desprecia más, acaso porque vivimos en un régimen sensual; siendo el fin de la vida la consecución del placer, quien no alcance ese placer se sentirá fácilmente dispuesto a dejar una vida que no da lo que se pide. Los que ahora se inmolan y matan que lean la letra gorda, porque probablemente sean ejemplares típicos del hombre que renuncia a todo, porque carece de todo; rodando de taller en taller, disgustado del mundo y de sí mismo, abandonándose por último a la fatalidad de su destino como una alga; las últimas monedas las emplea en adquirir la pistola (un decir de una bomba) y cuando se lanza a la catástrofe está previamente roto, muerto, perdido para toda reacción de la voluntad. Más que un acto consciente, es una cosa que se desploma y que se rinde…
Decía Maquiavelo, al adiestrar a los príncipes en la escuela de la tiranía, que un príncipe debe apretar hasta el último extremo los resortes del poder y de la fuerza. Para esto aconseja que se prevalga el príncipe de un buen ejército y de unos inteligentes capitanes, y escudado en ellos, puede desafiar los agravios del enemigo exterior y del populacho. Y añade después, para sosegar los temores del príncipe, que éste no ha de temer el ataque individual, porque los hombres aman mucho su vida y nadie se expone al riesgo inminente de perderla. Pero esto podía escribirse en el siglo de Maquiavelo. Hoy todos podemos comprobar que no bastan ejércitos y  capitanes, y que toda la fuerza imaginable deja siempre un resquicio por donde se cuela el asesino individual. Maquiavelo no conocía para los príncipes la posibilidad de consolar alienando al populacho, casando a éstos con una de los de aquellos. En tiempos de Maquiavelo le era más fácil a un príncipe resguardarse de los ataques y acechanzas; pero hoy el enemigo -felizmente para algunos dirán- tiene armas de fuego certeras, bombas terribles y asoladoras. Quizás el remedio principal consistiera en proponer a los hombres que dirigen las conciencias una mayor responsabilidad; convencer a los que hablan y escriben de que el atentado personal es una regresión a la barbarie y de que una vez puesta al alcance de los inconscientes el arma ejecutiva y justiciera, los mismos inductores de hoy pueden ser los agredidos de mañana. Que el sistema de tomarse la justicia por la propia mano es un sistema incalificable, estéril, desconcertador, que debe poner miedo en todas las conciencias medianamente responsables, de acuerdo, pero que no se puede abusar de un pueblo al que se le humilla, se le deja en el paro, mientras otros se pasean por exposiciones, por países, asisten a cenas maravillosas con toda su jeta, porque por fin han conseguido alienar a los otros con sus astucias. La Monarquía en España es un claro ejemplo de ello y de  lo que viene haciendo. Eso es provocar al individuo…y luego, pasa lo que siempre ha pasado, que despiertan al asesino individual, ese que por ahora está dormido en nuestro país.

martes, 15 de noviembre de 2016

Escribas


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El escuchar y mirar: ¿y a usted qué le importa? El otro día estuve con un  amigo cuya osadía supera con creces la que uno se puede llegar a imaginar incluso en sus mejores sueños. Pues sí, mi amigo hacía higas del «escuchar pasos», utilizado tanto por los escritores, o el «mirar» por «ver», que también se utiliza bastante en el lenguaje poético. Y claro, digo, yo ¿qué le importará si un escritor en su manera de «crear formas» juega con el lenguaje y le parece más adecuado o lírico desarrollar su lenguaje a veces metafórico diciendo «escuché pasos en el corredor» en lugar de «oí pasos en el corredor»? Ambas acciones como todo el mundo sabe son diferentes y cada una con su connotación y su semántica, claro está. No hay nada malo en ello ni se va a acabar el mundo por dar una intención a la escritura, como intención se pone en el mismo hecho de la creación literaria. Ese es el fallo, el fallo es que hoy día cualquiera puede opinar y de hecho es el deporte nacional de la mayoría de los pueblos civilizados, la opinión, sí, opinión pero con un cierto, solo cierto, criterio, por más que nos pese: «Anda, hazlo tú», se le diría a cualquiera de los que opiniones tan gratuitas, improcedentes, injustificadas vierten sobre los castos oídos de los que nos dedicamos a la creación. En efecto, los que consagramos la vida a la creación formamos parte de esa masa social de ociosos que tanto molesta a los que no llegan a nada en la vida, ni siquiera (que ya lo querría para mí misma) a estar conforme con uno. Es así, la disconformidad o la necesidad de dar o aportar algo que no se sabe aún de dónde sale, supongo que conforma el hecho creativo, el creador, el artista. Y molestos somos, si, y mucho. Cualquiera puede juzgar una obra creativa (film, literatura, pintura, escultura) sin tener ninguna idea, solo por el hecho de que el arte se debe compartir con la sociedad, con  independencia de si ésta es alguien para juzgar o valorar el trabajo del vecino: «Anda, hazlo tú».
Son ya también variadas, las veces que han llegado a mi casa amigos con varias preocupaciones constantes, sin poder resolver, inquietudes difíciles de solventar por sí solos, por ellos mismos, unos han llegado equivocados, otros verdaderamente intranquilos, otros con escepticismo, la mayoría desabridos. La cuestión si bien se mira, o según como se mire, no es tan grave, lo es en su medida, un poco. Me refiero al problema de la utilización del deber de, más infinitivo que hemos estudiado todos en alguna ocasión y que a menudo —yo la primera— utilizamos mal. Cualquiera puede pensar que soy una exagerada, pues no, no soy nada exagerada, las palabras como la sintaxis pueden llegar a crearnos ansiedad, tedio, histeria, alegría, tristeza, cachondeo, risa… miles de sensaciones y sentimientos los cuales no se pueden entender nada más que en el ámbito lingüístico de la palabra. Sí, uno se puede volver tarumba, u odiar a alguien por cómo habla, por cómo utiliza el lenguaje, por cómo se deforma en definitiva nuestro tesoro histórico más rico: la lengua. Ahora con las nuevas reformas que han insertado los académicos de la RAE (cocreta, jins...) estamos que nos salimos. La utilización de la @ como morfema de género es solo un ejemplo de ello, las terminaciones de los participios en -ao en lugar del tradicional y tan musical para el oído -ado. Son los periodistas —desolé—los que por una cuestión estratégica hacen uso multitudinario y público del idioma, errando la mayoría de las veces, creando muchos vicios también.
¡Qué poquitito vocabulario tenemos, pero qué poquitito! Hemos asistido ya varias veces al entierro y funeral de muchas palabras, frases que se han desterrado ya de forma insólita, ya de forma terrible y ahí estamos, ahí están todas las reglas y normas como los porteros de la Casa de los Horrores. Yo digo que una pintura, una pieza de música, una escultura, pues o me gusta o no me gusta, o me hace sentir algo o no, o bien me quedo solo en el que me guste, aparte de si lo entiende o no lo entiendo que imagino yo que como los expertos en la materia no habrá quién. Digo que el arte o me gusta o no, pero lo que no haría de ninguna manera es tergiversarlo, interpretarlo mal, insultar al creador arremetiendo con su vida o su persona...Pues eso, eso mismo es lo que se hace con los escritores, ensayistas, poetas y sus obras literarias. Un poeta o me gusta o no me gusta, pero nunca me meteré –aunque por mi condición de Filóloga pudiera hacerlo- a decir cosas destructivas de su obra. Sé lo que cuesta por ejemplo rellenar tan solo una página en blanco. Hazlo tú. Punto filipino. ¿Por qué? Porque no, respeto mucho el arte como para hacerlo y además cualquiera te puede sorprender en un momento. Una vez conocí a una poetisa desconocida con una obra que nadie conocía ni respaldaba y la tía me pareció magnífica. Me pareció una poeta increíble. No sé qué habrá sido de ella pero lo voy a averiguar.
A menudo, escuchamos la misma monserga. Si escribes para la mayoría, eres simple y cometes errores, si lo haces subido de grado, entonces nadie te entiende y lo que quieres es hacer un alarde de retórica, sólo destinado a los especialistas, esos que también repatean a los paupérrimos e ignorantes lectores medios como mi amigo. El especialista, es el crítico, el opinador y éste en efecto muchas veces castiga o premia el hecho literario, el texto de autor, con gran facilidad. Triste, severo e inhumano, es cierto, pero al menos sabrá lo que dice puesto que se dedica a ello, es un experto. Por lo mismo que una intervención médica solo debería ser juzgada por otro médico a poder ser éste sin prejuicios, igual sucede en el mundo literario. Eso sí, tanto los pacientes de los médicos como los lectores que se incluyen en el grupo de nuestro seguidores, probablemente no tendrán la experiencia ni la preparación de un científico o de un filólogo, pero saben expresar la huella de éstos en su vida. De nuevo la ignorancia tristemente nos crucifica y nos lleva a ensalzar a la categoría de Dios al médico carnicero que nos hace ir a su consulta mil veces para hacer que hacemos y cobrarnos, como al escritor que en verdad no tiene nada que contar, pero lo cuenta muy bien, o al que en verdad tiene cosas que contar, pero no lo sabe hacer. Yo creo, que un buen texto escrito a lo largo de una vida, puede hacerlo cualquier mortal, ¿quién no se ha sentido inspirado o dolido en alguna ocasión?, ¿quién si hubiese escrito las palabras de aquella ocasión…? En efecto, es posible, puede suceder que cualquiera puede escribir algo en su vida realmente bueno, pero eso no quiere decir que sea escritor, que sea un creador y que en el mejor de los casos pueda ganarse la vida con su escritura. Si es tan fácil hágalo usted mismo, o usted, o usteda que mira mi texto con superioridad… Es posible del mismo modo, que todos los ciudadanos en una situación extrema podamos curar alguien, a nuestro hijo, a nuestra abuela, quizás llevados por una mano divina, pero eso no quiere decir que seamos médicos, ni mucho menos. El buen escritor como el buen médico se pasa la vida arriesgándose a aportar cosas nuevas, se pasa la vida en gerundio, trabajando para que los demás juzguen sus intervenciones. Sin embargo, Dios me libre de decir que el fontanero me ha engañado o que el pintor no sabe lo que hace. El profesional de algo, de siempre, de toda la vida puede seguir monótonamente su profesión, aventurada supongo por alguna razón escondida. Razones hay muchas: necesidad fisiológica, ganas de salvar al mundo, crear cosas y olvidarlas, inventar… y qué pena tan grande cuando contemplamos que cualquier caníbal se cree tan listo, pero tan listo se cree como para juzgar de forma tan maldita y radical.
«Anda, hazlo tú» y sabrás de lo que hablo. Lo que se hace, aunque no guste, es lo que queda y lo que no se hace… Voy a tomarme un café con mi amigo Antonio. Hasta luego.


martes, 1 de noviembre de 2016

El escritor y su público o los editores con sus críticos


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¿Escribimos para el lector amigo, para los lectores y el público? El público de un escritor, son evidentemente los lectores. Hasta ahora, un escritor no ha tenido público, en principio, de no ser que hablemos de los autores dramáticos. Ya se discutirán en otra ocasión las denominaciones, pero creo por hoy que el público del escritor es más bien anónimo, desconocido, aunque esto comienza a cambiar con las nuevas tectonologías y los feisbuques. ¿Escribimos para los editores, para que se venda nuestro libro, para esa masa de lectores que pueden estar esperando o simplemente escribimos porque necesitamos desarrollar ese ejercicio de creación? ¿Lo hacemos por obligación, por necesidad, por dinero, por fama, por imposición...por oficio? Cada escritor –no hablo para los intrusos ni para los que por azar escribieron alguna vez un libro- debe preguntarse en algún momento qué quiere hacer exactamente con su trabajo, con sus ideas, debe saber qué posición va a tomar en determinados momentos de su vida profesional, hasta dónde está dispuesto a llegar y qué haría por su obra. Es decir lo que en Historia de la Literatura se estudia como El compromiso del autor con su obra, bueno, es un buen título cuando se estudia a un autor que ya ha fallecido pero al mismo tiempo es un título molesto cuando se trata de un autor que vive y que debe posicionarse consigo mismo. Es decir lo que en Francia se estudia como autocrítica, que en este caso consistiría en preguntarnos a nosotros mismos qué somos, qué queremos hacer, cómo escribimos y hacia dónde va nuestra obra. A mi, en general, y ahora vuelvo con lo de los feisbuques, me parece bien que existan los blog, son interesantes, válidos, modernos y abren ventanas al recluído creador que es el escritor, pero al mismo tiempo abren la ventana también de la confusión, ¿cuál? La ventana de que nadie sabe quien es quién. Sufrimientos de la modernidad que tampoco extrañan tanto, si bien se piensa, cuando a Cervantes ya le salió un competidor en su momento, el tal Avellaneda, que si no llega a ser por aquel bicho malo, don Miguel no escribe la segunda parte de El Quijote, eso está claro. El libro electrónico funciona muy bien igualmente –mucho más en otros países como Holanda especialmente- pero dan pie igualmente a un mercado de desconocimiento y de dudosa profesionalidad. ¿Por qué los lectores no exigen del escritor profesionalidad como se exige de un músico o de un médico? No lo sé. Probablemente por que es muy dificil conseguir tener criterio o simplemente porque una obra gusta porque gusta y en muchas ocasiones no se sabe porqué. Si mi amiga lee historias mal traducidas sobre draculines, (Crepúsculos y demás) verbi gratia, pues yo hago lo mismo y no me cuestiono nada en absoluto, aunque haya pagado 25 euros por el librito. Para esto, para el invisible e imprevisible criterio de los lectores influye –de esto ya he hablado en otros lugares- el marketing jevimetal de las agencias publicitarias que lo hacen sin tener en cuenta el valor de la obra, cuando lo mejor seria que hiciera la publicidad con una obra muy buena, esto seria quizás lo ideal, solo es que algunos autores de obras muy buenas no les da la gana entrar en eso. Punto. Conocemos a algunos muy buenos y ahí quedarán para siempre, otros han quedado ya, en esto estarán todos conmigo, vamos que no digo ninguna tontería. (Lo digo porque últimamente desbarro mogollón y me meto con todo el mundo, estoy como esos abuelos barra abuelas que les da todo igual y arremeten con to Dios, con perdón).
El caso es que hay muchos libros, muchos tipos de escritura y muchas maneras de llegar al público. No se debe publicar todo, claro que no. Hay quien es perfeccionista y solo edita una gran novela en su vida como Alas Clarín, sin embargo, dedicó la literatura todo su ser, su vida literaria como periodista, escritor de cuentos, crítico y ensayista. Poca suerte sin embargo tuvo con el teatro. Yo decidí en su día ser profesional de la escritura e intento “vivir” de ello, así me va, durilla la cosa pero seguimos. En esto se incluyen claro está ensayos, traducciones, obra periodística y ahora ya voy directa a defender lo que escribo en materia novelesca, aunque todavía no es el momento. Escribo cosas de poesía, si se piensa bien, todo escritor con sensibilidad es poeta, pero no considero que sea sorprendente ni bueno lo que hago, he leído a otros que lo hacen divinamente, eso sí lo considero un pasatiempo, no una profesión, sería una intrusa publicando mis poemas. (Sin embargo alguien decidió publicar mis versos y por lo visto soy buena...) En fin, por ejemplo pasé siete años trabajando en el teatro de Pérez Galdós, ya editado en Cátedra-Anaya, un libro que se vende muy bien, por lo visto. Son trabajos de “profesión” donde unos gustan más y otros menos, algunos llevan desde luego muchas pero muchas horas, que no son pagadas como el que hago ahora transcribiendo manuscritos. Luego será una muy buena edición para la RAE. Todo el mundo cree que un escritor vive del éxito que tuvo con no se qué novela que le dio mucho dinero y fama, y no es así. Es verdad -y yo creo firmemente en este principio- que a fuerza de trabajar, trabajo y trabajo, un día suena la campana, quizás el día menos pensado. Borges, como Cortázar y tantos otros, tenían que hacer otros trabajos que a veces gustaban, muchas veces no, pero que te mantienen cerca de las letras, te relacionan con ellas, estás junto a la literatura y te dan pa comé. Cortázar ha hablado alguna vez de los felices ingresos que le dieron las traducciones. Entre esas preposiciones, verbos y conjunciones de otros que alomejor estás traduciendo del alemán, o entre medias de ese manuscrito del XIX que nadie conoce nada más que tú surge la ensoñación, la idea, dejas ese monstruo de lado y te pones con el tuyo (con tu monstruo) a escribir ese cuento que ya estabas intuyendo en tu mente, que de hecho estaba allí  y que tienes que hacer salir como sea. Te pones y del tirón escribes ese cuento fantástico. Entre medias de esos mundos literarios o explicando a tus alumnos una lección sobre la poesía de posguerra surge la continuación de ese capítulo que no sabías muy bien como salir de él. Estás ahí en lo literario, te gusta, lo necesitas. Te fijas en una mirada de una alumna, en la congoja de una clase al leer algo bueno en alto, en un comentario de un niño, en el sufrimiento de esos estudiantes que no se ve a simple vista: eso se hará literatura en algún momento para un verdadero escritor. Después poco importa lo que digan los demás, -aunque cuando eres profesional las críticas son mordaces e influyen mucho- pero creo que una vez que la obra está hecha poco importa lo que opinen los lectores, ¿por qué? Por que de todas formas esa obra una vez que salga de tu territorio y pase al terreno de una editorial dejará de ser tuya y pasará a ser de los demás.

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Con suerte, lograrás que cada lector la haga suya y esboce algo de agradecimiento por haberle conmovido, o haberle hecho reflexionar o gritar, o unirse a una revolución -que nunca se sabe-, con mala suerte, tu colega que además es crítico, publicará una mala reseña o lo peor no escribirá nada de tu libro, ninguneándote como si tu trabajo no hubiera sido nada: quiere que seas invisible. Vilezas que han existido siempre y que ahora tampoco nos van a extrañar. Por tanto, no es grave cuando es por afición, pero cuando es tu profesión molesta y mucho. Tanto como cuando los colegas dejan de hablarte por que has publicado otro libro y cosas así. Claro, a los intrusos esto no les pasa, como a los que caen en la literatura por azar, tampoco, no les va la vida en ello. Yo cuando toco el violín, pues lo hago con mucha pasión, pero claro tocar tocar pues realmente lo hago muy mal, aburro a las ovejas que ya es decir, distinto es de mi amigo José Fraguas que es un profesional del violín y que desde luego pasa muchas horas en ello haciendo que la Humanidad entera toque el tan-tan de felicidad al escucharle. Lo hace muy bien.
Ante el público -se diría- que no hay que hacer nada, ante el público hay que esperar a que lean los trabajos que uno ha elaborado con el gusto de escribirlos y pensando que uno ha hecho lo que tenia que hacer, sin pensar en escribir para complacer a determinado sector o al otro. Y poco a poco tendrán un criterio tuyo. Entelequias me dirán. Probablemente lo sean. Lo mismo que yo soy profesional de los ensayos literarios y alguno filosófico, también hay colegas que son profesionales de los relatos de ficción o de adolescentes o de qué sé yo. Vale. Sin embargo, todo escritor quiere ser conocido. Si la gente supiera lo mal que lo pasan los escritores conocidos, no lo querrían ser, te lo digo yo. Cuando no eres conocido, eres libre y puedes hacer, opinar y escribir lo que te de la real gana ¿y luego? Me dirán, luego igual. Pues no señor. Luego donde las dan las toman y a rey muerto rey puesto con el aro. Y que no paso por el aro y que sí paso por el aro. ¿Qué hay cuando un escritor "conocido" no vende ni un froncio? Qué horror ¿no? Los editores encima del pobrecillo acomplejado y malo escritor que a esas alturas piensa que  ya no tiene ideas y que no sabe escribir. Le vemos en tontas entrevistas donde es tratado sin respeto o interrogado por ese único libro que parece que gustó y del que lógicamente nadie se acuerda ya. Pues eso, que la creación es otra cosa, cuando uno se imagina un escritor, cree una cosa y a veces es otra. Y a mi me siguen dando ganas de ir a abrazar a aquellos que leen mis cosas y que les gusta, y de momento no pienso nada más que en trabajar y en un posible lector, que con que haya uno, me vale, la anagnórisis ya vendrá sola si  es que ha de venir. Venir, venir no viene tan fácilmente como muchos piensan porque eso es volátil y solo se queda uno para hablar por la radio –cosa a todas luces más fácil que ser escritor y que da mas dinero aunque yo sea incapaz de hacerlo- perdiendo en prestigio y ubicación tu escritura. El tiempo, como digo coloca a cada uno en su lugar y sino, pues al menos hacemos lo que nos gusta y necesitamos hacer para vivir. Seguiré.


lunes, 10 de octubre de 2016

Detrás de la obra escritor o poeta


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¿Qué es lo que hay detrás de una obra literaria? Qué persona o qué autoría se esconde cuando nos enfrentamos a la lectura de un texto? Importa realmente tener datos a cerca de quién o de qué cosas ha hecho el que ese texto escribe a lo largo de su vida? Yo creo que no debería importar lo que haya detrás porque esas circunstancias en realidad no definen el texto filológicamente hablando, claro. Cuando estudiamos un texto, la obra de un autor, lo estudiamos todo, el contexto, las influencias del momento de otros autores, las lecturas que hacía el autor, las enfermedades por las que pasaba esa persona, en suma, su biografía parece ser definitiva para la obra...sin embargo, yo les digo a mis alumnos que cuando estudiamos una obra, un texto literario –filológicamente hablando- estudiamos eso, la obra, no la vida del autor, estudiamos lo que ese autor ha escrito, lo que ha conseguido hacer. Es cierto que todo lo que rodea la vida del creador es importante, claro que sí, importa lo que ha influido al oficio del que escribe, de quién se ha enamorado, si le influyó o no la pérdida de su madre, de un hijo, si eso marcó en profundidad su obra como en ocasiones dictan los manuales de literatura, a mi, me parece una exageración a todas luces exenta de objetividad y de sentido común. No se puede reducir el mundo del escritor porque aquella tarde tuviese un encuentro con su amante en aquella habitación de aquel barrio marginal y que por eso al llegar a casa escribiese ese y no otro soneto o esas páginas de aquella novela de guerra. Eso cierra por completo el universo del escritor, lo empequeñece. Todos sabemos que el arte, cuando existe, brota como una necesidad de hacerlo, brota sin explicación, casi previo a la inspiración, ésta, la inspiración, lo que hace es dedicarse a provocar para que salga fuera de la mente del autor, de la mente y del mundo emocional osea de su corazón, pero sobre todo de su mente, esa que a menudo está llena de ideas en su inconformismo interminable. Cuando se estudia una obra se tiene en cuenta la vida del autor, pero solo como un referente, pero no se estudia, solo se estudia la obra, la obra literaria que es la obra de arte y el impacto que logra en el que la recibe. En realidad, poco nos importa lo que hagan, lo que hayan hecho, lo que hagamos, los autores para inspirarnos, es decir, para que algo provoque en nosotros la necesidad imperiosa e imperativa de en ese momento y no otro tener que escribir. La inspiración provoca que saquemos algo que ya está creado, ¿dónde? dentro. A mi, en la vida del autor poco me importa si fue suficiente y rica o pobre como para ser capaz de hacer, de crear, y a veces no quiero saber nada en absoluto del autor para que no me condicione. ¿por qué? Porque me encuentro un ensayo escrito por un sabio que tuvo una vida muy sencilla pero logró un resultado magnífico o encuentro un autor que vivió una vida muy intensa o complicada y escribió los poemas más sencillos y puros del mundo. No se sabe y casi nunca se corresponde con la realidad, y nadie debe intentar hacer corresponder ni crear esas asociaciones de ideas que nos producen en el fondo una sensación de extrañamiento: claro como vivió intensamente tiene mucho que contar, pues no, le digo yo, alomejor no sabe cómo hacerlo y existe otro que no vivió tanto pero sí tiene la capacidad de vivirlo en su imaginación. La imaginación y la observación son dos herramientas y armamentos importantes del escritor, son las dos grandes armas, además de vivir, bueno, que deben, deben, confundir al lector para que nunca sepa el lugar de dónde, el lugar de la fuente de dónde el creador ha obtenido para sí y por consiguiente esa idea. La tiene y nadie debe saber cómo la ha tenido.

El escritor, el autor debe estar al margen de la sociedad, su vida quiero decir, y con su obra ser el motor de la sociedad, combatir con su obra, no con su persona, ésta, su vida privada como imagen pública debe estar siempre en un segundísmo plano, casi invisible. Claro, esto hoy ha cambiado y a los editores les gusta que los autores nos presentemos en público, que seamos enigmáticos, extraños...en definitiva vendibles. Que hagamos entrevistas, de esas odiosas en las que en nada aparece tu pensamiento sino más bien el pensamiento del que entrevista. Ahora está de moda hacer entrevistas de majaderos porque así llegas más al salón de la casa del vecino. No. No hay por qué llegar al salón de la casa de nadie, lo que uno hace con eso es decepcionar, porque el lenguaje escrito es una cosa y el discurso oral, otra. Ahí es por donde muchos de mis colegas pierden su lugar porque dan preferencia a lo que no es la obra literaria, dando con su vida un precio y no con su obra que es como debería de ser. Todos sabemos que un libro es en si mismo suficiente para incitar una revolución, o un movimiento social determinado, para cambiar el mundo en definitiva, yo creo en eso, por lo tanto, ideología, sí, letras, sí, pero micrófonos e imagen no, porque eso no es escritura ese no es el dominio del escritor.  Hemos visto en ocasiones a muchos poetas como Alberti o el propio Neruda –pongo un ejemplo- que leían no muy bien o más bien regular sus propios poemas, cosa muy lógica por otra parte. Eran poetas, no comunicadores y su ritmo, el ritmo de esos poemas lo tenían en su corazón, en su mente...no eran actores especializados en oratoria y dicción para leer sus versos. Eran poetas y los poetas no son expertos en leer poemas, no es lo suyo, otra cosa muy distinta es que a uno le encante ver al propio autor leer lo que ha escrito, vale, pero no porque lo haga bien. Lo que quiero decir con esto es que lo que sí es seguro es que esos versos dejaron de ser suyos una vez que los lanzaron al mundo, y se nota cuando lo leen que ya no son de ellos, son del mundo, de los libros, de las aulas, del viento, de los ancianos, de los presos, de los niños, de los que sufren, de los enamorados...y cada uno debe hacerlo suyo. Eso es el compromiso con la obra literaria, en especial con la poesía, el lector debe hacerla suya y olvidarse de lo que le pasó al autor, ya ha desaparecido hasta cuando cerramos el libro y acaso es en esa lágrima de agradecimiento donde está ese autor, o cuando nos lo encontramos por la calle, también le agradecemos, o le escribimos: gracias por ayudarme con tal o cual libro. Lloramos en silencio las obras y sus autores agradeciéndoles su esfuerzo cuando les reeditamos y estudiamos sus obras o transcribimos sus manuscritos, dando variantes de texto muy interesantes para la historia de la filología. Agradecemos por tanto a un autor por todo lo que hace de avance a la cultura de un país y por lo que ha dado a las personas con su trabajo de servicio a los demás. Pero no nos importa mucho lo que hacía por las noches o con quién dormía. Eso no perdura, en realidad todo eso no va a ninguna parte, ni siquiera sirve para vender porque como se dice en mi pueblo eso es pan para hoy y hambre para mañana.
Es por ello que hoy en día, los autores debían pensar en esto y fijarse bien en que a los lectores nada les importa lo que hagan en su vida. Debemos preocuparnos en dar buenas obras a la humanidad, obras que queden de generación en generación, obras de solemnidad, con elementos eternos. Hoy, algunos autores toman demasiado partido por los asuntos de la sociedad, no desde su obra, no, sino desde los micrófonos televisivos, desde la radio, desde la imagen, desde lo comercial. Comercializan su persona -sin caer en que para todo hay límites- haciéndose como los demás, perdiendo de esta manera el interés que produce su papel de escritor, de observador y de creador casi casi al margen de los demás, al margen de la sociedad pero en el fondo “dirigiéndola” con sus ideas de inconformismo. Cuando algunos han traspasado esta frontera –metiéndose en política, en moda, en periodismo- por una u otra razón –porque todo el mundo tiene derecho a equivocarse- siempre les ha costado muy caro, no a ellos, somos personas todos y el que más o el que menos se equivoca, sino lo peor, a su obra, sobre la que se pasa una factura muy grande, quizás excesiva, y comienza a perder su valor, ese que en un momento determinado obtuvo por sus méritos propios pero que pasa inmediatamente a dejar de tenerlo. La sociedad, los lectores, empujan y adoran grandemente a un escritor, pero también lo castigan duramente, siendo capaz de mandar al destierro todo lo que éste haya hecho con tan solo “opinar”. El escritor, debe por tanto dedicarse a escribir y la escritura debe ser su palestra.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Fobia


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Al principio todo parecía ir bien lo que suele suceder cuando algo precede a una tragedia, que todo parece ir bien hasta que deja de ir. No me había apercibido del mamut que me encontré y que daba vueltas a su bolso cargado de chuches. Ese cernícalo también tenía miedo, quizás más que yo, pero lo disimulaba con mucha gallardía, esa que exhiben los que ya no tienen nada que decir al mundo. Desolé! Le expresé sin darme cuenta de que el mastodonte no hablaba francés.
Se persignó, y me pregunté en un instante: ¿será que me tengo que morir hoy al lado de este animal?
-No puedo verla, no puedo aguantar por un minuto más el desprecio con que mira mi libro, me desconcentra. Sin embargo ahí seguía.
Algo me soplaba y me hurtaba la respiración. ¿Cómo? Y este viento de ahora?
Había más y más monstruos, lo cual no era de extrañar pero a cuál más peligroso, más indeseable. Todos miraban mi libro, todos reían  mirándome como si nunca en mi vida fuese a leer más. ¡diantre! ¿Qué pasa hoy aquí? Pero si estoy sudando.
Pasaron unos segundos y pude ver que aquel mamut había llamado a otros y a otros más, miles de monstruos estaban ahí, mirándome sin más y yo no lo podía aguantar.
Mi cinturón se había atascado, no podía moverme. Una taquicardia muy fuerte, una angustia exacerbada se inauguró en mi cuerpo.
Con todo, pensé: voy a seguir… yo soy una persona valiente y recordé que ser valiente es superar una situación que en principio te aterroriza justamente como la situación que tengo ahora delante de mis narices. Mi nariz mana sangre. Eso es que me estoy muriendo…ahora lo veo claro, pero ¿ y ellos?
No dejan de mirarme, de rodearme, voces que se oyen en medio de las nubes, calor y una gota que cae por mi cerebro anunciando mi expiración. ¡Cielos, no! A pesar de la sangre siento el olor a carne patéticamente muerta…en la cabina, en el aseo, a mi lado, al lado de todos…y sin embargo no se aperciben de nada.
Pude ver, aquella mirada de los ojos degollados tras la intervención del mamut negro. Comenzaban a colgar andrajos, brazos y piernas…yo misma empecé a intentar aceptarme con el cuerpo partido.
Por favor…<>. Me abrazo a mi libro y parece que me tranquilizo, no me importa ya morir. Mi libro es lo único que tengo y todo lo que he aprendido en ellos es lo que soy.
Les digo a los demás: ¿vosotros dónde tenéis el miedo? Porque lo tenéis como yo, sin embargo, tan solo queréis aniquilarme.

El piloto aterrizó con su línea degradante mientras miraba a los pasajeros de su avión quienes había estado en situación de pánico, mientras él, había demostrado que no sabía aterrizar. 

sábado, 10 de septiembre de 2016

Socialmente social


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“No seas extremista” hemos escuchado en muchas ocasiones de la parte de alguien que en absoluto es extremista, ni apasionado, ni probablemente esté vivo. Hay personas que son, diríamos, templadas y no entienden a otras que defienden a ultranza cualquier cosa, con pasión y fanatismo. Pero, si no se tiene pasión y fanatismo no se puede “ser algo”  ni defendar nada, dicho de otro modo cuando tenemos una pasión o una profesión debemos defender o amarla con todas nuestra fuerzas, luchando y trabajando con toda nuestra alma. ¿Por qué? ¿Acaso nos dará dinero? Eso es una cuestión que debería de estar en un lugar posterior, no es pregunta que se deba de hacer uno en una primera instancia. El fanático, el amante de una profesión no se lo cuestiona, “si además me pagan, mejor”, -dirá en su fuero interno. El apasionado lo es con independencia del mundo materialista, es decir, es un romántico. No hay muchos, pero hay. Ya sé que esta no es la filosofía económica que se ha impuesto hoy en nuestras sociedades, por esa misma razón, no hay hoy prácticamente nadie que destaque de forma sorprendente y por si misma, se destaca por apoyo publicitario, nada más. El altruismo que debe ser hermano del amor a una profesión, se ha desterrado y las gentes estudian una u otra profesión en función de lo que les pueda dar económicamente, sin tener en cuenta que  luego pasas toda tu vida en algo que si no te gusta puede ser una tragedia terrible. Triste elección y peor forma de pensar. Comercio humano extremadamente degradante. Los que adoran una profesión, aquellos que tienen pasión por algo y que han empezado desde pequeños, pondré el ejemplo de los sacrificados músicos o bailarines que tienen que empezar obligatoriamente en su tierna infancia, su vida es diferente de las de los demás. Es de suponer que en algún momento de su vida habrán pensado en una recompensa económica pero no con mucha frecuencia, seguro que no, aunque habrá quien piense que sí. Por encima de todo está “el hacer” la honestidad, el acto divino de ejecutar aquello que nos gusta y en ese anhelo la persona encuentra la dicha, aunque la mayoría de las veces estar ahí en esa determinada profesión nos de mucho sufrimiento y soledad. La soledad es muy necesaria para la consecución de algo grande. Sin soledad es imposible que la persona se encuentre con el ser humano que lleva en su interior y los talentos que tiene dentro, todo ser humano los tiene. La sociedad en la que vivimos precisamente lo que hace es esconder todo eso para que la persona no se encuentre a si misma, no sepa nunca lo que quiere porque no ha tenido el tiempo de sentirse solo, claro, disfrazado todo de una mentira social, cree que tiene un mundo, cree que está acompañado pero no lo está, tiene un mundo falso y cree que no tiene soledad. Como la ha rechazado no se encuentra a si mismo y la soledad es necesaria para conocerse y encauzar su vida. Bien, pues como digo, hay ciertas profesiones que se tienen que realizar obligatoriamente solos, esto es un virtuoso de un instrumento, un bailarín, un lector...un estudioso...cualquier cosa que se hace en la soledad nos da mucho a cambio, nos da sobre todo mucha seguridad y a ojos de los demás, somos peligrosos, muy peligrosos. No hay nada peor que alguien que se encierra solo a hacer algo que los demás no son capaces de hacer. El resultado es que los otros, esos mediocres a quienes les da miedo “ese que se encierra a trabajar solo” intuyen que algún día “ese ser” será superior a ellos porque sabrá hacer cosas que los demás no. Ahí viene la recompensa económica, ese es el momento en que se paga a alguien porque sabe hacer algo mejor que los otros, pero lo sabe hacer porque ha pasado tiempo, mucho tiempo intentándo hacerlo perfecto, trabajando mucho mientras que los otros no, los otros han preferido probablemente la vida social o el dolce farniente. Cuando se tiene una pasión, como todo en la vida se debe de llevar al extremo, en política, en ideología, en amor, en la profesión, en las pasiones, en los vicios...los poquitos...¿por qué beber un poco? Porque hay que ser comedido en la vida. Es una opción desde luego. Los hay que si beben, beben, si fuman, fuman. Hay quien es capaz de fumar dos cigarros por día...es una postura. Las pasiones como los vicios se deberían de llevar al extremo, pero esto no se debe imponer, son solo opciones de vida, de entrega, de darse. Creo yo que lo de tomar una copita de vino es algo tonto, yo no bebo alcohol pero si se terciase por alguna razón, creo que caerían veinte botellas de lo que fuera. Lo de ser templado, no lo entiendo, pero no hago apología de nada, son formas y como tales, distintas. La vida es compromiso a lo bestia, para eso se vive, para tomar partido continuamente por las cosas, aunque salga mal. En las cuestiones artísticas, la mayor batalla que hay que superar es el fracaso enorme que nos proporciona la relación con los otros, la incomprensión social con nuestro quehacer. Qué nos hace suponer que vamos a ser comprendidos cuando hemos pasado miles de horas para poder tocar determinado pasaje o para poder escribir esa página con esas ideas, ¿de dónde salen esas ideas? ¿Cuál es la respuesta a esa comunicación que se supone que es la respuesta del público o la de un lector? Casi siempre es trágica y con ello la relación del artista con su entorno, doblemente trágica. Es lógico. Todo esto es solo una imagen de lo que significa el compromiso con la vida, con el arte, con la amistad, con la libertad...con la vida. O lo hacemos o no no lo hacemos, o vamos a por todas o nos quedamos en la mediocridad del que nunca arriesga o del que culpa al que tiene a su lado para salir vencedor.
Todas estas opciones sobre nuestro quehacer son respetables, el que quiere trabajar, el que no quiere, el que ha encontrado su pasión ayudada por un talento natural, el que ha conseguido algo por trabajo pero sin talento, el que lo consigue por talento pero sin trabajo, el que quiere trabajar pero poquito, el que quiere llegar muy lejos...todas las opciones del ser humano y sus elecciones son respetables, y ese es el punto de no retorno, todas las elecciones son eminentes. Yo prefiero el compromiso aunque haya perdido en la vida muchas cosas a ojos del mundo. ¿Para qué vive la gente? Yo vivo con pasión y compromiso todo lo que puedo. Hay dos puntos importantes que se derivan de este planteamiento sencillo de las opciones del hombre en su vida y el sentido de estar en la tierra. Una de ellas se relaciona con el sentido que se da Hoy a esto materialmente y la otra es la reacción que tienen los otros como fruto de tal  conflicto establecido. Claramente ¿por qué una persona que no quiere pasar desde los 4 años toda su vida, por ejemplo, cinco horas cada día tocando un violín tiene envidia del que sí lo hace? El tiempo pasa y se convierte en alguien muy especial por lo que tiene de trabajo personal, con una vida completa no hablo de fama, esto hoy en día no dependerá de él, ni de dinero, que tampoco dependerá de él, hablo  de orgullo y satisfacción de haber llegado a la excelencia de si mismo, con independencia de lo que opinen los demás y sabiendo que a la otra vida se lleva un conocimiento que nadie le podrá arrebatar. ¿Por qué existen esas personas que tienen siempre envidia y que no quieren reconocer a los que han trabajado más  y que además tienen un talento especial para esta u otra cosa? Por qué si alguien tiene esas cualidades magníficas para la danza que es capaz de volar por las aires habrá alguien capaz de desacreditarle por pura envidia? De otro lado, si tenemos a alguien que nos impide nuestro desarrollo, por qué no sacar fuerzas y cambiar nuestra vida, lo que nos llevamos al otro mundo, es lo que únicamente nosotros haremos por nosotros, no lo que haga el de al lado, probablemente lo que hagamos nosotros por los demás y por uno mismo. Si alguien nos impide esto es que no estamos en absoluto en el buen camino, y no importa la edad para que esto sea transformado de forma radical. No importa la edad para ponerse a trabajar por aquello que nos apasiona, nunca, nunca es tarde para luchar por lo que consideramos que es el centro de nuestra vida, nuestra razón de ser. Por eso mismo, una profesión, una pasión es lo que hace a la persona y probablemente marcará el acontecer de su vida, porque según lo que haga, según haya escuchado su talento, sus fuerzas y su voluntad de acción y de trabajo, así será su vida, así serán los elementos de su vida. Poco importa lo que se haga mientras sea con pasión y amor.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Llamando a una amiga


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Llamar por teléfono a una amiga no es cualquier cosa. Yo recuerdo de pequeña –en mi casa somos muy aficionados a hablar por el teléfono- que me marchaba al colegio por la mañana y mi madre se quedaba hablando por ese aparato que en aquellos años era un tocho muy pesado, y cuando regresaba del colegio a comer cerca de la una pues mi madre seguía hablando con la misma persona. Bueno, yo pensaba para mis adentros, ¿qué cosas se tendrán que decir? Pasados los años he podido comprobar por mi misma que esto puede suceder casi sin proponérselo. Igualmente mi hermano que cuando yo era muy pequeña él ya tenía novia, se encerraba en su cuarto por cuya puerta salía un cable que conducía a la parte grande del teléfono, estaba horas también. Recuerdo de la misma manera en las reuniones que hacíamos cuando eramos estudiantes cómo si a alguien le llamaban por teléfono –ahora recuerdo el caso de Almudena y su novio Luis- cambiaba radicalmente la forma de hablar, el tono de la voz, la intención de la palabra. En las reuniones de estudio cuando alguna pasaba al habla las demás nos hacíamos las locas como si no fuera con uno, y no quitábamos la oreja del tema de nuestra compañera: -Hola mi bichito, -decía Almudena- a su novio con voz bajita para que no la oyésemos, lo cuál claro, era imposible y las carcajadas sonaban a diestro y siniestro por toda la casa aunque eso sí, de forma disimulada.
Había un anuncio de televisión por aquel entonces, supongo que sexista, donde se hacía un apología de hablar por teléfono y a la sujeta se le llamaba Matilde telefónicas. Ya ves tú, como si los hombres no hablasen, solo hay que verles móvil en mano. La fase peor y patética de ellos es cuando se ponen romanticones o incluso atrevidos. En esos momentos te dan ganas de matarlos. Sin embargo, culturalmente a la gente le ha quedado en su registro memorial que somos las mujeres las que más hablamos por teléfono y las que más criticamos. Cosa absolutamente falsa, los hombres son los más fanfarrones y cotillas del mundo como les des un poco de sitio y si es por hablar por teléfono...habría que ver estadística en mano. ¡Leche!
Ya mi madre de muy pequeñita soñaba –me ha contado muchas veces- con que la gente fuese por la calle llevando en su bolsillo un teléfono, en su sueño –decía- todas las personas respondían a sus comunicaciones según iban andando por la calle. A veces la ficción se convierte en realidad y mi madre ha podido comprobar por si misma efectivamente cómo la gente va por la calle, en el metro, en el bus, en el super...en cualquier lugar y circunstancia y le suena el teléfono y va y habla. ¡Alucinante! pero cierto. Esto como todos sabemos es para morirse pues en plena ciudad la gente va como hablando sola, sonriendo o dando gritos (con el piringanillo en la oreja) y en realidad no quiere decir que se hayan vuelto locos es que van hablando por teléfono, en esto, ganan como locos mundiales, los del piringanillo. ¡Flipante! Y si te paras a mirarlos el resultado es el siguiente: Estoy parada en la puerta de unos almacenes –sí ya sé que es un lugar horrible- esperando a una amiga y de repente uno que pasa: te lo juro te lo juro que yo no quería decirle nada, pero es que la verdad que me encanta no sólo él sino todo lo que le rodea. Y tú miras con cara de alucinada pensando en que quieres enterarte de todo lo que falta pero en ese momento pasa otra: María te he dicho que no, no te pongas tonta porque no quiero ir a esa fiesta. Y tú que estás esperando te preguntas ¿por qué no querrá ir a la fiesta? Y ya te han dejado con las ganas para todo el día. Una carcajada de otro que pasa con maletín en una mano y el teléfono en la otra: ¡Jajajajaja! desde luego es que se te ocurre cada cosa...vale luego nos vemos y no llegues tarde, sí donde siempre. Ya te han vuelto a dejar mal y cuando quieres reaccionar pasa otro: por favor, por favor, no me digas eso que no lo voy a soportar...Bueno, pues ya te han chafado el día. Así te puedes pasar horas hasta que llega tu amiga, tarde como de costumbre, mientras tú estás con los nervios de punta porque te han dejado a medias de un montón de conversaciones, decides hacer un puzzle de todo lo que has oído pero lógicamente el resultado es surrealista, te quedas con ansiedad de caballo.
Los hay que se mueven mucho para hablar, los hay que parece que están dando un discurso, unos miran al cielo, otros al suelo, la mayoría coge el teléfono con una mano y la otra la pone sobre el brazo del teléfono en actitud de corte de mangas, las hay que al mismo tiempo que hablan buscan algo en el bolso y parece que se les va a caer todo..., no se les cae y siguen controlando la conversación, ésta son las superguoman, pero lo mejor de todo es que los hablantes telefónicos parecen muy concentrados en lo que hacen y por supuesto todos fuera de la realidad. ¡Qué le vamos a hacer! Luego está el teléfono de casa, ese que solo suena cuatro veces y que cuando quieres llegar ya se ha cortado a pesar de haberte dejado la hernia discal en el intento, bajando las escaleras. Lo que es, llegar para nada, pero una vez que ya estás ahí pues se te ocurre que como tienes una tarifa muy apañada pues vas a llamar a alguien. Marcas el teléfono y como estás cual moto te has confundido y responde alguien que no es, una voz de persona mayor y enfadada: perdone, perdone creo que me he confundido, dices tímidamente y cuelgas. Vuelves a marcar esta vez clavando el dedo en los botones para que se marque bien, por inercia rara también te clavas el teléfono en el oído como si de esta manera estuvieses mas cerca de la persona...¡raro! Esta vez es tu madre que tiene el teléfono para sordos y te contesta con un volumen tal que te hace polvo la oreja para todo el día, pero eso sí, la has escuchado muy cercana.
Están las llamadas de la telefónica, sí las que hacen encuestas, de chorradas en cuyo caso lo mejor es decir que tú misma no estás que no sabes cuando vas a volver y que llamen más tarde. Siempre me funciona lo de: mi madre se ha ido a Argentina a buscar a la madre de Marco y a pasarlo bien. Un día se me ocurrió encargar por teléfono unos congelados y a partir de ese momento ya no sé qué hacer para que no te llame la chica de la empresa haciendo su trabajo –ya lo sé y me da pena- para saber si has mirado el catálogo y demandarte el inefable encargo. Hay ofertas estupendas –dice- y te sirven en seguida dos kilos de judías verdes, te regalan una bolsa de cebollas, y si compras veinte pizzas te regalan dos bandejas de canelones, más los helados y las tartas. Total, un descuadre de 75 euros que en realidad no tenías pensado gastar porque estás en tu casa pa ahorrá, pero como te han pillado de tonta y en el fondo te da pena la chica a la que les has dicho cuarenta veces que tú misma no estabas, que no te ha llegado el catálogo, que te lo ha enviado, que lo ha vuelto a enviar, que no lo has mirado, que espera a que lo mires, que no lo encuentro y que te lo cuenta ella por teléfono...encargas todo lo que te diga y punto. Declive de tu voluntad y por lo tanto de tu personalidad que la has perdido si es alguna vez la tuviste. Acaso algo de bien sí se le hace a la amiga telefonista que con ello se llevará gracias a ti una comisioncilla, nada del otro mundo, claro.
Existe igualmente ese momento en el que suena el teléfono y son ellos los que se han confundido preguntando por María que no eres tú. A partir de ahí se te hace más difícil vivir por la sencilla razón de que te preguntas como en una interiorización del ser ¿por qué no seré yo María? Ya tienes ahí la consiguiente crisis de autoestima y personalidad. Ahora hemos caído en el totum maximus, en el desideratum único como es el hecho de tener teléfono en casa pero un teléfono portátil. Es un teléfono inalámbrico que te permite trasladarte por tu casa mientras hablas con alguien. De esa manera puedes hacer cualquier cosa y cuando digo cualquier cosa es que es cualquier cosa. Tiene el fallo de que si no se ha cargado hace unos ruidos horribles, pero bueno, superada esa cuestión el portátil inalámbrico y con altavoz es toda una novedad sensorial, sin dudas. Llamar a una amiga en esas circunstancias supone entrar en otro mundo acústico y como tal, imaginativo.
Cuando has conseguido comunicar con tu amiga –mi amiga Ángela en este caso- que de hecho tenía ocupado su teléfono desde hace una hora, la llamas justo en el momento en que ésta trabaja para hacer la comida, ya que por la tarde no está en casa. Tú ese día estás hecha polvo pero no va a importar ¿por qué? Porque las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez. Mi amiga también tiene un teléfono inalámbrico y con altavoz, osea el tow mach. –Ay, me has cogido en el baño, perdona, pero no, sigue, sigue hablando si yo te escucho igualmente es que ya no podía más Uff!! Suena la cisterna del water. ¿qué tal? Esperas a que termine el ruido de la cisterna. Pues bien, nada, aquí estoy que no sé qué hacer con el pelo. ¡Vaya! Pero si así estás muy bien. ¿te has cansado? Sí, yo creo que sí, es que me veo fatal...además con los kilitos que he cogido últimamente...¡que estoy de buen año! Bueno, si te sirve de consuelo no he bajado los veinte kilos de más desde el 2008, pero me da igual...Ay, espera, espera un segundo. Ruido de batidora. Ya, ya está, es que tenía que batir esos huevos, pero sigue...espera que pongo el manos libres. ¡Oye! ¿Pero me oyes? Si, sí es que de paso aprovecho para lavar estos platos que si no se me acumula. –Ah, ya.
-Pues te decía –intentas seguir- que he tenido problemas en el trabajo y que estoy fatal además con lo del pelo. –Ya, ya lo comprendo...pero espera, espera un momentito que me llaman a la puerta...Esperas, ya, ya estoy contigo otra vez. Nada te decía que estoy muy desanimada que pienso mucho en el suicidio. ¡Pero mujer! Estás mal, eso no puede ser, ¿qué te pasa además de haber perdido el bolígrafo? Pues ya te he dicho que tengo problemas en el trabajo y que no aguanto mi pelo. Ya..espera, espera un segundín...¡ya! es que no podía abrir el frasco de los espárragos. (Escuchas los golpes del tarro en tu mismo cerebelo). Bueno, te decía que me siento muy mal (ladridos de perro) ¡anda!, ahora es a mi que llaman a la puerta. Un segundito que ya llego, era el cartero que traía una carta certificada pero no es para mi. Bueno dime cariño –dice Ángela-, siento que estés fatal, lo del trabajo lo entiendo porque yo estoy igual. (Ahora enciende el extractor de humos) Oyeeeee, oyeeee, dice ella. Sí, sí te oigo, algo mal pero te oigo. Por favor, mira a ver si puedes quitar la extractora. Vaaaaale, la quito. Es que si no la pongo luego huelo a fritanga que no veas.
Ahora que lo pienso...¿cómo está Julio? Pero de qué Julio me hablas? Pues hija de tu marido, quién va a ser, veo que estás peor de lo que yo pensaba. Por cierto ¿me has enviado el libro de métrica? Pero qué estás hablando, perdona pero no entiendo nada. A ver tú no eres Ángela que vives en Madrid? No, claro que no, yo vivo en Asturias y me llamo Conchita. ¡Anda! Y tú no eres Rosa que vives en Bilbao? Pero tú no eres Rosa? No, que va yo soy María.  No, Pues para no conocernos de nada qué bien nos hemos entendido.

jueves, 18 de agosto de 2016

El gusto en la escritura


Hay cosas que tienen delito y otras cosas que no tienen solución como es el caso del buen gusto en las personas, para algunos es obvio que no saben lo que es ni en Estética, para otros, bajo ese título se dedican a la escritura. Lo que sí es claro es que para escribir hay que tener buen gusto, con esto se nace, sin embargo existen muchos empecinados en ser, existen los que como sea, no importa el precio, quieren ser de la profesión, ¿por qué? Por que hoy en día todo el mundo es escritor, por lo tanto portador de ideas y teóricamente con sapiencia como para desarrollarlas. Pero esto no es así. Existe un intrusismo muy grande que invade la profesión y que solo crea confusión entre unos y otros.
La escritura es algo que desarrollamos algunas personas como algo, que nos gusta hacer, en realidad todo el tiempo, sirve para dar testimonio, para jugar con la filología y su canon ideal, para denunciar, para ilustrar, para criticar, para acariciar...para hacer llorar, divertir, ilustrar, hacer pensar, culturizar... Tiene muchas utilidades y para mi es algo sagrado. Después está lo que podríamos denominar -seguro- como el escritor y todo lo que le rodea, es decir la escritura y todo lo que la rodea. Éste -el escritor- como tal, conlleva ensimismo otra serie de cargas que aunque no deberían sin embargo influyen directamente en la escritura y en la aportación del mensaje que esta tiene. Esto pertenece a lo que entendemos como el mundo del escritor. Conviene recordar que en la actualidad  por delante de la escritura está la venta de otras cosas, si es del escándalo, mejor.
Por desgracia hoy en día no se sabe quién es quién y qué persona puede o debería dedicarse a tal o cuál cosa. ¿por qué? Porque en un país como el nuestro –me refiero a España- suceden cosas que solo pueden suceder aquí. En otros lugares suceden otras cosas pero desde luego, éstas no. Y claro, todo tiene su razón de ser y su razón de existir. Hoy hablaré en continuidad a lo dicho por Javier Marías sobre la zafiedad y sus ventajas, vamos, a las palabras y acciones que últimamente venimos contemplando en algunos escritores y otros que se hacen llamar periodistas, locutores, habladores...gentes que tienen un contacto directo con las masas. La escritura también tiene su parte televisiva, este es el segundo punto importante a analizar.
No sé por qué o de qué se extraña mi apreciado colega de la forma de expresarse y de calumniar de gentes que pretenden ir de tertulianos, de periodistas o gentes de la política o de la cultura. Van por ir, pero lo que es ser, no son, nada. Son los canallas, los cafres, los canivales de la Humanidad, de la indecencia filológica porque ya se ve que decencia no tienen, que no la conocen, asesinos del buen gusto, porque el gusto también se ve que nunca podrán tener y eso sí, maestros de la calumnia porque eso es lo que vende, y no su arte, ni sus políticas. Mientras se sigan permitiendo programas y programas donde se favorece y se facilita el calumniar a hombres, mujeres, enfermos, profesiones...todo, no debe extrañarnos nada de lo que suceda en los que “dan la cara” y que tenga por claro el que esto lee que en esta  “meriendas de negros” ninguno de los que da la cara delante de su público es inmune ni indemne. Ojo que lo quiero decir es que mañana le tocará a otro, a ti como no te andes con cuidado en un país donde no se respeta absolutamente nada. Pero ¿alguien se extraña? ¿se extrañan los hombres cuando llevamos siglos oyéndoles hablar asquerosamente de las mujeres? ¿Se extrañan los médicos de que les ataquen cuando ellos se hacen publicidad o hacen programas jugando con la salud, cosa inaudita y exclusiva de este país? No encuentro nada de relación entre la patanería y la disconformidad que mueve al escritor a reaccionar y escribir. Disconformidad, sí, insatisfacción.
En mi profesión en la que ser mujer entraña mayor dificultad, tengo que soportar la manera de cómo hablan los hombres de las mujeres, pero es que también hablan así las mujeres de las mujeres. Yo la última vez que escuché decir que a una compañera la Tesis doctoral le había tocado en una tapa de yogurt, me cabreé, claro que no sé para qué la defendí si esa misma compañera se dedicó hace unos años a desacreditar mi trabajo diciendo lo de siempre, que los que apoyaban mi revista era porque habian tenido un lío conmigo. Triste y poco inteligente su reflexión que nadie se creyó, era claro que la muy mendruga no me conocía. Al final terminó por dar pena, ella, que quedó de envidiosa de una profesora mayor que envidia a la que es más joven. Punto. Comportamiento muy habitual y cerdo, que al final como el tiempo pone a cada uno en su lugar voy a tener que pensar que sí, que su tesis se la encontró en una tapa de yogurt, pero me resisto a hacerlo. Las mujeres no debemos reírnos de los comentarios machistas y puercos de unos y de otras, pero yo los he oído mucho y me cabrean soberanamente. Algunos lo consideran la sal de la cocina española. La lengua española, adalid de la sátira, de la novela picaresca, de los embites entre Quevedo y Góngora, es una maravillosa arma del sacarmo y de la diversión cuando se sabe utilizar, pero cuando es mal usada, puede llegar a ser lo más grosero del mundo y por lo tanto un arma de ofensa.
El escritor con su escritura siempre ha vivido condenado a la soledad, pero hoy en día eso ya no es así. El escritor con su escritura era la mayoría de las veces alguien extraño, poco conocido, tímido (por eso se dedicaba a la escritura) porque era su refugio, era alguien a quien –por lo general- no le interesaba exhibir su vida privada (podríamos hablar del caso de Galdós, guardián celosísimo de su vida privada). Pero lo peor es que el escritor –para mi- pierde su sentido y su función en el momento en el que se dedica a abrazarse con los políticos, sean cuales sean sus ideales, mucho peor si son de Franco, claro. Esto pasa factura. A partir de ahí está uno  perdido. Si alguna vez tengo problemas –que visto lo visto nadie está exento- me gustaría que me defendieran aquellos que hacen lo mismo que yo, aquellos que viven y sirven a los demás en la soledad con su escritura y sus trabajos y que en ocasiones tienen que hacer funciones de escritor: conferencias, clases, lecturas...esos, los que son de lo mío, los intelectuales y no los políticos esos no quiero que salgan al quite a defenderme porque yo espero no estar a su servicio, nunca. Yo incluyo en “los políticos” a todo aquello que entraña politiquería, también pueden ser editores y otras maravillosas joyas nacionales de poder.
Sobre el mal gusto imperante y sus dineros, insisto en que no es más que un fiel reflejo de lo que hay en la sociedad. En las muchas funciones que corresponden al escritor –osea a su vida- no debe estar el perder los papeles como se pierden hoy en día, con tan poca inteligencia y tantas ansias de llamar la atención, aunque sea con escándalo del más cutre. También existe algo que se llama la dignidad, pero es para los muertos de hambre como yo. Con eso está todo dicho, ni hay inteligencia ni es culto lo que hacen, ni Cristo que lo fundó (expresión galdosiana). Por eso no puede ser escritor cualquiera, ni intelectual, ni periodista, ni comunicador, porque hay que saber muchas cosas para no meter la pata y que se vea el plumero más de lo que concierne. Yo metería en la cárcel a toda la gente que se cree en el derecho de poder hablar y calumniar a los demás, a los que invaden las profesiones, a los que se rien de los defectos físicos de otros, costumbre tan andaluza como extendida por todo el territorio cada uno con su aderezo, se ríen de los mayores, de las mujeres, de los que tienen exceso de peso...sin gusto alguno en la sátira, todo es molesto y la gente es muy faltona, faltar por faltar, sin saber pajolera idea de educación porque no les interesa o porque no les ha hecho falta. Con lo polis que son los franceses. Con esta manera que tienen los comunicadores (sí, esos intelectualoides de las tertulias televisivas que además crean opinión) ahora demuestran que no saben manejar el idioma como otrora lo hicieron nuestros predecesores (praedecesoris). La educación (educatio), como la discreción (discretio) y otras cualidades del ser humano que ya nadie conoce, cuando se tiene es un disfrute, es una manera de relacionarse, de dialogar, de trato, pero también de ataque, de la más dura batalla, de crítica...solo que hace falta inteligencia para manejarla y algunas otras condiciones más. Hacen falta desde luego enemigos de la misma talla. De estos aderezos poco quedan a los españoles. Ya pocos sonetos de hombres pegados a narices podemos leer porque no hay Quevedos, mal que les pese.
No hay nada más fácil, característico, tradicional y chabacano por otra parte que un hombre alardeando de lo que probablemente no sea capaz luego de hacer ni por asomo, ni creo que tenga que ver nada con lo que le concierne a su profesión. Peor aún si hace las cosas y las cacarea. Menos aún soporto a las mujeres “hablar de cómo la tiene Fulano o Mengano”, me parece de un mal gusto que produce exacerbación y sobre todo que no me interesa. Eso no se cuenta, nunca. Un aspirante a  escritor porque no lo es, que escribe una farsa de pésimo mal gusto en un periódico en contra de uno que sí es escritor...es el día a día de la actualidad. Yo creí que la gente conocía el manejo político que existe detrás de estas movidas, pero no, no lo saben y aquel que tiene más espacios televisivos y de radio, pues ese gana. Querido Marías ese lenguaje brutal y vocabulario deleznable del que hablas en tu texto del domingo también ha sido utilizado en ocasiones por muchos académicos, con sinceridad con muy poca gracia y menos arte. Les hemos escuchado. La guasa machista sigue existiendo, y tristemente permanecerá porque es la manera “jocosa” de divertirse de algunos hombres. Vamos, el bocazas de toda la vida que merece que se la partan, al que yo no me acercaba ni loca o que intentaba reconducir con mis comentarios, probablemente sin conseguirlo y expuesta a que al darme la vuelta, ese mismo, me atacase a lo bestia. Pues esos, siguen ahí cada vez con más fuerza. Pero la verdad termina por salir, yo creo en la verdad, pero en los mentirosos también, en los traidores, en los groseros, mucho más y creo en combatirlos, ellos colaboran a mi disconformidad con la sociedad, colaboran a la insatisfacción necesaria del autor y es seguro que tendrán su merecido porque a cada cerdo le llega su San Martín. Son muy numerosos pero quizás sean necesarios -son los buffone de la sociedad-, útiles quizás para que pueda brillar alguna vez algo verdaderamente hermoso aunque sea a codazos. Es una lucha que ha permanecido desde siglos y que continuará.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Año de menos



Meses de recorrido sin seres tan
Espeluznantes como un trino elegíaco.
Tiempo perdido por mediocre juventud
Que se ha perdido en las quebradas
 De tus actos, siempre detestables.
He quitado un año de mi vida
Cuando te que quitado de mi vida.
He respirado de nuevo el desierto
Donde encontré la paz del olvido
Ante tanta minúscula alma frente
A patricia humanidad.
No has merecido nada, yo sí,
Merezco olvidarte para poder encontrar
Merezco rejuvenecer al despreciarte.
Unos días, unos meses de nueva conciencia

De nuevo atardecer, ya lejos de ti.

sábado, 9 de julio de 2016

Cuando se tiene un amigo escritor



Los escritores en general somos personajes peligrosos. Esto sin duda se puede comprobar de una manera cotidiana con las reacciones que tienen nuestros amigos y familiares. Yo he podido ver, sufrir y padecer muchas reacciones de las personas que me rodean y seguro que a otros colegas que se dedican a lo mismo les sucederá igual. De entrada, nuestra profesión parecerá –para la mayoría de la gente- algo ociosa, nada fundamental y mucho menos algo de importancia para la marcha de la economía de un país. Me refiero concretamente a la “opinión” que de estos temas tienen mis confrères españoles, pues en otros países conceden otra importancia a escritores y filósofos como es el caso, por ejemplo, de Francia. Bien, dicho esto, paso a comentar algunas reacciones curiosas que de este tema he podido cosechar. Siendo consciente de mi estatus de vaga nacional, constaté en algunas amigas (todas eran mujeres las que me lo decían sin saber hasta hoy porqué) la mala leche que tenían cuando me lancé en pleno embarazo y crianza de varias criaturas a hacer un Doctorado en Filosofía y Letras. Lógicamente nadie daba un duro por mi, considerada escoria social, osea una mamá que ahora quiere ser intelectual, un horror, ni siquiera el director de tesis –del que podría decir y acusar ahora de más de una cosilla- confiaban en mi proyecto. ¿Para qué quieres ser Doctora en letras ahora? Ese ahora castrante, me sonaba a fascismo puro. Pero me dió igual porque uno debe confiar y creer sobre todo en su propio potencial y nada más. El tiempo pasó y donde la gente normal emplea seis o nueve años en terminar, yo lo hice en tres, es decir, que cuando leí mi tesis, fui con varios libros publicados y me dieron mi notaza. (también llevé varios bebés). Los libros de ensayo literario y filosofía que escribí a partir de aquellos años cayeron en saco roto. Todavía hoy, colegas de Universidad –un mundo dominado por acomplejados y por machismo paternalista- continúan a hacerlos pasar desapercibidos. A mí me sigue dando igual porque no consiguen que me pare, son seres que tienen que existir forzosamente para el héroe de sí mismo. Cuando uno escribe “esas cosas tan serias que nadie entiende” te dejan de lado por marginada social, o por alguien que en realidad no llegará a nada porque escribe cosas raras y desde luego de poco pecunio. Yo digo siempre: eso, por ahora y así hallo consuelo y bonheur.

Temas académicos aparte de los que se podrían escribir aburridos tomos, llegamos al momento en que el escritor comienza a escribir otras cosas más molestas, artículos,opinión, cuentos, poesía, novela...¿qué sucede con amigos y familia? Para los amigos, tener un amigo escritor o poeta es desconcertante, es como encontrarse de bruces con la realidad, con él, y si no has hecho los deberes...mal, vas, mal. A un primo poeta o a una hermana novelista hay que leerle algo ¿no? Los amigos se sienten presionados –supongo- por esta situación. ¿por qué? Porque te preguntan bueno, y ahora qué haces? –pues lo de siempre...escribo esos textos que pongo en mi blog (subsconsciente: y que tú nunca lees) que a la gente le gustan mucho, el otro se pregunta en su subsconsciente (a qué gente) trabajo sobre una novela...ultimo los detalles de mi último libro de cuentos...ya sabes, artículos para revistas...(en fin vida de vagos...) El amigo a quien hace alomejor dos o tres meses que no ves se siente obligado como a decir alguna cosa para agradarte con una cara rara porque en realidad no se ha leído ese libro que tú con tanto esfuerzo le regalaste entre otras cosas para que te conozca, para que sepa lo que haces y no te juzgue tan a la ligera, ¡leñe! Y descubres que es un traidor, que no lee nada, que solo se tira el pisto con lecturas ociosas, con cuatro cosas de bobo de salón, que leer, leer, en realidad no lee nada, o que sino... es un cabrón si no se toma la molestia de leer un libro de un amigo o de decirte algo, de reconocerte. Punto. Ahora llegaría el momento de terror absoluto cuando te da por preguntar abiertamente: -Por cierto ¿te gustó mi último libro? Horror y más horror en el semblante de nuestra amiga o amigo, que se ha quedado ñeque-ñeque, por lo tanto: Esta es una pregunta que nunca se debe hacer.

Luego están los que se sienten intimidados ¿cuáles son? Los que creen que serán fuente de inspiración para algún cuento o quizás un personaje...y por consiguiente te temen. Y llevan razón...por eso un escritor es molesto porque observas y luego de manera consciente o inconsciente lo llevas al folio, pero no es grave, es la vida y la novela por ejemplo, es imagen de la vida. A partir de ahí eres sospechoso. Después están los que han leído algo tuyo y no les gusta pero ¿cómo te lo van a decir?, están los que querrían hacer un Simposium sobre lo que han leído de ti, y claro, tampoco es eso (yo siempre digo...ah! yo he dicho eso...no me acuerdo) y luego están los que han leído algo tuyo pero no te encajan nada en absoluto con tu imagen o con lo que representas, es decir, con la persona que eres. Lo que leen no es la persona y la persona no está o sí está en lo que está escrito...pero no saben qué hacer con ese material. Resulta que les parecias una pacifista y acaban de leer algo tuyo que incita a la revolución, o piensan que eres una mística y tus libros son una apología del hedonismo ¿qué hacer?.

En Francia, me han parado muchas veces por la calle para felicitarme por el artículo Les chaussettes Ah les traites! En su versión española Los calcetines también tienen su vida interior. Ya ves tú, probablemente el texto que más rápido he escrito en mi vida y que menos complicaciones me creó. La razón es sencilla y simple, es un relato que habla de un asunto de orden extremadamente cotidiano como son los calcetines que uno se encuentra por la casa de la manera más absurda y loca, pero contado, quizás con cierta gracia y veracidad. El lector, probablemente –a juzgar por lo que ellos mismos dicen- encuentra una comunión muy grande con el escritor que se acerca a él para hablar de cosas de orden diario, cosas normales, nada sublimes que son las que nos hacen recrearnos a los escritores en un a modo de exaltación de la amistad con la retórica quizás demasiado irreal para algunas personas. El lector –o mejor dicho a determinado tipo de lectores- quiere que el escritor se acerque a él. El resultado es que el otro día en una cena, en Francia, claro, presentándome como caso clínico, alguien lo hizo refiriéndose como: es una estupenda escritora española que escribe mucho sobre calcetines... Vale. No hablemos de ideologías y demás...muchas veces me han preguntado ¿pero tú has sido espía y guerrillera comunista? O ¿pero cuando has tenido esa experiencia con un músico? Yo he dicho la verdad, no, nunca he tenido esa experiencia con ningún músico (es por el texto de El Oboísta) y de haberlo tenido jamás lo sabría nadie...En fin, la gente se despista, se descoloca, se despeinan al ver que en realidad de una persona de apariencia llana y tranquila (como creo que soy yo) no saben nunca en realidad qué eres, qué diablos tienes en la cabeza, y eso, te convierte en peligroso ¿por qué? Porque no te controlan. Y yo, río de felicidad completa de poder tener ese mundo particular, íntimo, sorprendente que te permite ir de un lugar  a otro fácilmente como un navegante sin que nadie sepa en realidad qué eres, ni quién eres. Si te mueres de hambre...pues, ya se verá.