Siguiendo a Rosa Amor del Olmo

lunes, 4 de septiembre de 2017

La muerte como parte de la vida




Si hablamos de esta extraña compañera que es la soledad, es porque mas vale acostumbrarse a ella, yo prefiero hacerlo, aunque siempre hay quien me dice que no es bueno que pase tanto tiempo sola. No lo sé. La muerte es una parte del vivir, quizás las más fundamental, es allí donde desembocarán los acontecimientos de todo nuestro existir. Sabemos que en el transcurso de nuestra vida ese acontecimiento nos llegará a todos; la única incertidumbre es el momento en que se presentará, por ello el ser humano lucha, pero sabemos que es una lucha inútil. ¿Por qué no dejar que la vida y la muerte fluyan de la manera natural con la que están concebidas? ¿Por qué no aceptar la muerte cuando ésta se presenta? ¿Por qué se pretende evitar lo que es inevitable?. Ahí es cuando comienza el problema, cuando vemos que la muerte está cerca y no sabemos si hemos hecho todo lo que queríamos hacer. En esto cada uno ya ha previsto su obra, su vida y su partida, así se podría creer. ¿Por qué no aceptar las cosas como son? Por que el ser humano no quiere sufrir y se agarra como a un clavo ardiendo a conceptos e ideas que le puedan liberar de lo que le viene. Es verdad que queda mucho por hacer, quizás muchas margaritas que deshojar, quién sabe. La lucha del hombre es la de vencer el poder de la divinidad, superarle. Ahora, cuando esperamos a que la muerte llegue no queremos ver lo evidente y vemos cómo algo no sale tal y como habíamos previsto. Por eso queremos invalidar el momento del sufrimiento o de la espera a la muerte final. Al ser el hombre completamente imprevisible se vuelven de igual manera imprevisibles las razones o elementos que le llevarán a esa muerte física. Las enfermedades como lo síntomas, como las maneras de morir se desarrollarán para cada persona de diferente manera. Por ello la medicina es imprevisible porque el hombre no es una máquina ni los tratamientos o curas funcionarán igual para todas las personas. La medicina es imprevisible, sus consecuencias también lo son. Eso es, tememos la enfermedad, tememos la vejez, tememos cualquier cosa que no podamos superar porque será irreversible, por mucho que la ciencia se empeñe en demostrar lo contrario.
Supongamos que el sufrimiento está sobre todo en la mente, en el cerebro, porque –por ejemplo- cuando ingerimos inhibidores del dolor, vemos cómo éste desaparece, luego entonces ¿dónde está ese dolor? Es decir ¿por qué no lo sentimos o por qué sí? Por que nuestra mente lo procesa de manera única. ¿Y qué sucede con ello? Sentimos dolor, porque somos conscientes de ello, si el cerebro nos da esa información como tal. Puestos a superar las fuerzas de la divinidad y apoyar la idea de que el hombre lo domina todo y de que está por encima de divinidades, ese es el último gancho donde el hombre se quiere anclar para poder explicar su partida del mundo terrenal. ¿No sería mejor intentar ensayos con mejores inhibidores de manera que la persona no sienta ese sufrimiento? Si alguien estuviera –digamos sin cerebro, descerebrado- sin percepción real de su cuerpo entonces no sentiría el sufrimiento que es justamente el que le lleva a querer terminar con su existencia, podría querer cambiar de idea, si en un mundo ficticio pudiéramos encontrar –incluso en los últimos meses de una enfermedad- algo que hiciera que no percibiéramos el dolor, ¿por qué no intentarlo y vivir hasta el final del todo? Por qué querer eliminar esos días sagrados que nos podrían dar nuestras últimas voluntades o nuestras últimas exigencias de la vida? ¿por qué querer terminarla antes, ¿por qué hay dolor? Pues que no lo haya.
Si alguien nos garantizase que no vamos a sufrir, que no vamos a tener ningún dolor porque existe una “medicina” que sin tener efectos secundarios nos evade del sufrimiento, quizás aceptaríamos esos días de más que la Naturaleza nos brinda, sin que precipitemos nuestra partida dejando por lo tanto en ese momento cosas sin terminar, cosa que son fundamentales para una vida, una carta, una última conversación, un último paseo, una última contemplación de lo que queremos...¿Quién precipita su partida?
En todas las encuestas leemos que el tanto por ciento de la población apoya la eutanasia en casos en que la enfermedad sea incurable. Solo con no sufrir nos vale, así es de sencillo. Poder vivir los últimos días de nuestra vida, de estas vidas tan longevas con paz y armonía. Por qué no luchar por eso. Cuando el ser humano se encuentra en el umbral del adiós comprendemos que nunca es tarde para poder cumplir nuestras voluntades, dejar una herencia, la gestión de un patrimonio, un legado intelectual, unas memorias...todo puede suceder en tan solo una semana más de vida cuando el hombre es consciente de que ya se va a marchar y se acepta. ¿No sería mejor en esta ficción desear que podamos esperar la muerte sin sufrir, sin necesidad de adelantar el proceso? Analizaremos algunos casos.
Si la persona no es propietaria de su mente que es donde se regulan todas las sensaciones, la memoria de la persona, los sentidos...si llegamos a ese punto o si simplemente por un error o azar de la vida venimos a este mundo sin ese dominio, -véase el caso de tantos niños que no dominan su cerebro, osea que son minusválidos inocentes- qué quiere decir esto? ¿quién ejecutará sobre esa persona sus voluntades? ¿qué persona puede decidir enviar a la muerte a un niño que no dominando su persona llega por ejemplo a los 30, por qué llegar a los 30 y no aniquilarle de antemano. Por esa regla, toda persona que no es como previsiblemente se ha preparado para que sea deberá salir de este mundo lo más rápido posible. ¿Por qué? Porque está fuera de la norma y además tiene una enfermedad que es incurable. Por lo tanto cualquier persona podrá decidir por ella. Los padres sobre el niño, los hijos sobre el padre que sufre de Althzeimer, el esposo sobre la esposa demenciada a temprana edad. ¡Qué terrible! No es potestad del hombre gestionar la vida de estas personas, no lo es, no lo puede ser. Si han venido así al mundo, si están en el mundo así por no se qué razones, ¿quién es capaz de decidir si deben continuar viviendo o no? Eso no puede ser. No nos concierne ni a los familiares ni mucho menos a los médicos. Lo que hoy nos parece un espanto, a veces, con el tiempo deja de serlo, convirtiéndose en un hábito, en otra cosa. ¿Qué persona no ha pasado, insisto, o no pasará por momentos en su casa o en un hospital verdaderamente demoníacos? Muchos han pasado por ello y como digo lo han pasado.
¿Dónde está la verdadera frontera de la vida con enfermedad incurable y la muerte cuando son muchos los que –sin haber tenido dolor o enfermedad- deciden y firman que querrán morir al asomo de cualquier síntoma, en un mundo de superhombres en el que no les está permitido sufrir?. Claro que no, evidentemente nadie quiere sufrir y las fronteras en este sentido no están ni estarán claras. De ahí el temor a poder profesionalizar un deseo –muchas veces provocado por la inconsciencia de la vida, del dolor, de la depresión producida por ese estado- que en la mayoría de las ocasiones no sería tal. Los profesionales de la medicina –entrenados a preservar el dolor y la enfermedad- son ahora los responsables y los capacitados para decidir sobre quién continúa viviendo y quién no. La muerte cerebral es, hoy en día, la causa más definitiva que tenemos en la sociedad para poder justificar y de esa manera convocar una muerte adelantada. Si no hay cerebro, no hay vida, eso es lo que pensamos., supongo que no sin razón. A veces relacionamos el cerebro con lo que consideramos el alma de la persona o algo así, reconocemos en la inteligencia su espiritualidad.
Las personas que nacen o que al poco de nacer se quedan en ese estado ¿qué se tiene que hacer en esta sociedad que solo demanda perfección? Es una enfermedad incurable. Siguiendo el orden de preferencia de la sociedad, estos seres no podrían ser felices, no pueden controlar su vida, no tienen independencia para dirigir sus pasos, no hay autonomía, no saben por donde van ni hacia dónde tienen que ir, no controlan su mente, sus acciones. ¿Es esto una vida digna se preguntarán algunos? ¿Por qué razón, por ejemplo, un niño tiene que estar condenado al  suplicio de vivir una vida distinta a la de los otros? Tiene que haber un adulto que decida por él o ella en cada momento, que le guíe, que le enseñe...todos son personas vulnerables, ausentes por completo de libertad de elección de sus acciones. Para otros son ángeles que viven a expensas de la realidad. Como el enfermo de Althzeimer vuelven a un estado de inocencia completo que no les permite ni el privilegio de pecar. Una criatura en ese estado, es un  inocente y por tanto es un hijo de Dios para el creyente, un hijo que está en un estado de gracia especial. En general son seres especiales que quizás no tengan que pasar por el suplicio que supone la vida para el ser humano en general. No lo sé. Son seres especiales en una mirada espiritual, pero la mirada social no es la misma, nunca será la misma. Son seres que no son productivos (hablo como portavoz de la sociedad) que necesitan estar asistidos, esa es la palabra, “asistencia”, y para la sociedad todo aquel que deba estar asistido se convierte en alguien que es una carga para el Estado. Cuando perdemos la memoria, lo perdemos todo, sonreímos cuando nadie nos sonríe, no respondemos a ningún estímulo...es como perder el alma y con ello la persona, de repente, todo deja de tener su sentido, incluso esto que ahora escribo. A pesar de todo, si no puedo acordarme de cómo era la sonrisa de mi madre, si no reconozco a mi hijo  o si no se quién soy yo, creo que no querría vivir. 
Lo que sé es que la muerte es igual en todos los lugares.




martes, 25 de julio de 2017

El personaje comienza a andar de la mano de su creador



En la ventana las gotas de lluvia fingen llanto del prematuro rostro frío de este otoño.
La soledad se puebla de fantasmas de papel y de paja, de retratos de nadie, de láminas metálicas, de páginas desnudas donde nada está escrito.

La imaginación entendida como un derecho a la pertenencia de una realidad concreta, en el fondo no es más que una pérdida de sí mismo, es una pérdida sobre todo de la infancia y de la capacidad de fantasear en diversos planos de un mismo escenario. Morgana era, podríamos decir la frase, una infantil «de tres pares de bigotes», pero se había hecho a sí misma adulta por una necesidad sobre todo social; uno tiene que ser adulto y hacer lo que hacen todos los de esta calaña, aunque no le gustara tener que beber alcoholes para realizar las locuras más grandes de su vida, pues en esto como digo, tenia la suerte de ser, de poder actuar como los niños que no paran de hacerlas (las locuras me refiero) y sólo beben leche.
Todos los días la misma payasada, música de americanos, muy poco o nada sublime, con escaparates horteras y miradas del inconsciente involuntario que susurran lo más despreciable. Nino Bravo sigue martilleando canciones llenas de emotividad, de esa emoción que te repatea las tripas, sobre todo por que no sabes bien de dónde viene (otra vez con la búsqueda de un origen), igual que si tuviéramos un Fidel Castrito dentro del cuerpo, igual que los cubanos, al tiempo uno se encuentra desubicado fuera y dentro de la isla. Nada que hacer, nada que vender y nada de que hablar con nadie. Otra vez el vacío de la estupidez, aunque probablemente no sea vacío, sino simplemente aburrimiento. Hacía mucho tiempo que Morgana no se aburría, casi desde que era pequeña donde todo le parecía tedio y disparate, y las horas pasaban muy despacio, los veranos también eran muy largos, después ya dejan de serlo, bien es cierto que esto duró hasta que aprendió a sacar partido a lo que le parecía tedio. La vida casi que es así para gran parte de los occidentales, europeos por fijarnos una especie cercana, un puro tedio; es como las bibliotecas, los conciertos, las óperas, la oración, o quizás el amor, en realidad no hay nada divertido en nada de ello, no hay nada cachondo, al menos en principio. Después, todo lo hacemos cambiante, porque uno reconoce que en las bibliotecas se aprende a amar el silencio, la investigación, el amor por la música, el encontrar libros inéditos que nadie ha mirado casi nunca mientras tú los tienes en tus manos, puede que por primera vez sólo para ti. Morgana aprendió con el trabajo y el estudio que tener un manuscrito del  siglo XVIII en sus manos era un privilegio, una bendición de los cielos; no sólo tenerlo y olerlo, sino poderlo leer e interpretarlo... Principios duros y asquerosos hasta crear la cotidianeidad habitual que supone estar en una biblioteca... Al fin y al cabo, ese hecho a la inmensidad de la población le parecían paparruchas, ese es uno de los principios del aislamiento social, la consciencia de saber que al resto de nuestro semejantes le importa un bledo lo que hacemos.
Una vez asimilado eso, y habiéndonos hecho un personaje rarito, hay que seguir, aunque no sin olvidar que algunos, una vez alcanzado ese nivel de autorreconocimiento en cuanto a extravagancia y excentricidad, se hacen sectarios al buscar a otros que hacen lo mismo que ellos, pero no por eso dejan de estar solos, simplemente comparten aficiones, o creencias. La verdadera hermandad de almas es otra cosa. En fin.
Para Morgana, en general, todo quedaba para sus adentros, como la mayoría de las cosas, de las emociones... era difícil poder compartirlas y mucho más difícil aún poder llegar a sentir que alguien en esto o aquello siente como tú. A veces —como en esto era medio tonta—, se le saltaban las lágrimas de pensar que era un ser privilegiado en cuanto a su género se refiere, pues Ella había sido una estudiosa de la  historiología de la mujer y conocía muy bien cuán restringido había estado el conocimiento desde siempre y aún hoy para las mujeres el acceso a la educación. Por eso agradecía mucho a la vida vivir en los años en los que le había tocado vivir y agradecía (repito el verbo) mucho a su padre el esfuerzo que hizo para que ella sí que gozara de los enormes beneplácitos de los libros. "Los conocimientos que te otorgarán los libros jamás te abandonarán, y nunca te sentirás sola", le decía siempre papá, ese loco al que adoraba. Hoy los de los países desarrollados no conocemos el significado de la gratitud.
La búsqueda de los iguales le había llevado a Morgana a pensar mucho en su vida (una acción socialmente desterrada) y por lo general aplicaba la misma premisa para todo: si todos los seres humanos somos muy parecidos o iguales ¿cómo es que no me siento entendida por nadie? Esta era una condición, en principio buena, de desgraciada universal, fundamental para ser personaje inmortal, pero no sé si el acoso personal finalmente tendrá resultados felices en este sentido. ¿Acaso eso se reserva para el mundo de la imaginación o sólo se traduce en los hechos prácticos, en los conceptos más básicos? Sí, somos muy parecidos, pero quizá sólo a grosso modo; es decir, en lo más animal, somos muy parecidos; al adentrarnos en una lengua distinta de un país distinto por ejemplo, donde a cada quién le lleva su primer año de adaptación o así, pero quizás no somos tan parecidos en elegir nuestras lecturas preferidas, o en mascar ensalada con la boca abierta. No somos nada parecidos en nuestra vida y en cómo la vivimos, porque cada quién tiene la suya y por esa vida tiene que luchar y de esa vida se convertirá en un resultado o efecto.

viernes, 14 de julio de 2017

EL PERSONAJE Y SU RESULTADO SE PLANTEA LOS CONCURSOS



Ya es hora de que suceda la rebelión de los personajes hacia la verdadera eternidad, y yo, Morgana, voy a ser su abanderada. Novel, novel, pero ¿qué es eso? Escritor novel, escritor fresco o escritor despreciable; aunque luego te mueras y tus tempranas obras noveles se conviertan en parangón de la literatura universal. En fin, ahora soy novel, aunque lo que sienta en mi interior corresponda a una mentalidad de 80 años. Eso es, soy en cierto modo un poco infantil, como ya se verá, y tengo por otro lado mucho de anciana; solo que tengo la suerte de que no se me nota, ¡a mis cincuenta y pico! Los alumnos de mis aburridas clases nunca aciertan en esto tampoco, digo en lo de la edad; y no es que me importe, en realidad, no me importa, les importa a los del contexto social, que son los que están de continuo con esas mandangas. Ser joven y ser viejo al mismo tiempo, viene a ser lo mismo que ser un resultado. Si lo prefieren, podemos emplear otros sinónimos, ser: efecto, secuela, desenlace, conclusión, producto, consecuencia, fruto... Todo eso, uno es todo eso: el fruto, el resultado de su vida. Con esa responsabilidad carga, y con semejante peso tiene que entendérselas cada día, cada persona en este devenir caótico de horas, días y años que uno tiene que aguantar. Como soy un resultado decido y quiero intervenir en sus elementos. Gracias y sigo.
Me he decidido a llevar mi resultado, y por tanto a mí misma, a un lugar en el que no creo; es decir, llevo mi escrito de personaje, o novela, a un certamen de esos donde eligen al mejor en función de no se sabe qué criterios, aun a sabiendas de que no hay que ganar ni debe hacerse. Pero es que aún nadie ha podido percibir que en verdad pocos son los que inventan, que en su mayoría todos repiten conceptos, ajustándose a patrones de moda. Y que nadie se llame a engaño, que los artistas de hoy redundan conceptos o escandalizan con chapuzas que provienen de una ausencia enorme de formación: el desconocimiento de la realidad, el no tener una buena técnica nos lleva hacia la investigación contemporánea de la arcada moderna (por decir algo). Ese es el nacimiento de gran parte del arte contemporáneo, entendiendo éste, claro está, con algunas honrosas excepciones,  pues en esto es muy fácil apalancarse al carro de una supuesta modernidad cuando se desconoce la tradición básica que nos proporciona el camino de la verdadera investigación. ¿De dónde parte el escritor? ¿Es el desierto su partida? Los artistas, hoy, son los grandes cenutrios de la ignorancia. Por esa razón, declaro mi espacio, Yo, que soy un personaje que ha inspirado a un novelista mediocre que quiere hacer de mí un pelele — y apenas si tiene la mitad de los conocimientos que tengo yo, conseguidos a lo largo de mi vidaun escritorcillo que ni siquiera conoce mi pasado como yo, y mucho menos mi presente, y que, encima, quiere beber de mí, tomarme como influencia, como inspiración, como un arquetipo, quizás con la intención de convertirme en otra cosa, quizás en algo que no soy. ¡Qué pánico! Eso es lo que hacen los seres humanos, convertirse unos a otros en algo que no son. ¡Se acabó! Ahora soy Yo quien de verdad toma las riendas de la Historia y se van a enterar. Soy Morgana Méndez y lo voy a ser para siempre, construyendo mi realidad para que pueda vivir la esencia de mi yo, demostrando a este escritorzuelo de poca monta, quien pretenciosamente pretende inspirarse en mí, que Yo le escribo la novela y que, además, le canto las cuarenta a ese Javier Marías a quien le parece mal que me presente a un concurso. ¡Ja! ¡Y qué quiere que haga su excelencia! Le advierto que he recogido el guante y aquí estoy, dispuesta a enfrentarme a cuantos se pongan en mi camino, para reivindicar lo que será una declaración de derechos del personaje, desde luego, de mi propio mundo.
Recuerdo que en un artículo de los suyos, uno llamado La literatura como jabón y lavado, al señor le parece mal esto de los galardones literarios, pues nada tienen que ver con la literatura, y desde luego estoy de acuerdo. ¿Pero qué podemos hacer los desechos de la literatura que queremos hacernos un hueco en el cementerio del tres más dos? Naturalmente que nunca gana quien lo merece, y que la mayoría de las veces en esto de los concursos los finalistas son más bien merecedores de un castigo que de otra cosa, o que están amañados, pero me gustaría que me dijera el señor Marías: ¿qué hago yo, siendo un personaje con novela en mano, completamente desconocida e invisible para los demás? ¿Le mando a su casa mi novela con un guante para que la lea? Pues a lo mejor eso es lo que tenía que hacer y no presentarme a estos desatinados concursos que en nada estimulan a los verdaderos creadores nada más que a tirarse por un puente o a enemistarse de por vida con toda la caterva de inútiles que pululan por nuestro país. En cuanto a lo de las cifras que se dan en los premios, debería usted alegrarse, hombre de Dios, que ya es hora que empiecen a pagar de verdad a los que escriben, ¡hombre! Aunque sea literatura de tercera y ganen premios y concursos. También se presentaron a concursos Modigliani, Picasso..., muchos artistas lo han hecho con mejor o peor suerte. Los que convocan estos certámenes dicen que es para estimular a los creadores... ¡Habrá que ver!
De cualquier modo, estará usted conmigo en que ya está bien, que los catedráticos vayan a conferencias por cincuenta mil pesetas, o que vayan a congresos por nada, porque te invitan y te pagan el hotel o la cena..., mientras que los del fútbol... El ser filósofo, o filólogo o historiador, en definitiva un escritor serio en nuestros días es morirse de asco, pero si hay entidades que pagan, por qué no entrar en esa rueda, a fin de cuentas el dinero ha llamado a la creación a miles de autores que ahora no le voy a mencionar, porque seguro que usted los conoce mejor que yo, que soy una absurda. En fin, don Javier Marías, le admiro, pero también dice usted cada chorrada de no te menees compadre; bueno, ¿que qué me creo? Ya nos veremos las caras, ahora a todos los escritores conocidos y que son ya académicos les encanta meterse en líos dialectales, para llamar la atención y crear polémica...estar ahí. Como los dioses. ¿Qué me creo? ¿Acaso los personajes no somos dioses, no somos un cosmos a lo largo de la Historia de la literatura, creando vida para vosotros lectores, para vosotros estudiantes o para vosotros eruditos? ¿Por qué no puedo reivindicar esa posibilidad, sí, la de querer un estado aparte?
Y es que es una eterna verdad que cuando un personaje nace o se le transcribe desde su mundo supuestamente ficticio, ya no se quiere ir; por eso mismo nacen los arquetipos, los tipos o las conocidas caracterizaciones de los personajes que no son otra cosa que variantes de una misma personalidad. Algunos incluso han conseguido tener auténticos caracteres, verdaderos tipos, verdaderos mundos que todos llegamos a conocer y que se repiten en los escritos, en novelas y dramas, como verdaderos dioses con sus verdaderos mundos. ¿Quién no reconoce a los donjuanes, a los pícaros, a las adúlteras, por poner leves y primarios ejemplos de esta construcción de mundos y caracteres paralelos a la supuesta realidad en la que vivimos? Si uno es un donjuán, me pregunto: ¿a qué mundo nos referimos al mencionarle así? ¿Al de mi vecino? ¿No pertenece a un supuesto mundo de ficción o literario? Pues no, porque en realidad no se sabe con exactitud cuál es la procedencia, si de la realidad vamos a la ficción o viceversa. Si de la realidad vamos a la ficción, entonces cualquier mundo ficticio existe, y en verdad no conozco a ningún personaje supuestamente literario que no exista en la realidad, pues ésta generalmente supera con creces la invención. (Cuidadito, que no me lío.)

miércoles, 28 de junio de 2017

Yo, personaje



Resultado de imagen de personaje
(sigo desde el otro día) Por otra parte, quiero ponerles en antecedentes de algunas pequeñas cosas a la hora de enfrentarse a mis textos; es que también yo, como personaje y profesional de la lengua, desde luego no escribo como Vargas Llosa, por poner un ejemplo, pero tengo mi corazoncito. (Ahora ya se me ve más cercana). No tengo ese dominio de los tiempos verbales, que cambia cuando le da la gana con una donosura espacial, con los que el lector se va transportando casi en avioneta, como en La ciudad y los perros, no. A diferencia de la del peruano, tienen que aguantar una prosa enormemente conceptista, aspirante a gongorina, inaguantable, cargada de conceptos, con frases a medio desarrollar en su idea equivocada de intentar confeccionar oraciones perfectamente construidas     —pero sin lograrlo que es peor—, porque yo, Laura, me he hecho realidad desde el punto de mi pasado y soy humana como ya se verá. Escribo desde mi humanidad y como tal, plena de defectos por corregir, cargada de elementos por aprender, ansiosa de recibir sus consejos y satisfecha por mi valentía, taciturna pero sincera, al atreverme a desvelar algunas verdades que todos conocemos, pero que en absoluto nos lanzamos a compartir o más bien a autoafirmar.
Así pues, desde mi realidad de recién llegada doy al lector —porque no tengo de momento otra cosa— una prosa soporífera, poco suelta, sustantivada, ausente del verbo, gustosa de romper las estructuras gramaticales y, en resumen, asquerosa, que vuelve loco a cualquier lector. Y he de advertir, como cosa importante antes de soportar cualquier tostón recíproco de lector-emisor, que desde luego esta novela la escribo desde dos puntos de vista, uno que es el de la primera persona, estilo que será utilizado cuando hablo para mí —como en las composiciones para teatro en las que el autor dice del personaje en las acotaciones: (hablando para sí); pues igual—. Aquí el lector creerá que aquello que lee es una redacción prácticamente biográfica, estará relajado como ahora y pensará que todo es normal, que es justo lo que hay que pensar, que todo es normal, que nada se rompe. ¡Muy bien!, ¡muy bien, hija mía!, dirá, Es como un diario. De otro lado cuando hablo de los sucesos o de las emociones que quiero ver desde fuera entonces hablaré de Ella, en lo que será un estilo muy parecido al del escritor omnisciente, aquel que estará fuera, está ahí sin estarlo; se describirán las acciones, los sucesos desde la mirada del espectador, como si se encontrara ante una composición de teatro. ¿Acaso el lector nunca ha hablado de sí mismo como de Él? Pues debería hacerlo porque libera muchísimo la mente y aún más el espíritu, porque nos vemos desde fuera, podemos ver el Todo también desde la butaca, como si fuéramos nuestros propios espectadores... Este tipo de forma no le va a gustar nada a nadie porque se van a hacer un lío, y, lo peor, van a pensar que me lo he hecho yo. El lector (ese mal llamado «gran público») no querrá que alguien que habla en primera persona pase en otro capítulo a hablar de sí mismo como si de otro se tratase; no es agradable, despista y parece que el de la pluma no sabe lo que hace. Además, criaré descontentos entre las huestes —esas imaginarias mías—, con lo que se quedará herida una vez más mi dignidad y mi chulería innata, y ¡santas pascuas!, ¡lo haré!, escribiré esta historia, «trozos de vida» se llamaría más bien (para seguir molestando), a dos bandas, en primera persona y en tercera, con el redactor de por medio.
En fin que quede esto bien aclarado para que luego no se produzcan malentendidos, que si utiliza varios estilos, que si no está clara la voz narradora, etc. Nada, nada, pondré un ejemplo absurdo: primero, yo, que nunca me había sentido así, encontré divertida la escena que ante mí tenía (es el narrador en primera persona); segundo, Laura, (Ella, pero que soy yo) no sabía a ciencia cierta qué posibilidades iba a tener, si bien desconocía la verdad del suceso. Ya he hablado de mí, pero desde fuera, que está muy bien y ayuda al progreso espiritual de cada quién, así es que no me critiquen. Lo explico, aunque sé que nadie es tonto.
 Con todo, quiero que sepan que aquí estoy, pretendiendo ser un personaje único, revelador, independiente, original, alguien que se ha destapado frente a todos y que pretende desde su ficción escribir su novela. ¡Eso es imposible!, dirán. Como si fuera tan fácil que un personaje se revelara contra su creador ¿Cómo, qué yo lo he conseguido? Pues sí, mis dedos escriben y yo misma he matado a mi creador, alcanzando de este modo mi independencia. De tal modo es así que en lugar de ser otra cosa —una periodista o una mujer divorciada o un tío que se busca entre la crisis de los treinta, los cuarenta, los cincuenta y todas las crisis, que es donde viven los tíos—, pues no, yo, Laura Méndez, de cincuenta y pico años, de padre español, madre chilena, divorciada, con dos hijos y profesora de lengua y literatura, me ratifico en la esencia de ser lo que soy, un personaje que vive y que ha traspasado la frontera de la realidad, porque aquí la invención ha dado lugar a la existencia. 


Nada como inventar los hechos para que estos cobren realismo; pues eso, resulta que yo me he inventado a mí misma dando lugar a una existencia real. Ahora resulta que existo, que no pertenezco al mundo de lo onírico, ni a la frontera de los sueños borgianos: yo existo y reivindico ese derecho a existir como personaje, como un ente nuevo. Yo, Laura, quiero un estatuto, un economato, una república, quiero muchas cosas, porque acabo de crear un mundo nuevo que es el mundo existente, tangible de los personajes que existimos, esos que inspiran a los escritores realistas y naturalistas; algo inesperado y perplejo.

lunes, 19 de junio de 2017

AMNESIA DE UN PERSONAJE



Cap. I Tras tanto variar vida y destino
Todo aquello que acontece en el pasado humano no es sino un ejemplo de lo que acontece con todo pretérito humano, de donde puede llegar a resultar que esa postrera mirada hacia atrás  provoca una mirada hacia adelante, y si no podemos alojarnos en ese pasado histórico entonces no habrá más remedio que inventar y edificar otra realidad para poder instalarnos.
 Los pensamientos, como las ideas, se ligan unos con otros intentando a toda costa explicar la realidad, desmenuzar nuestra procedencia hasta llegar a ligar con gran evidencia los pensamientos unos con otros: un pensamiento llega a su realidad porque ha surgido de otro anterior llegando a ser la explicación de aquel, el cuerpo o realidad tangible. Así vamos construyendo nuestro marco real, por medio de un análisis progresivo de realidades, de pensamientos que creemos que han existido desde siempre, aunque esto no sea verdad. De tal forma construimos la realidad o lo que creemos que es: un destino inventado, desarrollado desde un espacio que creemos un pasado humano, pero que puede ser que no sea; aunque necesitemos hacer un nexo, un desarrollo de la realidad o identificación de ésta. 
Un día me di cuenta de que tenía pasado, de que recordaba cosas ajenas por completo a la invención de mi pensamiento. Los animales no lo tienen, ¡claro! Como tampoco lo tiene todo lo abstracto; los hombres, los humanos, sí conservan a diferencia de aquellos su pasado; estamos de hecho, fabricados de pasado, entendiendo esto como nuestra memoria. La ruptura de la memoria, de la reminiscencia de nuestro ayer, es el desencadenante de la anulación del yo, porque éste existe gracias al presente y, sobre todo, al pasado; y si tenemos en el presente el pasado, ésta será, por encima de todo, la raíz de la búsqueda de la eternidad. La creación del futuro es la que nos hace irremediablemente buscadores de lo eterno, partiendo de estos caracteres presentes y pasados.
Yo, llamada personaje, me di cuenta en su momento de que tenía pasado, de que existía en el presente y de que podía gozar de los beneplácitos de la inmortalidad al tener perfectamente controlado, pronosticado, mi futuro sin error. Como personaje soy inmortal. La sorpresa: tengo realidad y vivo en ella. Y ahora sistematizaré mi pensamiento, haciendo realidad mi vida desde el dominio de mi yo, solitario y de aparente ensoñación. Quiero partir, para poner así las cosas bien claras, de la premisa muy simple que dice que el ser humano es la creación de sí mismo (el personaje) dentro de unas circunstancias (el contexto), que hemos creado otra u otras personas que están en nosotros, y a quienes de forma habitual desarrollamos a lo largo de nuestra vida. (La historia, la anécdota, la temática, etc., como ustedes quieran, que a mí lo mismo me da.)
No querría yo que con ello que se pensara de forma frívola aquella frase, que a todas luces hay que desestimar, que dice: "es que es un personaje"; no, por favor, vamos a obviar este tipo de confusiones; no, por Dios, no es eso. Paulatinamente iremos viendo este proceso que se da en todos los seres humanos, todos de una o de otra manera somos arquetipos de personajes, porque todos los seres humanos conscientes o no, construyen su realidad o su personaje mediante su paso por la vida. Al mismo tiempo veremos cómo todos los seres humanos mantenemos unas constantes en nuestra personalidad muy parecida a las de otros personajes que ya han sido dados como válidos por otros personajes, al ser publicadas sus vidas o sus caracteres en forma de libro, sea cual sea el estilo para éste utilizado.
El lector podrá extraer como conclusión algo que ya le adelanto yo, y es que somos hombres y mujeres muy parecidos, pertenecientes a categorías, que sufrimos y disfrutamos a la vez —si bien unos mejor que otros, eso sí, pero, al fin, todos arquetipos—, y descubrirán por sí mismos, solitos, cuáles son los elementos en común que tenemos con otros personajes.

viernes, 16 de junio de 2017

Reflexionando a cerca del poemario Tánger el silencio y las sombras



Con toda probabilidad  las personas que integran el mundo se han preguntado alguna vez por la razón de estar aquí, se han preguntado por el propósito de la vida, el propósito de la existencia en este mundo. Me preocupa y pienso en ese yo que va y vuelve a una ciudad, a un lugar, a una persona.
Cuando en la infancia se descubre el dónde querer vivir, el cómo pasear y descubrir la vida, experimentando todo un mundo nuevo al abrir una puerta en este caso, la de África, el alma queda marcada. Martin Heidegger (1889-1976) cuando analizó la esencia del existir se dirigió expresamente al concepto unívoco de estar en el mundo argüyendo en este sentido que las determinaciones del ser, del existir, tienen que verse y comprenderse sobre la base de lo que se llama el estar en el mundo que es un fenómeno unitario y, por tanto, no ha de tomarse como una composición de los conceptos mentados por su expresión. Uno de los modos posibles –decía- de tratar con las cosas es conocerlas; pero todos suponen esa previa y radical situación del existir, constituida de él, que es el estar desde luego en algo que se llama primariamente mundo.
Para el filósofo alemán “estar en el mundo” (In-der-Welt-sein) solo puede hacerse de forma plena y comprensiva desde un punto de vista fenomenológico del concepto del mundo. De momento, mundo, no son las cosas (árboles, hombres, montañas...) que hay dentro del mundo y que son intramundanas (innerweltlich). Desde ese punto de vista, la naturaleza, tampoco sería el mundo, sino un ente que encontramos dentro del mundo, como son también las emociones, los sentimientos, son entes en diversos grados y formas que pertenecen al mundo. Ni siquiera la interpretación ontológica del ser de estos entes se refiere al fenómeno mundo, que está ya supuesto en estas vías de acceso al ser objetivo.
Mundo por tanto para aquel amigo Heidegger, representa ontológicamente un carácter del existir mismo, aunque las sombras del ser siempre nos agitan con su inevitable presencia.
En las distintas etapas por las que atraviesa el individuo, muchas veces nos planteamos esta dicotomía y con ello a medida que pasa el tiempo y que alcanzamos una edad, con mayor motivo nos planteamos estas preguntas yo quiero ¿ser del mundo, estar en el mundo o vivir en el mundo? ¿Quiero volver al ayer? A las experiencias que otrora tuve? ¿pero las quiero con esta edad, con la de ahora…solo que aquellos no están. No es fácil dilucidar estas proposiciones, pues si bien la función verbal que las diferencias y que en otras lenguas sería intraducible, en español impone a estas frases un fuerte concepto filosófico y religioso. Probablemente la mayoría de los seres lo que queremos es vivir en el mundo, entendiendo este como un lugar de existir, es solo existencia porque relacionamos vivir y mundo, existir y mundo aunque por desgracia sabemos que esto no siempre es verdad. Hay muchos seres que están en el mundo pero no viven en él, hay muchos seres que son del mundo pero no viven en el mundo, por ello el concepto activo de vida, de vivir intrínsecamente relacionado con el de existir y mundo deberían de estar siempre unidos para que nadie se sienta en los otros dos rincones (ser y estar en el mundo) que tanta angustia y desolación producen en el ser humano.
Pero y volviendo a la filosofía de Heidegger la muerte aparece como el otro vértice del estar en el mundo, el otro lado, es el otro punto importante del que evidentemente ya no hay retorno. El existir es siempre algo inacabado, por eso nos produce angustia, la angustia nos la produce la nada,  pero también nos produce horror y angustia precisamente el dejar de ser. Cabe, en cierto sentido, una experiencia de la muerte del prójimo. En este caso, la totalidad que el prójimo alcanza en la muerte es un ya no existo, en el sentido más absoluto de ya no estoy en el mundo. La muerte hace aparecer el cadáver; el fin del ente propio de cada cual. Los seres vivimos unos en otros, cuando un ser muy querido fallece y si ha sido muy amado, no muere, solo desaparece su cuerpo, su persona, su alma se queda con nosotros en multitud de acciones, de movimientos, de actos, de expresiones. El ser no se va, intuyo, sé, que los espíritus desde el otro lado trabajan para que no suframos los que nos quedamos aquí, trabajan para ayudar, y si hacemos lo correcto podemos sentir su influjo. Sabemos que siguen existiendo en nuestra alma, lo sabemos y lo sentimos si dejamos que esta corriente actúe y cada día podemos dejar actuar su acción absoluta sobre nuestra vida hasta que llegue el momento de volver a reencontrarse. La muerte es solo una separación temporal de un tiempo que tenemos, que corresponde aquí a la tierra y en la que debemos hacer el esfuerzo de entender la temporalidad global  de los diversos ciclos que tenemos que cumplir. La muerte deja que sigamos siendo para los demás aunque ya no estemos en el mundo.
Luego viene la nostalgia, sentimiento difícil de encarar (cuando uno arrastra imágenes y sensaciones) pues es nostálgico todo aquello que intuimos que ya no nunca va a volver a ser. Y vivimos de aquellas iconografías, de retratos del ayer, recordando en nuestra mente los olores, las sensaciones…la ilusiones. Cuando volvemos al lugar que nos produjo nostalgia encontramos probablemente en nosotros una persona que no es la misma que sintió en aquella ocasión, pero que ahora siente de otra forma. Aprovechamos la nostalgia de tiempos pasados ni mucho menos para sentir que fueron mejores, solo que ya no son, que nunca más serán pero abren la puerta a otros que vendrán, probablemente en ese momento que hemos ido a abrazar a nuestra nostalgia por el tiempo que pasó. Es lo que yo denomino la segunda oportunidad de la nostalgia que no es otra cosa que construir sobre la que ya está y que parece insustituible. Generalmente se consigue y con ello se consiguen varios mundos: aquel de la primera experiencia y el que descubrimos con lo que reinventamos. ¿cuál es mejor? El del ayer con lo que yo era ayer y las posibilidades que tenía siendo una niña o este que construyo ahora con lo que soy yo ahora?

            Los espacios físicos, las ciudades, configuran sin duda nuestra realidad. Cuando dese niña comencé cada verano a quedarme esos días estivales en Tánger y con ella sus alrededores maravillosos y ciudades vecinas, quedó mi corazón sellado para siempre con ese continente. He vuelto y vuelvo a reencontrarme conmigo misma, a saber un poco más de mi y a fusionarme con esa cultura por otro lado tan ajena a esta mi realidad. Sus gentes te dejarán una huella impalpable que buscarás en otros lugares, pero que en vano encontrarás. Vuelvo a Tánger una y otra vez, algún día lo harán también mis cenizas. RAO.

 https://www.casadellibro.com/libro-tanger-el-silencio-y-las-sombras/9788416250721/5274754

martes, 13 de junio de 2017

Proceso a Cristo. Discípulos!!!



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Resumiendo o enlazando otros textos que ya he subido en esta página, relacionamos esos conceptos (cortoplacismo, tradición religiosa, hipocresía) y damos forma a otro nuevo. ¿Qué significa ser un verdadero discípulo de Cristo? ¿Qué cosas debe evitar el hombre y qué debe hacer si es que verdaderamente va a seguir al Hijo de Dios? Jesucristo advierte a sus discípulos para que estén alertas ante el pecado de la hipocresía. También notamos que El requiere que los fieles elijan entre dos alternativas: el reino de dios o el mundo. Solamente prestando atención a las amonestaciones del salvador podemos responder verdaderamente al llamamiento que El dio con las palabras de: Ven y sígueme. Los verdaderos discípulos de Jesucristo están comprometidos por convenio con las normas que El ha revelado, pero enfrentan muchos obstáculos de parte del mundo temporal. Al considerar algunas de las barreras que se anteponen a la vida espiritual, tal vez se pueda meditar con mayor profundidad los sentimientos de Jesucristo en cuanto a estos aspectos. Quien se reconoce discípulo de Cristo tiene que asumir una ligadura a su ideología. Hoy comento este breve pero significativo pasaje.
Jesucristo advirtió a sus discípulos claramente que se cuidase de la levadura de los fariseos. ¿Qué quiso decir con eso? Cuando Él usó estas palabras, sus discípulos dedujeron que se trataba de una simple referencia al pan, una posible reprimenda porque habían olvidado traer alimento para el almuerzo. De acuerdo a Lucas, ¿qué tenía Jesús en la mente? La hipocresía –ya hemos dicho- se define como la pretensión de hacer o creer algo mientras que, de hecho, se practica algo diferente. (Se puede comparar con la declaración de Pablo concerniente a la levadura 1 Corintios 5:7) Jesús insistió en que nos librásemos de la vieja levadura. Estos ejemplos sirven para ilustrar el contagio de la maldad. En el ejemplo de la mujer que leuda la masa en la forma acostumbrada para hacer el pan, la levadura simboliza el extenso, penetrante y vital efecto de la verdad. Propiamente se puede usar la misma cosa en diversos aspectos para representar lo bueno en un caso y lo malo en otro.
El verdadero discípulo tiene fe en el Señor y en su vigilante providencia. El sabe que ni  aun un cabello de su cabeza cae al suelo sin ser notado. Los poderes del hombre –es obvio- que son limitados y finitos.
Jesucristo (vrg: la mujer hallada en adulterio) rehusaba intervenir en asuntos que tenían que ver con la administración legal. En cambió sí que advertía de ciertas normas como por ejemplo: “mirad, guardaos de toda avaricia”. Dijo que la vida del hombre (Lucas 12:15) consiste en algo más que la cantidad de bienes que posee. Para ilustrar este punto contó la historia de “cierto hombre rico” cuya tierra producía tan abundantemente que no tenía ya donde almacenar sus bienes. El hombre decidió echar abajo sus viejos graneros para edificar nuevos. Su riqueza creció hasta que al fin él pensó Lucas 12:19: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años, repósate, come, bebe, regocíjate” (cortoplacismo de nuevo) pero el hombre había olvidado algo importante: la naturaleza transitoria de su vida. Esa misma noche murió. ¿Y qué pasó con sus posesiones?
Sus planes para almacenar debidamente sus cosechas y bienes no eran malos en sí, aunque pudo haber considerado mejores maneras de distribuir su hacienda socorriendo a los necesitados. Fueron dos sus pecados: en primer lugar, veía su gran abundancia principalmente como el medio de lograr su comodidad personal y satisfacciones sensorias; en segundo, engreído con su prosperidad material no sólo había hecho caso omiso de reconocer la mano de Dios, sino que aun contaba los años como propios. En el momento de su holganza egoísta fue herido. No se nos informa si la voz de Dios le llegó en forma de un temible presentimiento de su muerte inminente, o si fue por conducto de un mensajero angélico o de alguna otra manera; como quiera que sea, la voz decretó su destino:: necio, esta noche vienen a pedirte tu alma. ¿Es posible compaginar que un hombre llegue a ser rico y pueda a su vez mantener unas normas elevadas de espiritualidad y generosidad? Generalmente dependerá de cómo ese hombre ha adquirido esa riqueza, creo yo. Ser rico, nacer rico o hacerse de repente.

lunes, 5 de junio de 2017

Fiesta de la Dedicación (Proceso a Cristo)




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Casi doscientos años antes del ministerio de Jesucristo, Antíoco Epifanes, un rey de Seleucia que controlaba a Palestina, intentó destruir al judaísmo compeliendo a sus súbditos a aceptar la cultura griega. En una demostración de sumo desprecio por la fe judía. Antioco sacrificó un cerdo (el más inmundo de los animales, de acuerdo a los judíos) sobre un pequeño altar griego levantado para la ocasión dentro de los confines del levantado para la ocasión dentro de los confines del templo. Luego de esto, Antíoco prohibió toda ordenanza religiosa prescrita por la ley de Moisés y ordenó la quema de todas las copias conocidas de la ley judía. Finalmente ordenó que en toda Palestina se construyesen altares paganos y que los judíos adorasen a los dioses paganos y o fuesen ejecutados. Esta supresión de la religión judía precipitó lo que fue conocido como la rebelión de los Macabeos.
Judas Macabeo, junto con sus cuatro hermanos, reunió a su alrededor a cierto número de judíos devotos que se rehusaban a honrar y obedecer las demandas de Antioco. Formaron un ejército de guerrillas y desataron una guerra incansable contra las tropas empleadas por Antico para poner en vigencia sus normas religiosas. Finalmente los Macabeos tomaron el control de Jerusalén. Judas entonces procedió a purificar el templo (el cual durante tres años había sido usado para hacer ofrendas a Zeus) y procedió a restaurar la adoración de Jehová. La Fiesta de la Dedicación, a veces llamada La Fiesta de las Luces o Hanukkah,[1] fue inaugurada para celebrar la recuperación y la nueva dedicación del templo judío. La fiesta ocurre en el mes de Chislev, correspondiente a parte de nuestros meses de noviembre y diciembre y dura ocho días. Es notoria por las comidas bien preparadas, por los servicios especiales en la sinagoga y por la iluminación excepcional de todos los hogares. Creo que esta es una de las herencias del judaísmo cuando nosotros por la fechas de navidad y en otras ocasiones más paganas iluminamos todo, calles, hogares.
La Fiesta de la Dedicación, ocurrida unos dos meses después de la Fiesta de los Tabernáculos, dio a Cristo otra oportunidad de proclamar abiertamente su condición de Mesías. Jesús visitó el templo para la fiesta de la dedicación durante el último invierno de su ministerio, en el año 32 E.C. El relato dice: “Por entonces se celebraba la fiesta de la dedicación en Jerusalén. Era invierno, y Jesús estaba andando por el templo, en la columnata de Salomón”. (Juan 10:22) Los judíos, altaneros en sus desafíos, estaban ansiosos de que Él declarase claramente que era el Cristo. Jesucristo respondió a sus instancias: Os lo he dicho y no lo creéis, (Juan 10:25). Él le dijo a los judíos que la razón por la cual ellos no aceptaban sus palabras era que ellos no eran sus ovejas. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Juan 10:27.
Cristo entonces terminó su declaración de su calidad de Mesías refiriéndose a su poder de dar a los hombres la vida eterna y anunciando su relación con su Padre. Yo y el Padre uno somos. Juan 10:30.
Como en una ocasión similar (Juan 8:59) la declaración sencilla de Cristo en cuanto a su identificación con Dios, enojó a los judíos. Y tomaron piedras para arrojárselas, pero El respondió: Muchas obras os he mostrado de mi padre ¿Por cual de ellas me apedreáis? Respondieron que no lo apedreaban por las obras buenas sino porque, como dijeron…tu siendo hombre, te haces Dios. (Juan10:33) Claramente los judíos entendieron quién reclamaba ser Cristo.


[1] Con la celebración de la fiesta de la dedicación (heb. januk·káh), aún se conmemora el recobro de la independencia judía al liberarse de la dominación sirohelénica y la nueva dedicación a Jehová del templo de Jerusalén, que había sido profanado por Antíoco IV Epífanes.

jueves, 1 de junio de 2017

Proceso a Cristo (una milésima parte de un todo)



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A medida que el ministerio de Jesucristo progresaba en poder y testimonio, el odio de los escribas y fariseos aumentaba. Que ¿quiénes era los escribas? Pues el escriba ha estado presente en Judea, Galilea, Babilonia y también en la dispersión, es el portavoz del pueblo; es el sabio; es el hombre de sabiduría, el rabí que recibió su ordenación por la imposición de manos. Su habilidad de indagar e investigar es reconocida. Dignificado e importantes, es un aristócrata entre el pueblo común que no tiene conocimiento de la ley. En relación a la fe y a la práctica religiosa, es la autoridad y la última palabra; y como maestro de la ley, como un juez en las cortes eclesiásticas, es el conocedor que tiene que ser respetado, cuyo juicio es infalible. Viaja en compañía de los fariseos, y sin embargo no es necesariamente miembro de este partido religioso. Ocupa un oficio y tiene una posición; su valor está más allá de todo ciudadano común y éste debe honrarlo, pues debe ser alabado por Dios y por los ángeles del cielo. De hecho, tan reverenciadas son sus palabras en relación a la ley y a la práctica que debe ser aceptado aunque sus declaraciones contradigan el sentido común, o aunque exprese que el sol no brilla al medio cuando es hecho es visible a simple vista.
Pues bien, en este punto de la vida de Jesús, este odio había crecido a tal grado que los judíos estaban tramando quitarle la vida. Frustrados en un intento de llevar a Jesucristo a Jerusalén para intentar atrapar al Señor en palabras o en hechos que les diera lugar para quitarle la vida. Cuando estos judíos vieron que algunos de los discípulos de Jesucristo comían sin primero lavarse las manos, acusaron a Cristo de no seguir la ley de Moisés. En su respuesta a la acusación, Él dijo: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” Mateo 15:11. Esta fue una respuesta punzante que ofendió y llenó de ira a estos escribas y fariseos (de estos hablaré otro día) ¿Por qué estas palabras hicieron tal efecto en ellos? 
Sirva de reflexión el hecho de que en efecto todo lo que sale de nuestra boca -según cómo hablamos- contaminamos y mucho, ofendemos y mucho, aniquilamos. Todo esto en un país donde el periodismo se basa justamente en eso, en hablar ofendidendo para tener audiencia. 

miércoles, 31 de mayo de 2017

La hipocresía (I)



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Hay una distinción entre la vida que llevamos y la vida que hacemos creer que llevamos a los demás. El vocablo hipócrita es la traducción del vocablo griego que significa actor. Un hipócrita es un actor, uno que simuela. Representa papeles que no reflejan su verdadera personalidad a los demás. Hay simulación, subterfugio, exhibición, ocultamiento y engaño en su conducta. En la atmósfera irreal del teatro podemos ver que los actores pretenden ser otra persona. En la vida diaria, sin embargo esperamos que la gente sea ella misma, que actúe sin simulación, sincera y honestamente, pero esto no siempre sucede.
De acuerdo al diccionario el vocablo ay representa una condición de sufrimiento, de aflicción, de dolor, calamidad o pesar. Según el apóstol Mateo en el capítulo 23, el Señor pronuncia esos ayes, esa maldición sobre los hipócritas escribas y fariseos. ¿Podría –según esas premisas- el Señor pronunciar en la actualidad los míos “ayes” sobre la gente? ¿Qué comportamiento tenían los escribas y fariseos para que el Señor pronunciase esos “ayes”? El Dios de los hombres condena la inmoralidad, pero también denuncia la hipocresía, la cual es una de las peores formas de deshonestidad. Cuando describe el infierno del mundo que vendrá, aclara que las personas deshonestas irán allí. Así como nada impuro puede entrar en la presencia del Señor, de la misma forma ningún mentiroso ni engañador o hipócrita puede morar en su reino. La deshonestidad está directamente relacionada con el egoísmo, el cual es su origen y fuente. El egoísmo se encuentra en la raíz de casi todos los desórdenes que nos afligen y la inhumanidad del hombre para con el hombre sigue haciendo que miles se lamenten.
En realidad un hipócrita es entre otras cosas, una clase de persona que pretende ser (por ejemplo entre los católicos) un buen miembro de su iglesia pero que en realidad, no tiene ningún deseo de nada de ello, ni de acercarse al Cristo ni de vivir esos principios que el Salvador de los cristianos propuso en su momento.
Una de las causas principales de la hipocresía es el deseo de ser visto por los hombres, de recibir alabanzas, aprobación o recompensa por algo que en realidad no hacemos de corazón, solo parece que lo hacemos pero no es así en la realidad. Es un parecer, un actuar, dando una imagen de algo hacia los demás.
Jesucristo enseñó que se deben hacer actos de servicio, muchos, pero que se deben hacer en secreto. En estos capítulos finales del ministerio público de Jesucristo, hubo un enfrentamiento público con escribas, fariseos y con los herodianos. Digo que es el último porque a esas alturas los lideres judíos estaban ya dispuestos y habían determinado que el Señor debería morir por la nación. Intentaron para ello -como sabemos- provocarlo a un acto abierto de oratoria o de acción mediante la cual pudieran acusarlo de crimen más grave, el de traición a la autoridad romana. 
cuando condenó en esa confrontación de hipocresia a los escribas y fariseos con sus preguntas y respuestas, se dirigió a la multitud y a sus discípulos para hacer una denuncia final de todo el sistema farisaico. Se cuidada exageradamente la limpieza exterior dle individuo y sin embargo había negligencia en cuanto a la pureza interior. Se pagaban diezmos, se oraba, se ayunaba, se hacía proselitismo y sin embargo se omitía lo más importante de la ley, la misericordia, la justicia y la fe.
Creo que las cosas no han cambiado nada, francamente. 

martes, 23 de mayo de 2017

Esenios


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Medito hoy según termino mi lectura del A. Testamento para un articulito sobre cómo vivían la religión las mismas sectas o comunidades religiosas que hoy. La espiritualidad, hoy en día, es una cuestión bastante complicada y en especial se complica el cómo desarrolla lo espiritual el ser humano. ¿Qué contexto es el ideal para estar o ser elevado espiritualmente? Probablemente el aislamiento de toda influencia sea algo positivo, el retirarse vamos, estar apartado de ciertas influencias. No comprendo en esto a muchas personas que siguen toda la vida igual, sin reparar en el hecho de que la persona, su interior, su alma o como se quiera llamar a veces tiene que elegir para crecer y en ello la soledad propende a la meditación y a la fortaleza de uno mismo. de ahí que la mayoría de las personas lo que quieren y buscan es distraerse y relacionarse mucho más, con tal de no enfrentarse a uno mismo. En fin, respetable. En realidad nada ha cambiado según se mire y cada confesión elige sumanera de vivir la fe o la influencia de un Ser Superior en sus vidas. siempre existirá alguien más piadoso que otro, con más fe, con más verdad y por consiguiente más ensimismado en el hecho de pensar ¿qué creencias o prácticas son las que más verdad tienen? ser asceta hoy tiene su aquel, como imagino lo tendría para aquellos. Algunos de sus principios tenían bastante que ver con el cristianismo, claro, lo mismo que también se ha especulado lo suyo con que Juan el Bautista y el propio Jesús de Nazaret recibieran formación de este grupo. Y por qué no.
La idea de separarse de la sociedad para evitar la impureza religiosa llegó a tal punto que llevó a la formación de otra secta, los esenios[1]. El nombre se encuentra solamente en escritos griegos y probablemente significa “los piadosos” (traducción interpretada). El interés en este grupo aumentó  grandemente a fines de la década de 1940, como consecuencia del hallazgo de sus escritos sagrados, conocidos como los Pergaminos del Mar Muerto, en Qumrán. Esta secta se diferenciaba de los fariseos solamente en los extremos a los que llegaban en la práctica de sus creencias. Los esenios creían que los fariseos (ya es decir) no se esforzaban lo suficiente en sus intentos de separarse del mundo. En cambio ellos sí se apartaron literal y espiritualmente del mundo estableciendo comunidades en zonas tan desoladas como las cosas del Mar Muerto, donde podían aislarse completamente.
La vida en estas comunidades era estricta y altamente estructurada. Los miembros generalmente no se casaban, por causa de las impurezas a las que las mujeres estaban sujetas, según la ley mosaica, y por el concepto de que le matrimonio era una traba para un estado mental de total devoción. Se abstenían de adorar en el templo y de participar en los sacrificios que allí se efectuaban, se levantaban antes de la salida del sol y se reunían para orar; luego realizaban sus respectivos deberes hasta aproximadamente las once de la mañana. En ese momento todos se bautizaban, se ponían sus túnicas blancas y comían en común. Después de la comida se quitaban las vestiduras sagradas, se ponían su ropa de trabajo y trabajaban hasta la noche, cuando nuevamente se reunían para participar de una comida común. Plantaban y cuidaban rebaños y se abastecía a sí mismos.   
                                                       

[1] eran un movimiento y comunidad judía, establecida probablemente desde mediados del siglo II a.C. tras la Revuelta Macabea, y cuya existencia hasta el siglo I está documentada por distintas fuentes. Sus antecedentes inmediatos podrían estar en el movimiento hasideo, de la época de la dominación seléucida (197 a 142 a. C.).

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...