miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cita exprés


Cita exprés


¡Rrrrriiinnnng, rrrriiiinnnnggg! —ya voy. El maldito teléfono sonando ahora que a punto estoy de irme a la cama a dormir, naturalmente.

—¿Bueno? ¿Quién eres?... ¡ah! Bien, de acuerdo, en una hora estoy ahí, sí, seguro. Diablos (con nerviosismo), por qué tienen la manía en España de quedar a cenar a partir de las diez de la noche es una cosa que nunca he podido entender ni creo que lo consiga nunca. Plan rápido: me ducho, sí eso, sí, me ducho, voy… esta agua tan fresquita seguro que me despejará, yo que estaba tan tranquila con mi pijama y mis pantuflas yeyés… pero claro, era Antonio y parece que no se le puede defraudar, al fin de cuentas somos  compañeros y el pobre hombre nunca suele pedir nada. Lo cierto es que no tengo ninguna gana de salir a la calle, hoy.

—Vaya por Dios, la ducha no marcha bien ahora y no sé por qué no lo hace, claro no lo hace porque me quiere fastidiar… es una reunión con un rector de una universidad extranjera, dos periodistas, un poeta (accionando con horror) y un médico. Pero por qué esa manía de hacer cenas multitudinarias en las que no se sabe qué va a pasar y mucho menos quién va a pagar, y es que Antonio se pasa de entregao, de calzoncillín diría yo, su mujer no sabe lo afortunada que es teniendo un marido así, casi sin personalidad, bueno rectifico, personalidad la tiene, lo que no tiene es espíritu guerrero, Antonio es un espíritu muy sosegado que le importa todo bien poco, más bien se diría de la búfala de su mujer la que es más guerrerilla, pero, claro, es  que la medicina es así, lo que quiero decir es que algunos médicos —la mujer de Antonio es médico— están, viven histéricos, sufren cada día con cada acontecimiento vivido, ellos, preparados para salvar la humanidad, y  de resultas son en su mayoría seres raros, difíciles para la convivencia, ensimismados
en su mundo de desgracia en la que a veces nada pueden hacer, llegando en ocasiones a un estado de frustración lamentable, mucho. Hay otros días en que se revelan como hacedores de la creación. Bien. El caso es que la susodicha trata a mi pobre amigo Antonio a patadas, él que es un santo varón. Felizmente y gracias al comprometido, único y mundial trabajo de su mujer, de guardias salvadoras y demás «machadas», el Antoñito puede salir y entrar casi a su gusto. Si no fuera por eso…Todas las profesoras de la Facultad están locas por sus huesos, si supieran lo que tiene en casa… a mí me da risa, él como si tal cosa, vive como ajeno al mundo de la seducción y todo eso, siempre dijo que prefería la alegría al placer, y así vive, en paz consigo mismo, esquivando los envites e infidelidades de «la Marañona» que es como yo la llamo. A mí me ve —naturalmente— como un caso clínico y por eso mismo puedo estar cerca de su marido, no le importa,
cerca de Antoñito tanto como quiera, ¡menos mal! Es que tiene unos ojitos muy graciosos, y un cabello negro tirado para atrás que me chifla, se viste como los colegiales con chalequitos, trenkas, camisas blancas, gorritos…no parece el decano de la Universidad. Lo mejor: Antonio es de los que ha entendido, aunque sea a sus cincuenta y cinco años, por qué hay que hacer la cama cada día, deshacerla cada noche y cambiarla cada diez días aproximadamente, ¡todo un lujo! En esto tenemos bastante terreno adelantado.
Somos amigos.
—¿Por qué narices querrá que vaya yo a esa cena con lo aburrida que yo soy? El pobre ha insistido tanto, parecía que le hacía ilusión. La ducha no marcha. Bueno, mientras, me relajo un poco y por milagro se arregla el invento pienso qué me pongo. ¡pero si tengo el pelo fatal! AAAhhhhhhhh! (grito de tigre) y ahora ¿qué hago con estos pelos? Yo no voy. (la conciencia o sentido común avisa de que no merece la pena ponerse así por eso).Me planto un gorro… pero es que me quería duchar, no, no, primero mirar qué me pongo.
De negro, de negro es lo mejor para la noche, toda de negro.(Voz del subsconsciente que sin embargo avisa haciéndose verbal, poniéndote en guardia).
El blanco no es blanco, el negro sí lo es. Y no es ensueño, es capacidad de coser porque veo que a la chaqueta que me quiero poner le faltan dos botones, ¡maldición! Bien, voy a hacer el pino y así en posición de yoga me relajo aunque queden solo cuarenta y cinco minutos y tenga que ir en taxi, pues si me relajo un poco más no llego. En esta posición la sangre me baja y veo todo mejor, ensangrentado. Arañas y más arañas parecen que han habitado no en el olvido ni en Sancho Panza, sino en mis sobacos. Yo, como profetisa que soy, iré de negro y haciendo el pino por el Paseo de la Castellana hasta llegar al restaurante donde me esperan. Insisto. ¿Cómo voy a ir con estos pelos y esta poca esperanza de hoy? Hago yoga y me relajo, bastante.
Salto después por toda la casa para ver si me tonifico y la emprendo con decisión hacia la ducha, me tiro de cabeza, me la pego, tremendo ruido y sale el agua, así, así es como hay que hacerlo, hay que entrar en la ducha como si fuera yo un guerrillero, pero funciona, bien, qué bien, solo tengo un chichón, un morado en la rodilla y la uña del pie rota ¡qué daño! Pero he logrado que funcione la ducha. Al salir no me resbalo, pero lo hago después ya en el pasillo que por lo general el talegazo o costalada es algo más leve, es que siempre me sucede lo mismo, salgo de la ducha y me la pego sistemáticamente en el pasillo, es que nunca me seco bien. (Cosquillas en la mente). Después del desastre producido de haber tirado el mismo cuadro que siempre tiro, y de haber arañado el papel pintado de la pared, caigo en la cuenta de que no tengo pantys negros y yo no soporto otros que no sean negros y hasta arriba. No comprendo como algunas mujeres (de los hombres no tengo tiempo de ocuparme) pueden usar esos calcetines negros de caballero que te aprietan debajo de la rodilla cual andouiette provenzal y al final acabas con todas las piernas hinchadas, moradas, sin circulación y
dando un aspecto debajo de la falda o cuando te quitas el pantalón, muy lamentable, mucho, como de Aldonza por los campos, ya bastante mayor y con aliento a cebolla malcriada.
Ahora que lo recuerdo tengo unos pantys negros sin usar y recuerdo bien que están sin usar porque me estaban pequeños, de modo que tengo que decidirme si me los pongo y equilibro el traje de chaqueta que no tiene botones y cuya falda me aprieta morcilleramente con los pantys pequeños poniéndome el vello de punta constantemente por la fibra, o llevar las piernas al aire con sus pelos (eso nunca) o cambiar la falda, eso es, cambio la falda por un pantalón más desenfadado, eso es, sí, un pantalón desenfadado.
Un pantalón vaquero, mucho más moderno, ¡dónde va a parar! Eso es, como de universitaria pasada de rosca. Así parecerá que voy siempre juvenil como espontánea, como si siempre fuera yo así de guapa, con un pantalón desenfadado y una chaqueta negra sin botones… ¡ossssstras que grito otra vez! No puedo dejar mal a Antonio, con la ilusión que le hace que vaya… ¡no sé por qué, bien es verdad! Mejor, pantalón, sin calcetines, botas, una camisa de marca que tengo algo antigua…y ¡la chaqueta! No sé si tengo botones para igualar. No importa le quito los botones a otra y se los coloco. (El tiempo pasa y Lidia se pone cada vez más nerviosa). ¡Cómo no me iba a clavar la aguja en el dedo!
(Se escucha un chillido descomunal). Ahora sangro por el dedo… quedan 20 minutos y no puedo ir haciendo el pino… Bien maquillaje, bien pelos metidos en gorro, bien pantalones desenfadados, mal, pies pegados al contrafuerte de la bota, disimule potente de botones aunque el dedo sangra a pesar del torniquete… Quedan tan solo 10 minutos, me espera Antonio… le llamo y digo que vayan tomando algo, llego en un pis-pas. ¡Taaaaaxxxxxiiiiiii!

(Vuelvense a mirar a Lidia todos los transeúntes del Paseo de la Castellana menos el taxista). Pero, hombre… ¿es que no me ve?… No importa (Lidia decide correr la maratón hasta el Restaurante). ¿Cómo he podido sobrevivir sin el Body Unta Cream, la Crème Anti-Cartuchs de París, sin el Contorn de yeux anti-llanto, el Champú Demasié de Hiervas, la Lotion Mundial Cream para después del champú, laMasque Universal anti-stress, la ampolla anti-edad, la crema anti-rides, el rimel Pestañet Long, el maquillaje anti-todo…y no sé cuántas anticosas más…(llega al lugar como una exalación, jadeando cual gerundio. Entra en el establecimiento haciendo la voltereta lateral). ¡Alehop!… sin embargo ¡lo he conseguido! aquí estoy Antonio (que la mira con amorcito y flipando)… sin sangre, fresca cual lechuga matutina.
Me alegro de verte por fin… no ha sido del todo fácil, ¿sabes? Pero me alegro de verte y de tus compromisos absurdos, ¡hoy estoy decidida a pasarlo bien! ¡Andá, si te has traído a Zapatero!








jueves, 19 de noviembre de 2009

Bellum omnium contra omnes.

Bellum omnium contra omnes


Estos días ando algo revuelta revisando unos apuntes donde encontré lo mejor que uno puede encontrarse: palabras, ideas, conceptos, que nos dan idea del mundo, del universo, porque las palabras son la manera en cómo damos forma o construcción al mundo. Según Hobbes[1] -hoy le recuerdo especialmente- el conocimiento se funda en la experiencia, y su interés es la instrucción del hombre para la práctica, lo que ha explicado –a su ver- la búsqueda insólita del yo experimental. En esa búsqueda insólita es donde calculo que nos centramos cuando decimos que nos hemos perdido, o cuando percibimos la dualidad del yo, sobre todo cuando somos jóvenes e inexpertos que nos perdemos con facilidad, por eso, por la inexperiencia y el yo no encontrado. Al tiempo la filosofía de aquel filósofo inglés nos dice hoy como parte del nominalismo que los universales no existen, ni fuera de la mente ni en ella siquiera, pues nuestras representaciones son individuales; son simplemente nombres, son signos de las cosas, y el pensamiento es una operación simbólica, una especie de cálculo que está estrechamente ligado al lenguaje, ¡pues muy bien! La metafísica de Hobbes es naturalista. Busca la explicación causal, pero elimina las causas finales y quiere explicar los fenómenos de un modo mecánico, por medio de movimientos ¡aquí es donde veo yo el problema! Descartes también admitía el mecanismo para la res extensa, pero se contraponía al mundo inmaterial del pensamiento. Hobbes supone que los procesos psíquicos y mentales tienen un fundamento corporal y material; el alma no puede ser, según él, inmaterial, nada de espíritu con lo cual me condena al ostracismo porque yo sí creo en el espíritu. Por esto Hobbes es materialista, y niega que la voluntad sea libre. En todo el acontecer domina un determinismo natural. Hobbes parte de la igualdad entre todos los hombres y cree que todos aspiran a lo mismo; y cuando no lo logran, sobreviene la enemistad y el odio; el que no consigue lo que apetece, desconfía del otro y, para precaverse, lo ataca. De ahí la concepción pesimista del hombre que todos tenemos; es el homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre. Los hombres no tienen un interés directo por la compañía de sus semejantes, sino sólo en cuanto los puede someter. Es obvio que la filosofía ha evolucionado en ilimitados conceptos, pero desde lo más básicos manejamos iguales conceptos, ancestrales sin apenas haber llegado a ninguna parte, por que el asunto es mucho más sencillo.
Según este propósito, los tres motores de la discordia entre los humanos son: la competencia, que provoca las agresiones por la ganancia; la desconfianza, que hace que los hombres se ataquen para alcanzar la seguridad, y la vanagloria, que los enemista por rivalidades de reputación. Esta situación natural define un estado de perpetua lucha, de guerra de todos contra todos (bellum omnium contra omnes), el hombre está dotado de un poder del cual dispone a su arbitrio; tiene ciertas pasiones y deseos que lo llevan a buscar cosas y querer arrebatárselas a los demás. Como todos conocen esta actitud, desconfían unos de otros; el estado natural en ellos es el de ataque. Pero el hombre se da cuenta de que esta situación de inseguridad es insostenible; en este estado de lucha se vive miserablemente, y el hombre se ve obligado a buscar la paz. Para conseguir seguridad, el hombre intenta sustituir el status naturae por un status civilis, mediante un convenio en que cada uno transfiere su derecho al Estado. En rigor, no se trata de un convenio con la persona o personas encargadas de regirlo, sino de cada uno con cada uno. El soberano representa, simplemente, esa fuerza constituida por el convenio; los demás hombres son sus súbditos. Ahora bien: el Estado así constituido es absoluto: su poder, lo mismo que antes el del individuo, no tiene restricción; el poder no tiene más límite que la potencia. Al despojarse los hombres de su poder, lo asume íntegramente el Estado, que manda sin limitación; es una máquina poderosa, un monstruo que devora a los individuos y ante el cual no hay ninguna otra instancia. Hobbes no encuentra nombre mejor que el de la gran bestia bíblica: Leviatán; eso es el Estado, superior a todo, como un dios mortal. El Estado de Hobbes lo dice todo; no solo la política, sino también la moral y la religión; si esta no está reconocida por él, no es más que superstición.
No me extraña que cuando uno lee estas cosas ya sean escritas hace quinientos años, pues sufra una fuerte convulsión, por lo menos, de ver que no avanzamos nada en absoluto y que está todo más que inventado y los artistas de hoy aunque nos creamos los chamanes de la sociedad, bien tontos son los que nos siguen, pues somos una pandilla de farsantes. Cualquier Estado ahora ejerce sobre el individuo una fuerza de fascismo y represión absoluto -aunque esté disfrazado-. En el fondo no hay más que censura, violencia y castigo que nos oprime sin cesar con su mano invisible, sin dejarnos respirar, es el poder que en manos de unos ejercen sobre los otros sin piedad y hay que hablar en términos de parábola como lo hacía Jesucristo exactamente igual: para que aquel que tenga oídos que oiga. Él usó en ocasiones frecuentes durante su ministerio para enseñar verdades del evangelio. Su propósito sin embargo, al contar estos breves relatos no era presentar con claridad las verdades de su evangelio para que todo el que escuchara entendiera; no, más bien su propósito era esconder su doctrina a fin de que solamente los de espíritu iluminado pudieran entenderla, mientras que aquellos cuyo entendimiento estaba obscurecido siguiesen en la obscuridad…como hoy. Con todo, el ser humano es todavía más difícil e incomprensible al estar bajo el yugo del Estado, el Estado nos hace mucho más cretinos, mucho más, verbi gratia.
Muchos de los judíos de la época de Jesús –porque fue esa y no otra aunque hubieramos sido igual de crueles con él- estaban sumamente ansiosos de que apareciese su Mesias después de tanto tiempo esperado. La mano opresora de la dominación romana se hacía más pesada cada día, era natural por tanto, que pensasen que en Jesús habían visto el cumplimiento de sus esperanzas y sueños terrenales. ¿no poseía poderes milagrosos y no había cambiado agua común por vino, levantado a los muertos y convertido unos cuantos panes en alimento suficiente para satisfacer a mas de cinco mil personas? No podría por tanto utilizar esos poderes contra Roma y liberar a los judíos del yugo extranjero? Cuando pronunció el sermón del Pan de Vida entonces se revelaron como aquellos que buscaban solo sus intereses, porque ese sermón era sumamente espiritual y ellos le sometieron a más tanteos cuando en realidad no les hubiera hecho falta si hubieran hablado el “mismo idioma” que Él, volvemos a las palabras y a sus símbolos para explicarnos el mundo, el universo. Esa actitud de querella e incredulidad de parte de los judíos estaba, no solamente en el aire, sino que viniendo de labios de judíos, rayaba en los absurdo. Probablemente ningún otro pueblo en toda la historia entendería mejor o hubiera tenido uso más amplio del lenguaje simbólico, alegórico, imaginativo y figurado que el que tenían los judíos. Además con la doctrina del Pan de Vida recién enseñada que ellos aparentasen no saber que comer la carne de Jesús quería decir aceptarlo como Hijo de Dios y obedecer sus palabras solamente podía significar que voluntariamente estaban cerrando sus ojos ante la verdad era algo obvio: el que tenga oídos que oiga.
Tan paradójico como esto es el no entendimiento y la no comprensión. Así es la sociedad en la que vivimos, todos mezclados y unos de espaldas a los otros, preocupados en satisfacer o encontrar nuestro yo muy particular, especial, único, viviendo insensibles a todo lo ajeno y externo a nosotros porque lo que nos importa es nuestro yo. Y es cuando salimos de nuestro yo que nos damos cuenta de que hay un tu, y ahí surge el conflicto, tan sencillo como pensar que no somos el centro de todo que no todo gira a nuestro alrededor, que el resto de la humanidad existe, que la amabilidad y el amor por los otros, también. Con eso podríamos cambiar muchas cosas, quizás tan solo con sonreír como lo hacemos cuando miramos al espejo y vemos nuestro yo cada vez más envejecido pero más sabio. Al menos podemos verlo.

[1] (1588-1679)

Donde he puesto amor dejo de ponerlo.


¿Dónde estás? Pregunto una y otra vez mientras solo encuentro vacío, éste vacío que me ahoga siempre que no estás porque tu ausencia me consume. Tu paso, firme, decidido, es superior a todo mi ser, es superior a toda mi circunstancia y sin embargo te espero. Por que con una sola mirada puedo llenar mi corazón para unos cuantos días, unos cuantos hasta que llegue el siguiente día en que te podré volver a ver y volver a ver tu mirada y tus ojos y tu paso, firme, decidido. Contemplar cómo consumes cigarrillos y hablas sin parar es para mi una gloria, diríamos superior, que quisiera contemplar hasta el día de mi muerte.
El otro día te vi pasar delante de mi coche, también fumabas, me quedé perpleja sin saber qué hacer mientras salía del éxtasis producido por tu presencia. Una presencia de la que ya no puedo prescindir, de la que no quiero prescindir y que ha cogido un buen lugar en el espacio de mi imaginación y en el enorme lugar de mis sueños. Te sueño. Sé que tu no lo haces y creo que tampoco me importa, o tal vez sí, creo que si me importa. Quisiera saber si tu también tienes delante de ti todo el día mi rostro. Tu rostro que no se va. Estamos fuera de la realidad, porque todo este amor no puede pertenecer a la realidad, estamos obligados a que pertenezca a otro mundo, el de los sueños. Soñé el otro día que tenía libertad para cogerte las manos y entrelazarlas con las mías y soñé que podía besarte, soñaba con besos, miles de besos largos y llenos de amor, un amor infinito y eterno como sabes que yo te amo en este silencio que me quita la vida y que tan solo Dios conoce. No eres para mi. No es lícito hablar en los día de hoy de amor. Ya está todo dicho y no alcanzo a expresar con mis pobres palabras la verdad de mi corazón, ese que sufre y que de vez en cuando se renueva cuando te ve. ¿Qué puedo decir? Nada, ni quiero hacerlo tampoco. Me voy porque quizá marchándome pueda olvidar, aunque no lo creo, todo el hálito de aire que queda en mi ser cuando no te siento.
Donde he puesto amor dejo de ponerlo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Los Calcetines traidores

Los Calcetines traidores

Imagino que no seré la única que tiene problemas con esos elementos inventados para abrigar, embellecer o proteger nuestros pies y que de forma habitual conocemos como calcetines, sé que no solo existe mi caso, de hecho he podido comprobar cómo también les sucede a otros, sí, que es algo que no atañe de forma exclusiva a los habitantes de mi casa y es que en efecto: los calcetines desaparecen solos de los hogares. ¿Por qué?
He podido comprobar cómo viven camuflados en algunos lugares y rincones, cómo pretenden despistarnos, cómo se esconden solitarios: detrás de una puerta, debajo de las camas, debajo de los armarios, al fondo del mismo, si son azul marino tienen la costumbre de ir acompañado de una maraña de polvo a reposar en las esquinas ¡!!!! Mojados quedan entre las gomas de lavadora, escondidos en la secadora, en los cestos de la ropa, también pinchados en el mimbre de la ropa sucia, al lado del water he podido encontrar alguno de color blanco que automáticamente deja de serlo…¡desesperante!, uno se plantea ¿por qué no hay manera de poder hermanar en feliz matrimonio las parejas de calcetines? Pues no señor, no. Me paso la vida comprando nuevos pares y quedan en una bolsa los viudos, los divorciados, los solitarios de por vida a por quien jamás ni por asomo vuelve nunca su pareja a reencontrarse. Siempre quedan condenados a la soledad a ser ermitaños. A veces, cuando son del mismo modelo y se pierden logro igualar y rescatar, unir, emparejar con alguno de los de la bolsa que estaban condenados y que esperan a tener una pareja, pero otras veces, la mayoría, no puede suceder. La viudedad viene a veces impuesta también por la muerte literal del otro es decir cuando el otro llega a lo que yo denomino calcetín tomate, que es cuando te asoma el dedo gordo del pie, es ese día que no te has dado cuenta de que tu calcetín tiene un roto, te lo pones y justo ese día y no otro vas a casa de alguien o al gimnasio y tienes que exhibir los pies ante la mirada generalizada del mundo que se fija en tu tomate del pie, en el dedo que asoma ante el calcetín negro, en ese roto que se te clava y que te hace polvo la piel y la uña haciéndote casi sangre, ¡maldita sea!
La gente superior de la sociedad, políticos y demás ¿qué calcetines llevan? Me pregunto yo ¿les pican? ¿se les clavan? ¿les dan repelús? ¿se les retuercen o estas cosas solo me pasan a mi? También tienen que darles un tijeretazo al elástico para que no te haga papilla la pantorrilla? A la gente aristócrata ¿le huelen los pies? Qué pinta tiene un político, por ejemplo, cuando se queda en calcetines? Siempre me he cuestionado estas cosas y nunca he llegado prácticamente a ninguna conclusión decente porque tampoco es cosa de ir entrevistando a todo el mundo a cerca de o sobre el mundo de sus calcetines, no vamos a hacer un simposium. Me mirarían –como de costumbre lo hacen- con aire superior y dirían –como de costumbre lo hacen también- que estoy loca, que alomejor es verdad.
Es duro cuando te pones unos calcetines pequeños, (ese día te harías asesino, con perdón) o cuando uno es más grande que el otro, o uno está desteñido y el otro no, estropeando el conjunto porque claro, son dos. Un día encontré uno en el congelador ¡casi me da algo! Destroza la vida cuando has pagado por ejemplo 30 euros por unos calcetines y uno de ellos ha encogido al ser lavado en agua caliente y el otro no ha encogido de igual manera. ¡qué horror! Por un lado quieres que todo el mundo se fije en tus calcetines caros de marca, pero por otro…Ese día que sales a la calle sin fijarte en el color de los mismos y te los pones rojos, o de lana y te vas cociendo enteramente. Esto sucede mucho en España donde la temperatura es cambiante y más subida que aquí y además pasas muchas mas horas fuera de casa por lo que puede pasar de todo. Y la costumbre –mayoritariamente masculina- de quitarselos y dejarlos abandonados a su suerte como dos pelotitas al lado de la cama esperando el amanecer? Esto es de gendarmería. Al día siguiente pueden juntarse con otras dos pelotitas de no ser porque una mano femenina los ha llevado a lavar y así hasta juntar miles de pelotitas…al menos es la única manera de no perderse, eso sí, pero no se sabe cómo terminan por hacerlo, tienen querencia y rebeldía.
Los calcetines son amigos o enemigos literales del ser humano, causantes de enfrentamientos entre las parejas –los recoges del suelo tu, yo no los recojo- también con los hijos: ¡recoged los calcetines del medio de la habitación!, y conllevan mucha más importancia de lo que normalmente se les concede, van estrechamente unidos sentimentalmente al hombre y sin embargo no hay que se sepa Museos del calcetín. También los reciclamos, hacemos marionetas con los viudos poniendoles ojitos, hacemos huchas para guardar las moneditas sobrantes, los usamos para guardar objetos miles: en definitiva también son útiles.
Generalmente son los que nos recuerdan que somos miserables con su olor porque por alguna razón que no conozco aunque te laves y te laves mucho, pues siempre tienen su olorcillo, aunque sea un poquitillo, ¡vamos que no aguantan más de unas horas sin su particular peste y dependiendo del zapato!. Ahora han sacado un modelo terrible para mujeres de material acrílico como el de los pantys de antes o el de las sensuales medias pero los de ahora llegan justo hasta debajo de la rodilla, cangrenándote la pierna que amoratada pierde todo su erotismo. ¿Qué hacer? He llegado a pasar el último invierno sin calcetines, ¡sí señor! He sustituido el calcetín por la bota alta con pie y pierna desnuda, es decir olvidándome del calcetín, pero tampoco ha sido definitivo porque después no hay manera de sacar el pie de la bota pegado completamente al contrafuerte de la misma. En resumen, he tenido que volver a él, al calcetín colgón y picotoso.
¿Qué podemos decir del calcetín de deporte que lleva su marca en el lado? Si es alto, es terrible por el elástico, esto ya he dicho que vuelve a amoratar la pierna que cuando está sin depilar el espectáculo es para morir. Han sacado otro modelo para gente moderna que va al tobillo, este es algo más soportable, solo que en invierno te pelas de frío, eso sí, y claro es completamente deportivo, no sirve para botas, aunque imagino que será mejor a llevarlas sin nada y que luego no haya manera de quitártelas como me pasó el otro día en una tienda. Fue horrible. Quise probarme unos zapatos y al llevar las botas sin calcetines, muy fina yo, no había forma humana de sacarme las odiosas botas pegadas como con pegamento a la planta del pie. Ni siquiera la dependienta que me miraba como a una loca lo consiguió tirando y tirando. Al final de la vergüenza que pasé compré lo zapatos a ojo, resultado: me quedan pequeños, esto es todavía peor.
Cuando estamos tristes o de mal humor ¡qué hacemos! ¿lo pagamos con nuestros calcetines? ¿qué significa ponerse unos calcetines de color rosa? Se podía preguntar a un psicólogo o porqué preferimos llevarlos negros? Cómo calificamos a un hombre que vestido de traje o de vaqueros con zapatos de piel –es decir no lleva zapato de deporte- lleva calcetines blancos? ¿Cuándo se debe usar calcetín blanco? Y el azul purísima? Por qué podemos llegar a estar un día entero buscando calcetines por la casa sin llegar jamás a encontrarlos? Porqué yo tengo varios cajones especiales para calcetines para no llegar a nada? Qué felicidad intrínseca encontramos al comprar esos lotes de diez calcetines a 6 euros pensando: estaré seguro diez días con calcetines, luego estará todo perdido otra vez.
Todo esto y mucho más tristemente no podemos encontrarlo tampoco en una buena Enciclopedia del calcetín, sin embargo qué parte tan importante cumplen en nuestra vida y cuanta indiferencia demostramos sentir por ellos. No es justo.




Hace tiempo

Hace tiempo

Hace tiempo que no puedo hablar de amor
Hace tiempo que no siento nada
Porque los sueños solo existen en el temblor
Del miedo a no tenerte o a buscarte
Y no encontrarte.
Ayer ya no vi en tus ojos la luz del amor
Algo debió cambiar
No me tocaba a mi recibir el cariño
Y por ello al borde de la locura
He estado, perdón, estoy
Hoy veo amor aunque no quiero creerlo
Por si no es por mi
Esa luz y esas ganas de vida
Que tan solo un amor sincero pueden dar
El combate a la muerte deseada
El sosiego a la angustia de saber que alguien te piensa
Que alguien te siente o que te ama
el conocimiento y por qué no
Los días y las horas compartidas solo por amor.

Juan Bernabéu Castañeda

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...