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Cita exprés


Cita exprés


¡Rrrrriiinnnng, rrrriiiinnnnggg! —ya voy. El maldito teléfono sonando ahora que a punto estoy de irme a la cama a dormir, naturalmente.

—¿Bueno? ¿Quién eres?... ¡ah! Bien, de acuerdo, en una hora estoy ahí, sí, seguro. Diablos (con nerviosismo), por qué tienen la manía en España de quedar a cenar a partir de las diez de la noche es una cosa que nunca he podido entender ni creo que lo consiga nunca. Plan rápido: me ducho, sí eso, sí, me ducho, voy… esta agua tan fresquita seguro que me despejará, yo que estaba tan tranquila con mi pijama y mis pantuflas yeyés… pero claro, era Antonio y parece que no se le puede defraudar, al fin de cuentas somos  compañeros y el pobre hombre nunca suele pedir nada. Lo cierto es que no tengo ninguna gana de salir a la calle, hoy.

—Vaya por Dios, la ducha no marcha bien ahora y no sé por qué no lo hace, claro no lo hace porque me quiere fastidiar… es una reunión con un rector de una universidad extranjera, dos periodistas, un poeta (accionando con horror) y un médico. Pero por qué esa manía de hacer cenas multitudinarias en las que no se sabe qué va a pasar y mucho menos quién va a pagar, y es que Antonio se pasa de entregao, de calzoncillín diría yo, su mujer no sabe lo afortunada que es teniendo un marido así, casi sin personalidad, bueno rectifico, personalidad la tiene, lo que no tiene es espíritu guerrero, Antonio es un espíritu muy sosegado que le importa todo bien poco, más bien se diría de la búfala de su mujer la que es más guerrerilla, pero, claro, es  que la medicina es así, lo que quiero decir es que algunos médicos —la mujer de Antonio es médico— están, viven histéricos, sufren cada día con cada acontecimiento vivido, ellos, preparados para salvar la humanidad, y  de resultas son en su mayoría seres raros, difíciles para la convivencia, ensimismados
en su mundo de desgracia en la que a veces nada pueden hacer, llegando en ocasiones a un estado de frustración lamentable, mucho. Hay otros días en que se revelan como hacedores de la creación. Bien. El caso es que la susodicha trata a mi pobre amigo Antonio a patadas, él que es un santo varón. Felizmente y gracias al comprometido, único y mundial trabajo de su mujer, de guardias salvadoras y demás «machadas», el Antoñito puede salir y entrar casi a su gusto. Si no fuera por eso…Todas las profesoras de la Facultad están locas por sus huesos, si supieran lo que tiene en casa… a mí me da risa, él como si tal cosa, vive como ajeno al mundo de la seducción y todo eso, siempre dijo que prefería la alegría al placer, y así vive, en paz consigo mismo, esquivando los envites e infidelidades de «la Marañona» que es como yo la llamo. A mí me ve —naturalmente— como un caso clínico y por eso mismo puedo estar cerca de su marido, no le importa,
cerca de Antoñito tanto como quiera, ¡menos mal! Es que tiene unos ojitos muy graciosos, y un cabello negro tirado para atrás que me chifla, se viste como los colegiales con chalequitos, trenkas, camisas blancas, gorritos…no parece el decano de la Universidad. Lo mejor: Antonio es de los que ha entendido, aunque sea a sus cincuenta y cinco años, por qué hay que hacer la cama cada día, deshacerla cada noche y cambiarla cada diez días aproximadamente, ¡todo un lujo! En esto tenemos bastante terreno adelantado.
Somos amigos.
—¿Por qué narices querrá que vaya yo a esa cena con lo aburrida que yo soy? El pobre ha insistido tanto, parecía que le hacía ilusión. La ducha no marcha. Bueno, mientras, me relajo un poco y por milagro se arregla el invento pienso qué me pongo. ¡pero si tengo el pelo fatal! AAAhhhhhhhh! (grito de tigre) y ahora ¿qué hago con estos pelos? Yo no voy. (la conciencia o sentido común avisa de que no merece la pena ponerse así por eso).Me planto un gorro… pero es que me quería duchar, no, no, primero mirar qué me pongo.
De negro, de negro es lo mejor para la noche, toda de negro.(Voz del subsconsciente que sin embargo avisa haciéndose verbal, poniéndote en guardia).
El blanco no es blanco, el negro sí lo es. Y no es ensueño, es capacidad de coser porque veo que a la chaqueta que me quiero poner le faltan dos botones, ¡maldición! Bien, voy a hacer el pino y así en posición de yoga me relajo aunque queden solo cuarenta y cinco minutos y tenga que ir en taxi, pues si me relajo un poco más no llego. En esta posición la sangre me baja y veo todo mejor, ensangrentado. Arañas y más arañas parecen que han habitado no en el olvido ni en Sancho Panza, sino en mis sobacos. Yo, como profetisa que soy, iré de negro y haciendo el pino por el Paseo de la Castellana hasta llegar al restaurante donde me esperan. Insisto. ¿Cómo voy a ir con estos pelos y esta poca esperanza de hoy? Hago yoga y me relajo, bastante.
Salto después por toda la casa para ver si me tonifico y la emprendo con decisión hacia la ducha, me tiro de cabeza, me la pego, tremendo ruido y sale el agua, así, así es como hay que hacerlo, hay que entrar en la ducha como si fuera yo un guerrillero, pero funciona, bien, qué bien, solo tengo un chichón, un morado en la rodilla y la uña del pie rota ¡qué daño! Pero he logrado que funcione la ducha. Al salir no me resbalo, pero lo hago después ya en el pasillo que por lo general el talegazo o costalada es algo más leve, es que siempre me sucede lo mismo, salgo de la ducha y me la pego sistemáticamente en el pasillo, es que nunca me seco bien. (Cosquillas en la mente). Después del desastre producido de haber tirado el mismo cuadro que siempre tiro, y de haber arañado el papel pintado de la pared, caigo en la cuenta de que no tengo pantys negros y yo no soporto otros que no sean negros y hasta arriba. No comprendo como algunas mujeres (de los hombres no tengo tiempo de ocuparme) pueden usar esos calcetines negros de caballero que te aprietan debajo de la rodilla cual andouiette provenzal y al final acabas con todas las piernas hinchadas, moradas, sin circulación y
dando un aspecto debajo de la falda o cuando te quitas el pantalón, muy lamentable, mucho, como de Aldonza por los campos, ya bastante mayor y con aliento a cebolla malcriada.
Ahora que lo recuerdo tengo unos pantys negros sin usar y recuerdo bien que están sin usar porque me estaban pequeños, de modo que tengo que decidirme si me los pongo y equilibro el traje de chaqueta que no tiene botones y cuya falda me aprieta morcilleramente con los pantys pequeños poniéndome el vello de punta constantemente por la fibra, o llevar las piernas al aire con sus pelos (eso nunca) o cambiar la falda, eso es, cambio la falda por un pantalón más desenfadado, eso es, sí, un pantalón desenfadado.
Un pantalón vaquero, mucho más moderno, ¡dónde va a parar! Eso es, como de universitaria pasada de rosca. Así parecerá que voy siempre juvenil como espontánea, como si siempre fuera yo así de guapa, con un pantalón desenfadado y una chaqueta negra sin botones… ¡ossssstras que grito otra vez! No puedo dejar mal a Antonio, con la ilusión que le hace que vaya… ¡no sé por qué, bien es verdad! Mejor, pantalón, sin calcetines, botas, una camisa de marca que tengo algo antigua…y ¡la chaqueta! No sé si tengo botones para igualar. No importa le quito los botones a otra y se los coloco. (El tiempo pasa y Lidia se pone cada vez más nerviosa). ¡Cómo no me iba a clavar la aguja en el dedo!
(Se escucha un chillido descomunal). Ahora sangro por el dedo… quedan 20 minutos y no puedo ir haciendo el pino… Bien maquillaje, bien pelos metidos en gorro, bien pantalones desenfadados, mal, pies pegados al contrafuerte de la bota, disimule potente de botones aunque el dedo sangra a pesar del torniquete… Quedan tan solo 10 minutos, me espera Antonio… le llamo y digo que vayan tomando algo, llego en un pis-pas. ¡Taaaaaxxxxxiiiiiii!

(Vuelvense a mirar a Lidia todos los transeúntes del Paseo de la Castellana menos el taxista). Pero, hombre… ¿es que no me ve?… No importa (Lidia decide correr la maratón hasta el Restaurante). ¿Cómo he podido sobrevivir sin el Body Unta Cream, la Crème Anti-Cartuchs de París, sin el Contorn de yeux anti-llanto, el Champú Demasié de Hiervas, la Lotion Mundial Cream para después del champú, laMasque Universal anti-stress, la ampolla anti-edad, la crema anti-rides, el rimel Pestañet Long, el maquillaje anti-todo…y no sé cuántas anticosas más…(llega al lugar como una exalación, jadeando cual gerundio. Entra en el establecimiento haciendo la voltereta lateral). ¡Alehop!… sin embargo ¡lo he conseguido! aquí estoy Antonio (que la mira con amorcito y flipando)… sin sangre, fresca cual lechuga matutina.
Me alegro de verte por fin… no ha sido del todo fácil, ¿sabes? Pero me alegro de verte y de tus compromisos absurdos, ¡hoy estoy decidida a pasarlo bien! ¡Andá, si te has traído a Zapatero!
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