jueves, 17 de diciembre de 2009

Divagando que es gerundio



Todo aquello que acontece en el pasado humano no es sino un ejemplo de lo que acontece con todo pretérito humano, de donde puede llegar a resultar que esa postrera mirada hacia atrás provoca una mirada hacia adelante, y si no podemos alojarnos en ese pasado histórico entonces no habrá más remedio que inventar y edificar otra realidad para poder instalarnos.


Esto, si se mira bien, no quiere decir nada, no me convence.

Los pensamientos, como las ideas, se ligan unos con otros intentando a toda costa explicar la realidad, desmenuzar nuestra procedencia hasta llegar a ligar con gran evidencia los pensamientos unos con otros: un pensamiento llega a su realidad porque ha surgido de otro anterior llegando a ser la explicación de aquél, el cuerpo o realidad tangible. Así vamos construyendo nuestro marco real, por medio de un análisis progresivo de realidades, de pensamientos que creemos que han existido desde siempre, aunque esto no sea verdad. De tal forma construimos la realidad o lo que creemos que es: un destino inventado, desarrollado desde un espacio que creemos un pasado humano, pero que puede ser que no sea; aunque necesitemos hacer un nexo, un desarrollo de la realidad o identificación de ésta.



Un día me di cuenta de que tenía pasado, de que recordaba cosas ajenas por completo a la invención de mi pensamiento. Los animales no lo tienen, ¡claro!

Como tampoco lo tiene todo lo abstracto; los hombres, los humanos, sí conservan, a diferencia de aquéllos, su pasado; estamos, de hecho, fabricados de pasado, entendiendo esto como nuestra memoria. La ruptura de la memoria, de la reminiscencia de nuestro ayer, es el desencadenante de la anulación del yo, porque éste existe gracias al presente y, sobre todo, al pasado; y si tenemos en el presente el pasado, ésta será, por encima de todo, la raíz de la búsqueda de la eternidad. La creación del futuro es la que nos hace irremediablemente buscadores de lo eterno, partiendo de estos caracteres presentes y pasados.

El ser humano, desde dentro y en medio del teatro éste de la vida en que nos traen a existir, es en el fondo, la creación de sí mismo (el personaje) dentro de unas circunstancias (el contexto), que hemos creado otra u otras personas que están en nosotros, y a quienes de forma habitual desarrollamos a lo largo de nuestra vida. (La historia, la anécdota, la temática, etc., como ustedes quieran, que a mí lo mismo me da). Como resultado y al mismo tiempo vemos cómo todos los seres humanos mantenemos unas constantes en nuestra personalidad muy parecida a las de otros personajes que ya han sido dados como válidos por otros personajes, al ser publicadas sus vidas o

sus caracteres en forma de libro, sea cual sea el estilo para éste utilizado.

El lector podrá extraer como conclusión algo que ya le adelanto yo, y es que somos hombres y mujeres muy parecidos, pertenecientes a categorías, que sufrimos y disfrutamos a la vez —si bien unos mejor que otros, eso sí, pero, al fin, todos arquetipos—, y descubrirán por sí mismos, solitos, cuáles son los elementos en común que tenemos con otros personajes.

Yo quiero ser una escritora, pero no quiero ser una escritora novel.

Novel, novel, pero ¿qué es eso? Escritor novel, escritor fresco o escritor despreciable; aunque luego te mueras y tus tempranas obras noveles se conviertan en parangón de la literatura universal. En fin, ahora soy novel, aunque lo que sienta en mi interior corresponda a una mentalidad de años. Eso es, soy en cierto modo un poco infantil, como ya se verá, y tengo por otro lado mucho de anciana; solo que tengo la suerte de que no se me nota, la apariencia por definición siempre es engañosa. Los alumnos de mis aburridas clases nunca aciertan en esto tampoco, digo en lo de la edad; y no es que me importe, en realidad, no me importa, les importa a los del contexto social, que son los que están de continuo con esas mandangas. Ser joven y ser viejo al mismo tiempo viene a ser lo mismo que ser un resultado.



Si lo prefieren, podemos emplear otros sinónimos, ser: efecto, secuela, desenlace, conclusión, producto, consecuencia, fruto... Todo eso, uno es todo eso: el fruto, el resultado de su vida. Con esa responsabilidad carga, y con semejante peso tiene que entendérselas cada día, cada persona en este devenir caótico de horas, días y años que uno tiene que aguantar. Como soy un resultado, decido y quiero intervenir en sus elementos. Gracias y sigo.

Y es que es una eterna verdad que cuando un personaje nace o se le transcribe desde su mundo supuestamente ficticio, ya no se quiere ir; por eso mismo nacen los arquetipos, los tipos o las conocidas caracterizaciones de los personajes, que no son otra cosa que variantes de una misma personalidad.

Algunos incluso han conseguido tener auténticos caracteres, verdaderos tipos, verdaderos mundos que todos llegamos a conocer y que se repiten en los escritos, en novelas y dramas, como verdaderos dioses con sus verdaderos mundos. ¿Quién no reconoce a los donjuanes, a los pícaros,

a las adúlteras, por poner leves y primarios ejemplos de esta construcción de mundos y caracteres paralelos a la supuesta realidad en la que vivimos?

Si uno es un donjuan, me pregunto: ¿a qué mundo nos referimos al mencionarle así? ¿Al de mi vecino? ¿No pertenece a un supuesto mundo de ficción o literario? Pues no, porque en realidad no se sabe con exactitud cuál es la procedencia, si de la realidad vamos a la ficción o viceversa. Si de la realidad vamos a la ficción, entonces cualquier mundo ficticio existe, y en verdad no conozco a ningún personaje supuestamente literario que no exista en la realidad, pues ésta generalmente supera con creces la invención.

Aun así y con esta cansada vida que todos llevamos de alguna o de otra manera, tenemos que reinventarnos una y otra vez, para poder seguir siendo, existiendo en nuestro mundo ficción y en el real, pues demostrado está ya con creces que son dos territorios que a menudo se amalgaman en común y opíparo acuerdo. Tanto estamos ya acostumbrados a ello que ni reaccionamos. Yo quiero ser persona, pero no una persona común, puedo ser varias personas a la vez que salen de un bastidor y las conozco a todas. Por qué estamos aquí si no es para conocernos y dar una explicación a las reacciones de nuestra persona (personajes que actúan, definición de sí mismos)

en función de sus experiencias o pruebas (núcleo de la acción, acción propiamente dicha), en lugares fundamentales para dicho desarrollo activo y de reacción (el contexto). Vivir en África no es igual que hacerlo en Nueva York o en un pueblo extremeño, y la persona Lo que es, estará siempre condicionada por dicho escenario. De ahí su búsqueda eterna, la cuarta pared, la explicación, el sentido de la existencia, ¿quién nos mira? Si nos miran, existimos; si nos piensan, nos inmortalizamos.





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