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El coche de una madre



¿Qué significa que una madre tenga coche? El que más o el que menos se lo ha preguntado alguna vez. Cuando digo una madre, digo eso, una mamá, una persona, un ente, una mujer, una joven, alguien que fue una chica, pero que ahora tiene niños, que ha traído hijos al mundo y que por ello cambia su vida, bueno, debe cambiar su vida, a otra diferente, con otras características muy peculiares. No es ninguna broma.


¿Qué hay en las puertas del coche de una madre, de una madre, por ejemplo, con tres niños? Uno puede encontrar a la sazón: veinte o treinta cd sin fundas entre los que son indispensables la colección de Miliki, clinex nuevos y/o arrugados, unas tijeras, un frasco de perfume, una botellita de yogurt para beber, caramelos, chicles, recetas, compresas, salvaslip, propaganda cultural, propaganda infantil, algún chupete, un osito pequeño, muñequitos diversos de los del maldito huevo kinder, multas arrugadas que esperan derrengadas a ser abonadas alguna vez en la vida...Los olorcillos raros reinan por doquier en todo el automóvil para vergüenza de amigos y extraños que contemplan con horror cómo ha podido una cambiar tanto al volverse madre, ¡pues sí! ¡He cambiado! Mi coche ya no huele a pino de Armani, ahora huele a pota, a cáscara de plátano escondida y a petit suisse. ¡Qué decir del espejo retrovisor! No sirve para nada, claro, cargado como va de muñequitos infames que suenan todos al unísono en cuanto tomas una mínima curva, ¡qué le vamos a hacer! Mis hijos son felices. Al pequeñín, Quique, le gusta tocar el tambor, y lo golpea todo el rato, el mayor canta en latín, ahora por Navidades Adeste Fideles, y el mediano hace la segunda voz del Adeste Fideles unas veces bien y otras veces mal adrede para cabrear al mayor porque dice que le ha quitado la canción. Aviones de papel me distraen la conducción, gritillos, risas y algún que otro puño que se escapa, a la par que: ¡mira, mira, mamá lo que tengo!, otro llora, suena el móvil (probablemente será alguien importante, pero ya da igual) y tú piensas, ¡Dios mío qué están haciendo! Respiras hondo, otra vez respiro, te acuerdas del curso de meditación, del yoga, del taichí, y finalmente te acuerdas de su padre, de la leche en verso y de no sé qué más mandangas. Ufff! Quiero llegar a mi casa.


Cuando te bajas de tu asiento de chófer, y das un vistazo atrás has podido comprobar que está lleno de cosas, más y más cosas que nadie va a limpiar porque son pequeños y aunque les eduques lo hacen un día pero no todos. El perrito, el osito sin ojo (uno de ellos llora porque no encuentra el ojo), busco el ojo pero no aparece, los papelitos Albal del bocadillo de la merienda que o bien están en el suelo o bien están en el bolsillo del asiento acumulándose día tras día. El tetra-brik del zumo con la puñetera pajita que si ha habido suerte y no se ha volcado pues no hemos puesto perdida la tapicería añadiendo nueva fragancia al vehículo, pero al cogerlo ves que no está del todo vacío y te pones perdida de zumo ¡qué asco!, bueno, mañana, no les traigo zumo! (pero es que dicen que es muy sano) les traigo una manzana, claro y entonces se quedará el hueso cadáver en el suelo. ¡Pues que no se quede en el suelo, dáles una bolsa! Les doy una bolsa para que guarden los desperdicios, no sé qué es peor, el coche lleno de bolsas, en una mezcolanza de bolsas útiles y bolsas de basura. Bueno, no peleéis más por las canciones, ¡las canciones no se roban! Dices eso con la cabeza metida entre los asientos quitando smartis y cacahuetes caídos entre medias y entre los agujeritos que no hay cristiano que los saque. A todo esto, los niños están felices ya jugando en la puerta de la casa olvidados por completo del estado de tu coche reservado por completo para ti. Varias carteras, la del cole más la del sport que por tres son seis carteras ocupando la totalidad del coche, más un balón o dos y si estudian música...En las puertas de atrás y bolsillos si te descuidas uno o dos días se puede encontrar: más cds sin funda, funda de cd sin cd, colonia, cepillos de pelo, cochecitos de jugar, game bois, juegos de games bois, más clinex, toallitas húmedas, tetra-brik a punta pala, lápices, bolis a los que se le sale la tinta porque en los trayectos los nenes se aburren y muerden los mismos provocando la salida de la misma...¡caguuueeennn! monederitos con pequeñas piezas de cinco y diez céntimos...pa qué??? Ahí están, libros de lectura de viajes de diversas edades, juegos de adivinanza, partituras, apuntes, diccionario, canicas, muchas canicas, cartas, muchas cartas, multitud de ellas...En fin, podría seguir y seguir enumerando el sufrimiento que produce ver el estado de las cosas que es como el estado de la Nación pero en pequeño, en tu coche que no es más que reflejo de la sociedad y de todo lo que te rodea porque eso es lo que tienes que gobernar.

El coche es el segundo lugar donde estar, es la segunda casa donde se hacen trayectos ciertamente largos y debe ir preparado para todo, incluso para la guerra cotidiana, y una ve con estupor cómo le ha cambiado la vida y cómo de su coche hiper-pijo ha pasado a dar el bienestar o comodidad a sus hijos para que no les falte de nada, para que como hace frío en la calle merienden en el coche (con lo que ello conlleva) en definitiva en compartir tus cosas, algo que probablemente ellos no lo harían, pero eso da igual porque tú lo que tienes que hacer es dar ejemplo. El otro día cuando me pararon los gendarmes y me pidieron la documentación del coche, pues eso, les di, un petit suisse, un salvaslip y un cd. El hombre se quedó de piedra, pero le expliqué que en ese coche siempre llevaba niños, que me multara sí, pero que iba a 160 por que me esperaban otros niños que eran mis alumnos de la Facultad. El gendarme alucinó como las cabras y qué le vamos a hacer, la vida pasa y en ese ir y venir nos encontramos como en medio de un pasillo con todas las ventanas abiertas de par en par y con mucha corriente.


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