martes, 8 de diciembre de 2009

Nenuco Escuela


Como se suele decir “no se ven igual los toros desde la barrera”, ¿por qué?, pues el asunto es bien claro y reflexiono en torno a este tema por lo siguiente. La semana pasada estuve en Madrid –para los que no lo sepan paso la mayoría de mi tiempo en Francia- para presentar y firmar algunos libros en diversos actos programados en el conocido Círculo de Lectores. La verdad es que estaba yo tocada en cierta manera =si se compara con el ultimo dia de clase= al ver en casa de mi hermana a mi sobrina Marina cómo jugaba feliz, cuando por su cumpleaños le habían regalado los carísimos muñecos llamados Nenuco Escuela. Bien, la cuestión tiene su gracia al ver –digo- a mi preciosa sobrina de 6 años cómo se disponía a dar clase magistralmente –claro, Ella da clases magistrales otra cosa no merece la pena- delante de todos sus muñecos muy bien vestidos cuyos lápices y ojos petrificados quedaban delante de Ella, inmóviles, con sus pizarras, y a Ella no le importaba nada. Marina no se fijaba, no prestaba atención a lo que sus alumnos decían o hacían: es que ¨"son muñecos", diríamos los adultos. La cuestion es que Marina era feliz con su discurso de matemáticas, de dos más dos, de vocales, de caligrafía, hacía cumplidamente los deberes de sus muñecos, respondía en varias voces a las preguntas que Ella misma formulaba al espacio de su habitación sin que nadie en apariencia respondiera, pintaba en diversas letras, notas, que segun Ella decía, tomaban sus disciplinados y silenciosos alumnos...en fin, jugaba y jugaba, daba rienda suelta a su imaginación al tiempo que desarrollaba una profesión: la de ejercer un discurso delante de un público y algo más, era pedagoga, jugaba en definitiva a ser una profesora compartiendo unos conocimientos con unos seres que estaban allí para participar, comprender y aprender lo que Ella decía.

Estas cosas sabemos que hoy han cambiado y que la realidad es muy otra.
Esos muñecos caros, muy ricos que colocadísimos, limpios y respetuosos escuchaban a su seño, me hicieron pensar que eso estaba muy bien y que en realidad cuando estamos delante de una clase de cincuenta alumnos donde nos sentimos loroparlador porque nadie responde a las cuestiones que a la sazón planteamos, porque hacen putocaso o donde sabemos positivamente que los estudiantes no se están enterando de nada (tanto peor) porque están dispersos, pues que no importa, que no pasa nada, no hay que frustrarse si ningún objetivo o finalidad se cumple. Yo prefiero como Marina los Nenuco Escuela, porque así practico y doy rienda suelta a mi conocimiento, a mi oralidad y mi práctica hedonista y creo que no me debería importar tanto si los estudiantes en verdad se han enterado de lo que yo digo, porque en realidad adoro monologar, adoro el discurso casi casi solitario y me gusta mucho la profesión, se debe disfrutar contando cosas, solemos decir los de filosofía. Quizás, eso sí, si estudiaran un poco y no quisieran una vida tan fácil se enterarían mejor y pasaríamos del monólogo al diálogo, pero en fin, ¡no se puede tener todo en la vida! ¡Viva los Nenuco Escuela! Muñecos muy ricos, que nos permiten ir y venir con la infancia y la vida de adulto. Ah! Y gracias, Marina, tú si que eres y serás, sabia.





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