lunes, 4 de enero de 2010

Malos muy tontos



El tiempo pasa para todos y llevo con los años comprobando cómo la gente cambia y terminas por no entender nada de lo que pasa a tu alrededor. No es grave. Ya he visto a muchos de mis colegas volverse majaras o majaos para nada, prentendiendo hacer daño o “putear” –como corrientemente se dice- a la gente, pa ná, quiero decir sin estilo ninguno, muy tontamente y sin llegar a ninguna parte. Solo se queda en hacer el ridículo. Todo comienza cuando estás en el cole, que estás más pendiente de las notas del que tienes al lado que de procurar mejorar las tuyas propias. Triste. Eso es el maldito afán por competir que desde pequeños nos inculcan a todos, bueno, a mi, no. ¿Y a qué no lleva tanto afán por competir? A olvidarnos de nosotros mismos y a pensar –mal pensado claro- en lo que hacen los otros y a criticar como deporte nacional –en esto me ahorro las comunidades y su padre- la envidia es lo único común de todo el territorio peninsular, se hable vasco, catalán, gallego, madrileño, valenciano, andalúz o suajili ¡releche!


Ahí viene el tema: ¿cómo practicar ese deporte nacional sin llegar a nada en la vida?

La vanidad, el poder y la lucha por ellos, debe ser defendida con estilo y se debe ser alguien porque si no, es muy triste, pero mucho y da mucha pena. No hay nada peor que la mediocridad en el ser humano, que es prima hermana de la ingratitud. A mi, me gustaría ver un malo de frente y que venga a por mi con todas las de la ley, consciente al menos de que yo le haya hecho algo, un auténtico malo, pero de los de verdad, ¡hombre pero qué dice esta tía! –se dirá. Que venga, por ejemplo, un rey harto de que sea republicana y de que lo proclame...en fin, cosas así. Me estoy entrenando para ver si me topo o no me topo con alguien que dé la cara ¡sí señor! Los mediocres nunca la dan.



Es que todo lo que veo últimamente no tiene nada de nivel, son personajes de caca, de poquita cosa, gentes muy envidiosas, pelusones y pelusonas (esta voz sí tiene femenino) que no tienen talento ninguno para ser malos ¡qué rabia! y van y se hacen mezquinos, trapisondas, capulletes, de esos que no miran de frente ni por recomendación del médico, pues de esos, y ¡así vamos! mal, muy mal. Conozco uno que es malo, malo, inteligente, académico que tiene poder, pero claro, es amigo. ¡Rediós! Y prefiero que lo siga siendo.



Hombres y mujeres malgastan su tiempo en poner zancadillas al otro o a la otra sin ton ni son, en lugar de centrarse en lo que ellos mismos pueden llegar a ser o a hacer, centrarse en el potencial de su mente y claro como en realidad pierden más tiempo en ver lo del otro –por lo de la competitividad- su frustración crece cada día y con ello sus ganas de hacer faenas desagradables. Hablo en tono suave porque este blog lo leen muchos adolescentes y yo soy muy puritana para ciertos conceptos. El conjunto es muy triste: alguien A con un potencial como el de cualquiera pierde su tiempo en ver e impedir el potencial del otro B sin poder parar lo que hace, con lo cuál el potencial del primero A queda inerte y frustrado sin poder evitar el desarrollo y potencia que adquiere el de su vecino B. Convencido B de que no hace ningún mal a nadie porque no para de trabajar se hace un poquillo orgulloso cosa lógica porque se lo curra, pero B sí hace daño a alguien aunque no lo hace directamente, el hombre es su propio verdugo y la pereza es su arma mortal. Una vez que A ha contemplado como el vecino B ha progresado y A no tiene cómo justificar su incapacidad e inutilidad supina ¿qué sucede? Pues le viene toda suerte de negatividad, A se vuelve negativo y al tiempo un negao, negando todo, empezando por negarse a si mismo como si no fuera capaz de hacer lo mismo, simplemente no lo quieres hacer, por que no te da la real gana, no quieres trabajar, no quieres desarrollar tu voluntad y tienes que justificarete como sea y por ello te vuelves así, mezquino y mediocre, triste muy triste. La mente, el hombre no es consciente de su potencial, no sabe lo que es capaz de generar el desarrollo de su mente, y los tiempos de hoy con esta sociedad que nos han dado hecha y de la que nadie parece estar dispuesto a cambiar nada, de lo que se han encargado es de eliminar el conocimiento, la sapiencia o la idea de que tenemos una mente poderosa, que la podemos desarrollar y que ésta nos puede llevar a dónde queramos, porque el individuo no existe. La sociedad presente nos lleva a un mundo absurdo y procura que no pensemos nunca en nuestro interior, en esa mente bestial, sino que nos entretengamos con cualquier cosa que el tiempo pase por nosotros como si nada y que nos fijemos mucho en lo que hace nuestro vecino para desarrollar las pequeñas vanidades, esas que impiden sistemáticamente nuestro crecimiento.





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