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Numerazo en la Apoteke


¿Qué hacemos cuando tenemos que explicar en una farmacia un problema en otro idioma? He estado la semana pasada en Alemania, en Düsseldorf y yo no sé hablar alemán, pero me vi en la necesidad imperiosa de entrar para comprar algunas cosas que no sabía como se llamaban en el idioma teutón. Hay un juego muy popular que se trata de dramatizar películas delante de otras personas para que adivinen el título de éstas, no sé cómo se llama, pero, si lo llego a saber, lo practico más. Entro en la Apoteke como guerrillero ninja que ha dado ultimatum a sus víctimas, es decir, a tumba abierta. Dispuesta yo a explicarle a la señora que mi hijo tenía picores en la cabeza pero que no tenía piojos, solo picazón, osea como nerviosismo en el cuero cabelludo, como histeria cerebral que la critatura lo transmite mediante “rascón” y consiguiente sangrado de ciertas partes de su delicada piel del mal llamado cuero cabelludo. Yo accionaba con ambas manos en mi cabeza y ella me enseñaba champús y champúes que por los dibujitos eran para piojos, y yo que no, que no tenemos piojos, tenemos nervios, muchos nervios señora, stress o exceso de inteligencia que mi hijo somatiza así con ambas manos accionando sobre su cabeza y destrozando la misma. Después la mujer –habiéndome mirado como a una loca, viniene siendo normal y lo llevo muy bien- fue a buscar un champú que por lo que pude entender era para caspa, yo le accionaba como si cayeran cosas de la cabeza y al tiempo le decía que no, que no nos caían cosas de la cabeza, que eso es caspa, lo que tienen los que yo defino como tíos aburridos, egoístas, egocéntricos, plastas, trepas...y que se visten de negro por que ahí se ve mucho la caspa, un casposo puede ser uno de mis colegas escritores, perfectamente. Una vez comprendido la dama que nuestra cabeza tampoco era un árbol de navidad, que no le caen cosas, que no tiene piojos, pero que pica mogollón...ahí te las den todas, yo gritando irriteision, irriteision, cada vez con más potencia, -en las películas se hace mucho- la veo pensativa y como en éxtasis total. Vale. La farmacéutica al ver que entraba yo en fase de histeria, que me rasco que me rasco, trajo por fin, un champú para irritaciones capilares, ¡albricias!




Después vino lo de explicar que tenemos mi niño y yo excemas, la roncha de sequedadextendida por el frío de toda la vida, que con el frío se agraba, pues esa. Teóricamente cualquier crema hidratante te ayuda, solo que esto no es siempre así. Tampoco sirve igual una crema a un niño que a su mamá-foca. No cualquier crema sirve para las irritaciones de la piel, y además de eso, resulta que son carísimas por lo tanto además de dejarte el bolsillo si compras una crema que no es adecuada ¡estás apañao! Después de haber accionado bastante con mi cabeza de un lado a otro, ahora parece que pesa, ahora hago como que estalla, ahora acciono con el cuello como una tortuga del oeste y le digo dulor, dulor, en catalán ¿porqué? No lo sé, pero se lo dije en catalán, pues la mujer ha entendido que tenía enorme dolor de cabeza y que lo que quería era de paracetamol para arriba. Trae paracetamol y sus variantes, las cojo todas por lo que pueda pasar. Trae varias cremas, todas caras, cojo dos, una para niños –por el dibujito- otra para ella, mamá-foca para hidrateision, todo caro, pero alemán, osea, un marchamo seguro de calidad. Ya lo veremos.




Pedir crema y desodorante de pies, fue pan comido, quitarme los zapatos fue todo uno para que la mujer saliera corriendo como una exhalación, al verme allí toda bien vestida pero desaliñada, claro, el sombrero por el suelo -por lo de los pelos y la picazón- el abrigo tirado, los guantes igual, el niño desesperado...botas y calcetines de través... Llegó muy contenta con todo lo necesario, marca Dr. Sholl, claro. Acabó la cosa dejándome caer en el mostrador a golpe limpio para que comprendiera que me gustaría dormir y que no puedo cuando cambio de país. Esa estuvo genial, se estiró recomendándome unas pastillas –que seguro eran de leche de burra- y se quedó tan ancha. Un total de 210 euros de nada despellejaron mi maltrecho bolsillo, no me regaló ni unas gominolas como hace Rosa la de la farmacia de la esquina, que cutre la tía, pero salí muy contenta, pero que muy contenta de mi interpretación, haciéndome entender en alemán, al mismo tiempo sanar a mi hijo que casi se desholla las meninges. Es que los alemanes son unos fenómenos y tienen de tó en las farmacias y los españoles cuando entramos en sus establecimientos farmacéuticos interpretando mucho más. La maniobra duró dos horas.



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