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Secuelas navideñas, Uff!


Horroroso, socoooorroooo!, que me lleven bajo tierra! Te grita el espejo despiadadamente y sin ninguna compasión a esa cara absurda matutina de querer reencontrarse contigo misma, hoy, esta mañana, como todos los días y sin llegar a encontrarte, claro está. Y se preguntarán mis lectores ¿por qué? No es ficción. Ficción es mi perro Fusa (Double Croche en francés) donde mis lectores piensan que es un mastín, cuando en realidad es un Yorkshire Terrier pero Toy, osea, que no llega a dos kilos, sin embargo yo hago creer a mis lectores que tengo un mastín. Bien, hoy no me refiero a ese tipo de ficciones.

Algo de positivo sí encuentro en esta acción de mirarse en el espejo por las mañanas: por lo menos te ves. Con el tiempo puedes dejar de verte y eso es bastante más grave. Los escritores somos míticos con el miedo a la ceguera.
Mientras uno se ve en espera de dejar de verse, lo que ve es terrible. Empiezo: ojeras, bolsas, granos, mal color y a ronchas, manchas, el bigote, el entrecejo, las cejas –todo ello en penosas condiciones- . El pelo, pues según como lo lleves, si es teñido, pues con tremenda raya que pide alaridos ser teñida de nuevo, si llevas mechas a estas alturas piden también ser renovadas porque te recuerdo que te las hiciste para las fiestas de cena y tal con los compañeros, es decir, hacia primeros de diciembre, de modo que ahora...Criminal. Caspa, grasa, sequedad...puntas abiertas...son otras características típicas de estos momentos estacionarios, chungos por excelencia, donde el frío, las relaciones sociales y familiares, las fiestas y sobre todo, sobre todo que te has puesto como una cerda a comer sin compasión, pues llegamos a la situación lamentable que nos ocupa.



No vamos a decir que hemos pasado de hechicera a bruja –que seguro- ni tampoco que nos haya cambiado el metabolismo y convertido en la mujer-elefante –que alomejor-. Lo más normal es convertirse en mujer cacahuete, eso fijo, es decir, llena de bultos. Y eso mosquea bastante. Es esa alternancia que va de los 5 a los 8 o 10 kilos de más, que son lo peor, ¿y ahora qué hago? Con esto de ser feliz y comerme turrón, polvorones, chocolate, cordero, tardes de vacaciones viendo pelis con patatas cargadas de mayonesa...en fin, que todas estas vacaciones te has pasado de la raya, y ahora viene el crujir de dientes y el horror más absoluto. Pues sí que sí. Estos dos meses que me esperan será el calvario auténtico o no lo serán porque no pienso hacer dieta alguna y voy a aprovechar los finde para seguir perpetuando mi particular fase y en este momento imprescindible de alimentar mi edonismo particular en todas sus variantes. El placer gastronómico, también lo es, ver pelis, escuchar música...voy a dedicar estos finde invernales a perpetuar –por qué no- el espíritu navideño de ser muy feliz y dar rienda suelta a estos placeres. Claro, que los hay que estas cosas –incluído haberse puesto como una foca-fea no les importa nada. La frase mortal: en Haití sí que lo están pasando mal y ya me he dado el estacazo a mi misma por absurda e imbécil.




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