viernes, 22 de enero de 2010

Terrorífico desayuno sin diamantes



Hoy, nada de alegrías, hoy desde que me he levantado ha sido un día de esos que comienzas tropezándote con la alfombra nada mas bajarte de la cama, destrozándote el dedo del pie...y a partir de ahí toda una catástrofe de acontecimientos se han desarrollado como un sunami. La primera cosa después del tropezón ha sido golpearme con la puerta del baño –y es que estoy muy cansada y eran las 6 y cuarto-, ayer después del aviso del jefe de departamento de querer cambiar mis horarios de clases ya creo que no di pie con bola, osea, me acosté mal y por consiguiente la levantada, peor. Después del tortazo con la puerta de la toilette, obvié por completo mirarme al espejo porque para qué, para que se escucharan los aullidos desde el otro lado del bosque...no es cuestión. Una vez sentada en la toilette, casi me la pego porque estaba rota, ¡vaya por Dios! Alguien se ha cargado la tabla del water con lo güay que era en madera antigua, y encima no lo dicen, pellizquito en la entrepierna...en fin, salgo a escape arrastrándome como puedo pues hoy toca migraña y neuralgia fibromiálgica hacia la cocina donde felizmente ya estaba programada la cafetera y por lo tanto el café recién hecho. Esto me encanta, porque ciertas maniobras en alguien hipotenso como yo por las mañanas es horroroso porque no doy una y todo lo hago mal, vamos no puedo ni hablar, ni cruzarme con nadie.


Bien, cojo la misma taza de todos los días –esto ahora me encanta y no puedo vivir sin estos hábitos rutinarios-, me dispongo a ponerla en el microondas, ese aparato que debe ser contraproducente –fijo- pero que al final lo tienes para calentar la leche hartos todos de que se te salga la leche todos los días del convencional cacharro al fuego. ¿Qué sucede? Pues que el microondas es un asesino, es decir, agrede directamente al ser humano, punto. Vas a coger la taza pensando que la leche está a punto con ese minuto cincuenta que le das cada día, y cada día pasa algo nuevo, y hoy, es ese día en que no se calienta la leche pero sí y mucho la taza. Coges la taza y ¡ostras pedrín! –Ahhhhhhhhhhhhh, que me abraso los dedos. Quieres culpar a alguien –como solemos hacer los seres humanos cuando algo no nos sale bien- pero no puedes culpar a nadie: ha sido la máquina asesina. Finalmente el café,un destrozo, la leche tibia y al añadirle el café ha quedado una mezcla más templada todavía, justo ese término medio que yo destesto, porque ante todo soy una mujer péndulo: o me tomo el café hirviendo de pelarme la boca que ya está como suela por la costumbre, o si no me lo tomo como un sorbete, pero eso de que esté templadito...puedo coger la taza con el café incluido y estrellarla contra la pared. Pura histeria, razonable a todas luces o no? Si es que yo soy feliz con poco, con poco.



Pones el croissant en el tostador ya con la taquicardia puesta y los pelos erizados después de la convulsión sufrida y el inpacto por el maldito micro, cuando ves con tus propios ojos que hoy te quedas sin croissant porque se acaba de achicharrar, dejando una peste por toda la cocina incluído tu pelo que te lo has lavado ayer para estar mona en la Facultad, y te has quedado sin croissant. Bien, no tiene por qué pasar nada porque no es grave. Nada de estas cosas serían graves si nuestro carácter lo sufriera de otra manera, probablemente. Probablemente imposible porque si no estaríamos muertos, yo por lo menos. Resumen, hoy, día previsto de escritura para mí desde la mañana, he empezado con muy mala leche, porque esa rutina mañanera que me es imprescindible realizar para sentir que sigo siendo la misma, ha comenzado muy mal, con fuerte oposición por los propios elementos, han sido los elementos, son ellos. Después hemos seguido con que el fregadero está atascado de una manera sensacional, el lavaplatos se sale...en fin, dan ganas de salir huyendo. Después me he acordado de la peli Desayuno con Diamantes y bueno....qué quereis que os diga. Poco glamour tenemos hoy pero es que la vida es así, unos días compensan a otros, a cambio he tenido muy buenas noticias de mi agente literario. Audry, Audry querida amiga...


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