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Blog, escritura y copiotas


Esto de los blog es una novelería a la que confieso que yo me he apuntado pero igualmente confieso que no sé cuánto tiempo me va a durar, supongo que conociéndome, no mucho, llevo tres meses y ya me parece mucho aguantar con tanta fidelidad con lo infiel y pilinguilla que soy yo para estas cosas literarias. Y es que como dice mi agente, en el blog nunca pongo lo bueno que no sé muy bien lo que quiere decir o no sé muy bien a qué se refiere. Simplemente el blog es al escritor, la columna del periódico, el lugar donde practicar o ver cómo quedan determinados textos o líneas, ensayar cosas, que luego cambias, y retocas y retocas porque no están corregidos la mayoría de las veces, yo al menos no corrigo nada, salen las cosas del tirón, con espontaneidad y frescura y un muy poco de erudición. Un juego de escritor como otro cualquiera, pero si se mira bien, peligroso. Los que somos de pluma fácil, es al mismo tiempo –y usando la redundancia- reconocer fácilmente nuestro propio estilo en los textos de otro y puede que no nos importe por que la vida es larga, lo es mucho y habrá tiempo de encontrarse, sin duda. Pero luego están los de la Esgae que ya tocan las narices a todo el mundo y no defienden nada más que a los del canturreo pa pagá y pagá. Harta estoy señor mío de que fotocopien mis textos, bueno, de hecho hasta los profesores –cutres como ellos solos, los más cutres de todos- son los que más fotocopian –por ejemplo de la revista que yo dirijo- los artículos que les interesan en lugar de comprar la revista y colaborar con la causa. Si eso hacen los profesores, qué no harán los alumnos, porque en otros casos so escusa de que el libro está descatalogado Ancha es Castilla a fundir la máquina de fotocopiar con las moneditas y a por ellos sin por eso mismo buscar al autor que se ha dejado los cuernos para darle unas pesetillas. A mi, no me las han dado por las veces que han fotocopiado mi edición de Realidad, que estoy por reeditarla a ver si me cunde ¡leche!, pero no, la peña prefiere fotocopiar, les pone más, por lo visto.

La propiedad intelectual para estas cosas es poco menos que absurda porque es muy difícil con el copia y pega demostrar donde está el copieteo y demás, donde el trinqueo de bibliografía y de fuentes de investigación, dónde te han trincao el estilo...etcétera...aunque yo y mi estilo -la burra delante- lo sé demostrar y sé demostrar cuando me han copiado perfectamente porque para eso soy filológa y no periodista y me conozco la técnica y los intríngulis y me parto de ver -por ejemplo en materia de crítica literaria- cómo se copian los unos a los otros, triste, muy triste. Ser periodista no implica necesariamente ser escritor, ser filólogo quizás tampoco, pero alomejor sí implica controlar algo de la lengua, alomejor algo de la tuya y de la que cobardemente algunos ejercitan como copiadores o como yo les llamo copiotas que es más chungo. Decían en la Facultad que el periodista describía la taza de café y el escritor tenía que hacerte sentir cómo olía el café y trasladarte a algún lugar. Bueno, hoy estas cosas son muy cansinas, pero en fin. Ser filólogo tampoco implica ser crítico, ni para ser crítico se deben tener estudios, para ser escritor tampoco, tampoco hacen falta para hacer un buen reportaje –que es la función del periodista- ni de estudios se rellenan los documentales aunque yo creo que un poco sí, también hay que saber algo para escribir un ensayo, o para en mitad de una comedia intercalar un comentario filosófico de conocimiento no trincado del libro de frases célebres, también hay que saber algo para reconocer todos esos casos y quesos, el fullero, del copiota, del sabio y de la sabia y de su puta madre, también de la esgae que solo piensan en ellos -en la cantistorra de los cojones y en que paguemos por tó- y muy poco en los que tienen y tenemos talento y todavía no ha llegado nuestra hora de que vengan –aunque vendrán- a hacernos la pelota y a rogarnos a que escribamos en sus páginas y por eso en definitiva escribimos en blog, por necesidad. Eh! que sí, que he dicho que no aunque pagaban bien el otro día, pero no me molaba nada escribir en la revista que me proponían, y se acabó. Si lo cuento es porque alomehó me estoy arrepintiendo, que voy de lista muchas veces, pero es que el Director de esa revista iba más de listo todavía, ¡hombre! Ser escritor es entre otras muchas cosas, una necesidad vital para la que generalmente se nace, se viene a dar el coñazo y a cabrear y a hacer pensar y a hacer reflexionar con el arma más dura y demoledora de todas: la pluma.

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