miércoles, 3 de febrero de 2010

Cosas de médicos y el intrusismo mediático salvaje

La política y los galenos no se deben mezclar nunca, esto ya lo he dicho en otras ocasiones aunque mi voz no es nada, claro. como la mayoría de las voces que se pronuncian sin más ante una injusticia, ahora en España esto no sirve para nada. Y es que la canalla es cruel, y lo es mucho, sobre todo cuando se deja llevar por las voces ignorantes o malintencionadas. Me refiero al caso polémico cuanto menos del Doctor Muerte y que ahora ya nadie se acuerda hasta que les de por otro. La gente se toma unas licencias con los asuntos médicos que espanta, ¡qué país de listos, cualquiera puede opinar! Lo cierto es que en España la cuestión de los galenos esta muy diversificada, los médicos que son buenos lo son de verdad, la envidia del barrio, y los que no lo son –que también hay muchos- parece que son la cátedra de la sabiduría, pero son muy malos y carniceros. El resumen es que el usuario o pobre paciente no sabe a qué carta atenerse, está despistado y esto le lleva a cometer las mayores atrocidades.
Y es que nos pongamos como nos pongamos de algo hay que morir y todos ricos y pobres tendremos nuestro definitivo momento. De esto parece que nadie es consciente. Son pocas –por otra parte- las noticias de los logros por parte de los médicos, que son muchos y arriesgados, no, de eso no hablamos o hablamos poco. Es como cuando le pedimos cuentas a Dios de las desgracias que vemos a nuestro alrededor sin apercibirnos nunca de la cantidad de cosas buenas y de milagros que se suceden cada día. Tanto peor. Las noticias lo único que nos comunican sin cesar son las así llamadas negligencias médicas. No digo que no las haya, claro que las hay y muchas, como ya he dicho se hace difícil poder reconocer el buen médico del regular. Por ejemplo aquí en Francia toda la culpa es del stress, te pase lo que te pase, con lo que te dan gana de darle un garrotazo al especialista y salir cual SS de su consulta habiéndole demostrado que no, que no es un Dios y que cuando tiene delante de si, un caso dificil: hay que currar.
Es verdad que esto está directamente relacionado con las especialidades, quiero decir que un cirujano de corazón si resulta ser un carnicero no ejercería tan santa y arriesgada profesión, sin embargo un oftalmólogo privado que utiliza el laser lagic sin ton ni son con la posibilidad de obtener sustanciales ganancias; o un médico de estética o un dermatólogo, nos puede hacer dudar –seguro- de su honestidad, por no incluir las medicinas alternativas que se lucran ferozmente del pobre creyente sin que nadie les diga nada. Estos son la caña.
El caso del Doctor Muerte y su equipo –recuerdo ahora porque nadie habla de ellos- fue dura, como si todos conociéramos lo que hay que hacer con los enfermos terminales y las decisiones que hay que tomar al respecto. Los médicos por lo general pueden llegar a tener conversaciones en exclusiva con sus pacientes sin que los familiares se enteren y muchos en el lecho de muerte pronuncian el patético: doctor por favor, ayúdeme. He visto con mis propios ojos el horror de la muerte en los enfermos de fase terminal, en los que no hay posibilidad de salvación, ni milagro que los ampare. Y todos en su mayoría piden a gritos ser ayudados a morir incluyendo en esto a los más reticentes a la medicina tradicional. No se puede morir con dolor, morir debe ser un trance dulce si se puede, al igual que nacer. Los hay que nacen traumáticamente incluso su trauma les dura toda la vida, pero lo ideal no sería eso. Por la misma razón que se ayuda a paliar el sufrimiento con anestesias para los alumbramientos, con aparatajes, con medicinas preventivas que lo programan todo como si ello nos librase de las desgracias de la vida, en fin, por la misma razón deberíamos tener, saber un plan para mitigar el ahogo de la muerte, sin horrores.

La política, la ambición por el dinero, la envidia actúa en ocasiones deliberadamente como en este caso de los médicos de Leganés donde sus vidas fueron arrasadas por la canalla mas despiadada. Quisieron literalmente lincharlos acusándolos de matar a cuatrocientes pacientes, nada más y nada menos. Ya me gustaría ver cómo mueren estos que tanto protestan, si yo fuera médico tendría una lista de non gratos y cuando llegaran desesperados a las consultas les diría: aguante usted como un machote que yo me voy a tomar café que es mi hora libre. ¡Es la hora del bocadillo, majete! ¡no es por no ir! El pueblo, envenenado por los políticos considera ahora un delito de cárcel acatar las leyes de la medicina, quiere decir esto, evitar el sufrimiento humano y donde antes han sido santos ahora son asesinos.

La prensa se ha explayado con este caso y ha ido a muerte dando opinión, voz y voto a la enorme caterva de ignorantes del país incluidos los políticos acusando escarnecidamente a los médicos de mala praxis. ¡qué listos somos en España! ¡Cómo sabemos de medicina, cómo sabemos del sufrimiento humano sobre todo cuando puede haber intereses o dinero de por medio!¡Con un par de pelés!

Para valorar la mala o buena praxis de unos profesionales que como mínimo están seis años en una Universidad, los especialistas doce, no hace falta nada más que osadía. Cuando vamos al médico enseguida valoramos su actuación: me ha visto en dos minutos, no me ha hecho caso, no tiene ni idea, me ha cobrado un dineral, no tiene ni zorra, tengo que ir a otro porque lo que me ha dicho no me convence…estas son las expresiones habituales a la salida de las consultas. Cuando nos dicen algo que va en contra de nuestros hábitos y costumbres entonces cuestionamos el mundo entero. La mayoría de las veces nos recetan medicamentos –algunos médicos ya sé que lo hacen por deporte- y después a solas, como si fuésemos sabios nos leemos en nuestra casa los prospectos que vienen dentro del envase y ¡ya está! Decidimos que tiene muchos efectos secundarios, que es muy fuerte… decidimos porque somos más listos que nadie no tomar esas medicinas. La caja –generalmente subvencionada por el Estado- se queda desmayada junto a otras muchas más, haciendo pandilla en el armarito de las medicinas y por lo tanto robando a nuestro país y de paso a todos los ciudadanos que lo ocupan.
Como digo, los del equipo siniestro del Leganés que no es precisamente de fútbol y que ahora hemos pasado página, fue -recuerdo- denigrado por la prensa como si fuesen asesinos a sueldo, como si a un médico le encantara que se murieran sus pacientes, como si a un médico le encantara matar. No señor, un médico debe hacer lo imposible por evitar el sufrimiento del género humano. Así se ha juzgado a aquellos que han ayudado a evitar tener terribles dolores a la hora de morir. Los familiares como lobos ante la posibilidad de escándalo, de denigrar, de hacer daño o de tener dinero, han ido a muerte y ahora una vez perdido el caso, pronunciándose la justicia a favor de los galenos, yo los ficharía y me negaría a atenderlos en los hospitales así vinieran dando alaridos. En efecto, pondría una marca en sus expedientes para que no fueran atendidos en las consultas jamás. Esto sabemos tristemente que no se puede hacer aunque se lo merezcan.


Es cierto que la profesión médica ha bajado en consideración social gracias a algunos de los inútiles que sin vergüenza ninguna han jugado con la salud de los desalmados. Qué poco nos alegramos de las miles de almas que son salvadas gracias al estudio y al trabajo de clínicos, qué pocas gracias damos cuando nos preservan de la enfermedad, cuando salvan nuestras vidas y las de nuestros hijos y vecinos. La gente, prefiere los casos truculentos, los que mueren en las anestesias sin saber por qué, las muertes súbitas, las negligencias claras, y se recrean en ello y no piensa de forma positiva, ¡nos encantan las desgracias! Ahora quién se entregará con confianza en un hospital?


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