miércoles, 10 de febrero de 2010

¡Qué malo es ser bueno!

Han llegado a las 7 horas como cada mañana a mi correo las noticias –terroríficas la mayoría de las veces- pero me confieso acostumbrada a ellas, uno, verdad, aprende a sufrir en silencio el dolor humano en unos casos y la estupidez supina cuando se trata de política en otros. Dejo aparte las inútiles y vacías noticias culturales, como caso clínico las de sociedad y caso verdaderamente aparte las de Deporte, estas son, para alucinar, pertenecen en verdad a otro mundo.
Hoy, no obstante, me he sentido mal ante la noticia de los ancianos abrasados en la mierda de residencia sevillana y me ha vuelto a la cabeza una vez más la casa de los horrores que siempre me han parecido las residencias de ancianos, aquí en Francia, Maison de Retraite. Y puedo hablar con criterio, porque si hay algunas en España que merezcan la pena, las gestiona un familiar mío, premiado como empresario del año en alguna ocasión, precisamente por poner cierto cariño o amor en su gestión en temas de geriátricos. Y es que también se puede poner amor en el trabajo aunque sea un negocio y esto es lícito y en general las cosas quedan mejor hechas, con mayor dignidad, como debe ser.
Lo que no entiendo muy bien, -y es que por Andalucía todavía prima el compadreo a cada esquina- es porqué en el resto del país o del territorio, me da igual como se quiera llamar te exigen lo que no está en los Escritos para abrir o adaptar cualquier lugar para Residencia y en otros lugares se hace lo que les da la gana como asesinos a sueldo. Una Residencia en condiciones debe tener absolutamente de todo, con sus consiguientes barreras antipánico, distancias entre las puertas, barras por todas las paredes, salidas de emergencia por cada lugar y lo que uno no se puede llegar ni a imaginar porque si lo lees te dedicas a vender pipas que es menos comprometido, y digo bien, cómo es posible que tengan ancianos inmovilizados en lo que aparecía por lo que hemos podido ver en las noticias como un edificio de tres plantas donde no han podido ni siquiera rescatar a esas pobres personas, enfermas y mayores. De estas cosas no se habla porque siempre que se habla es para hablar de fraude, de crimen, de gente que abusa, de asesinos y de gente que pagará, sin duda, lo que hace. Esto no se puede aguantar. Tampoco interesa al gobierno nada de esto porque claro, las residencias son caras, lo son y mucho, son para unos pocos, y por lo que se ve los que ahora dirigen el país nunca van a necesitar nada, o se conoce que tienen familias a la antigua que se van a ocupar de ellos como se ha hecho toda la vida. Yo creo que todo el mundo tiene derecho a ser tratado muy bien cuando estás en el final de tus días y no tienes a nadie que se ocupe de ti o lo tienes pero no pueden o no quieren, y resulta que con qué pensión se hace eso? Como solo fomentamos un mundo de machotes y machotas mas sanos que la hostia pues se ve que ninguno de los dirigentes necesitarán ayuda, y además van a vivir mogollón de años por lo que parece. A mi, me da pena, me produce una tristeza muy grande ese mundo de guardería ancianil y me preocupa este futuro que nadie contempla même si yo estoy en una situación privilegiada.
En estos días que trabajo con mis alumnos y que les invito a pensar sobre el paso del tiempo, la madurez, la vejez y la sociedad en una novela de Galdós llamada El abuelo, recuerdo una frase de uno de los personajes más logrados y más entrañables del mundo galdosiano Pío Coronado, cuando está al borde del suicidio, desesperado de ver cómo su familia no le cuida y solo quieren de él su herencia, y cómo le maltratan y le dan de lado, y se siente solo, él que ha sido un sabio, y cómo se repudia a si mismo por no tener coraje ni valentía para echar de su lado a tanta ralea. La frase decía despreciándose a si mismo: qué malo es ser bueno. Y cuánta razón tenía este hombre bueno que no tenía el valor de batallar contra la ingratitud que es lo más despreciable del ser humano.
Hoy siento una pena terrible también de las sociedades avanzadas y de lo solos que están los seres humanos, así, en un día cualquiera en los que las llamas te alcanzan sin que nadie llegue a tiempo de socorrerte porque tu tampoco puedes hacer nada por ti mismo. 
Y es que los ancianos, dicen que tienen muy mala leche y es razonable porque muchos son niños, jóvenes, encerrados en cuerpos que no les responden y eso cabrea a cualquiera, pero, descuida, que a todos nos llegará la hora, y más de uno diremos para nuestros adentros: qué malo es ser bueno. 
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