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Seguimos con el intelecto y con el papeo. Capitulo II

Esta semana comienzan las clases en la Universidad francesa después de las vacaciones y comienzan graciosamente. Hay que decir que he estado por ahí, entre otras cosas, con Elvis. Se me había olvidado que tengo una cita muy especial con mis alumnos, esta semana que entra, los cuales han decidido hacer una clase más larga con recuperación incluida y picnic también incluido. En dicha clase se hablará de muchas cosas, y se expondrán muchas cosas como por ejemplo, quienes eran Ortega y Gasset –no eran dos hermanos- María Zambrano y Unamuno por un lado –la cosa va de tríos- y por otro qué representaron en la novela Emilia Pardo Bazán, Alas Clarín y Pérez Galdós, y más allá el dúo integrado por Picasso-Dali o Machado-Lorca. Algo de cultura y entre medias se saborean los porqués de la tortilla española, el gazpacho andaluz, la fabada asturiana, el chorizo, tradición y evolución de las tapas, situación del chiringuito español y demás zarandajas. Las ideas de Unamuno no están en absoluto lejos de la forma que tienen de entender la vida y sus costumbres los franceses de hoy, con la diferencia –claro está- de que el primero pertenece a una generación cien años anterior a ésta, pero su españolismo no está nada lejos del chauvinismo francés, pero nada nada. Al menos el escritor vasco tenía sus razones pertenecía a la mal llamada Generación del 98, a los que les habían dado un palo bestial, a una España donde había perdido todas sus colonias y si me apuras su identidad, razones había de buscar razones de existencia, valiendo la redundancia. Francia hoy, busca y quiere definir qué es ser francés. Ya daré noticia de este tema que tiene su aquel pero que es así, Sarkozy está definiéndolo o intentándolo para las nuevas generaciones por si acaso no se han enterado. ¡Válgame Dios! Lo dejaremos ahí para otro día y sigo.

Yo digo que si mientras se debate qué cerveza es la mejor si la San Miguel, Mahou cinco estrellas o la Coronita se puede hablar de Ortega, pues mejor que mejor, porque está muy bien imaginar qué cerveza hubiera preferido Lorca para determinadas ocasiones icluida la previa a ser fusilado. Este es un esfuerzo mental e imaginativo que solo lo podemos hacer los poetas. Punto. Está bien en cualquier caso hacer estas cosas, jugar con la imaginación y los sentidos pero poderlo hacer en la Universidad al tiempo que se aprende algo. Cosa rara en los días que corren porque uno aprende en su casa o en la biblioteca estudiando y está demostrado. Punto. Uno de mis alumnos expuso el tema hispánico por un lado y latino por otro de El chorizo y el Zorro estableciendo correspondencias, diferencias, relaciones, expansión por el mundo...y le quedó muy bien. No nos aburrimos, que ya es un paso de gigante en la Universidad. ¿Cuándo se habla mejor en público con el estómago lleno o vacío? Por qué cuando uno tiene que discursar no tiene delante unas aceitunas rellenas de anchoa o unos canapés de foie-gras? –dice uno. Supongo que porque entonces pasaría de todo y no discursaría, -dice otro. O haría ruiditos al hablar y por lo tanto sería irreverente pues es una falta de respeto por parte del orador hacia el público, -dice el de más allá. Bueno, supongo que lo que más me interesa es aclarar las cosas –si lo puedo hacer jalándome un bocata mejor- iluminar la verdad de hábitos y costumbres para que nadie confunda los asuntos culturales y no piense ni que los españoles estamos bebiendo todo el día sangría –probablemente no la bebemos nunca- ni que hacemos la siesta sistemáticamente en cualquier lugar, ni que solo matamos toros, o que vamos con la peineta puesta las veinticuatro. Hay que enseñar además que también tenemos filósofos y pensadores aunque sean del siglo XX y por supuesto grandes escritores, poetas y artistas.

Por la misma razón que no todos los franceses –bueno eso sí- van con la baguette de pan en la mano, no es un ejemplo por que sí van con la baguette de pan en la mano, pero quizás no todos son tan estirados como parecen, ni tan chauvinistas, ni tan avaros, ni todos se creen el centro del mundo, ni todos se creen por encima del bien y del mal. No. Por eso la enseñanza de la cultura del hispanismo, del español –en este caso- debe abarcar además usos y costumbres de los ciudadanos, porque aunque –en este caso hablando de Francia y España- seamos vecinos, somos sociedades muy diferentes. Lo somos además en la literatura igualmente, siempre lo hemos sido a través de los tiempos porque nos hemos dado de puñetazos a base de bien y siempre lo seremos, pero eso no quiere decir que las culturas no se entrelacen e intercambien en sus afaires más pequeños, influyendo unos en otros, procurándose de esta manera mayor evolución y progreso. Así debe ser. Y yo, com o profesora exiliada prácticamente en Francia como estoy me gusta aclarar a mis alumnos por qué Galdós escribió Misericordia y por qué Unamuno quería españolizar al mundo entero entre otras cosas, claro, al tiempo que observo sus reacciones cuando se llevan a la boca la tan traída y llevada tortilla de patata, con pinchitos de chorizo, gazpacho y olé. Después tendrán que hacer un examen, no de los sabores del gazpacho en paladar de gourmet francés –que tampoco sería ninguna tontería- sino de las razones que tenía Galdós para denunciar la mendicidad, cómo era aquella sociedad madrileña o mejor dicho española, que socorría de mala manera a los mendigos en lugar de enseñarles y obligarles a trabajar, con sus calles en orden social –que hoy siguen- y su multitud de personalidades retratadas que también hoy siguen. También se examinarán sobre la huella de Ortega en algunos intelectuales y políticos, o por qué se fue María Zambrano -tela- y algunas cosas más, que para ser estudiantes extranjeros, no está mal, ya saben más que muchos españoles de los que me encuentro a mansalva. Espero que además de pasarlo bien y compartir cultura a la hora de corregir exámenes los papeles no exhalen regüeldos choriceros.
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