viernes, 19 de marzo de 2010

La maltrecha vida de los cuarentones. Otra vez el kine. Vida piscinil.

Como ya no aguanto más los dolores que me producen mis articulaciones y demás lesiones propias del sedentarismo artrósico al que la profesión de escritor-profesor-investigador le somete a uno, pues decido tener otras nuevas sesiones y citas con el fisio o kine. Ya he hablado de estos encuentros en otras partes pero ahora vuelvo a hacerlo. Si acaso los fisios son los que algo –poco- se acercan a una mejoría hipotética que no real del problema, más si acaso que los neurólogos –obsesionados por los tratamientos salvajes medicamentosos y de infiltraciones para zumbao mental- y más que los traumatólogos –entrenados más que nada para descuartizar a una vaca en la encimera de su cocina que para otra cosa- y claro por ahí no vamos a pasar, al menos de momento. Como no se ponen de acuerdo los unos con los otros y cada cual barre para adentro sin llegar a solucionarme nada desde hace quince años que venimos padeciendo, pues nada, decido aplicar de alguna manera algun consejillo del echaopalante del fisio que por lo general va del listillo total sin siquiera ser médico pero alomejor con tanto lesionado como ve en su gabinete es hasta razonable escuchar su manera de ver al dolorido.


Y claro una de las frases que uno tiene que oír (aunque diciendo para sus adentros  la vasca “ahi va la hostia” o “Putain” como dirían los franceses) aquello de: usted tendría que abandonar la posición de ordenador y de trabajo en una mesa. Repito: “ahi va la hostia” osea que tengo que abandonar toda mi vida, lo que hago, toda yo. ¿Es que no hay otra solución cuando se tiene el cuello como yo? Porque claro si la solución que le dan a cualquiera hoy en día ante el dolor es que abandone todo y se dedique al dolce farniente, pues entonces no debería haber ni puta duro más para investigación. (Sí, he puesto puta duro sin concordancia porque tiene más efecto) No sirve de nada. Somos capaces de reproducir un niño de una bolsa de plástico pero no podemos curar el dolor nada mas que anulando a la persona o dandole chutes de morfina. Putain!
El fisio o kine –aquí en Francia se les llama kineterapeuta, únicos autorizados por la ley a masajear una zona dolorida o lesionada- te dice que al menos camines, o que hagas piscina. Esto siempre me lleva a pensar si quiere que construya una piscina o qué? Pero bueno, lo mejor es alejar mis ideas absurdas y concentrarme en la cosa o tema. Hacer piscina. Lo demás debe ser para adivinar o para hacer un simposium en tu casa o en tu mente de las dudas que a mi se me plantean, porque si le digo al hombre toda la ristra de problemas añadidos a la idea sugerida de "haga usted piscina", pues le hundo la moral, le quito las ganas de seguir animando a los pacientes, le deprimo de Rivera, fijo.

Yo me pregunto muchas cosas con respecto al tema piscinil. Hay que decir que esto de preguntarse cosas aunque produce mucho dolor de cabeza, es eficaz y ayuda al progreso personal, en Madrid se llama comerse el coco o darle mogollón al tarro. Yo, nadar, nado, pero nado a mi modo de ver, muy mal, como muy tonta y siempre que lo hago luego me duele todo, especialmente la zona lumbar, esto me ha pasado toda la vida, con lo que llego a la piscina ante lo que yo creo son las miradas de todo el mundo y...mal, muy mal. Me tiro de cabeza, porque aun creo Hier encore j’avais 20 ans, y me doy cuenta que he fastidiado justamente una de la zona que tengo en estado crítico que es el cuello. No, hay que bajar por las escaleras, cosa que no he hecho en mi vida porque me ha parecido algo reservado para cuando sea ya muy muy vieja. En las piscinas de Francia y mas si son para terapias te obligan a sumergirte por las escaleras, lo que para mi significa empezar de mala manera. Después te pones a nadar y te das cuenta de que estas hecha según bajas por esas malditas escaleras que se clavan en el pie con el gorro de mosca, una auténtica foca marina o mamut acuático, a juzgar por cómo se mueve el agua al meterte tú. Ahora sí que mira la gente, ahora miran de verdad, no por tu belleza precisamente, sino porque has demostrado que no eres de ellos.
En esos lugares, cualquier mayor de 65 años está hecho un máquina de la natación, del dominio del agua, de la gimnasia y te mira con desprecio, sí señor, te mira como diciendo “esta glotona y cerda ha venido a quitar la plaza a una de las nuestras (de 70 años pa arriba) que nadan todas como la misma Esther Williams” de sus tiempos, claro. Comienzas a nadar o a bucear que es lo que a mi me gusta y rápidamente viene un monitor que te dice que en las piscinas no se viene a jugar y bucear que vienes a hacer una terapia de mejora de esclerosis, de artrosis y de no sé cuantas pendejadas más para deprimirte un poco más, que aquí de buceo ni hablar que te vas a hacer daño. –Digo yo, más? Salgo del agua, observo que baja el nivel del agua, después de haber realizado un ejercicios lentos, ¡madre mia! en el agua, porque eso y nada más que eso es lo único que tengo derecho –según mi estado- a hacer, ejercicios lentos y sin forzar. Reputain! o directamente y con perdón ¡Me cago en la rehostia! Y mientras realizo los malditos ejercicios lentos, pasan la mara de jubilados nadando como en competición si me apuras hasta estilo mariposa para cabrear a la generación de cuarentones que estamos para el arrastre.  Lógicamente cuando salgo del agua tengo más frío que nadie por mi condición mediterránea y me agarro el trancazo de turno que no se ha agarrado nadie desde la ocupación alemana porque están -a base de ir al médico o de no sé qué- todos sanos los jodíos. ¡Putain!
Con lo cual, y conociéndome pues no vuelvo, claro. Porque en esta sociedad hay que tener compasión, respeto y mucho cuidadín con todas las generaciones, con los pequeños, huelga decirlo, con los adolescentes, pobrecitos, con los jóvenes porque a los pobres no les pagan los 4.000 euros que se merecen por terminar su carrera, a los mayores por que lo son, a los jubilados por que están traumatizados y en crisis por pasar a otra categoría, a los más mayores, huelga decirlo, y digo yo , ¿a los cuarentones largos? ni puto caso. Muchos no tienen sueldo y tienen familias, muchos han visto su categoría laboral transformada súbitamente, la mayoría ninguneados por los jóvenes que son más listos que nadie y saben un huevo y los pobres no encuentran trabajos bien remunerado, tampoco nosotros, muchos no tienen ni tenemos la vida solucionada, muchos han perdido el pelo, con depresión, otros pagan todos los impuestos para un futuro que no vendrá en realidad, muchos tenemos enfermedades...un largo etcétera, pero tenemos que levantar el país y repararte como puedes de los batacazos de la vida aunque sea visitando al kine para nada, probablemente.

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