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Quien pise raya...más manias y obsesiones

No es broma, y se llaman obsesiones, manías o directamente neurosis obsesivas. Este tipo de sentimientos o de sensaciones siempre me han provocado mucho interés por el humor que se desprende de ellas, pero, según he podido informarme recientemente no se deben tomar a la ligera porque se pueden convertir en un trastorno importante y que afecta la vida real del sujeto o sujeta en cuestión. Yo siempre había pensado que estas cosas eran normales y que pertenecían al ámbito imaginativo de la persona, pero, llegan los psiquiatras y psicólogos que no sé quien es peor que quien y resulta que no, que ahora es una enfermedad. Me niego a aceptar que los comportamientos de las personas -aunque sean algo excéntricos- se conviertan en enfermedad. Quién no ha perdido el sueño alguna vez dándole vueltas a algún problema insoluble o necio. Quién no tiene tendencia a deletrear los nombres, a contar los objetos de la misma clase o incluso a sentirse perseguido por una melodía, o el clásico quien pise raya pisa la virgen de la medalla, que si la pisabas te pasaba algo malo. Casi es un juego urbano lo del no pisar raya, lo de la superstición de que te pase algo si la pisas, no me lo creo, pero sí la de esquivar rayas. Evidentemente entiendo que la enfermedad está no en pensar esas cosas, yo las pienso con mucha frecuencia al igual que otras personas –espero- la enfermedad está en dejar que eso asedie o bloquee a la persona, siguiendo el concepto del vocablo “obsesión” deribado del latín “obsidere” que significa cercar, asediar, bloquear.


Muchas veces tú mismo no eres consciente de este tipo de pequeñeces que las haces sistemáticamente, sino que en ocasiones son los otros los que se aperciben de estas cosas, más que nosotros haciéndonoslo ver como un problema insoslayable, y en otras ocasiones es otro el que provoca que te obsesiones. Es importante por ello la influencia exterior: ¡Oye, si haces eso así...!¡pero por qué le das tantas vueltas a lo otro! ¡estás loca! –esto se dice con mucha frecuencia- sin caer en la cuenta de que si se piensa la mayoría de las personas estarían locas. Hemos visto con frecuencia algunas manías o costumbres clásicas y aceptadas por la mayoría de la sociedad o comunidad como si no fuese nada pero que en otras sociedades llamaría la atención sin lugar a dudas. Santiguarse varias veces, tres o hacer cosas con las manos antes de salir a un partido, decirle varias cosas seguidas a una estampa de un santo o virgen, miedo a las alturas, también tiene cierta connotación supersticiosa pero en fin en esto los toreros nos dan buena muestra de ello porque hacen cosas raras y repetitivas antes de salir a morir, comprar compulsivamente, cambiar los muebles de lugar, no salir a la calle sin determinado objeto o caminar siempre en el mismo espacio con alguien por ejemplo a su derecha, tener que ver la cama bien hecha o el suelo de la cocina limpio, son gestos o actitudes que pueden resultar raros pero que en realidad no lo es. ¿Cuántas veces decimos: gafas, documentación, llaves, dinero, antes de salir? No hay nada de malo en querer hacer de forma sistemática las mismas cosas o en buscar un equilibrio y orden en todo. Lo de santiguarse -eso sí- entra en las obsesiones más que en las cuestiones de fe profundas, creo que esto está claro para todo el mundo. Otra de las actitudes que afecta al modo de comportamiento, por ejemplo, son las corrientes eléctricas o calambres. A mi personalmente todo me da calambre y si alguien mirase por un agujerito las cosas que hago alucinaría en colores. He visto que no solo soy yo. Los coches por ejemplo, no sé por qué –aunque creo que es por el calzado- pegan unos corrientazos impresionantes, con lo cual uno se las ve y se las desea cerrando el coche con el nudillo o con un dedo, con el codo, a veces damos dos golpecitos y luego lo tocamos, primero el pie en la puerta y luego lo toco...hay mil maneras a cuál más peregrina pero eficaz –supongo- de descargar la corriente y que no nos de plenamente. Los hombres son muy raritos también a la hora de subirse al coche, miran y remiran, se giran, dan una vuelta, miran las ruedas, las miran otra vez, dan un golpecito con el pie en la rueda o le dan un cachete a la carrocería como si fuese su caballo. ¡Pues bueno! si así son felices, tampoco veo nada de malo en ello.

Hay que dar un beso siempre con la mejilla derecha y cuando encontramos alguien que lo hace al revés nos contraria sobremanera. Hay quien da la mano blandita o la da rara con un dedo plegado...Uf!, los hay que tienen que bajar las escaleras de una determinada manera o que les revienta si pellizcas la barra de pan. En esto de cortar el pan también cada uno tiene sus manías, hacer ruidito al comer, las mil maneras de tomar sopa, yo no soporto cuando la gente sorbe y me pongo realmente mal, por no hablar de la manera de espachurrar el tubo de la pasta dentífrica, hay mil formas de hacerlo que no tenemos en cuenta pero que caemos en ello cuando tenemos alguien al lado que no lo hace como nosotros, ahí es cuando se pronuncia la manía o la obsesión, cuando otro no lo hace igual, ¿cómo?: dejando el tapón quitado, espachurrando el tubo por los lados, apretándolo y acumulando todo en la punta, con el tapón medio seco...¡un horror! Cruzar las piernas y decir un, dos, tres, ¡alehop! por dentro para cambiarlas de posición, toquetear musiquilla con los dedos, esto puede llegar al desideratum más absoluto porque cada vez el sujeto se va poniendo más y más nervioso, memorizar las cosas del día y hacerlo varias veces como si fuese la lista de la compra... Hay por tanto muchas maneras de expresar manías u obsesiones, solo hay que ver hasta qué punto esto se convierte en un problema de verdad y no en graciosas costumbres. De la manía al pensamiento obsesivo solo hay un paso realmente y no tiene nada de gracia –en realidad- sentirse perseguido por una melodía o mirarse al espejo y verse como un elefante o lo que es peor como una mosca. Las mañanas de elefante son llevaderas pero las de mosca... Creo que solo tenemos que dejar que afloren nuestras manías y sobre todo aceptarlas y aceptar también las de los demás y no verlo como un problema clínico, solo si esto impide la pervivencia del ser en su faceta más profunda porque en su plano superficial no tiene ninguna importancia, forma parte de la idiosincrasia del ser humano de sus diferencias con los animales –que también son bastante maniáticos o sistemáticos- solo depende de cómo se conviva con ello.


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