viernes, 12 de marzo de 2010

Yo quiero ser turista

Obedezco al título que antecede a este cuento y lo obedezco después de mis últimas reflexiones concluídas a raíz del último viaje vacacional en tierras canarias: Yo quiero ser turista y comprendo muy bien el turismo y su actitud. No voy a hablar ahora del turismo cultural, hablo del turismo que va a descansar, conviene dejar las cosas clara, por la peña susceptible y picajosa. Está claro. Antes, yo no entendía nada de esta actitud porque al igual que todos mis compatriotas vivía en un país donde la luz y el sol son un regalo prácticamente diario, un lugar donde la actividad externa, la vida pública suponen el latir profundo de las ciudades. Este latir –en ocasiones molesto por el ruido- es lo que identificamos con la vida de una ciudad, de un pueblo, el motor de un país. Cuando esto se tiene, inmediatamente se da por sentado que tiene que existir en el mundo entero, todo lo que uno tiene tiene que existir en el mundo por que sí. Esto no así, porque cuando se deja de tener, es un problema, a uno le falta algo. Nuestros vecinos europeos, importante es hacer alusión especial a la gente que hace una vida normal, no a los crápulas excepcionales como yo, hacer alusión a las ciudades normales –no por ejemplo al centro de París, París no es Francia, o a algunos círculos elitistas de Viena donde hay ambiente- a la gente que hace los países, no a las excepciones. Estos, me refiero a profesionales, no a artistas, a gente que va a sus trabajos a las 6 o 7 de la mañana y que cenan a las 7 u 8 de la tarde derrengados de la vida, ven poco el sol y mucho menos ven los bares, el tapeo, el vagabundeo...los que van al banco, los que van a la fábrica, los que van a los institutos, restaurantes, ingenieros, estudiantes que estudian, comerciales...no voy a enumerar las profesiones porque de sobra todo el mundo conoce cuál es la normalidad y cuáles son las profesiones de excepción, y qué gente empuja los países. Bueno, pues éstos, sufren en sus carnes la ausencia de comunicación, de vida exterior y éstos en su mayoría son la media de lo que conocemos como turistas. Sí, los que vemos en el autocar con cara de tolili. Y yo los comprendo, por qué, porque quizás soy ya uno de ellos. Horreur.

¿Qué es lo que hace un turista cuando llega por ejemplo a nuestras islas Canarias? Siempre les hemos criticado porque vienen como dirigidos, como sin querer saber nada de la cultura de nuestras islas en este caso. Normal. Lo entiendo perfectamente. Ellos vienen, por ejemplo, en el mes de febrero, un mes donde en sus paises caen en el mejor de los casos chuzos de punta, es que en el mes de febrero hay vacaciones en Europa. Los susodichos vienen con una pulsera de color donde los empleados de los hoteles ya saben que  está todo incluído, es decir todas las comidas más todas las bebidas y cafés que por el día quieran tomarse. Lo lógico, es que cuando no ves el sol ni por asomo, y cuando no respiras el aire, pues qué vas a querer: palmera y palmera, sol y sol y que me baño que baño. Nada más. Como mucho, una excursión por allá –no muy lejos- en la que no haya que moverse mucho y que no interrumpa gran cosa el idilio con la naturaleza y sobre todo con el descanso. Eso es descanso y estar de vacaciones, ir con cara de asombro, mirando absortos las olas del mar, escuchando su ruidito, poniendo atención a ese viento que mece las palmeras suavente como una samba al tiempo que tú en tu tumbona mueves una pierna, lentamente claro, y pasas la hoja del libro, tomando tu cóctel después de tu sauna, haciendo tiempo hasta la hora de comer donde te pones ciego y no tienes que pensar en hacer la compra ni en preparar nada porque vas a elegir entre muchos platos qué comer. ¡Una gozada! Los más lanzados, empiezan por la mañana a beber vozka o qüiski o caipiriñas, si no, no hay que irse muy lejos, si está ahí al lado y te sientes el rey. Paseo va, paseo viene por la playa, paseo en barco...ahora pesco o mejor dicho miro como pescan los demás...
Los bares de alemanes –regentados por alemanes- demuestran que es verdad lo que digo con sus canciones y sus costumbres: beben cerveza y cerveza, cantan canciones alemanas que no son otra cosa que marchas militares pero con letras cachondísimas "estoy lejos de Alemania me toca el culo pero estoy feliz, tachán tachá tachán" y mueven la jarra al tiempo que vitorean a sus jugadores de futbol de la tele que está a tó meter. Compras de perfumes, joyas etcétera, los alemanes sí compran, los ingleses, menos. Sol, más sol...y de vuelta a tu país. Esto del sol y el bronceado es lo más importante –no hablemos de los finlandeses o daneses que lo flipan- porque cuando llegas a tu casa europea tiene todo el mundo muy mal color y tú no, tú vienes como renovado con lo cuál te conviertes en especial y diferente, con la piel brillante, estimulada, bronceada, con ganas nuevas de comerte lo que queda de invierno y emprender a puro bricolage lo que queda de él –que ya son dos patás como quien dice- y a abrazar la primavera con más bricolage y pensando que eres algo moreno. Siempre se envidia y se quiere lo que no se tiene. Y yo, en mi Francia, comprendo muy bien a estas personas que quieren venir y de hecho vienen a nuestro país en busca de descanso, muchos vienen a vivir su jubilación y otros vienen incluso a morir, pero –digo- que los comprendo bien, porque aquí la vida aun teniendo mucha, pero mucha vida cultural que sale de cualquier esquina, se tiene una vida muy triste y mu perra para lo que es ser español y sus costumbres "emocionales y humanas". Esto solo lo saben los que han vivido y viven en Europa. Por eso, mola ser turista y tener ese espíritu pasota del todo, en que te la suda el mundo entero y solo quieres: palmera, cóctel, sol y playa.

Publicar un comentario

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...