jueves, 29 de abril de 2010

Política y Literatura


Una de las cuestiones que más tristeza me da abordar es el de la utilización de la literatura para fines políticos y viceversa. No se debe traficar con la literatura y mucho menos con los autores y creadores, no señor, no se debe uno aprovechar y monopolizar la creatividad. Conozco a algunos y sobre todo a algunas que lo hacen con mucha frecuencia y creo yo que va siendo hora de que se vayan a descansar a su Maison de Retraite y dejar de fastidiar a los que sí hacemos literatura, luchamos por ella sin ayudas, la defendemos y conseguimos editarla a pesar de ellos barra ellas. Y es que es triste no querer admitir en un momento de tu vida que lo que no has hecho ya, pues ya no se hace, y que llegan otras generaciones nuevas, preparadas y con menos monopolio y que hay que dejarlas su merecido hueco. Ya me he referido en otras ocasiones a los oportunistas y copiotas de mi profesión, pero esto da igual ¿por qué? porque han estado en política y se defienden muy bien con el compadreo y con la mala leche y retorcimiento que dan las arrugas. A veces pienso que hay que dejarlos, que total les quedan diez años o así de machacar, otras veces sobre todo cuando agreden a otro más débil, confieso que me revuelvo como un buen toro que soy. Estas gentes -mediocres en su mayoría pero que en su día tuvieron esa oportunidad porque solo estaban ellos- no se conforman con robar las ideas a cuyas manos han llegado por el azar de tener tesis doctorales, ni tampoco se conforman con mantener su prepotente puesto académico, labrado a base de pisar a los demás, tampoco -se conoce- se conforman con levantar falsos testimonios, no, van aún mas lejos, se aprovechan de su posición de jubilado mercante para quitar, robar el puesto al que ahora le toca su turno y se lo merece con creces. No importa, arrieros somos y los años nos distinguen. Dignos de pena son los que a su edad no tienen más nada que decir de su casposo cacumen y apoyados en su posición no saben qué inventar para saberse -aunque muertos para los demás- que están vivos en ese absurdo teatro de la farsa que es la vida social, la vida de provincias y la vida de las invitaciones entre los Universitas. Para todo hay clases, y aun siendo amiga de grandes personajes que sí empujan la literatura, me hace perder algo el tiempo esta patraña de desgraciados y lamentablemente tiene uno que batirse a espada contra los mierdecillas casposos, oportunistas que salen a nuestro paso por esas callejuelas a darnos lo merecido. ¡Qué mala es la edad cuando no se sabe asumir! Dartagnana nací y seguiré, combatiendo de momento para defenderme que la venganza ya se sabe es algo que hay que saborear y nada como una buena pluma a tiempo, en su momento y en su lugar para hacerlo. El que tenga oidos que oiga.
Tranquilos que ya os llegará vuestra hora como decía mi buen Galdós.

Dedicado a los rabiosos que aun teniendo una posición y todo lo que quieren: ¡siguen teniendo envidia!
¡Qué malo es ser malo! pero ¡No pasaréis!

miércoles, 28 de abril de 2010

Ebooks para todos

Ya era hora, digo yo, de que me pronunciara con respecto a la venta de los libros por internet. Digo ya era hora, porque normalmente prefiero escuchar, dejar hablar a otros que creen que tienen algo de dioses y que a pesar de ello no tienen nada que decir o por el contrario provocan que los que estamos calladitos esperando poder hablar por medio de la experiencia, nos adelantemos para decir algo en un a modo de compromiso con las letras, en definitiva lo que se ha dado en llamar y se llama "tener criterio". Ya sabemos todos que el hablar no ocupa lugar y lo que más siento en general es que hablen los que no saben, que hablen por hablar o que hablen por que tiene que haber de todo, pero sin nada de experiencia en esas opiniones. En general los que salen a la palestra no tienen el compromiso, por ejemplo, de ser editores y de enterarse de lo que pasa.
Dicho esto, paso a repasar algo las opiniones sobre la lectura o venta de libros en internet. Lo primero que hay que decir o recordar es que siempre que ha venido un nuevo sistema de comunicación se tiembla o se teme por el que ya existe. En los tiempos de Pérez Galdos y él como autor teatral dijo en su momento que el cinematógrafo sería el nuevo sistema que provocaría que el teatro cambiase y se mejorara pero que no desaparecería. Es cierto, el cine, llegó a nuestra sociedad mejorando por su personal técnica muchos textos escritos para el teatro y muchas novelas que por ese medio podían ser contadas mucho mejor, pero no por ello hizo que el teatro desapareciera. Pues eso mismo y no otra cosa sucede y sucederá con los ebooks y demás elementos de internet. Quien piense que el libro en papel se acabará está equivocado. No a todo el mundo le gusta leer en esa plataforma, ni todos quieren renunciar a nuestro querido libro, ni queremos leer en pantalla todas las cosas. El libro electrónico resulta  cómodo para viajar porque llevamos muchos textos en un pequeño formato, o los que nos dedicamos a las letras vemos cómo mejora nuestro material a la hora de trasladarnos de un lugar a otro, las posibilidades de llevar con nosotros los textos que nos pueden hacer falta o simplememente nuestros favoritos.  El ebook ayuda a la difusión de los textos porque el elemento ofertado se puede comprar desde cualquier país. Como editora de una revista, la venta por internet en electónico es un hallazgo porque cualquiera puede acceder a ella evitando los temidos gastos de envío, pérdidas de correo...etc. Ahora desde cualquier país se puede comprar la revista y a mi, como editora me viene muy bien por no tener que hacer un seguimiento de los envíos, al tiempo costoso y difícil de tener continuidad. Eso sí, hablo de revistas que en general nos interesan algunos artículos y no todos y que en su mayoría compramos por nuestro trabajo. Ayuda igualmente para comprar libros que se editan en otros países y no en el nuestro, solo espero que salga tan barato como yo pienso poner los precios de mis revistas para que cualquiera la pueda comprar. De todas formas no hay nada que temer porque los libros impresos en papel tendrán siempre su lugar y no desaparecerán mientras existan bibliófilos que es una cualidad innata del ser humano. Por mucho que se diga que la gente joven de los países europeos ya no compran libros -quien diga esto es mentira- está equivocado. La gente joven de los paises europeos están más acostumbrados a leer en pantalla que nosotros y leen en varios idiomas pero no es verdad que no compren libros, claro que los compran y cuando sale en librerías una novedad, una verdadera novedad, la compran en papel. En España el mercado de la edición mueve mucho dinero y muchas personas viven de ello. Probablemente se editen muchos libros innecesarios, eso es verdad, sobre todo los de didáctica o los puramente académicos porque cada día se actualizan y eso no tiene fin, que se lo digan a los padres cada septiembre. Pero a un níño por su cumpleaños siempre le gustará un cuento en papel con sus ilustraciones, más que un texto metido en una máquina, eso es seguro. El ebook nos sirve para seleccionar nuestras lecturas, para ser más exquisitos y más cultos y tener con  ello diferentes maneras -según el momento- de acceder a la lectura y a la investigación. Que quede esto por hoy, pero seguiremos hablando. 

lunes, 12 de abril de 2010

La policía, agencia de turismo


No hay nada mejor para hacer turismo que recurrir a la policía. Siempre lo he dicho y lo diré. Ya me ha sucedido en alguna ocasión y puedo asegurar que es lo más barato y lo más práctico, es decir que podemos también utilizar y sacar rendimiento a este servicio que pagamos todos y que prácticamente al día de hoy se ha reducido a gente que pone multas. Triste. Recuerdo una ocasión en que no sé cómo fui a dar con mis huesos en el mismo Laredo, sí allá en Cantabria, perdida completamente en medio de una tormenta de nieve y viento, y sin saber cómo en medio de la noche di con un coche de polis. Yo llevaba mi vehículo cargado de niños como es costumbre cuando viajo aquí y allá, y les pedí ayuda, les pregunté dónde habría un Hotel y demás zarandajas. La respuesta no tardó en llegar en absoluto. Llamaron por sus radios a varios hoteles, hay que decir que al ser Semana Santa estaba todo bastante ocupado e ipso facto dieron con la tecla. Al momento iba yo escoltada hasta uno de los mejores hoteles y más apañao de precio de la ciudad. Cuando entré en el hall moló mazo, era yo como alguien a quien sus estrellas no le han abandonado y las lleva luciendo como un árbol de Navidad, yo, que las estrellas me mandaron a paseo hace tiempo ya. Después me ayudaron a sacarles del coche y subir a las habitaciones a los niños que dormidos se habían quedado en medio de la tempestad fría de aquella noche, no toledana precisamente, pero sí santanderina o cántabra, mejor dicho. Estuvo estupendo.

En otras ocasiones y en toda ciudad que de momento no conozco, lo primero que hago es ir a la Policía o Guardia Municipal, que ahora ya no sé ni cómo se llaman a que me orienten. Les pregunto por los mejores lugares para comer, dónde hacer las compras, hoteles...y un poco entre que se lo saben todo, otro poco porque quieren cumplir con el ciudadano –mola lo de llevar coche francés siempre da palique- otro poquillo que somos algo cotillas o el prurito del machotín que todavía queda...el resultado es redondo. La policía es la mejor agencia turística que conozco. ¡Ole y ole!

viernes, 9 de abril de 2010

Lo que significa hoy ir al dentista

Hoy, sigo dándole vueltas a los asuntos de la vida cotidiana, esa que arranca de nuestro ser lo mejor que tenemos para aplastarlo y dejarnos en el vacío de lo insólito. Y es que, seguro, porque esto es seguro para todos que alguna vez hemos ido a la persona que se encarga de arreglar y desarreglar las dentaduras. Claro, esta profesión ha sido históricamente desempeñada por los barberos, llamados sacamuelas, de ahí el atavismo irremediable que les lleva a ser considerados una especialidad, digamos, un poco de segunda. Después con la llegada de odontólogos extranjeros y que sus estudios no se correspondían con la especialidad médica de estomatología española, ha venido a traer un cambalache de no saber quién es quién, de no saber si un dentista es médico o no, pero a su vez recentan antibióticos...raro, muy raro. Hay a quien le ha ido muy bien con los odontólogos –que en realidad no son médicos- y hay a quien también le ha ido muy bien con los estomatólogos –que sí lo son- pero que probablemente no ven un diente hasta pasados cinco años de carrera o así y viceversa. Cuando nuestro problema no tiene solución, entonces el sacamuelas –barbero- de toda la vida, pondrá coto a nuestro dolor y maltrecho estado de salud con un simple tirón.


¿Qué significa hoy en día ir al dentista? En principio nada del otro mundo hasta que comenzamos a preguntar a amigos y vecinos sobre la cuestión. Siempre estará relacionado con las situaciones descritas por los psiquiátras como de pánico. En Francia, por ejemplo, los ciudadanos tan sistemáticos como son para determinadas cuestiones como es ir al dentista o al oculista por lo menos una vez al año, tienen nutrida experiencia y un hábito muy bien instalado, aunque el pánico no hay quien se lo quite. Los españoles nos manejamos diferente. Lo del ir al oculista al menos una vez al año y desde pequeñito, tiene un pase en este país y hace mella porque es el lugar donde la gente lleva más gafas del mundo entero. Ya lo del dentista...conlleva sus secundarias reacciones. Por reacción yo entiendo por ejemplo, tener miedo atroz.


Desde pequeños y en mi generación de cuarentones, ya llevabamos ortodoncias, esos aparatos espantosos que en nada han evolucionado y que aún permaneciendo igual toda la dentadura del sujeto en cuestión, es decir sin arreglo, una gran mayoría, los utiliza encontrando su bolsillo bastante maltrecho por la circunstancia que obliga a ir muchas veces al gabinete de dentista con su consiguiente pago de la visita y demás. Como digo, si el tema trata de sacarmuelas o intentar arreglar con la ortodoncia lo que no tiene arreglo, la situación está perfectamente controlada. Ahora bien, el riesgo o mejor la situación crítica viene cuando el problema es de etiología desconocida, a saber, tenemos molestias o incluso mucho dolor y el dentista debe adivinar el origen del problema. Ya tendido en una situación vulnerable cuanto menos, tumbado y expuesto a cualquier cosa, el manipulador quiere saber el origen del problema y ahí es cuando comienza a usar todo tipo de ganchos y cosas raras. En mi época nos hacían los empastes a los niños con muy poca anestesia, como a las embarazadas, atavismos absurdos porque no pasa nada por poner un poquitín más de anestesia y así no sufrir, pero no, es mejor, pegarle el trallazo a uno en el diente o en la muela, llegándote a la misma cavidad del alma y el mismo núcleo del ser, y así cumplimos. Eso me da pavor, lo confieso. Las manipulaciones del nervio dental por medio de endodoncias y demás modernidades, lo confieso, me aterran. ¿Y el torno? Válgame el cielo. ¿Y el depósito ese para escupir babutis y sangrecillas? Aterrador y asqueroso, muy asqueroso. ¿Y el olorcillo a tocino quemado que emana la sala con mezcla de gomoresina? Vomitivo y mareante. ¿Y el cablecillo que aspira mientras el otro manipula? No comprendo como alguien puede dormir después de semejante rato. Me aterra hasta un simple empaste de una caries, no lo puedo remediar, estás como esperando ese trallazo mortal para quedarte ahí mismo como una mosca aplastujada por un zapato.
Afortunadamente he conocido otras personas –ojo no he hecho un foro- que también panican -como dirían los franceses- grandemente a la hora de entrar en un gabinete dental. He llegado a la conclusión que se pasa tan mal, pero tan mal tan mal, que por lo menos tienes que ir de Trankimazin para arriba. Los hay que van literalmente cocidos de vozka hasta el fin...El problema es grande y conozco a algunos barra algunas que prefieren ver sus piezas dentales destruidas antes que pasar por el suplicio y martirio, -diría tormento- de acudir al torturador bucal. Yo siempre le digo que se explaye, que no tenga miedo, que atice toda la anastesia que tenga porque mis encías necesitan caña dura de la de verdad, le digo que no me suele hacer efecto la anestesia, que me voy a marear, que me dan ataques de histeria...y un montón de cosas más para amedrentar al manipulador salvaje hombre-caverno que me va a meter mano, con perdón. Hay mucho aparato de apariencia moderna pero que luego en la fase práctica no lo es en absoluto. Esto lo veo nada más entrar y claro, entro desconfiando bastante y con la certeza de haber dejado hecho mi testamento y voluntades últimas bien claras. De modo que cuando entro en su gabinete a tumbarme, ya casi que me tiro más bien, del atontamiento a tranquilizantes que llevo a causa del pánico. Le digo siempre con la boca medio caída –que esa es otra- que siga, que siga pinchando anestesia pues soy de encía rara y que en modo alguno hará efecto. Imagino que mi expresión deleznable pues me dirijo a él o ella con  expresión desencajada y claro el hombre se queda acongojado por no decir otra cosa y pasa a la acción. Por más que pincha y pincha yo nunca me fío y toda contracturada aguanto el tirón como una bendita, muerta literalmente por el miedo pero aliviada por los tóxicos clamando al cielo, no de rodillas, ya quisiera yo, sino panza arriba en posición de camilla de dentista, casi llorando, horrorizada por la vida y jurando en arameo que no vuelvo, que no vuelvo y que no voy a volver y punto. ¡Qué desgracia tan grande aunque después uno vea los resultados! pero ¡qué desgracia tiene uno encima!. Hay que añadir el bolsillo escudriñado porque para qué lo va a pagar la Seguiridad Social si total no es cosa de la salud ¿no? En Francia tiene una pequeña subvención, pero no es grande cosa. La segunda parte contratante además de los dineros perdidos viene después cuando sales de la visita tambaleándote como si estuvieras borracha, que lo estás, con la cara como un corcho, labio caído, el rimmel también y con un stress encima que solo quieres acostarte. Un horror con hache. Así es el asunto, y en ese caso lo mejor es volverte a tu casa y meterte en la cama, porque yo al menos ya no levanto cabeza en todo el día.

sábado, 3 de abril de 2010

Ingratos y libros de regalo

Hoy hablaré de libros porque he llegado a la conclusión de que esta obra de arte depreciada como la que más, no se debe regalar. Los libros no se deben regalar nunca jamás. ¿Por qué? Vayamos a analizar la razones y luego el paciente lector estará seguro de mi lado. Se debe estar al lado del escritor por si acaso. Hoy también quisiera recordar una vez más lo peligrosos que podemos llegar a ser los escritores pluma o espada en mano. Así es.
Ya desde la adolescencia mi afán por que la gente leyera se convirtió en algo intrínseco a mi condición de ser, ya ves tú, pues que les den tila al mundo entero y cuanto más ignorantes, mehó. Pero lo cierto es que a una amiga que también estudiaba filología y que era de Casablanca, le presté un montón de libros de nuestra literatura más clásica y aún de la nutrida crítica escrita por nuestros mejores y mas destacados filológos. Hay que decir que algunos de esos libros eran de la Editorial Taurus, magnífica editora que ahora están descatalogados y no se encuentran ni a tiros, solo en las bibliotecas. Bien, nuestra amiga no le devolvió jamás los libros a esta imbécil que escribe y que se dejó engañar porque probablemente era previsible que una vez huída de la Universidad de Granada a su tierra, pues no se molestara en enviarlos a España para que retornaran a su bibliófila dueña. ¡Calzoncillina, que es una!


Mi primera publicación seria fue en una editorial de Santander y cualquiera puede suponer la alegría que esto supone. En su momento ya cometí el error de enviar alguno de regalo a profesores o algún amigo que yo tenía considerado como intelectual para que lo leyeses. El tal no lo era, claro. Ya sé que no era un libro de best-seller ni de chistes, eso da igual. Lo cierto es que la gente no lee de no ser que tenga un interés muy especial por alguna razón. Con los libros de crítica literaria y textual hay que tener mucho cuidado por lo de los copiotas, porque se los leen los colegas aunque no lo admitan jamás y la cosa cambia. De esto ya he hablado en otra parte y ya me da igual si me copian las ideas –sé perfectamente quien lo hace y podría desenmascararlo perfectamente- o si siguen mis pasos como investigadora, eso es señal de que no pasa desapercibido. Si hace diez años eramos dos o tres mundiales que nos dedicábamos a escribir sobre Teatro de Galdós, más particularmente yo que escribí mi tesis doctoral y ahora la cosa se ha animado y siguen empeñándose en editar libros de teatro –aun a sabiendas de que no saben lo que dicen la mayoría de las veces- y eso está muy bien, señal también de que las cosas, las formas, las ideas no caen en saco roto. Ahora son alguno más los que se quieren considerar eruditos del teatro galdosiano sin serlo. No hay nada que temer. Algún regalo libreril a desagradecida también sirvió para comprobar que no dan ni las gracias, eso sí luego los utilizan pero no te nombran, no dicen jamás que has sido tú quien ha pensado en eso en el libro tal, página tal de la editorial y año...pascual, no, nunca lo dirán pero tiene mucha gracia y algún día diré probablemente muchos nombres de estos eruditos copiotas y desagradecidos que además ni se molestan en reconocer la verdad. Bien, paso página.

Normalmente cuando uno consigue publicar sin que te conozcan de nada en una editorial, es decir si tener contactos en la política y demás –en este caso lo logré como estudiosa y filóloga en Anaya- pues es poner una pica en Flandes. Pocos he regalado de esta casa porque no me da la gana, quiero decir que la editorial te da muy pocos, uno tengo del último tocho de teatro, sin embargo Anaya envía de cada título que publica ejemplares a personalidades destacadas del mundo de la literatura o a estudiosos que les pueda interesar. Recibir, lo reciben, pero nunca dan las gracias pues evidente es que la lista de personas que los autores damos son nuestras, son nuestros compromisos por decirlo así, y ellos reciben su regalo pero debe ser que como es de regalo pues ni pajolero caso. Si se gastaran los machacantes entonces lo apreciarían mucho más, sin duda. La situación con los años se ha agrabado considerablemente hasta el punto de plantearme muchas cosas, sí, como en un total crak de decisiones a tomar. Y es que desde que en el 2003 comencé además a ser editora, a tener una editorial, esto ya ha llegado al extremo. Muchas veces te piden con compasión los libros, otras veces te los piden con un interés que supongo que mi ego no lo puede resistir y accedo y regalo, otras pienso si es un libro de creación que así me conocerán un poco más, otras veces piensas que no lo encontrarán fácilmente en las librerías de al lado de su casa –esto es para los que viven lejos, en el extranjero-, otras crees que es bueno tener un detalle y qué mejor que un libro de mi editorial. Pues mal, muy mal. No se deben regalar los libros porque cuando la gente no se gasta el dinero, los machacantes en comprarlo, no lo valora en absoluto. Lo menos que uno se espera, es que te den las gracias, que la vida es muy larga y nunca se sabe dónde y en qué circunstancias nos volveremos a ver, nunca se sabe si una firma de hoy no tiene un valor extremo mañana. El resultado es una pena, no hablaré de los robadores de libros por que también he escrito sobre ello y no viene al caso, pero ser maleducado con el arte de los demás, es un delito, tanto como el robar. Siempre hay que ser agradecido y al menos –aunque luego no lo leas porque estoy convencida de que nadie lee nada al menos en España- dar las gracias a la persona, autor o editorial que tiene la deferencia de enviártelo a tu casa con el consiguiente gasto. No voy a decir que cada ingrato recibidor de libro me envíe una reseña de cada título, pero sí, algo. Si son libros editados a otros vamos pasando el examen pero la cosa empeora cuando es el libro escrito por el autor que es amigo tuyo. Lo peor de tener un amigo escritor que te regala su libro y que le vas a ver más de una vez es que tienes que hacer los deberes ¡amiguito!

viernes, 2 de abril de 2010

El galeno agredido

Esta semana han salido a la palestra en los medios de comunicación de Francia el Conseil del ordre de medecins para defenderse estadísticas en mano de las agresiones que por parte de los pacientes reciben los médicos cada día.
Y no es de extrañar porque cuando hablamos de la salud se diría que somos todos médicos y opinamos sin compasión y sin piedad para todo y en todo lugar. Según parece las estadísticas crecen considerablemente de un año para otro y los médicos especialmente los generalistas son agredidos ferozmente cada día, no solo verbalmente sino que comienzan a sentir en sus rostros y cuerpos algún que otro puñetazo. Con lo civilizados que son en Francia. ¿Razones? Existen varias que se repiten una y otra vez pero las más destacables serían: la demora en tener una cita porque hay que esperar mucho tiempo, el tiempo que tardan en atenderte una vez que por fin has tenido tu cita –las huestes se revuelven en la sala de espera-, otra de las razones es el impedimento que ponen muchos médicos a dar la baja al paciente por cualquier cosa.
En Francia y en determinadas especialidades lo normal es esperar entre tres y cuatro meses para tener tu cita, pero de eso no tienen la culpa los médicos, bastante tienen ellos con tener que soportar consultas masificadas. Ser médico en Francia es muy difícil, cuesta mucho trabajo y no lo es cualquiera, también lo es en España pues para una especialidad tendrás que dar de tu vida 12 años de estudio impresionante. La diferencia entre los dos países es el salario, claro está. Los médicos españoles tienen el mismo sistema que los ingleses, aquí en Francia son mucho y mejor remunerados, diría yo que mejor considerados o reconocidos, aunque no te regalan nada y vienen a ocupar una parte muy interesante de la recaudación de impuestos, al tener que pagar por muchas cosas que otro cualquiera no tendría por qué, aunque la mayoría de ellas el ciudadano de a pie desconoce, claro. Además de pagar –como digo- mucho más que cualquiera y de soportar consultas masificadas, tienes que bregar con los comentarios de los pacientes, muchos creídos como sabios, otros con palabritas como: tiene usted muy mala cara todo este año ¿está usted bien doctor?, para hundir la moral un ratito. Además de ser contagiados día a día por el trasiego ejemplar de virus, además de poner buena cara y soportar muchas veces situaciones absurdas, te montan la bronca en la sala de espera porque tardas mucho.

Esta situación es para grabarla. La mayoría de los que meten bronca son jubilados o mejor dicho como se dice aquí están en la retraite y como toda la gente mayor, pasan de todo porque se las trae al pairo la vida, la gente y todo lo demás. Conscientes de que han pasado por todo en la vida, la educación y las buenas costumbres pasan radicalmente a un segundo plano. Ellos lo quieren todo y lo quieren ya, no tienen paciencia alguna para nada de lo que hacen al cabo del día, se cuelan en todas las colas, de la compra, de hacer papeles en Hacienda, de todo...están por encima del bien y del mal, montan el pollo por cualquier cosa, comentan en voz alta lo que les da la gana, incluso levantan su garrota más de una vez como amenaza segura. Pues bien, uno de estos empieza a caldear la sala de espera con un comentario tipo: -“parece que hoy vamos con retraso”, dicho al aire mirando al techo y con voz potente. Esto normalmente se traduce en tirar la piedra y esconder la mano y siempre tiene una respuesta de los corifeos tipo: -“Qué nos va decir que no sepamos”, por ejemplo o -“En esta consulta siempre es así”, esbozado por alguien que está pasado de ir a los médicos y que admite la tardanza pero solo relativamente. Rápidamente se levanta otra que dice aquello de: -“No hay derecho a que nos traten así con todo lo que tengo que hacer”. Huelga decir que no tiene absolutamente nada que hacer, nada, solo repetir la manía de ir a las 11 horas sistemáticamente a comprar por ejemplo el pan. Otro más avispado dice: -“Luego así pasa quete ven de cualquier manera”, y otro dice: -“eso, y a qué precio”. De repente aparece una recién llegada que llega tarde pero justo a tiempo de que la llamen por el orden de la lista...y ya está el lío armado. –Oiga, oiga, que acaba usted de llegar y nosotros llevamos esperando más tiempo”. –Sí, pero es mi turno, no haber venido con tanto tiempo, yo tengo trabajo...Esto ya no tiene fin. Si el médico atiende y ve rápido al paciente porque es muy listo y con verle la cara ya sabe lo que tiene y además tiene médicos científicos en su consulta para saberlo todo al momento y no masificar su consulta, entonces mal muy mal porque lo ves rápido, pero si tardas, broncazo...-"Jolín si yo solo quería que me hiciera una receta", dirá otro. Cuando tienes que pasar la consulta muchas, muchas veces enfermo también porque no vas a estar de baja constantemente por el trasiego de virus y porque además tienes que estar, lo normal es negarte a extender el papel de baja a otro vago más y bajo tu responsabilidad, ni hablar. Las bajas se dan a los que verdaderamente lo necesitan. Pero esto los pacientes no lo entienden y pegan la bronca. También lo hacen si no les parece bien el diagnóstico, o si les dices que se tienen que operar para solucionar el problema. Tampoco se acepta. Como haya llegado una urgencia que por alguna razón se le pase dentro antes de los que estan esperando, broncazo masivo, y esto sucede todos los días porque todos los días hay urgencias, también pega la bronca el propio enfermo que va de urgencia porque es una situación para él extrema y exige ser visto ipso facto y que no le pase nada ahí mismo que te has caído con el equipo y la responsabilidad es del médico por no haberle visto nada más llegar. Tendríamos de su parte a esos mismos pacientes de la sala de espera que protestan porque se ha colado la urgencia, dispuestos a testificar que si por casualidad el paciente que llega de urgencia se muere, que ha sido culpa del médico por no reaccionar rápido, y que sí que le metan un puro a ese médico que no tiene ni idea y no atiende a sus pacientes. Hay de todo en la viña del señor, claro está.
Los psiquiatras son los más agredidos físicamente, pero es de suponer que es normal, a fin de cuentas los enfermos no controlan nada, esta es la justificación. Ni qué decir tiene el revuelto de tripas con el que tienen que convivir los generalistas. ¿Y los médicos de urgencias? No es agradable que te echen la pota encima, a nadie le gusta, ni ver las miserias del ser humano cada día, madres que no cuidan a sus niños y los llevan llenos de piojos y sin abrigar a la consulta. Miles, miles de situaciones a cuál más grotesca. Olorcillos y demás forman parte de la vida cotidiana del médico. Imagínense lo que a uno se le pasa cuando viene un paciente con aquello de: “doctor tengo picores en mis partes”. A saber lo que uno se encontrará ahí mismo. Llega esa voz del otro mundo que dice “tierra trágame” es lo primero que se graba en la mente del pobre o de la pobre galeno que al momento tiene que aplicar vista y olfato al asunto. ¡Un horror! En este caso lo mejor es no ir a invitar a comer por ahí a tu amigo/a médico. No va a comer nada. Y es que para ir al médico uno se debería lavar más de lo normal, hasta la gente más humilde lo sabe, pero esto resulta que no es así. Los traamientos, esta es otra. La mayoría de los pacientes, compran las medicinas que les han prescripto para almacenarlas –hace ilusión se conoce- pero ni siguen ni hacen los tratamientos, no las toman, ¿por qué? Porque los pacientes son sabios y más listos que nadie, han leído el prospecto farmacéutico y han decidido ellos solitos que no lo toman, sin ir un solo día por l aFacultad de Medicina, el paciente tiene un gran poder de resolución y o bien interrumpen el tratamiento a la mitad porque tiene muchos efectos secundarios o bien no lo hacen directamente y vuelven a por otro, por poner un ejemplo. Así es la cosa. Ir al médico hoy en día es ir a protestar sistemáticamente por todo. Lógico. Sales de la consulta con un problema que lo más seguro es que no haya sido posible solucionar, quieres otra cita porque tienes que venir a revisión y te la dan para tres meses, con lo cual la desesperación es mayor. De todas formas el sistema es así y los responsables está mucho mucho más arriba y se llaman políticos y administradores.

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...