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El galeno agredido

Esta semana han salido a la palestra en los medios de comunicación de Francia el Conseil del ordre de medecins para defenderse estadísticas en mano de las agresiones que por parte de los pacientes reciben los médicos cada día.
Y no es de extrañar porque cuando hablamos de la salud se diría que somos todos médicos y opinamos sin compasión y sin piedad para todo y en todo lugar. Según parece las estadísticas crecen considerablemente de un año para otro y los médicos especialmente los generalistas son agredidos ferozmente cada día, no solo verbalmente sino que comienzan a sentir en sus rostros y cuerpos algún que otro puñetazo. Con lo civilizados que son en Francia. ¿Razones? Existen varias que se repiten una y otra vez pero las más destacables serían: la demora en tener una cita porque hay que esperar mucho tiempo, el tiempo que tardan en atenderte una vez que por fin has tenido tu cita –las huestes se revuelven en la sala de espera-, otra de las razones es el impedimento que ponen muchos médicos a dar la baja al paciente por cualquier cosa.
En Francia y en determinadas especialidades lo normal es esperar entre tres y cuatro meses para tener tu cita, pero de eso no tienen la culpa los médicos, bastante tienen ellos con tener que soportar consultas masificadas. Ser médico en Francia es muy difícil, cuesta mucho trabajo y no lo es cualquiera, también lo es en España pues para una especialidad tendrás que dar de tu vida 12 años de estudio impresionante. La diferencia entre los dos países es el salario, claro está. Los médicos españoles tienen el mismo sistema que los ingleses, aquí en Francia son mucho y mejor remunerados, diría yo que mejor considerados o reconocidos, aunque no te regalan nada y vienen a ocupar una parte muy interesante de la recaudación de impuestos, al tener que pagar por muchas cosas que otro cualquiera no tendría por qué, aunque la mayoría de ellas el ciudadano de a pie desconoce, claro. Además de pagar –como digo- mucho más que cualquiera y de soportar consultas masificadas, tienes que bregar con los comentarios de los pacientes, muchos creídos como sabios, otros con palabritas como: tiene usted muy mala cara todo este año ¿está usted bien doctor?, para hundir la moral un ratito. Además de ser contagiados día a día por el trasiego ejemplar de virus, además de poner buena cara y soportar muchas veces situaciones absurdas, te montan la bronca en la sala de espera porque tardas mucho.

Esta situación es para grabarla. La mayoría de los que meten bronca son jubilados o mejor dicho como se dice aquí están en la retraite y como toda la gente mayor, pasan de todo porque se las trae al pairo la vida, la gente y todo lo demás. Conscientes de que han pasado por todo en la vida, la educación y las buenas costumbres pasan radicalmente a un segundo plano. Ellos lo quieren todo y lo quieren ya, no tienen paciencia alguna para nada de lo que hacen al cabo del día, se cuelan en todas las colas, de la compra, de hacer papeles en Hacienda, de todo...están por encima del bien y del mal, montan el pollo por cualquier cosa, comentan en voz alta lo que les da la gana, incluso levantan su garrota más de una vez como amenaza segura. Pues bien, uno de estos empieza a caldear la sala de espera con un comentario tipo: -“parece que hoy vamos con retraso”, dicho al aire mirando al techo y con voz potente. Esto normalmente se traduce en tirar la piedra y esconder la mano y siempre tiene una respuesta de los corifeos tipo: -“Qué nos va decir que no sepamos”, por ejemplo o -“En esta consulta siempre es así”, esbozado por alguien que está pasado de ir a los médicos y que admite la tardanza pero solo relativamente. Rápidamente se levanta otra que dice aquello de: -“No hay derecho a que nos traten así con todo lo que tengo que hacer”. Huelga decir que no tiene absolutamente nada que hacer, nada, solo repetir la manía de ir a las 11 horas sistemáticamente a comprar por ejemplo el pan. Otro más avispado dice: -“Luego así pasa quete ven de cualquier manera”, y otro dice: -“eso, y a qué precio”. De repente aparece una recién llegada que llega tarde pero justo a tiempo de que la llamen por el orden de la lista...y ya está el lío armado. –Oiga, oiga, que acaba usted de llegar y nosotros llevamos esperando más tiempo”. –Sí, pero es mi turno, no haber venido con tanto tiempo, yo tengo trabajo...Esto ya no tiene fin. Si el médico atiende y ve rápido al paciente porque es muy listo y con verle la cara ya sabe lo que tiene y además tiene médicos científicos en su consulta para saberlo todo al momento y no masificar su consulta, entonces mal muy mal porque lo ves rápido, pero si tardas, broncazo...-"Jolín si yo solo quería que me hiciera una receta", dirá otro. Cuando tienes que pasar la consulta muchas, muchas veces enfermo también porque no vas a estar de baja constantemente por el trasiego de virus y porque además tienes que estar, lo normal es negarte a extender el papel de baja a otro vago más y bajo tu responsabilidad, ni hablar. Las bajas se dan a los que verdaderamente lo necesitan. Pero esto los pacientes no lo entienden y pegan la bronca. También lo hacen si no les parece bien el diagnóstico, o si les dices que se tienen que operar para solucionar el problema. Tampoco se acepta. Como haya llegado una urgencia que por alguna razón se le pase dentro antes de los que estan esperando, broncazo masivo, y esto sucede todos los días porque todos los días hay urgencias, también pega la bronca el propio enfermo que va de urgencia porque es una situación para él extrema y exige ser visto ipso facto y que no le pase nada ahí mismo que te has caído con el equipo y la responsabilidad es del médico por no haberle visto nada más llegar. Tendríamos de su parte a esos mismos pacientes de la sala de espera que protestan porque se ha colado la urgencia, dispuestos a testificar que si por casualidad el paciente que llega de urgencia se muere, que ha sido culpa del médico por no reaccionar rápido, y que sí que le metan un puro a ese médico que no tiene ni idea y no atiende a sus pacientes. Hay de todo en la viña del señor, claro está.
Los psiquiatras son los más agredidos físicamente, pero es de suponer que es normal, a fin de cuentas los enfermos no controlan nada, esta es la justificación. Ni qué decir tiene el revuelto de tripas con el que tienen que convivir los generalistas. ¿Y los médicos de urgencias? No es agradable que te echen la pota encima, a nadie le gusta, ni ver las miserias del ser humano cada día, madres que no cuidan a sus niños y los llevan llenos de piojos y sin abrigar a la consulta. Miles, miles de situaciones a cuál más grotesca. Olorcillos y demás forman parte de la vida cotidiana del médico. Imagínense lo que a uno se le pasa cuando viene un paciente con aquello de: “doctor tengo picores en mis partes”. A saber lo que uno se encontrará ahí mismo. Llega esa voz del otro mundo que dice “tierra trágame” es lo primero que se graba en la mente del pobre o de la pobre galeno que al momento tiene que aplicar vista y olfato al asunto. ¡Un horror! En este caso lo mejor es no ir a invitar a comer por ahí a tu amigo/a médico. No va a comer nada. Y es que para ir al médico uno se debería lavar más de lo normal, hasta la gente más humilde lo sabe, pero esto resulta que no es así. Los traamientos, esta es otra. La mayoría de los pacientes, compran las medicinas que les han prescripto para almacenarlas –hace ilusión se conoce- pero ni siguen ni hacen los tratamientos, no las toman, ¿por qué? Porque los pacientes son sabios y más listos que nadie, han leído el prospecto farmacéutico y han decidido ellos solitos que no lo toman, sin ir un solo día por l aFacultad de Medicina, el paciente tiene un gran poder de resolución y o bien interrumpen el tratamiento a la mitad porque tiene muchos efectos secundarios o bien no lo hacen directamente y vuelven a por otro, por poner un ejemplo. Así es la cosa. Ir al médico hoy en día es ir a protestar sistemáticamente por todo. Lógico. Sales de la consulta con un problema que lo más seguro es que no haya sido posible solucionar, quieres otra cita porque tienes que venir a revisión y te la dan para tres meses, con lo cual la desesperación es mayor. De todas formas el sistema es así y los responsables está mucho mucho más arriba y se llaman políticos y administradores.

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