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Política y Literatura


Una de las cuestiones que más tristeza me da abordar es el de la utilización de la literatura para fines políticos y viceversa. No se debe traficar con la literatura y mucho menos con los autores y creadores, no señor, no se debe uno aprovechar y monopolizar la creatividad. Conozco a algunos y sobre todo a algunas que lo hacen con mucha frecuencia y creo yo que va siendo hora de que se vayan a descansar a su Maison de Retraite y dejar de fastidiar a los que sí hacemos literatura, luchamos por ella sin ayudas, la defendemos y conseguimos editarla a pesar de ellos barra ellas. Y es que es triste no querer admitir en un momento de tu vida que lo que no has hecho ya, pues ya no se hace, y que llegan otras generaciones nuevas, preparadas y con menos monopolio y que hay que dejarlas su merecido hueco. Ya me he referido en otras ocasiones a los oportunistas y copiotas de mi profesión, pero esto da igual ¿por qué? porque han estado en política y se defienden muy bien con el compadreo y con la mala leche y retorcimiento que dan las arrugas. A veces pienso que hay que dejarlos, que total les quedan diez años o así de machacar, otras veces sobre todo cuando agreden a otro más débil, confieso que me revuelvo como un buen toro que soy. Estas gentes -mediocres en su mayoría pero que en su día tuvieron esa oportunidad porque solo estaban ellos- no se conforman con robar las ideas a cuyas manos han llegado por el azar de tener tesis doctorales, ni tampoco se conforman con mantener su prepotente puesto académico, labrado a base de pisar a los demás, tampoco -se conoce- se conforman con levantar falsos testimonios, no, van aún mas lejos, se aprovechan de su posición de jubilado mercante para quitar, robar el puesto al que ahora le toca su turno y se lo merece con creces. No importa, arrieros somos y los años nos distinguen. Dignos de pena son los que a su edad no tienen más nada que decir de su casposo cacumen y apoyados en su posición no saben qué inventar para saberse -aunque muertos para los demás- que están vivos en ese absurdo teatro de la farsa que es la vida social, la vida de provincias y la vida de las invitaciones entre los Universitas. Para todo hay clases, y aun siendo amiga de grandes personajes que sí empujan la literatura, me hace perder algo el tiempo esta patraña de desgraciados y lamentablemente tiene uno que batirse a espada contra los mierdecillas casposos, oportunistas que salen a nuestro paso por esas callejuelas a darnos lo merecido. ¡Qué mala es la edad cuando no se sabe asumir! Dartagnana nací y seguiré, combatiendo de momento para defenderme que la venganza ya se sabe es algo que hay que saborear y nada como una buena pluma a tiempo, en su momento y en su lugar para hacerlo. El que tenga oidos que oiga.
Tranquilos que ya os llegará vuestra hora como decía mi buen Galdós.

Dedicado a los rabiosos que aun teniendo una posición y todo lo que quieren: ¡siguen teniendo envidia!
¡Qué malo es ser malo! pero ¡No pasaréis!

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