jueves, 27 de mayo de 2010

Amor ficticio, amor irreal, la inexistencia del Amor

El amor no existe, quiero decir que el amor entendido como algo corpóreo no existe, globalmente es un estado interno de la persona, es un concepto que no tiene forma física. A veces pensamos que el amor es alguien que conocemos pasando a ser una persona determinada con un cuerpo físico y no podemos llegar a entender qué es lo que sucede cuando decimos que “el amor se acaba”, pensamos y nos lanzamos al mar de la desesperación. No se acaba. En realidad hemos acomodado a alguien a esa idea inexistente de que el amor existe como si tuviera un cuerpo, como si a La Verdad o La Fe o El alma se le pudiese procurar un abrigo y por consiguiente un cuerpo.



En general somos nosotros, en nuestro interior donde reside, donde está, es decir quien tiene el amor, ese estado de enamoramiento, esa inquietud, un estado extraterrenal y equivocados lo procuramos en una u otra persona para poder corresponderlo trayéndolo a la realidad, pasando del estado del imaginario a lo real. ¿Cómo se explica que nos creamos enamorados de alguien y que podamos olvidarlo o pasar a otro estado como el de amistad, el de odio en cuestión de segundos? Eso no existe, no puede ser, nadie se lo cree. Por esa razón la gente se “enamora” y se “desenamora” con una facilidad grande y sorprendente, porque es la persona quien maneja esos sentimientos. Por esa razón los lazos que se crean bajo el sustantivo Amor, o sobre el verbo Amar, son completamente ficticios y cambiantes porque en el fondo dependen de nosotros mismos, depende de nuestras mudanzas personales. Cuando evolucionamos mucho nos descompensamos probablemente de la persona que tenemos al lado, “desenamorándonos” o lo que es mejor viendo que esa persona no es lo que era, que nos ha desilusionado cuando en realidad ese ser humano no ha hecho nada, somos nosotros quienes controlamos todo ese material emocional. ¿Dónde reside entonces?

Es uno mismo el que ha cambiado su estado de amor hacia esa persona. Cuando nos creemos enamorados no es más que un espejismo de lo que queremos ver, de lo que tenemos en el interior y que queremos traerlo a la realidad como sea. ¿Es que es verdad eso de que alguien te enamora? Pues no, no creo en que sin tú quererlo sin que haya una predisposición primera un hombre o una mujer llegue y nos enamore cambiándonos la vida, también es de suponer improvisadamente y sin que nosotros lo queramos. Julieta según nos cuenta Shakespeare, antes de que llegase Romeo ya había tenido por así decirlo “una relación” con un hombre e invadida del desencanto su corazón estaba abierto a que lo ocupase otra persona, Eso sí, pero el estado de enamoramiento ya estaba en ella antes de que llegase Romeo. Él vino a dar cuerpo, a que fuese real su sueño o su concepto. En esto estamos por ahora, pero seguiré.

martes, 18 de mayo de 2010

Sueño

Aquella noche fue cruel en cuanto a recuerdos y retorcimientos, cenó con él, después soñó con él y sin embargo seguía pareciendo todo aquello una invención del subsconsciente. Aquella noche soñé con miles de madres que de forma sistemática movían sus bocas en un sólo grito, igual que en una coral, el dolor de las madres no tiene raza, lo hacen de forma inconsciente todas ellas. En aquel sueño cantaron muchas madres que al mismo tiempo, como en una coreografía, movían la boca con el bebé en la mano acercándole la cuchara para dar la papilla a su bebé —también es un hábito generalizado el mover la boca cuando alimentas a tu bebé—; un grupo, como un coro griego, se niega a hacerlo, están mudas, unidas y serias, los bebés en el suelo, ellas los pisan, nada tienen que darles, por tanto, no pueden hacer la mueca que todas las demás sí hacen. ¡Qué triste es ser madre y no tener comida para tus pequeños indefensos! Martillea esta frase en mi mente como una letanía en varios idiomas.

-¡Pero si yo no hablo idiomas! .Entenderás por fin lo que significa el mundo de los sueños: aquí todo se cumple, -susurraba una voz allende las paredes-.

De pronto, recordé que en el siglo XIX, casi como hoy, donde la familia era concebida como un microcosmos del Estado, la prescripción para las mujeres burguesas era la de lograr que aprendieran a querer criar a sus hijos, contra la práctica común de contratar nodrizas o amas de cría que entre otras cosas amamantaban a los niños. Como ahora, que amar la maternidad también empieza a ser un horror, es obvio que no está de moda, o al menos lo está a ratos, quizás en el embarazo del primero que es cuando estás más mona. También las hay que se creen únicos habitantes del mundo y se deciden a escribir un libro sobre la maternidad, un hecho a todas luces normal, natural, y no exclusivo de algunas que después comprueban que seguimos siendo iguales, y que ningún hijo vale más que otro, ni una es más madre que otra.

En aquel sueño, mujeres muy bellas tiran sus hijos al aire o contra los cuadros de las paredes al tiempo que envían sonrisas a hombres que salen al encuentro. Hambre, dolor y frivolidad eran los elementos que me propugnaron aquella noche enorme agitación. Me desperté con arcadas. Cada vez que lanzaba escupitajos, estos, se convertían súbitamente en saltamontes de color sepia, metálicos y con motor que salían de mi garganta, uno tras otro, arcada tras arcada, hasta llenar la estancia de miles de saltamontes que pilotando su propio motor habían convertido mi habitación en un circuito de carreras con un enorme ruido, ruido y más ruido, maldito brumm de mi cabeza, ya está la cefalea.

Mientras, contemplaba aquella unión pictórica de las mujeres que mueven la boca, de bebés que gorjean, de otras que gritan, otras que zapatean sobre sus hijos, otras que ríen con hombres y la carrera de saltamontes... Entra Isabel con dos sobres que habían llegado certificados. Todo era vacío en la alcoba, sólo la absurdez aliviadora de lo cotidiano: "Señora, comienzo por la cocina..."

-Sí, sí, Isabel comience por donde usted quiera...”, total va a hacer lo que le dé la gana. Hay que reconocer que en ocasiones, ante la tragedia, ante el horror ¡qué bueno resulta lo cotidiano! Limpiar con lejía el water, preparar el café con tostada de aceite de oliva y sal, apestar toda la casa con el puchero de cocido... ¡Qué gusto nos dan estas cosas cuando uno está al límite! Cómo reconforta el despertar cuando estamos en un mal sueño, aunque sea para estas pequeñas cosas que a menudo desestabilizan nuestro mundo de sueños y de ilusiones. ¡Qué bueno es vivir! ¿Quién va a preparar el café con tostadas, y quién va a ser el guapo/a que vuelva a limpiar el water con más lejía?

De súbito recordé que en las tumbas, cuando estás debajo de la tierra, también sucede esto: nadie te oye y te pondrías muy contento de poder degustar —si eres español— un buen plato de alubias con chorizo. Ya sabemos que los japoneses dentro de su caja de muerto comerían su sushi y los franceses sus patés...Estas dos razas me han tenido y me tienen perpleja, confieso que no los entiendo aunque en ocasiones quisiera ser japofrancesa. Lo cierto y sin peros es que cuando estás metido dentro con la tierra por encima ya no lo puedes hacer, y nadie se acordará de ti como nadie lo hace de mí ahora, como no lo hacemos ni de los versos ni del dolor de ser creados.

He soñado con un mundo de sueños que me persigue tocando las castañuelas y el tan-tán y sin embargo no puedo hacer nada por él. Hombres que van y vienen vestidos con botas de charro y cantando asturianadas. Es evidente que no saben cantar pero lo hacen. ¡Qué buenos los hombres y qué vanidosos que son! Me quedo con las madres y los saltamontes, así me vuelva loca.




lunes, 10 de mayo de 2010

Azotea madrileña



Los pisos altos de las casas de Madrid atraen para si la frase de Murger, quien vivía en un último piso: "Vivo enlas afueras de París". Yo tengo en el corazón de Madrid un balcón a la calle, a la vida, y una ventana alta, una ventana que da al cielo. El desencanto de la vida abre la ventana y el entusiasmo por la vida abre el balcón. Pero que quiero hablar de las cosas en su superficie subo, a la azotea. Desde la azotea se ve Madrid a vista de pájaro, a lo lejos. y este barrio con una triste proximidad d etejados y chimeneas, no muybonitas éstas, no muy limpios aquellos. Es la hora fresca y alegre de la mañana reciente.
 Hay un cielo limpio, envidia de los tejados, azul suave, azul tranquilo; hay un sol grato de calor, hay todavía algo del silencio de la noche. Se columbran algunas torrecillas de iglesia -erizamiento y como índice de pueblos y ciudades-, la frente sin poesía de algún edificio público, y se contemplan las casas vecinas, los altos de las casas modestas que, abiertos sus balcones, se ofrecen ingenuamente a la curiosidad del vecino madrugador y por ello molesto. La mirada se recrea entonces lejos y cerca, a un lado y a otro, en una dirección y en otra, suspendido el observador entre el espacio y Madrid.
Viene el recuerdo de las azoteas de Andalucía junto al campo, con visiones de luminoso paisaje, balcones colgados en la alegría de las mañanas con incensarios, al pie de claveles y campanillas...volvamos de nuestro viaje de ilusión a este Madrid, donde la visión es mucho más dura. Alguien escribe una carta de amor y otro contempla cómo será el día. El cielo cambia como la escenografía que conviene a los sucesos humanos y también sentimos su soledad obligada a ser compartida. Las gentes viven unas al lado de otras sin apercibirse de esa realidad y es que el día va transformándose como se transforma el hombre sumergido en su sueño de la vida, esa que nos obliga a estar, como estás tú ahora leyendo estas palabras y creando tu atmósfera en el aliento robado a las aves.

jueves, 6 de mayo de 2010

A quien corresponda

No puedo verte más, no puedo volverte a ver.
Ayer, sentí cómo el vacío de no verte me destruyó,
no pensar en que estás, no hay silencio, solo hay música,
mañana habrá mucho más vacío de saber que no existo en tu alma.
Tu signo es el viento.
No verte.
No amarte como no se ha podido amar a la fruta prohibida.
Sin embargo, adoro hasta su sombra, idealizado todo en
los rincones de la memoria.
Una memoria que quiere apartarte de mi
y no era eso,
es que apartándote de mi lado, no puedo verte,
ya no estás, solo tu palabra o tu cabello me devuelve a la vida.
Pero no puedo verte más.
No estás.
No estoy.



Pertenece a No eres tú sino yo, por Rosa Amor del Olmo




A qui de droit.


Je ne peux plus te voir, je ne peux plus te revoir.
Hier, j'ai senti le vide, ne pas te voir m'a détruit
Ne pas penser que tu es là, ce n'est pas le silence, ce n'est que musique,
Savoir que demain je n'existe pas dans ton âme créera un plus grand vide.
Ton signe est le vent.
Ne pas te voir.
Ne pas t'aimer comme on n'a pu aimer le fruit défendu.
Cependant, j'adore jusqu'à ton ombre,
Idéalisé jusqu'aux derniers recoins de la mémoire.
Une mémoire qui veut m'écarter de toi
mais non,
En m'écartant de toi, je ne peux te voir,
Tu n'es plus là, seuls tes mots ou tes cheveux me rendent à la vie.
Mais je ne peux plus te voir.
Tu n'es plus là.
Je ne suis plus là.

De lo cotidiano en la vida. Despido del amor.

Hay muchas cosas de la vida cotidiana que pueden llegar a fundirnos en un horror absoluto, en un marasmo de sentimientos contradictorios, en una provocación a la armonía, en el desate de instintos bajos y que sin embargo y aun siendo motivo muchas veces de divorcio, pérdida de amistades o de huída del hogar, pues quizás expresándolas de forma clara, sencilla, podríamos llegar a consensos varios de compatibilidad activa y real en el devenir cotidiano. He tenido diversas experiencias en ese sentido y hay algunas cosas que ya se han establecido bastante claras para mi, es decir, puedo asumir la mal establecida falacia de que me conozco a mi misma. Ostras pedrín! Conocerse a si mismo y no engañarse merece admiración, yo admiro a los que se conocen y no se engañan, es propio de sabios y por sabios humildes.

Todo ser humano se comporta de forma muy parecida, nadie es excepcionalmente especial, quizás en los principios de una relación en esas historias que llaman de “amor ciego” que como tal sentimiento no reconoce la realidad y lo acepta todo...pues puede valer al menos funcionará en la imaginación, fantasía que tantas y tantas veces alimenta nuestro espíritu. Me confieso mayor para estos temas, la ceguera en el amor por desgracia ha venido a desaparecer de mi vida. Ya no idealizo nada, ya no vivo en las batuecas de antes, esas que me proporcionaban hermosos trozos de vida regalado de imaginación y me da pena, prefería cuando una estaba engañada aunque ésta sea una felicidad ficticia, poco importa pues es felicidad y ésta siempre se nos escapa entre los dedos. Una pena, para mi eso es envejecer, ver las cosas con una realidad que espanta, con la distancia que da la inquebrantable sabiduria y conocimiento, con el desinterés de tener todo hecho...horrible desinterés, hasta el punto de no creer en nada o hacer las cosas por hacer. Sin embargo cuando la ceguera amorosa existía nos hacía vivir en un plano distinto, desconocido, atractivo, imaginativo...del que como digo tristemente nos alejamos para ver las “cosas como son”. Esto del amor ciego y de las relaciones personales –cualquiera que ésta sea- que estaban en nuestra imaginación, eran –digo- mágicas, personales, pertenecían en exclusividad a nuestro pensamiento engrandeciéndonos en muy buena medida, nos hacían enormes en nosotros mismos. Pero luego está no la forma nominal del pensamiento sino el resultado de él, la actuación, la parte práctica. Esta es la más destructora.
Por ejemplo, ¿a quién no le molesta que le cojan su cepillo del pelo y lo dejen lleno de caspa y buruños? ¿Quién no ha maldecido ese secador de pelo a deshoras? Quién, por muy pacifista que se sea, no le han dado ganas de matar al ver por la mañana el tubo de pasta de dientes espachurrado y seco por arriba porque el anterior o la anterior ha olvidado espachurrar como debe ser y además ha olvidado ponerle el tapón. Esto clama el cielo. ¿Y los dos mil vasos usados repartidos no importa dónde? ¿Y esa lata de coca-cola o goga-gola según se pronuncie encima de la chimenea que solo ves tu? La cadena de la taza del water que queda sin usar incólume mientras olorcillos de pis salen y salen? Lavabos guarretes de pelos, espejos empañados donde uno no llega a verse asi mismo en la vida, calcetines pelota por toda la casa, una, dos o tres chaquetas puestas derrengadas en el respaldo de una silla, puertas que acojen en sus picos mogollones de ropas tipo tienda de campaña...Cuando convives con otros y éstos se comen tus pequeños caprichitos que tienes casi escondidos en la nevera...ahí la vida se convierte en traición absoluta y despiadada. Con lo fácil que es preguntar ¿puedo comerme esto que mañana te lo repongo? Y ya está. Pues no, la susodicha se lo zampa y no dice nada, con lo cuál ya se ha convertido en enemiga. Alguien aparece en tu vida y quiere hacerte vivir de una manera diferente, ¿qué sucede por mucho amor que haya? ¡Comer con ruidito! O peor porque nadie te obliga a hacerlo, es decir que no es necesario: ¡comer con ruidito chicle! Que no es comer la ensalada con la boca abierta que alomejor ya no tienes mas remedio, no, el chicle se come por ocio y por lo tanto puede quedar de lado perfectamente no es vital para la vida, por lo tanto mascado con ruido solo sirve como arma arrojadiza ¡leche!. Deberían prohibir que la gente coma el chicle con ruidito. Es simplemente insoportable. Son esas cosas con las que nunca contamos porque son como las pequeñas vocales y consonantes imperceptibles en letra pequeña que conforman la leyenda de la convivencia a la que llegamos, generalmente como consecuencia del amor, ese que en su momento era ciego y por el que estábamos dispuestos a darlo todo. Después esa leyenda deja de ser abrasándonos en la triste, alegre, cotidiana monotonía de la vida. Por hoy, solo quiero recordar estas pequeñas cosas que nos dejan tiempos de flores hermosas, no quiero aburrir a las ovejas con la vejez sabionda de mi pensamiento incontrolable.




lunes, 3 de mayo de 2010

El antagonismo de España

Es seguro que España, en los últimos quince años, atraviesa por una de sus crisis más hondas y trascendentales, y es seguro también que nuestra patria, sin necesidad de revoluciones violentas y ostensibles, está sufriendo transformaciones de carácter interno tan considerables como las haya podido sufrir en sus épocas más críticas. El período actual de la vida española podía expresarse por esta sola palabra: “inquietud”. Y si quisiera expresársele más ampliamente, pudiera llamarse “la época de la crítica y de la renovación de los viejos valores tradicionales…”


Efectivamente, esta época nuestra es de una atormentada autocrítica; llevamos más de quince años examinándonos, mirándonos para adentro y haciendo verdadero examen de conciencia , y como España era el país que menos se conocía a sí mismo; como España vivía de tópicos, de adulación y de opiniones cerradas; como la herencia del siglo de Carlos II nos hizo incapaces de un juicio libre y atrevido de las cosas, resulta que aquí vivíamos en el mejor de los mundos, teniendo los mejores soldados, las mujeres más bonitas y la tierra más fecunda de Europa. Vino la crítica, examinamos los valores tradicionales, nos convencimos del error y nos entró pánico…Hay mucha gente que se alarma ante las proporciones exageradas que ha tomado nuestra desilusión, nuestra desmedida autocrítica, que no deja ninguna opinión tradicional en pie; pero como esto ha de pasar, y como tal los valores falsos vendrán otros sinceros y efectivos, España –el eterno Fénix de las naciones- renacerá fortalecida.

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...