miércoles, 30 de junio de 2010

Visión cotidiana del Hombre: el pensamiento


Un día leí en Proverbios 23:7, Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Me di cuenta de algo que todo el mundo conoce y a menudo pasa sin pena ni gloria por nuestra vida, y es que el hombre es literalmente lo que piensa, ya que su carácter es la suma total de todos sus pensamientos.
El pensamiento es en definitiva otro nombre del destino. No sólo se convierte la persona en lo que piensa, sino que frecuentemente toma esa apariencia. Si adora a Marte, como la mujer de mi amigo Antonio, o al dios de la guerra, el ceño tiende a dar rigidez a sus facciones; conozco a algunos así, aunque no siempre una cosa lleva a la otra. Si adora al dios de la lujuria, la disipación se manifestará en su rostro como mi amigo el académico; si adora al dios de la paz y la verdad, la serenidad adornará su semblante, a veces también he visto confundir la simplicidad o la pereza con esto. Supongo que segamos lo que sembramos, pero esto —a pesar de lo que dicen los curas— solo es un suponer.
Los pensamientos se acumulan, dan forma a nuestro carácter y éste se relaciona directamente con nuestro pensamiento. ¿Cómo será posible que una persona llegue a ser lo que no está pensando, lo que de ninguna manera está pensando? No hay probablemente pensamiento alguno, cuando en él se persiste, que sea demasiado pequeño para surtir su efecto. Lo que da forma a nuestros propósitos ciertamente se halla en nosotros. Mi tía Rita —una gran sabia— el otro día me dijo —ella es jueza— que un hombre no llega al hospicio o a la cárcel por motivo de la tiranía del destino o las circunstancias, sino por el sendero de pensamientos serviles y deseos bajos. ¡Anda! Ni tampoco un hombre de mente pura desciende repentinamente al crimen debido a la presión o a una mera fuerza externa; el pensamiento criminal se había abrigado secretamente en el corazón por mucho tiempo, y en la hora oportuna manifestó su fuerza acumulada. Las circunstancias no hacen al hombre; lo revelan a él mismo. No pueden haber condiciones tales como caer en el vicio y sus sufrimientos consiguientes, aisladas de la inclinación al vicio; o el ascenso a la virtud y su felicidad pura, sin el cultivo continuo de aspiraciones virtuosas. Por consecuencia, el hombre, como señor y amo de sus pensamientos, es el hacedor de sí mismo, el formador y autor del ambiente. Altere el hombre sus pensamientos radicalmente, y lo sorprenderá la rápida transformación que esto efectuará en las condiciones materiales de su vida.

Los hombres se imaginan que el pensamiento puede conservarse encubierto, pero no se puede; no se puede, siempre sale; rápidamente se cristaliza en un hábito, y el hábito se solidifica en circunstancias. De modo que no solo los actos, sino también las actitudes se basan en los pensamientos con que alimentamos nuestra mente. Nadie tiene el derecho de arbitrariamente dar forma a los pensamientos de otros, mas no con esto se quiere decir que los pensamientos de uno son enteramente asunto propio. Cada uno de nosotros inevitablemente afectamos a otros por medio del carácter que nuestros pensamientos y actos han producido. Cada uno de nosotros somos parte del género humano, e impartimos a los demás a la vez que recibimos de ellos. Esto parece que es sociedad, o convivencia. En las manos de todo individuo se coloca un poder maravilloso para obrar, a saber, la influencia silenciosa, inconsciente e invisible de su vida. Esta es sencillamente la constante irradiación y absorción inquebrantable de lo que el hombre realmente es, no lo que finge ser… Sobre el ser y parecer he hablado ya en otro lugar.

La vida es un estado de transmisión y filtración que persiste; existir es irradiar; existir es ser el recipiente de la irradiación. Y el hombre, no puede ni por un momento escapar de esta irradiación de su carácter, esta constante debilitación o fortalecimiento de otros. No puede esquivar la responsabilidad diciendo que se trata de una influencia inconsciente. Él puede seleccionar las cualidades que permitirá que de él irradien. Las intenciones de nuestro corazón, aun nuestro pensamiento será, es, lo que nos condenará, es lo que nos condena en vida, de ahí el sufrimiento de la mente que cada día cobra mayor importancia, incluso le ponen nombre de stress, o depresión, sin embargo no nos llevan al médico de las palabras, al de las ideas que se ciñen en nuestra percepción, en nuestro sentido, produciendo sentimientos. Nuestras palabras, las ideas y los conceptos que rellenan nuestro cacumen nos condenarán y todas nuestras obras y pensamientos sobre todo, también lo harán. ¿Y quién custodia eso?

El que abriga malos pensamientos —y ahora me refiero a uno de los grupos que de verdad azotan la sociedad, los pederastas— a veces se siente seguro, con la convicción absoluta de que estos pensamientos son desconocidos a otros, igualmente que los hechos secretos no son discernibles. Y es que todos los hechos que conciernen a la mente configuran las acciones: no es un loco, decía el otro día un psiquiatra hablando del alemán que había tenido encerrada a su hija dieciocho años; claro que no lo es, sabía perfectamente lo que estaba haciendo, pero su mente criada a base de ideas perversas y justificaciones lo permitía. El homicidio es un acto de agresión, pero la ira es una acción de la mente, de modo que la falta puede haber sido precursora del homicidio, pero si los pensamientos de un individuo no llegan a ser furiosos ni violentos, es improbable que éste le arrebate a otro la vida, a no ser que sea expuesto a una situación límite; al menos es lo que yo creo. A base de mirar y desear lo que no es de uno acaba por generar así mismo sentimientos, ambicionando lo que no nos corresponde por naturaleza; y lo más seguro es que acabemos por cometer las mayores barbaridades y quedarnos como si tal cosa, eso es lo que hacía, lo que hacen los caníbales de la sociedad. El marido de Lupe justifica como cosa normal engañarla con otras mujeres, no recuerda el respeto a la persona ni recuerda el día que pactó con ella cumplir una serie de convenios; su marido la engaña sistemáticamente —autojustificándose— sin darse cuenta de que algo le está fallando, pero le falla a él mismo porque él es el que desvía sus acciones hacia otro lugar que no estaba pactado, ha alimentado esas ideas desde hace mucho tiempo y por ello lo hace de forma natural, impensable de realizar seguramente el día en que se enamoró de ella. Cuando Lupe le ha abandonado, este hombre que de alguna manera estará apechugando a estas horas, no entiende los porqués del abandono de aquella santa que le aguantó todo y más. De modo que al nacer el pensamiento que provoca la reacción en cadena genera toda una sarta de barbaridades en uno o en otro sentido; así me explico yo la envidia, defecto que por ahora no he sufrido nunca, pero que existe y mucho, y también hace mucho daño, nos vuelve mezquinos. El marido de Lupe la tiene amenazada, tiene una orden de alejamiento que en algunas ocasiones no cumple. Si se siembra el pensamiento y luego se desarrolla en lujuria, casi es seguro que finalmente producirá la cosecha completa de un acto vil, de algo que no conocíamos de cerca pero que después de albergarse en la mente pasa a la acción arrasando como algo natural, intrínseco al ser.


Generalmente se considera el asesinato como homicidio premeditado, y ciertamente ningún acto de esta naturaleza jamás se llevó a efecto sin que el pensamiento haya antecedido al hecho. Nadie ha robado un banco sino hasta después de que le ha dado un tiento, ha proyectado el asalto y considerado la fuga. Asimismo, el adulterio no es el resultado de un solo pensamiento, la mente puede hacer en días que esto sea algo normal y corriente, también la mentira, el engaño. Creo que el deterioro mental antecede, domina la mente del «ofensor», ha estado cursando una retahíla de pensamientos antes de cometer los hechos. En efecto, cual es el pensamiento del hombre en su corazón, así obra. Si pienso en ello el tiempo suficiente, si dejo a las ideas que se asienten, así obraré, probablemente se instalen y me dominen; he conocido algún suicida —quiero decir a alguno que cumplió lo que pensó— y comenzó así. De manera que la ocasión para protegerse contra la calamidad es cuando el pensamiento apenas empieza a tomar forma destruyendo parte de una semilla que en su momento había sido patricia, destruyendo la idea, dominándola. En Japón aprendí a batallar contra las ideas, meditando. Solo el hombre, de todas las criaturas sobre la tierra, puede alterar su manera de pensar y convertirse en el arquitecto de su destino. He escuchado decir a algún purista del arte plástico que jamás se permitiría contemplar un dibujo o pintura inferior, ni hacer cosa alguna baja o desmoralizadora, no fuere que la familiaridad con aquello le mancillara su propia idea y luego se la comunicara a su pincel, éste como ejecutor de la escuela en cierto modo desprevenida del pensamiento. Yo procuro no leer literatura basura. Se siembra un pensamiento, se cosecha un acto. Se siembra un acto, se cosecha un hábito, se siembra un hábito se cosecha un carácter, se siembra un carácter se cosecha el destino, nuestra vida, dirigimos nuestra existencia más personal, la del estado de la mente que es la que —si nos descuidamos— domina a la persona. Porca miseria, homus hominis.

martes, 29 de junio de 2010

La cuestión clerical


No es de extrañar en absoluto que España haya tenido que luchar con el tópico de que cada español lleva dentro un clérigo. Es que la cuestión clerical ha sido un largo y agónico inconveniente en nuestro desarrollo a lo largo de la Historia. La costumbre de la Iglesia ha sido la de convencer en contra de la voluntad de la persona que ha acudido por imposición a escuchar. Eso no es una religión. Ser practicante de una religión lleva implícita la libertad de querer estar ahí, de estar convencido de lo que uno cree, de las doctrinas, del espíritu, de la filosofía de aquella y de los ritos de esta. Como sea, uno debe elegir sumergido en su espiritualidad íntima, personal e intrasferible. Pero esto no es así en el caso del catolicismo que en nuestra tierra ha impuesto contra corriente su voluntad y se ha encargado a lo largo de muchos siglos de educar, de confundir de “formar” a la persona. Y claro, como es irreal y antinatura pues se da el caso de que mientras en Europa estaba el pueblo aprendiendo a leer nosotros estabamos bajo el yugo papal. Injusticia inmunda. Mientras en nuestra vecina Francia las ideas de los filósofos que aquí estaban prohibidos cultivaban las mentes hacia una autodeterminación o hacia una revolución, nosotros seguíamos con el yugo eclesiástico que ha torturado a millones de almas. Célebre ha sido el ejemplo de Lamennais, gran filósofo y teólogo de cuya doctrina hay hoy todavía seguidores de sus preceptos enormemente modernos. Por poner un ejemplo en el siglo XVII de siete millones y medio de españoles, 500.000 eran curas y frailes lo que daba un resultado de un religioso por cada 14 españoles. Aunque el pueblo se ría del Papa, reyes, gobernantes son súbditos del Vaticano y con ello le dan un lugar hasta hoy insólito que tampoco ha cambiado gran cosa al cambiar a un estado laico, porque la amenaza moral y subsconsciente está ahí siempre y son los mismos dirigentes de la clerigaya quienes salen a la palestra para dar sus opiniones con respecto a las decisiones políticas del país. Tienen, incluso, sus programas de tele y radio que muchos siguen y siguen, y mucho autor que ya son vasallos de ellos. Es una institución que se nutre doblemente. No solo tiene sus beneficios con el Estado y el dinero que reciben de él, sino que además han tenido comida la moral a muchos de los practicantes que sin su diezmo estaban sin duda excluídos de la salvación eterna. Por este medio han recabado muchos tesoros.
Ya en el XIX Victor Hugo entre otros había dicho: “España era el primero de los pueblos; pero tuvo la desgracia de vivir a la sombra de dos enemigos: el Rey y el Papa, y ésa fue su muerte...”. Pero el dolor no solo ha estado ahí. Ha estado en cómo la clarigalla ha educado falsamente a las gentes, se entiende, a los que tuvieron la oportunidad de educarse. Una de las técnicas mas frecuentada era la herejía. Todos los pensadores laicos eran herejes y no se estudiaba otra cosa que Santo Tomás de Aquino con su Summa,y solo a ésta se le rendía la devoción absoluta, como han odiado y destruido toda posibilidad de alzar el cuello todos los catedráticos laicos de las universidades, muchos exterminados de diferentes y variopintas maneras. Una eminencia filosófica de la época el padre Albarado que era lo que llamaban entonces “un pozo de ciencia” sentaba esta proposición en una disertación teológica: “Vale más errar con San Agustín y Santo Domingo, que acertar con Descartes”. Ahí estaba todo dicho.

Qué felices tiempos eran aquellos –muestra y ejemplo de la mejor convivialidad social moderna- cuando caminaban y convivian musulmanes, judíos y cristianos, compartiendo conocimiento cada quién en sus dominios. Qué gran lección era aquella de nuestros antepasados que lograron un país inigualable, sabio, evolucionado. El genio nacional libre de las trabas de fanatismo marchaba a la cabeza del mundo, industrialmente, con la fabricación de cueros, lanas y sedas; agrícolamente con la pericia del labriego infiel que convertía en jardines las llanuras de Valencia, Murcia y Granada; intelectualmente, con la famosa aljama de Córdoba, adonde acudían cristianos de Europa para recoger de labios de los maestros sarracenos los restos del saber griego, casi perdido bajo la inundación de la barbarie estética.
Jovellanos o nuestro Baltasar Gracián que en la época y en la actualidad francesa hoy también, eran considerados como pensadores de primera linea, fueron sepultados en la tumba del olvido en un país donde la caza del hereje se convirtió en lo primordial de los perseguidores. A partir de ahí, todo absolutamente todo fue condenado y a todos se torturaron. Vergüenza nacional es para todos el tribunal de la Inquisición, único, bestial, satánico, inhumano, pero que torturó a miles de personas con los peores de los recursos que tan solo unas mentes tan “espirituales” podían proponer como exterminio. Ahora igualmente el Papa hace teología del satanismo pedrastra practicado por sus secuaces y que ya no pueden en ningún caso ocultar. Pero, lo peor es que el horror está ahí. ¿Quién va a redimir lo hecho?


lunes, 28 de junio de 2010

La discreción


Si en el medio de una pirueta mental alguien se acercara a preguntarnos cuál es la condición que estimamos mejor en un hombre ¿qué diriamos? Si en esa misma pirueta nos dieran a elegir entre diversas condiciones del ser humano como la más admirable, respetable...¿cuál, cuál elegiríamos? Para unos será la bondad, otros dirán que la inteligencia, el sentido del humor dirán otros. Hoy, después de haber tenido que escuchar a una aunque amiga, insoportable mujer, me decanto directamente por algo que muchas personas olvidan: la discreción. En la vida política, en la vida social, en las relaciones generales entre los seres humanos, lo más importante es sin duda la discreción. No soporto a los que no lo son. ¿por qué? Porque una falta de discreción es imposible para la vida. Las cualidades anteriormente mencionadas son algo tangible que se demuestra por medio de las obras, los hechos...pero ¿cómo se exterioriza la discreción? ¿qué forma tiene y cómo la reconocemos?


En ocasiones nos vemos frente a situaciones en las que nos horroriza lo poco discreta que es la gente. Una falta de tono en una conversación, unas carcajadas que no vienen al caso, un comentario que menos venía aún, es alguien cuyos hábitos de conducta y de palabra están claramente en pugna con el contexto que le rodea. Esto es a todas luces insoportable. Terrible es soportar a un hombre indiscreto, sí, pero no sé si nos deja al grupo femenino mucho peor una mujer que “se pasa siete pueblos”, haciendo comentarios disonantes, riéndose de mala manera, cotilleando de mala manera, avergonzando en definitiva al resto de las del grupo. ¿Por qué tiene que ser una mujer la que haga el ridículo? me he preguntado en más de una ocasión.


Maquiavelo en el Capítulo XXII de II Príncipe, decía que existen tres clases de espíritus. Los primeros son aquellos que comprenden las cosas por si mismos; los segundos son los que las comprenden cuando se las explican, y los terceros son los que no las comprenden ni por sí mismos ni cuando se las explican. Los primeros de estos espíritus son discretos; los segundos pueden ser también capaces de discreción. Pero ¿cómo podrán ser los terceros? ¿cómo podrán ser discretos aquellos hombres que no entienden las cosas ni cuando las ven ni cuando se las explican? Soportar la falta de discreción para mi es terrible y mucho más cuando esto sucede en tu casa, por ejemplo. La persona pasa a ser directamente un intruso. Normalmente la indiscreción –en ocasiones así lo he visto- se produce entre gentes del mismo sexo, hombres indiscretos con hombres discretos y claro, mujeres sin discreción delante de otras mujeres que sí la tenemos, ellas –como la “amiga” de hoy- portan una epidermis impertinente por naturaleza. He presenciado igualmente hombres sin discreción cacareando delante de mujeres que sí somos discretas. El espectáculo es espantoso. ¿Qué le vamos a hacer? Hay espíritus, y lo digo como apostilla a mi viejo Maquiavelo que se engloban en una cuarta categoría y son los que comprenden las cosas, las saben, pero hacen como si no las comprendieran, es decir, no les da la gana de comprenderlas aunque las sepan, se les añade el hecho de que jamás van a comprender las cosas porque no querrán aunque se les explique. Estos son los peores de todo, los que no tienen ningún remedio y sin embargo hay que soportarlos. Me acuerdo del dicho de “lo cortés no quita lo valiente” y creo que voy a batallarlos.

sábado, 26 de junio de 2010

Cuando llegó el cinematógrafo


El hombre, en el momento actual, ¿posee el arte del retrato…? Indudablemente que no. Tenemos a nuestro servicio la talla en mármol, la pintura al óleo sobre lienzo, el dibujo sobre el papel y, finalmente, la fotografía; pero con todos estos medios de reproducción directa y exactísima, el hombre no puede verse a si mismo tal como es. Si yo, por ejemplo, encargo a un artista consumado el retrato de mi persona, ese artista pintará mi gesto, mi color y mi ademán de una manera, irreprochable; pero el pintor, por más sabiduría que alcance, no podrá retratar sino solamente un gesto, un color y un ademán de mi persona; y como yo no tengo tan solo un gesto, un color y un ademán, resultará que yo no estaré retratado más que en un aspecto particular de mi vida…Yo no soy uno, yo soy varios; yo tengo, como todos los seres que se mueven bajo el sol, infinidad de matices, de facetas, de caracteres, tanto físicos como morales; yo soy pálido ahora, después me sonrojaré, acaso luego me volveré lívido; ahora me río a carcajada abierta y luego me temblarán las mejillas de rabia; ahora estoy sentado, luego pegaré brincos, después levantaré los brazos elocuentemente…Pues si soy así, tan diverso en cada instante de mi vida, ¿para qué me sirve un retrato que solamente sorprenderá un matiz de mi persona, tal vez el más artificioso y afectado de todos?

Queréis conocer a Sócrates y buscáis su efigie; ahí está su busto, tallado en mármol de Grecia; ¿qué veis ahí? Unas barbas revueltas, una cara impasible, una frente calva, unos ojos vacíos, sin pupilas. ¡Ese no es Sócrates…!Buscáis a Felipe II, queréis sorprender en su retrato el alma complicada de aquel hombre fenomenal, y ante el hermoso lienzo de Pantoja solamente veis una cara impasible que os mira medio de reojo, y nada más… ¿En dónde está Felipe II? ¿Quién era? ¿Cómo era? ¿Cuáles eran sus modalidades, sus múltiples gestos…? No lo sabemos ni lo sabremos nunca.


Ahora bien, usemos del cinematógrafo, y entonces poseeremos verdaderos retratos de los individuos. Yo me levanto de la cama, y apenas me levanto, cuando ya me están enfocando unos sabios fotógrafos. Me lavo, me refriego, suelto unas cuantas voces, bostezo, me miro al espejo, bebo el desayuno, enciendo un pitillo, abro el periódico, la lectura me indigna, hago un gesto de repugnancia, luego otro gesto de alegría…Salgo, voy por la calle, tropiezo con un adoquín que está colocado de punta, lanzo una interjección…De esta manera sucesiva, cuando vuelva a mi casa de noche tendré un completo retrato de mi ser, tal como es mi ser en todos los momentos del día.
Considerad, pues, cuán trascendente puede ser el destino del cinematógrafo. La trascendencia del retrato, ¿hay una trascendencia mayor? ¿Qué es lo más curioso para el hombre sino el hombre mismo?
A cuantos se preocupan de la perpetuidad de sus personas, yo les aconsejo que no se tarden, que no desaprovechen la ocasión, Guillermo II, emperador de Alemania, maestro en el gesto; Santos Dumont, obsesionado de la celebridad; los tenores, los oradores parlamentarios y algunos otros que me callo.



 

jueves, 17 de junio de 2010

El "adulterio" de mi amigo


Estos días he estado en Madrid y reecontrado con amigos, familiares y conocidos cuyas vidas siempre me dan alguna cosa para pensar. Tuvimos el otro día una conversación sobre el adulterio, sobre el derecho a perdonar o el derecho a ser perdonado o a simplemente verlo como una idea mediática establecida por la tradición judeo-cristiana. En cualquier caso es este un tema muy atrayente, muy novelesco, muy dramático, una temática que siempre nos suscitará más y mayor información, diria yo, curiosidad.
Es amplia la bibliografía que a lo largo de la Historia nos remite a un tema tan de actualidad como lo es el de la infidelidad conyugal, debe ser porque veo que la gente cambia de pareja como de camisa, pero a nadie encuentro por ello excesivamente feliz. Bueno, rectifico, envidio a los solteros. La soltería es magnífica, aunque seguro que habrá quien piense que según los casos, muy razonable. Ha sido un tema -como digo- tabú en algunas etapas de la Historia, ha sido castigado severamente –mucho más cuando eran las mujeres las responsables de su autoría-, ha sido tratado como patología también, ha sido la fuente de inspiración de grandes novelas...ha sido y es fuente de reflexión. Hoy, según las diferentes culturas y sociedades, el tema es tratado incluso o también, con normalidad. Adornos aparte, yo quisiera saber ¿qué es lo que en general las personas entienden como adulterio? Parece que es cuando codicias a una persona que no es la que te corresponde, entendido esto en una situación de matrimonio, generalmente, porque los hay que aunque no estén casados oficialmente se mantienen bajo la misma “ley”. El adulterio se define como algo activo es pasar a la acción, coagitar con otro u otra, en un ayuntamiento carnal ilegítimo. Eso dice la RAE.
Existe el mito de que el hombre tiende más a ser infiel que la mujer, porque tiene una mayor necesidad sexual. Mentira. Pero un problema social como el adulterio no se puede resolver con un argumento biológico, por el contrario lo agrava, tolerando más esta conducta y lo que es peor, siendo muy machistas.
En realidad –ya he hablado en algún lugar que el amor como algo que tiene cuerpo físico no existe- y partiendo de la base de que es el ser humano quien inventa la situación de enamoramiento o situación amorosa, el adulterio es algo igualmente ficticio, inventado y generalmente buscado –incluso indirectamente- por la persona. El ser humano, no su alma, sino el ser, a menudo siente cansancio o mejor dicho aburrimiento por todo lo que tiene a su lado, incluso siente ese hastío al contemplarse a si mismo y contemplar su cotidianidad, el hombre pierde la capacidad de reinventarse, surmergido éste en lo cotidiano. La mayoría de las veces el ser humano que está casado se cansa o se decepciona de la persona con la que convive o comparte su vida. Y claro tener una situación de aburrimiento a nadie le gusta especialmente, nadie quiere que se le vaya la vida sin medirse una y otra vez, a nadie le gusta sentirse atado, sin alas, sin salida en una situación de encerramiento personal, de privación de la libertad. Firmar o sellar un compromiso hasta la muerte es algo muy serio, difícil, casi imposible, es una falacia. La persona comienza a anhelar, a preparar el camino sobre una base de ideas nuevas en su mente, en sus pensamientos. Un día sucede. Uno se da cuenta de que hay otras personas, hay otros hombres, hay otras mujeres y el callejón sin salida se muestra fragrante, definitivo. No hay salida porque salir de eso es salirse de la ley, significa ir en contra de algo y a veces es mas grande el anhelo, la necesidad que el respeto o cumplimiento de la propia ley. Es un problema de conciencia y de la laxitud que espíritu y mente necesitan para comprender la verdadera naturaleza de sus sentimientos. En ese estado de duda, cualquier persona es mejor que la que tenemos al lado y que nos tiene aburridos, mejor dicho, cualquier persona es diferente y nueva si la comparamos con la compañía de siempre. No se trata de que alguien nos enamore, de que nos cambie el sentido de nuestros sentimientos probablemente poco trabajados últimamente y vencidos por el tedio existencial, no es eso. Nadie transforma a otro si éste no quiere o no busca ser transformado. Por lo tanto, aceptemos que como queremos algo nuevo nos fijamos o enamoramos de otra persona que no es nuestro cónyuge. Nos da la gana. Está aceptado, y está aceptado que es el comienzo de una traición, según se mire. Si el asunto se queda en el mero estado de anhelo hacia otro u otra, según la tradición cristiana tendría solución, porque los sentimientos se pueden controlar, según la tradición cristiana también. El problema surge cuando se pone en práctica esa fijación, lo que entendemos como pasar a la acción, donde lo que hasta ahora era un mero juego mental, cobra su forma física y el “adúltero” mental quiere hacer verdad sus pensamientos. Solo lo decide él o ella, según se mire. Ahora entramos en las categorías de relación, aventura, seducción, descubrimiento...todo muy bien aderezado con nuevas emociones que nos viene muy bien en nuestro estado –diríamos- de paroxismo emocional e ideal. Después de habernos sumergido en la relación extraconyugal como dicen en los juzgados, nos topamos con el y ahora qué hago yo. Es normal que a lo largo de una vida puedan inmiscuirse en nuestra imaginación, en nuestro estado mental otras personas atractivas, hay muchas en el mundo. Lo que ya no es tan normal es que uno lo deje todo por el primero o primera que llega a nuestro estado mental. ¿Por qué? Porque volveremos en un poco de tiempo a tropezar con las mismas cosas, los mismos aburrimientos que tropezábamos con el anterior. Es triste pero es así. Nadie viene a solucionar la vida de otro si no lo haces tu mismo y si no eres tú mismo el dueño de tus circunstacias. Sin embargo, debemos estar conscientes de que para que se dé la ruptura de una relación, no es necesaria la existencia de un amante, sino que es suficiente con perder cosas tan valiosas como el placer de estar juntos, el calor emotivo, la intensidad, la satisfacción sexual o la comunicación.


Este pequeño repaso viene a cuento de muchas parejas que se rompen muchas veces sin sentido, tristemente sin que ninguno encuentre la panacea en ningún lugar, porque está visto que el tedio nos ahoga como a peces fuera del agua y lo más triste aún es ver cómo con el tiempo repetimos una y otra vez los mismos errores. Escribo desde la observación de las vidas de algunos amigos a quienes les veo tropezando horrorizados una y otra vez sobre el mismo problema, ese que se encuentra sin solucionar dentro de si mismos. No importa hacer lo que uno quiera siempre y cuando no haya víctimas que sufran nuestras decisiones.

jueves, 3 de junio de 2010

Con los velos en el cerebro



La cuestión del burka es como siempre un tema a debatir, absurdo si se piensa con detenimiento porque estoy segura que en el fondo a nadie le importa de una manera trascendental, no, si se tiene en cuenta la preocupación por el ser humano. Políticos, pensadores y demagogos sufren hoy con este “problema” tan aparentemente grave. La cuestión de llevar un pañuelo en la cabeza o no llevarlo no creo que sea algo de lo que alguien deba preocuparse, fijándonos como de costumbre en las pequeñas cosas, en cosas nimias cuando hay otras que son de mayor gravedad y que deberían tener otro orden. En todo caso es a las mujeres a quienes le afecta la cuestión, ellas son las que lo quieren llevar porque les da la gana, y sería en todo caso un debate de mujeres. Yo no sé si sus comunidades les obligan a llevarlo, o si es su religión, aunque mejor pensado quizás tampoco porque en su día cuando trabajamos El Corán en la Facultad no recuerdo que dijese nada al respecto. Tampoco se dice en las Sagradas Escrituras que los sacerdotes no se puedan casar y que los obispos tengan que llevar esas opalandas. Se supone que los dirigentes de cada religión actualizan sus ritos cada cierto tiempo, acomodándose al paso del tiempo, autoreescribiendose a si mismos, sería.


A mi puede que no me haga mucha gracia que las musulmanas se cubran la cabeza, la mayoría de ellas son muy guapas y tienen unos cabellos muy bonitos que cuidan con frecuencia, pero no los exhiben. Si lo hacen es su problema. No llevarlo tampoco quiere decir que estén integradas en la sociedad, si deciden no llevarlo será por evitar más conflictos, por obediencia a la ley. El cabello es objeto de deseo y debe preservarse de las miradas de los otros y de la provocación. Este es el tradicional hiyab que puede llevarse con mucha inteligencia y sobre todo con mucha elegancia.


Para los otros ver una cabeza de una mujer tapada quiere decir que representa su religión, que lleva un estandarte y hace una apología de lo que es, de lo que siente y de su forma de vida. Pero el problema no viene creo yo por el hiyab, el problema viene por el uso del burka y del niqab, telas que cubren la totalidad de la persona dejando solo la parte de los ojos al exterior. A la gente en general no le gusta no poder ver a la persona que hay dentro de esa vestimenta, la gente se siente igualmente incómoda e inquieta al no saber precisamente o al imaginar quién está detrás de ese velo, o mejor quién puede estar y por qué. En el fondo es lógico, tanto es el miedo que nos han metido en el cuerpo que cualquiera puede ser sospechoso, por lo tanto, esta respuesta social también es normal. Lo de los derechos de la mujer que hablan los políticos ese es un tema que tendrían que discutir las mujeres, no los hombres. Los hombres no deben conceder nada a ninguna mujer, ésta es libre de operar en su vida como quiera, aunque sea para ir completamente tapada, será una elección no una imposición ni concesión.

No obstante, esto sucedería con cualquiera que se tapase toda la cabeza y llevara gafas. Solo que esta última posibilidad no es el símbolo de ninguna religión sino el de alguien que simplemente quiere esconderse. Shahbaz Akhtar comerciante paquistaní y portavoz de la comunidad chií ha dicho: "Cada cual es libre de vestir como quiera. Si una española pasea por la calle en bikini, no pasa nada. Y si una mujer quiere llevar burka que lo haga, aunque a mí no me gusta. Llevo 20 años en Barcelona y... ¡no he visto ninguno!". Esto tampoco es del todo cierto porque nadie va por la calle en bikini y la que lo hiciera ya sabría a qué atenerse. También es símbolo de algo, porque a las que he visto por la calle en bikini eran prostitutas, nadie va a pensar de ti que eres misionera eclesiana, por poner ejemplo. Cada cosa por tanto se relaciona con algo y en esto el aspecto físico es muy importante, es lo primero que nos entra en la cabeza, justamente lo que vemos.


En las instituciones, en los trabajos en la vida social nadie debería llevar nada, ni los sacerdotes, ni las monjas. Estas últimas –que ahora se han tranquilizado un poco- en ningún momento son llevadas a la palestra ni tampoco nadie les pregunta ni les cuestionan a cerca de si es la comunidad la que les obliga –que lo es- a llevar traje de monja, o si lo han elegido ellas. Con esa imagen se preservan del mundo y punto y muestran sus creencias por medio de ese símbolo.

El problema que veo yo de exhibir las creencias por medio de ese símbolo o estandarte es que te haces mucho más vulnerable al tener que actuar y obrar –al menos teóricamente- en función de la imagen y por tanto de la ideología que representas. Es decir, no me imagino a una funcionaria vestida de monja regañando con un ciudadano por algún asunto, en ese momento no estaría acorde con la armonía que debe representar, aunque sea humana. Por eso en todo lo que sean relaciones, vínculos con la sociedad en la que vives, imagen de una empresa, nadie debería posicionarse en ninguna ideología para poder ser más libre en cuanto a tu conciencia y a tu libertad de pensar y actuar. Tampoco me imagino a una mujer que lleve el burka dando una clase en una Universidad sobre la revolución de la mujer en el Siglo XX, no me lo imagino porque relaciono la imagen con unas creencias que no pueden difundir ninguna revolución feminista y ahí la cosa se complica. Indirectamente lo que vemos es el mensaje que primero nos llega, si éste llega cargado en su imagen de connotaciones, será mucho más difícil ser imparcial con el mensaje verbal de la persona. Resulta todo muy complicado por un lado, por otro resulta muy hipócrita esta actitud de ciertos sectores de la sociedad.

Seguiremos con este tema.

miércoles, 2 de junio de 2010

Arbeit Macht Frei

A veces no podemos explicarnos cómo pueden sucederse a cada día los horrores en la humanidad, y que además nadie los impida. El protagonismo de la mujer en algunas ocasiones —pocas a decir verdad— ha sido suficiente para que el transcurso de la historia y de los pueblos cambie hacia otra dirección. Estaba yo alojada en un hotel de Katowice durante los días de un Congreso de Hispanistas en Polonia. Pasadas unas horas y puede que dos días más, abandoné la extraordinaria compañía de un renombrado profesor y de mis colegas hispanistas para visitar Ostewiche y allí el conocido lugar de los horrores que fue el campo de concentración de Austewich-Birkenau. Contraté los servicios de un taxista que amablemente me llevó explicando en polaco y medio español parte de lo que allí se podía ver. El hombre fue extremadamente amable. Se esperó a que yo terminase mi recorrido y después de retorno depositó lo que quedaba de mí en el lugar del Congreso. En aquella visita donde el horror supera a la persona, quise pararme, hubiera querido tener compasión a aquellos seres aniquilados, mi familia y decirles: cuánto lo siento. No pude hacerlo. Tardé varios días en expulsar de mi cuerpo y de mi alma (elementos para mi claramente diferenciados pero dominantes e influyentes el uno sobre el otro) la desolación tan grande que produjo en mí aquel recorrido frío, gélido, gris, triste, muy triste.

Recordaba yo por el camino las miles de veces que la suerte del pueblo judío había sido llevada al límite e inmortalicé —claro—la imagen de Ester en mi memoria salvando a su pueblo del exterminio. ¿Por qué no habría existido en la Alemania nazi una mujer como Ester que los salvara otra vez? Vino de golpe a mi atormentada mente la festividad de Purim (Pur echar suertes) y de súbito escuché los cantos y alborozos de la fiesta. En la historia, Amán echó suertes y decidió la extinción del pueblo judío como un capricho de su voluntad, solo que no logró su propósito gracias a la intervención y podríamos decir a la fe de Ester y de su tío Mardoqueo. Para celebrar esta ocasión de liberación, con el tiempo los judíos establecieron un nuevo festival que ellos conmemoran hasta el día de hoy. Desesperación absoluta.


¿Qué pensarían aquellos pobrecillos, aquellos niños indefensos, aquellos ancianos en manos de las SS? Allí se conservan aún parte de sus objetos, objetos, objetos. La fiesta se llama Purim, en memoria de la suerte echada por Amán. Es un festival de gran regocijo, es lo más parecido que

tiene el judaísmo a una fiesta popular o a un carnaval. Eran (¿son?) el pueblo elegido. En aquel paseo por los barracones del campo venían a la memoria la lectura del Libro y los alborozos de los niños, pero me atormentaba una angustia indescriptible, una confusión de la realidad, un hondo agobio, una ansiedad incontrolable: era sufrimiento. Desde el día anterior a Purim (es el ayuno de Ester), se ayuna desde la salida del sol hasta el ocaso, ya se sabe que las mujeres están exentas de esa obligación, como de leer la Torá, e incluso de asistir a la sinagoga los días de Sabbat. Las mujeres, para los judíos, tienen como misión principal criar a su familia, impulsar adelante a sus hijos, y con eso están salvadas ganando la vida eterna. A la puesta del sol las sinagogas se llenan. La marcada diferencia entre esta celebración y las demás del año judío está en el número de niños que participan. Entre montañas de gafas arrancadas a cuajo de las narices de los hebreos escuché primero la música única e irrepetible durante todo el año que precede a la

lectura del rollo, la lectura del Libro de Ester, el Megillah. El Lector espera pacientemente. Observo toneladas de cabello arrancado y al tiempo el golpeteo y huracán de matracas, ruidos que los niños hacen cada vez que se recuerdan aquellas palabras del Libro, aquel hombre: Amán. El Lector espera pacientemente, y pronto repite el nombre de Amán, el demonio parece desatarse nuevamente al sonido de este apodo. Esto continúa, y como Amán ahora es una figura importante en el relato, el ruido se produce con mucha frecuencia, cada vez más. Los niños, lejos de cansarse o aburrirse, se llenan de entusiasmo. Lo hacen con un seguro instinto de populacho: austero silencio durante la lectura, explosiones después de cada «Amán». Hay pasajes (cualquier lector lo puede comprobar) en los que el nombre de Amán aparece varias veces en un corto espacio. La paciencia del Lector va disminuyendo y finalmente se acaba. Parece imposible leer con tantas interrupciones.


Hace gestos airados a los niños a través de la tormenta de las matracas y arroja miradas pidiendo auxilio al rabino. Esto, naturalmente, es lo que los niños han esperado. Desde ese momento hasta el final hay una lucha despiadada entre el Lector y los niños. Él trata de no pronunciar bien el nombre «Amán» que aparece repetidamente, pero ellos lo detectan con estentóreas salvas. El Lector llega al final del versículo final, agotado, vencido, furioso, y todo es risa desordenada en la sinagoga. La fiesta continúa después de haber escuchado entero el Megillah, repartido dádivas entre los pobres, preparar comidas de celebración, disfrazarse e intercambiar regalos entre amigos, el Shalakh Manos. Me siguen las miradas de hambre, las miradas de horror, los huesos, el tifus, la enfermedad… es la mayor desolación del ser humano y sin embargo… Aún hoy se siente el olor terrible a quemado, a humanidad abrasada por la tortura, a almas que gritan indignadas, allí encontré mi pasado en aquellas fotos, en aquellos nombres… Lloré. El Amán hitleriano lo logró, consiguió la mayor barbaridad que alguien pueda cometer, como el capricho de un loco sin que nadie lo impidiera, como echar a suertes el día del exterminio, y fueron miles los que le siguieron y dejaron salir de sí mismos el horror que llevaban dentro, su animal arrasador.

¿Es que eran todos unos perturbados? ¿Es que acaso Adolf Hitler conocía el Libro de Ester y quiso cumplir la historia, cumplir las escrituras? No lo sé. ¿Algún Dios salvará esas almas (¿locos?) ejecutoras por mucha misericordia que tenga un Dios? Creo que no.



Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...