Personas que visitan este blog

Con los velos en el cerebro



La cuestión del burka es como siempre un tema a debatir, absurdo si se piensa con detenimiento porque estoy segura que en el fondo a nadie le importa de una manera trascendental, no, si se tiene en cuenta la preocupación por el ser humano. Políticos, pensadores y demagogos sufren hoy con este “problema” tan aparentemente grave. La cuestión de llevar un pañuelo en la cabeza o no llevarlo no creo que sea algo de lo que alguien deba preocuparse, fijándonos como de costumbre en las pequeñas cosas, en cosas nimias cuando hay otras que son de mayor gravedad y que deberían tener otro orden. En todo caso es a las mujeres a quienes le afecta la cuestión, ellas son las que lo quieren llevar porque les da la gana, y sería en todo caso un debate de mujeres. Yo no sé si sus comunidades les obligan a llevarlo, o si es su religión, aunque mejor pensado quizás tampoco porque en su día cuando trabajamos El Corán en la Facultad no recuerdo que dijese nada al respecto. Tampoco se dice en las Sagradas Escrituras que los sacerdotes no se puedan casar y que los obispos tengan que llevar esas opalandas. Se supone que los dirigentes de cada religión actualizan sus ritos cada cierto tiempo, acomodándose al paso del tiempo, autoreescribiendose a si mismos, sería.


A mi puede que no me haga mucha gracia que las musulmanas se cubran la cabeza, la mayoría de ellas son muy guapas y tienen unos cabellos muy bonitos que cuidan con frecuencia, pero no los exhiben. Si lo hacen es su problema. No llevarlo tampoco quiere decir que estén integradas en la sociedad, si deciden no llevarlo será por evitar más conflictos, por obediencia a la ley. El cabello es objeto de deseo y debe preservarse de las miradas de los otros y de la provocación. Este es el tradicional hiyab que puede llevarse con mucha inteligencia y sobre todo con mucha elegancia.


Para los otros ver una cabeza de una mujer tapada quiere decir que representa su religión, que lleva un estandarte y hace una apología de lo que es, de lo que siente y de su forma de vida. Pero el problema no viene creo yo por el hiyab, el problema viene por el uso del burka y del niqab, telas que cubren la totalidad de la persona dejando solo la parte de los ojos al exterior. A la gente en general no le gusta no poder ver a la persona que hay dentro de esa vestimenta, la gente se siente igualmente incómoda e inquieta al no saber precisamente o al imaginar quién está detrás de ese velo, o mejor quién puede estar y por qué. En el fondo es lógico, tanto es el miedo que nos han metido en el cuerpo que cualquiera puede ser sospechoso, por lo tanto, esta respuesta social también es normal. Lo de los derechos de la mujer que hablan los políticos ese es un tema que tendrían que discutir las mujeres, no los hombres. Los hombres no deben conceder nada a ninguna mujer, ésta es libre de operar en su vida como quiera, aunque sea para ir completamente tapada, será una elección no una imposición ni concesión.

No obstante, esto sucedería con cualquiera que se tapase toda la cabeza y llevara gafas. Solo que esta última posibilidad no es el símbolo de ninguna religión sino el de alguien que simplemente quiere esconderse. Shahbaz Akhtar comerciante paquistaní y portavoz de la comunidad chií ha dicho: "Cada cual es libre de vestir como quiera. Si una española pasea por la calle en bikini, no pasa nada. Y si una mujer quiere llevar burka que lo haga, aunque a mí no me gusta. Llevo 20 años en Barcelona y... ¡no he visto ninguno!". Esto tampoco es del todo cierto porque nadie va por la calle en bikini y la que lo hiciera ya sabría a qué atenerse. También es símbolo de algo, porque a las que he visto por la calle en bikini eran prostitutas, nadie va a pensar de ti que eres misionera eclesiana, por poner ejemplo. Cada cosa por tanto se relaciona con algo y en esto el aspecto físico es muy importante, es lo primero que nos entra en la cabeza, justamente lo que vemos.


En las instituciones, en los trabajos en la vida social nadie debería llevar nada, ni los sacerdotes, ni las monjas. Estas últimas –que ahora se han tranquilizado un poco- en ningún momento son llevadas a la palestra ni tampoco nadie les pregunta ni les cuestionan a cerca de si es la comunidad la que les obliga –que lo es- a llevar traje de monja, o si lo han elegido ellas. Con esa imagen se preservan del mundo y punto y muestran sus creencias por medio de ese símbolo.

El problema que veo yo de exhibir las creencias por medio de ese símbolo o estandarte es que te haces mucho más vulnerable al tener que actuar y obrar –al menos teóricamente- en función de la imagen y por tanto de la ideología que representas. Es decir, no me imagino a una funcionaria vestida de monja regañando con un ciudadano por algún asunto, en ese momento no estaría acorde con la armonía que debe representar, aunque sea humana. Por eso en todo lo que sean relaciones, vínculos con la sociedad en la que vives, imagen de una empresa, nadie debería posicionarse en ninguna ideología para poder ser más libre en cuanto a tu conciencia y a tu libertad de pensar y actuar. Tampoco me imagino a una mujer que lleve el burka dando una clase en una Universidad sobre la revolución de la mujer en el Siglo XX, no me lo imagino porque relaciono la imagen con unas creencias que no pueden difundir ninguna revolución feminista y ahí la cosa se complica. Indirectamente lo que vemos es el mensaje que primero nos llega, si éste llega cargado en su imagen de connotaciones, será mucho más difícil ser imparcial con el mensaje verbal de la persona. Resulta todo muy complicado por un lado, por otro resulta muy hipócrita esta actitud de ciertos sectores de la sociedad.

Seguiremos con este tema.

1 comentario

Entradas populares