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Cochinitos somos


Hoy escribiré un poco más corto que otras veces y lo haré como una madre que ve los fallos de su hijo, le corrige por ello y sin embargo no consiente que nadie venga a decirle nada, ¡faltaría más! Así es como yo veo España, como una madre a su hijo o hija. Ayer, según me enteraba de las noticias, -sí, veo todos los canales españoles- en particular de la huelga organizada en el metro de Madrid y sus consecuencias, pues me fijé en algo que a estas alturas de la vida y después de vivir ocho años fuera no pasa indemne por mi cabeza y era la porquería que se acumulaba en el suelo cuando la imagen de la cámara enfocaba a los autobuses. Es decir, me fijé y me acordé de lo sucios que somos en España. Yo lo siento, pero es así, y lo siento de verdad porque me repatea bastante llegar a mi ciudad Madrid o a otra cualquiera del país y ver todo a veces en tan lamentable estado de suciedad. Ya sé que se metieron mucho con él cuando mi amigo Sánchez Dragó dijo que los madrileños eran muy sucios, pero es que va a ser verdad. Vivir fuera y en Europa concretamente tiene –como todo en la vida- su lado positivo y otro muy negativo del que puedo dar fe, sin lugar a dudas. Pero en esto del paisaje, uno se acostumbra a que todo está muy limpio, incluso en las zonas de descanso de la autopista, las playas...se pueden encontrar las toilettes en un más que razonable estado de limpieza. ¿por qué no encontramos esto en España? ¿Quiénes son los que se encargan de ensuciarlo? Estoy segura de que en nuestro país hay más papeleras por metrocuadrado y habitante que por ejemplo en Holanda o Francia. ¿Qué hacen los europeos con sus basuras? Pues no lo sé, yo solo sé que llevo el coche como “el tío aguaviva” de los pequeños papelitos de chicles, envoltorios de las meriendas de mis niños...porque no sé donde tirarlo y hasta que no llego a mi casa no me desembarazo de la porquería. Lo cierto es que una vez que te acostumbras a vivir aquí este tipo de cosas te chocan mucho cuando vuelves a España. Yo puedo hablarlo “sotto voce” pero no te quiero ni contar cuando “alguien” un francés sobretodo o un holandés me dice que España es muy sucia. Si la fuerza tiene forma física entonces se me puede ver transformada en un mamut agresivo, pero con todo, me tengo que aguantar y poco puedo decir o hacer en defensa. Vamos que me sienta como un tiro, lo reconozco.

Cuando viví en Canarias, la excusa era el viento, quiero decir que como son islas muy ventosas pues la fuerza del viento arrasa con todo poniéndolo perdido. Tampoco sé si esto es verdad porque he vuelto hace muy poco a Las Palmas y me he encontrado una ciudad mucho más limpia, pero mucho más, que cuando yo viví allí. Luego no era el viento. No voy a entrar ahora en lo de hacer botellón o no hacerlo, aquí está prohibido y punto, pero sin embargo hay manifestaciones de jóvenes en muchas circunstancias de conciertos, reposo en los campus universitarios y otras movidas más en las que desde luego no es preciso que vengan –como he visto en Madrid o Andalucía- patrullas de barrenderos para quitar los millones de desperdicios, horribles, que mancillan nuestras calles, con lo bonitas que son. En fin, el tiempo todo lo mejora o lo empeora, ya veremos y como dijo Immanuel Kant "Como el camino terreno está sembrado de espinas, Dios ha dado al hombre tres dones: la sonrisa, el sueño y la esperanza”. De momento, no me queda otra.

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