lunes, 20 de septiembre de 2010

Mujeres con vida de Ministro


Denomino así a las mujeres o amigas que nos dan  la impresión o que quieren hacer creer a los demás de que trabajan más que nadie, osea, que llevan o hacer creer a todos que tienen una vida de Ministro. Son aquellas que no saben controlar su vida laboral y su vida familiar-sentimental, o en su defecto, privada. Vamos, que son aquellas que hacen creer al mundo que solo trabajan ellas, ese prototipo loroparlante que solo hablan de símismas, dándose un aire que te cagas: las únicas que trabajan en el mundo. Aquellas de las que no se puede prescindir, esas de las que sin ellas el mundo laboral está perdido, están más ocupadas que nadie, te hacen un favor si te cogen el teléfono, nunca se acuerdan de nada de lo tuyo, no pueden –por supuesto asistir a ninguna cosa que les invites- misas de funerales, cumpleaños,  nada. Su trabajo jamás se lo permite, concretamente ese día que tu sí necesitas que esté ahí, nunca estará, siempre llegan tarde a todo y llegan con aire de ser las únicas e imprescindibles de la Creación, siempre con estres, un estres horrible que te meten en el cuerpo sin que tú lo necesites en absoluto, el único estres, el más especial ese es de ellas, es el que tienen ellas, siempre exclusivo. Lo que más me repatea es que te digan que eres su mejor amiga. Una tarde de compras –eso no me lo puedo permitir, acompañar al médico a tu madre, -eso yo no puedo, tengo mucho trabajo, llevar al niño al médico, vale, pero le lleva su padre que también tiene que colaborar.
La compra, la pido por teléfono, y cocinar, ya lo hace el padre también. Sus hijos por lo general suelen ser también especiales, muy especiales, muy listos ellos, lo hacen todo bien, tienen más deberes que nadie, su colegio es de los más fuertes, competitivo también, tienen que ser y estar –al igual que sus madres, sometidos al mismo estres, igual de potentes aunque en general se ha demostrado que son unos desgraciados acojonantes que lo único que quieren es ver a su madre normalizada en una vida tranquila contemplando juntos cómo se hace un cocido, o jugar a plastilina, así es la cosa. Ellas, tienen que ser un diez en todo y les imponen esa misma rigidez a sus hijos, que aunque sus madres luchen por ser un diez, sus hijos no lo son y alomejor no lo quieren ser, y ahí viene el problema. Un trabajo, por muy importante que éste sea, -y habla una que sabe de lo que habla- no debe impedir las relaciones humanas y en ningún caso fomentar el ir de ministra por la vida cuando en realidad eres una desgraciada, ¿porqué? Porque te quedas sin amigos, porque no vives, porque no lo pasas bien, porque envejece, porque estás histérica, porque pierdes al marido, porque acabas enganchada fijo a la paroxitina, porque existen los términos medios, porque el trabajo es para hacer progresar a la persona y no para hundirla, porque cuando menos te lo esperas te echan a la puta calle y a rey muerto, rey puesto. Si una persona, si una mujer, si una amiga,  está así de “ocupada” por culpa de un jefe es como para darse un tiro. Estas mujeres ministro suelen ser las que en general ningunean a aquellas que valientemente han decidido quedarse en su casa para durante un tiempo cuidar de sus hijos, a riesgo de que sus maridos las abandonen, sus hijos también, y su puta madre también, pero alomejor hacen lo que creen que es correcto o también creen estúpido jugar a Barbie y tener todo patas arriba y la familia descojonada, culpando a todo Dios de lo que sucede, pero eso sí, con vida de ministro y dándose una importancia de la hostia. En definitiva salvando al mundo. Alomejor un día, hacen unas entrevistas a las que han decidido quedarse en su casa un tiempo a cuidar a sus hijos un tiempo, a ver qué piensan de las superwoman y nos partimos el pecho un rato. Lo que pasa es que no hablan, no interesan a la sociedad porque no son productivas. Solo hablan las ministro que por lo visto han descubierto ahora el Mediterráneo, como si nadie hubiera trabajado en este puto país, lo que pasa es que han trabajado en trabajos que manda huevos, claro, no de ministra. Si eso es la vida moderna, yo soy del siglo diecinueve y va a ser verdad, pero esto es solo la introducción de un largo discurso donde cada uno sin duda es cada quien y sin duda el patrón de su barco y quien lo dirige hacia dónde quiere y cómo quiere. Yo, como me dedico a escribir, y a pensar, que en general es una profesión de vagos, pues observo mucho a los que me rodean y no puedo comprender nada  –y todos tenemos mucho pero mucho que hacer- ¿cómo las personas se pueden dejar llevar por los caprichos y las maneras de llevar los asuntos laborales que otros imponen? Es un enigma. Yo pensaba que el individuo era el dueño de su vida, ahora veo que no, que son los jefes.  

martes, 7 de septiembre de 2010

¿Puedo meterme en los zapatos de un niño?


¿Puedo meterme en los zapatos de un niño? ¿puedo hacerlo en la mentalidad de un criminal? Tal vez en los pensamientos de un anciano que mira ya muy de cerca la muerte? Eso entre otras muchas cosas es lo que debe intentar hacer un escritor. El otro día, ayer creo, alguien respondía muy amablemente por cierto a un relato mio donde se hablaba de ir al supermercado pasada de kilos y con poco parné. El hombre, porque era un hombre el que respondió a mi texto, contestaba compadeciéndose de mi, contestándome que en realidad “no se me ve tan mal”. Decía que las mujeres siempre nos vemos gordas y que ante esa situación, él fotografía a la mujer en cuestión con su móvil y luego se lo muestra para que se cuenta de que está en un error. La verdad es que me gustó que me contestara así por diversas razones que no vienen al caso, pero una de ellas es que demuestra que el lector se cree exactamente lo que queremos que se crea. Osea pensó que estoy como una foca o que me creo que estoy como una foca. Por una foto del rostro que yo publico en Facebook no puede saber si estoy gorda o no lo estoy, y en todo caso eso no es lo más importante, lo importante es hacer creer a los demás que sí lo estoy y que el texto parezca escrito por una gorda. Esa es o debería ser la magia de un escritor. Jugar con la realidad y la ficción de las palabras, de los temas, de los personajes y dar al lector algo que sea una verdad, no importa si esto es una ficción, que sea ficción pero verdadera. Muchos lectores creen que los lectores nos confesamos en lo que escribimos y muchas veces no es así, creen que es autobiográfico, olvidando el componente imaginativo, fundamental en el proceso creativo. Imaginación y observación son dos elementos innatos que no debe olvidar todo escritor. Los periodistas tampoco deben olvidar sobretodo la observación que la imaginación les es menos necesaria. Pero ese es otro discurso que no voy a tratar ahora. Hay quien me ha preguntado con respecto a mis relatos titulados Amnesia y El sueño de Tabitha si he estado en el umbral de la muerte, o si he estado al borde de la locura. Yo creo que eso importa poco. Lo que importa es que lo que se lee en una situación así sea creible porque de las fuentes que utiliza el escritor, es decir, si son de la esperiencia como si son de la observación como si son de la imaginación...o de otras...poco importan, pero a la gente parece importarle mucho. Hay cosas que se pueden inventar o reconstrui, hay ambientes y situaciones que se tienen que vivir, hay otras que se observan, pero tampoco es sistemático y cada autor tiene su técnica e irá descubriendo con el tiempo nuevos resortes. Es por ello que el paso del tiempo, la vida en si, es importante para la escritura, para la madurez del ser, de la persona lo es, lo es también para el proceso artístico.


Los niños -lo he visto, lo he vivido o lo he inventado- juzgan a sus madres en función de si ponen la sopa muy caliente y escribo su diálogo, un diálogo que si se lee o no, no habrá necesidad de cuestionarse si me lo he inventado o si he escuchado pacientamente a dos niños. Si un niño lo lee le parece verosímil, claro que ellos piensan en abstracto y nosotros no.
Jean: ¡Cómo mola tu madre!
Eva: sí, la tuya también es muy guapa!
Jean: ¿tu madre te pone la sopa muy caliente?
Eva: Sí, mucho, y la tuya? ¿Se ducha también con el agua ardiendo?
Jean: Sí, mi madre se deja abrasar debajo del agua, se queda todo mojado en el baño, los espejos...las paredes...todo, todo, quemando.
Eva: ¿abre la boca cuando se ducha?
Jean: Sí, también.
Eva: Sí, a mi me preocupa, creo que a veces con el secador le va a salir fuego del pelo.
Jean: Eso mismo le he dicho yo a la mía. El otro día la he visto en una tienda de esas que van las madres...
Eva: (interrumpiendo) una peluquería, Jean.
Jean. Eso, una peluquería. Pues la he visto, y vi como le metieron la cabeza dentro de una enorme campana que irradiaba mucho calor, mucho, pero mucho.
Eva: Sí, yo sé lo que es, es un secador de peluquerías, es mas rápido que los de las casas y no conocen a las personas.
Jean. ¿cómo que no conocen a las personas?
Eva. Sí, que no conocen a nadie, están ahí para secar con mucho calor, pero no matan.
Jean: Osea que no matan porque no conocen.
Eva: Eso mismo.
Jean: Ah, menos mal, pues me quedo mucho mas tranquilo.
Eva: Mi madre se bebe bebidas ardiendo, no solo la sopa, el puré, manzanilla, te, café, chocolate, todo, todo como el fuego.
Jean: Pues veo que son iguales. Las madres son iguales. La tuya cuando chilla se le pone el pelo de punta?
Eva: Sí, y le cambia el color de los ojos.
Jean: Osea que van a ir al infierno porque eso es lo que he oido en la catequesis.
Eva: Pero, qué dices?
Jean: Lo que oyes. Eso dice el cura, que el fuego se relaciona con la mujer, con lo caliente, con el infierno, con el pecado y por lo tanto con nuestras madres.
Eva: Jean no tienes que ir más a esa catequesis si es para escuchar eso. Nuestras madres lo ponen todo caliente y su cabeza también lo está porque es igual, igual, que su corazón. Yo lo he visto en un sueño. He visto un corazón con fuego, he visto a Jesús y me daba el corazón de mi mamá y me decía todo lo que me quería por eso a ellas les gusta todo caliente, la sopa...el cholotate, la ducha...también el brasero, mi madre tiene un brasero debajo de una mesa.
Jean: Ya claro, y no tiene que ver con el infierno.
Eva: pues claro que no, es una muestra de su corazón, de su cariño, que está debajo de la mesa, en la sopa, en la ducha...por todas partes. También tienen cocinas donde preparan brevajes o comidas que luego nos dan a los niños.
Jean: Entonces, ¿no son cosas de brujas? He visto cómo mi madre metía pollos en la olla.
Eva: Claro para hacer caldo de pollo.
Jean: Eso no es lo que hacen las brujas?
Eva: Pues claro que no, eso es buena comida. Las madres preparan comida con cariño y nos la dan caliente para que nos sepa mejor y nos temple la tripita en invierno.
Jean. Es verdad, llevas razón, ¿cómo no me he dado cuenta antes?
Eva: Porque para eso estoy yo que soy Eva, para explicarte las cosas y que te enteres.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Ir a la compra pasada de kilos y no con mucho parné


Tanto si se hace un trabajo intelectual como si no, existen ciertas cosas en la vida de orden cotidiano de las que no te libra nadie, absolutamente nadie, y que en general, nos traen al mundo activo y terrenal después de una jornada de “pensamiento” o de cualquier otra cosa, cada quién según su caso. Para mi, después de trabajar en la escritura y en la filosofía –y lo digo con cierta acritud cuando esto es por obligación y no por placer- venir al mundo terrestre ha sido desde siempre un alivio muy grande. Ese mundo de cacas, potas, pañales, compra, perros, gatos, gritos...y etcétera, aunque con odio muchas veces, otras, ha sido y es un remanso muy grande de bajarme los humos, los pensamientos, traerme de las batuecas, sacarme de las nubes. Ser madre o dirigir una familia no es muy compatible con el trabajo intelectual, está claro, así que no queda otra que pensar que ¡nos viene muy bien!. Pues vale. Después de este micro prefacio paso al tema de hoy, ¡como el que lava!.

Hoy me tocaba jornada de compra, nada extraordinario en la vida del ser, según se mire, claro. Lo extraordinario se desarrolla y se instala cuando te sientes como una foca marina y ese día, ese precisamente te decides a querer adelgazar, miserable de ti! Te has visto en el espejo con un poco más de tiempo –algo poco frecuente- y te has dado cuenta de que estás bulímica perdida, que te comes al vecino por lo pies si es preciso, que te comes cerdamente la comida que los demás de tu casa se dejan en el plato, que la lorza aparece, que no te caben los vaqueros que te quedaban otrora tan monos, que tienes que cambiar de talla de sujetador, que estás muy cansada por que comes cualquier porquería, que tienes que dejar de ser amiga de esa vecina que te regala chorizos que ingieres con verdadera ansiedad...que en definitiva, te has dicho a ti misma ¡basta ya! Hoy es el día. Has llegado a una determinación: ¡a partir de hoy me dedico a mi! Lástima que sea el día que tengo que ir a hacer la compra para un regimiento. Comienza el horror.


Habíamos quedado que en las grandes superficies no entro porque veo que no salgo con el cometido al que iba en un principio. Salgo, pero con otro cometido. Dejo de lado la gran superficie y busco ese supermercado de toda la vida, más pequeñito, sin inmensas estanterías llenas de colorínes dispuestas a que te hagas un lío y te lo lleves todo. No, estos super son más personalizados y te ponen la oferta delante de tus narices, ¡menos mal! Porque en las grandes superficies estás todo el rato por los suelos, ¿por qué? Porque solo en la estantería de abajo está el precio más barato y es un horror para las lumbares. Bueno, te caes del burro cuando ves los precios de la fruta y la verdura que ya te ha descorazonado para ese plan de dieta al que has tenido a bien incluir a toda la familia, porque claro, estar a dieta tu sola...ni hablar. ¿Cuántos kilos de acelgas tengo que llevarme para que coman siete cuando con pasta y filetes lo soluciono? Ya vamos mal. La fruta que me gusta, está por las nubes...¿qué hago? porque la unica que se puede comprar es la odiosa y siempre triste manzana, vale, seguimos peor. Fiambres, panes...huy...ese pan alemán con lo que me gusta...desayuno, voy a buscar el desayuno:cereales. –pero por qué voy a llevar cereales con lo bien que está el pan de toda la vida con su mantequilla y mermelada o bien con su aceite y tomate. Nada, no llevo cereales. Llevo pan. Claro que engorda más. Lácteos. No soporto la leche descremada y lo veo absurdo cuando he cogido siete kilos de mantequilla y otros tantos de variados quesos que aquí en Francia da mucho gusto comprarlo. Se acabó, fuera la leche descremada. Al final llevaré los cereales porque la familia no tiene la culpa de mis neuras, esto subirá unos diez euros más. Lechugas, muchas lechugas, pero muchas y tomates como para dar de comer a un regimiento, eso es, que no engorda, solo si no los cargas de aceite y te pones de pan pringao hasta arriba que es justo lo que hago yo enlas ensaladas de tomate, claro está. Patatas fritas, ¡con lo buenas que están y lo triste que estoy! Llevo patatas, siete u ocho kilos. Mi madre siempre dice que habiendo huevos y patatas ya estaba todo solucionado...nostalgia...lagrimilla que va y que viene mientras suena Shakira. Esto de estar solipandi en un país extranjero a veces es chungo. Se acerca un señor a preguntarme que si entiendo de sandías, ¡ya ves tú! le digo entre sollozos que no mucho, pero que le puedo hablar si quiere de Borges o de Lorca o de Spinoza. Después le dije: -yo suelo hablar con los melones. Piensa en efecto que las españolas y alguna que otra mexicana estamos de la olla. Y va a ser verdad.


Se acerca el momento de la caja a la que llego con poca fe, muy poca. Hay otros días en que mi energía sobrepasa a todo y a todos como para irme incluso sin pagar, pero hoy no, hoy es de esos días que voy mal y lo peor es que se me nota. Detrás de mi enorme carro hay diez personas, claro, yo creo que estoy en España donde en general la gente es histérica y te monta un pollo si no te das prisa, pero caigo en la cuenta de que estoy en Francia donde la gente tiene una paciencia infinita. No obstante, yo me doy caña sola y me estreso bastante, me pongo muy nerviosa al ver que hay mogollón de gente y empiezo a guardar todo absurdamente, sin ton ni son, aplastando las lechugas –que es de lo peor que se puede hacer- con el roquefort al final de la bolsa, los yogures por encima, un zumo de medio lado, el papel de aluminio amoñigado, ocupando las bolsas desordenadamente y por consiguiente estropeando toda la compra. Unguardar neurótico, esquizofrénico más bien. Esto hace que me de a mi misma más pena todavía sobretodo cuando intento guardar esa planta inmensa que no cabe en el coche pero que estaba a muy buen precio, aunque no hacía falta alguna y que la he comprado. Y por qué la he comprado. Por que la planta me había hablado en el supermercado, sí los objetos, los seres vegetales me hablan y no lo puedo remediar. Salgo como puedo, guardo todo mal, en el maletero, mientras viene un chulillo con un descapotable y se aparca a mi lado con mirada desafiante quizás como con ganas de impresionar o algo así. Jamás me impresionó ni un hombre ni una mujer -bueno alomejor una mujer sí-  por su coche. A mi me da igual. El hombre, o el guaperas, no se da cuenta de que a mi estas cosas ya me dan igual. Hoy, he decidido por fin que prefiero mi michelín que evidentemente me estaba preocupando en exceso, mi lorcilla, mi cartuchera y poder comer lo que me apetece sin tener más restricciones en la vida. He decidido que no acepto crearme más problemas innecesarios. He decidido que prefiero continuar con mis escritos y contarte cosas como lo hago contigo, amiga, amigo, porque eso es más importante. He recordado que cuando he estado muy, muy delgada, que ha sido mucho tiempo, no era feliz, lo estaba pasando mal, y como me gusta cocinar mucho, pues eso, que entre mis libros y las ollas creo que me he reencontrado otra vez. Ufff, menos mal.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Apuntaciones a un artículo de El País: 29 cadáveres en la Puerta del Sol, Dedicado a Agustín Barroso que me dió esta mañana la inspiración


Aquel que vive de la Historia, vive, pero vive mal. Probablemente viva encendido, implicado en asuntos que ya han sido en otro tiempo, que ya no tienen solución, estará en confrontación contínua con la realidad. Algunos se han manifestado ayer en la Puerta del sol exibiendo cadáveres de fusilados encontrados en el monte de La Andaya en Burgos, ante la sorpresa de turistas –a quienes les parece un horror- o de trabajadores que a la sazón les parece el opio que distrae a la peña de otros grandes males mucho mas mayores. Este tema ha recobrado –porque ya existía antes- una nueva dimensión ahora entre gentes, asociaciones, políticos y demás personas y personajes que se unen a esta lucha. Se ha modernizado la lucha. ¿cuál? La de la búsqueda de sus antepasados de una guerra que ya se perdió, de una guerra que perdimos. No digo nada, solo que se perdió. No digo nada solo que el tiempo ya ha pasado y que me gusta mirar hacia adelante no sin mirar hacia atrás de vez en cuando, con un nudo en la garganta, con nostalgia, con tristeza, con pena, mucho,pero con respeto. Yo soy una buena perdedora y en el perder he encontrado mucha sabiduría que no el recurso del pataleo, claro. Yo no quiero que de mi historia, de la mia personal y de la de tantos otros españoles que salieron del pais, -muchos de ellos por culpa de los políticos republicanos- sea manipulada, utilizada y usada como mercancia cultural ahora que es un tiempo en el que van muy bien estos temas. Yo no digo que no haya que explicar qué pasó y con ello respeto las versiones que cada quién y cada quisque quiera dar, yo también tengo la mia, claro, tan respetable como las otras, no, lo que digo es que esto no es una feria. Las personas no somos ganado. Es posible que con el tiempo y si alguien me convence cambie de opinión. La persona está para evolucionar y tampoco hay que estar a piñón fijo con una idea, pero lo que es por ahora, creo que no me apean del burro.


En mi familia como en la de tantos otros existieron de los dos lados, unos conscientemente y otros probablemente sin saberlo. Como sea, unos se quedaron, se adaptaron e intentaron ser felices –como en los cuentos- y otros se marcharon cambiaron su identidad y no les volvimos a ver. Uno de mis abuelos fue uno de los que escapó a Francia, agobiado por los de su partido, abandonado por los de sus mismos ideales y por lo tanto desaparecido. Combatió en la resistencia, solo sé eso. Probablemente si me dieran una subvención para encontrarle aquí en estas tierras desagradecidas con los combatientes españoles, pues no voy a negar que no la despreciaría, pero, luego está la otra parte, y mi honor me lo impide y otras cosas más. Es que yo prefiero contárme las cosas así, pasearme por los bosques franceses pensando que en alguno de ellos estará mi abuelo, será ese señor que está de espaldas...será aquel otro...aquel que he conocido el otro día...alomejor es familia mía, tal vez el pobre hombre esté en las cenizas de Dachau o de Manhautsen...no lo sé. No podemos castigar a los demás por algo que aunque para nosotros sea un crimen para los verdugos no lo fue, nadie cree que ha hecho mal, nadie cree que obra mal, todo el mundo tiene su razón para actuar de una manera o de otra. Cada persona tiene su justificación, ese es el verdadero problema del ser humano. La vida, las circunstancias son de una manera y cuando uno quiere que hayan sido de otra –y hablo de cambiar el  pasado- no se puede o no se debe buscar culpables, porque ya no se puede cambiar, ya no arregla. Lo que sí lo arregla es lo que puedo hacer o construir hoy o mañana pero no el ayer, ni la Historia, de esa, solo me queda aprender y ser más inteligente, y actuar mas inteligente. Mucho menos politizar y pretender vivir de ello, eso ya me parece criminal. Y hay personas que viven de la Historia y ayer sin ir mas lejos hablando con una colega francesa profesora de filosofía por poco meto la pata porque la quise matar, sin alterarme, con la mirada, pero para mi, suficiente. Cuando se enteró de qué era yo y cuando otra amiga le dijo que ahora estoy escribiendo sobre la Guerra, me trató como algunos franceses, -sigo algunos- históricamente han tratado a los españoles, es decir, neciamente, con suficiencia, como si fueramos...qué se yo, salvajes, con el respeto por el forro, atacándome...y diciendo cosas históricamente preconcebidas. Obedeció a lo que la Historia le había contado, y claro, la realidad le dijo otra cosa bien distinta y se descolocó por completo y mucho. Nos observamos. Yo que soy pacifista por naturaleza -aunque hubiera querido matarla- dejé que las cosas cayeran por su propio peso. Al final creo que se fue a su casa con otra opinión de los españoles y con algo para reflexionar. Fue una víctima de la Historia, y yo, aunque tengo muchas razones, no quiero ser eso, ni ir castigando a diestro y siniesto. Quiero descubrir y abrir ventanas aunque con el aire fresco entren también pequeños virus. Pues eso, que estamos fatal.

Seguiré en otro rato.

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...