martes, 23 de noviembre de 2010

Imposible vivir sin humor. Lo que significa conducir o manejar el automovil y como hacemos de ello algo tan cotidiano que llega a irritarnos




Conducir es algo que para los hombres y las mujeres es completamente diferente, no es porque seamos diferentes, no, no lo somos en potencia, solo somos diferentes en cuanto a la forma y características de afrontar este ejercicio, es decir, a la naturaleza y caracteres que lo rodean. Por ejemplo, y hablo en términos generales porque las excepciones son siempre excepciones y me alegro de que así sean, existen y cada uno de los seres humanos constiyuye –seguro- una excepción en alguna cosa que se considera generalidad. Pero es que el mundo está así dividido, analizado o estudiado. Generales son los dolores de muelas, las migrañas, los dolores de parto o los cólicos nefríniticos...pues vale, pero cada uno lo siente a su manera. Aun a sabiendas de que cada caso es un mundo, se tiende a generalizar y hay medicamentos que son para la generalidad de los seres humanos, no existen medicamentos para mujeres, para hombres, para los débiles ante el dolor, para los machotes y machotas del dolor, para los puristas que no quieren ingerir química…No, existen Medicamentos y punto. Por esa misma razón los diagnósticos de la vida están equivocados la mayoría de ellos, por eso, por la generalización maldita a la que se somete a todo bicho viviente, sin embargo, y por otro lado, en otras cosas respondemos la mayoría de las veces no voy a decir que igual, pero sí parecido, somos parecidos muy iguales en determinadas cuestiones de orden general. Este es el caso del automóvil. Puedo decir sin temor a equivocarme que los hombres –algunas mujeres también se han contagiado probablemente hartas de sufrir las consecuencias de sus cargantes maridos- tienen dentro de si, dentro de sus entrañas, en su estómago, en su corazón en su alma viva: un profesor de autoescuela.

Lo cierto es que es una desgracia obtener el permiso de conducir porque a partir de ahí tomas conciencia del horror que supone esto, del peligro que llevamos al volante todos en general. Ya no vives tranquilo, comienza una desazón muy grande, una toma de conciencia frente a la muerte y esto sucede a todos, solo que unos lo dicen y otros lo sufrimos en silencio. Yo lo paso fatal sufriendo en la soledad mas terrible cada vez que voy de copiloto, pero claro…qué voy a hacer. Lo que no hago es machacar al que en ese momento lleva la nave, eso es mucho peor.

Felizmente hay también personas que son pasotas integrales y que no tienen ningún miedo a la muerte, pero esto no es la tónica general. Los hombres cuando van de copilotos pasan miedo, pero es que las mujeres cuando vamos de copilotos también lo pasamos. De modo que cuando alguien –hombre o alguna de estas amigas recalcitrantes- lo hacen dispuestos a darte ese curso de autoescuela que nunca pudieron dar y que tu ni de broma vas a aceptar porque has olvidado todo absolutamente, todas las normas de conducción abocada ya, destinada ya, al acto mecánico viciado y mal hecho, pues se provoca la tensión y después puede que la bronca mundial. Sin querer, hasta un accidente.

Yo, por poner un ejemplo no de egocentrismo sino de humildad, pues aparco de oído y hasta que no suena, pues no me quedo a gusto y paso del arrastre de calabaza más agónico, dejándome las ruedas en las rotondas, a de repente y sin saber por qué ponerme a pisar el acelerador a lo Fernando Alonso, como dicen los modernos, sudandome bastante las multas y demás, esto suele suceder cuando voy sola. Son actos mecánicos que obedecen a mi mente, infantil unas veces, estresada otras, cargada la mayoría de las veces  de razón, pero responde así porque la conducción es un acto mecánico, el más mecánico –espero- de todos los actos que realizamos al cabo del día. Para mi, y seguro que para muchas más igual, el coche no es más que eso, un coche, una chatarra más o menos mona, que sí, que puede molar más o menos, pero con la edad todos sabemos que no es más que un instrumento al que lo que le pedimos básicamente es que funcione, y ya. Que me subo por las aceras, bueno, que le doy achuchones a las ruedas en las curvas, ya lo sé, que freno en el último momento provocando suspense...pues para eso está el suspense ¡qué leche! Me doy con los pivotes, sí, para que lo voy a negar, pero tengo bastantes reflejos para esquivar a los que dicen que conducen alucinantemente bien, pero que ya se han dado bastantes tortazos...Lo mío es eso, un despiste de cosa de oído, una laxitud de volante desinteresada y desde luego una intencionada actitud de cabrear al personal, lo reconozco. Bien.

Sin embargo, los hombres, esto no lo pueden aguantar, ellos, son los mejores porque desde pequeños saben de qué va el tema, controlan lo suyo y lo ajeno -alomejor lo digo con un poquitin de envidia- y están predestinados a conducir muy bien cuando sabemos que esto no es verdad. Claro, yo la primera vez que me subí a un coche tenía 18 años y solo me preocupé de buscar la música, el retrovisor para maquillaje y el cinturón de seguridad que por aquellos años era muy tonto y me lo puse a modo de echarpe, toda glamourosa ella. Algunas clases tuve que dar para enterarme, muchas, todas, pero me enteré y lo cierto es que me he recorrido millones de kilómetros y hasta he conducido camiones que era la ilusión de mi vida, osea que no voy mal, si no fuera por esa actitud de pasota integral que me lleva a darme tortacillos sin importancia que van desconchando el coche y minando la moral del mismo. Cuanto más potente es el coche, más peligro llevo, lógicamente, porque mi pasotismo crece y crece de verdad, creciendo como gerundio. Aquello de: ¡cuidado con ese!, ¡ojo con el de al lado!,¡ ayayayai!, ¡Rosa que te dan!, ¡cuidado! ¡levanta el muslo que te aceleras!, ¡ostras otras el muro!, ¡cuidado con la abuelita!, uy uy el taxista, ¡pero no vayas así!, ¡aceleraaaaa! pero mujer como haces eso que Madrid es la jungla!, ¡pero no ves a esa! ¡Dios mio!...son para mí frases que no tienen importancia, han perdido ya su significación, estoy hecha a ellas, me he vuelto dura. No me atañen, no van conmigo, no influyen a mi personalidad que no la tengo en esta materia, claro está. Yo voy a lo mío. En definitiva: soy feliz. "Sacaré la piedra", sin embargo a más de un varón, eso sin duda y a mis amigas que ya se han vuelto expertas de la conducción también. Solo alguna se salva y vamos de conversación felices escuchando música, despreocupadas del mundo exterior, bueno, eso sí, respetando las señales de tráfico.

Sin embargo, a un hombre no le puedes decir nada, porque él, sabedor mundial del conducir siempre tiene la razón y el capullo siempre es el otro o mejor dicho la otra a la que mandan a fregar en el mejor de los casos. Y siguen sin entender que nos da igual, que no se nos va la vida, afortunadamente y que no quiero ser la mejor conductora del cementerio y si conduzco mal, pues conduzco mal, ¿y qué? ¿es que pasa algo? Pues otras cosas haré bien, más peligrosa es la escritura. Yo lo que quiero es ir de un lugar a otro y ya está del verbo yastar (Yo yasto, tu yastas...). Y desde luego, lo que no soporto de ninguna manera, aunque me aguanto cuando me toca, es que se suba alguien a examinarme constantemente porque la vida no es una competición, pero lo cotidiano no es más que el reflejo de la que se nos viene encima.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Pater y muy señor mio (parte I)


Conozco a muchos religiosos (católicos y protestantes aunque yo me incline más por estos últimos) y tengo que decir que me llevo muy bien con ellos, será seguramente porque soy un poco cura, algo monje, bastante. Prefiero estas acepciones a las de monja (por lo de las connotaciones). El otro día discutimos (entendido el verbo como hablar, en Francia se “discute” intercambio de ideas, plática y no disputa que sería “dispute”) mis compañeros curas (de la Université Catholique) y yo a cerca de algunos asuntillos a causa de una homilía pronunciada en determinado lugar que nos causó a todos, más bien cierta estupefacción. Entro de lleno en el tema: las parábolas que Jesucristo pronunció y los porqués de esta manera de hablar, de comunicarse con sus oyentes. ¿Era la parábola una forma directa de comunicación? ¿Lo sigue siendo hoy?

Muchos de los eruditos bíblicos afirman que las siete parábolas que se encuentran en el capítulo 13 de Mateo se pronunciaron en distintas ocasiones y a diferentes grupos de personas, y que el escritor del primer Evangelio las dispuso en esa forma porque así convenía a su relación y porque estaba considerando, ante todo, su interés subjetivo. –No pasa nada, dije yo. Se encuentra algún fundamento para esta afirmación en el hecho de que San Lucas menciona algunas de estas parábolas en diferentes circunstancias, así de tiempo como de lugar. –Sigue sin pasar nada, insistí. Por consiguiente, se colocan las parábolas de la Semilla de mostaza y de la levadura (Lucas 13:18, 21) inmediatamente después de la curación de la mujer encorvada en la sinagoga y la reprensión del hipócrita oficial de la misma. Aun cuando fuera necesario admitir que Mateo pudo haber incorporado otras parábolas de distintas fechas con que se relataron ese día particular, existe la posibilidad de que Jesús haya repetido algunas de sus parábolas, como ciertamente lo hizo con algunas enseñanzas, y así presentó la misma lección en sí misma, encerrando un elevado valor intrínseco, bien sea que se le considere como una narración aislada, o relacionándola con enseñanzas afines. Presto atención a la lección de cada una, pese a las opiniones promulgadas por hombres sobre las circunstancias en que se relataron por vez primera. La palabra cizaña no aparece en la Biblia –yo utilizo la edición de Reina Valera revisada de 1960, osea, la versión protestante- sino utilizada como vehículo para la revelación de una parábola por todo el mundo conocida como la parábola de la cizaña. Sin duda, cualquier clase de hierba nociva, particularmente la de naturaleza venenosa que seriamente perjudicara la cosecha recogida, convendría al objeto del Maestro en la ilustración. La creencia tradicional comúnmente aceptada es que la planta a que se hace referencia en la parábola es una hierba gramínea, conocida entre los botánicos con el nombre genérico de Lolium temulentum. La planta es muy parecida al trigo en las primeras etapas de su desarrollo, y aun en la actualidad causa grandes molestias a los agricultores de Palestina (creo). Los árabes la llaman zowan o zawan. Se halla extensamente difundida, y es la única de su especie que tiene propiedades nocivas. Antes de formar espiga es muy parecida al trigo y las raíces de uno y otro frecuentemente están entrelazadas, y de ahí las instrucciones de permitir que la cizaña creciera hasta la cosecha, no fuera que los labradores, al desarraigar la cizaña arrancaran también con ella el trigo. La cizaña se distingue fácilmente del trigo y de la cebada cuando ha formado espiga, pero cuando todavía no ha alcanzado ese grado de desarrollo ni con el examen más cuidadoso siempre se distingue. Ni aun los campesinos, que en este país generalmente deshierban sus campos, intentan separar lo uno y lo otro…Tiene un gusto amargo, y cuando se come separadamente o aun mezclada en el pan, produce mareos y con frecuencia surte el mismo efecto que un emético violento. A pesar de que se ha desacreditado esta parábola arguyendo que se basa en un hecho poco frecuente o incluso –para algunos- desconocido, lo cierto es que Jesucristo no encontró probablemente otra manera, no se imaginó una forma de maldad desconocida sino que se valió de un hecho con el que sus oyentes estaban familiarizados, algo tan fácil de ejecutar, de tan poco riesgo y al mismo tiempo de tan grandes y duraderos efectos nocivos, que nada tiene extraño hallar que ésta solía ser la forma en que se manifestaban la cobardía y maldad de una persona. Yo lo veo muy bien.


No habría –con seguridad- otra manera de instruir a los judíos que por medio de las parábolas. Ésta a su vez se distingue de los proverbios, si bien se puede comprobar que cómo hasta cierto grado las palabras se usan indistintamente en el Nuevo Testamento y aun como equivalentes. De manera que cuando Jesucristo utilizó el proverbio, probablemente familiar para sus oyentes si el ciego guiare al ciego ambos caerían en el hoyo, Pedro le dijo: “explícanos esta parábola (Mateo 15:14-15). También en Lucas 5:36 leemos la utilización del proverbio más que de la parábola lo que expresa el texto. Por otra parte lo que son llamados Proverbios en el Evangelio de San Juan, aun cuando no son parábolas de acuerdo con el significado preciso de la palabra, tienen más afinidad con la parábola que con el proverbio; de hecho, son alegorías por ejemplo la relación que Cristo establece con su pueblo, valiéndose de la figura de un pastor y sus ovejas (Juan 10:6 compárese con 16:25- 29). Es fácil explicar este intercambio de palabras. En parte se debe a que la misma palabra en hebreo significa parábola y también proverbio.

El rasgo esencial de una parábola es el de la comparación o semejanza, por medio de la cual se utiliza un acontecimiento común y bien entendido para ilustrar un hecho o principio no expresado directamente en la narración. Es incorrecto el concepto popular de que la parábola necesariamente se basa en un acontecimiento ficticio; pues en vista de que la historia o circunstancia de la parábola debe ser sencilla y ciertamente bien conocida, por fuerza tiene que ser verdadera. No hay ficción en las parábolas que hemos estudiado desde pequeños (a veces como imposición) y hasta ahora; las narraciones fundamentales son tomadas de la vida real y las circunstancias citadas son hechos verificados. El relato o suceso sobre el cual se funda la parábola puede ser un acontecimiento real o ficticio; pero si es ficticio, la historia debe ser consecuente y probable, sin ninguna mezcla de lo extraordinario o milagroso. En este respecto la parábola se distingue de la fábula, pues ésta es imaginaria, exagerada e improbable en cuanto a los hechos; por otra parte, hay semejanza en los fines de una y otra, porque la parábola tiene como objeto comunicar una importante verdad espiritual, mientras que la moraleja, así llamada, de la fábula sólo sirve, cuando más, para dar a entender algún logro mundano y beneficio de carácter personal. Las historias de árboles, animales y cosas inanimadas que hablan entre si o con las personas, son completamente imaginarias; son fábulas o apólogos, bien sea que el desenlace se considere bueno o malo; al lado de la parábola, indican contraste pero no similitud. El propósito declarado de la fábula es más bien para entretener que para enseñar. En la parábola puede estar incorporada una narración, como en los ejemplos del sembrador y la cizaña, o sencillamente un caso aislado, como el de la semilla de mostaza y la levadura.

La alegoría –siguiendo esta línea de reflexión- se distingue de la parábola por la amplitud del tamaño y detalle de la historia, y por el estrecho enlazamiento de la narrativa con la lección que tiene por objeto enseñar; en la parábola éstas se conservan distintamente separadas. Los mitos son historias ficticias que aplicamos muy bien a los asuntos literarios, algunas con bases históricas, pero sin ningún simbolismo –digamos- de valor espiritual. El proverbio es una afirmación breve y sentenciosa, al estilo de una máxima, y connota una verdad o implicación definitiva por medio de la comparación. Los proverbios y las parábolas se relacionan estrechamente, y en varias ocasiones los términos se usan indistintamente en la Biblia. El Antiguo Testamento contiene dos parábolas, algunas fábulas y alegorías y numerosos proverbios; de éstos tenemos un libro entero. El profeta Natán reprendió al rey David valiéndose de la parábola del cordero del pobre, y fue tan eficaz la narración que el Rey decretó un castigo para el ofensor rico, y fue dominado por el pesar y la contrición cuando el profeta lo hizo el blanco de la aplicación de su parábola con estas graves palabras: “Tú eres aquel hombre” –dijo-. Queriendo despertar en el pueblo el deseo de vivir rectamente, Isaías se valió de la historia de la viña –que a pesar de estar cercada y bien cultivada sólo dio uvas silvestres e inútiles- para pintar la condición pecaminosa de Israel. En fin, hay muchas más, claro.

La discusión coleguil se desató porque uno de los que se encontraban en la reunión decía que por medio de la parábola las gentes-oyentes entendían mejor la lección que se quería dar. Yo creo que es al contrario, es muy difícil entender las parábolas, a mi –que me gustan estos temas- me ha costado lo mío. Uno de ellos –no católico- decía que sólo se pueden entender leídas con el espíritu pero que cualquiera puede llegar a ese conocimiento. No me parece mala la reflexión, aunque no estoy tampoco de acuerdo, cualquiera tiene el potencial porque todos somos iguales, pero no todo el mundo quiere desarrollar la voluntad de querer tener el conocimiento. Éste último esgrimía que sólo pueden entender la verdad aquellos que tienen el espíritu como para entenderla, de modo que recibirían aquellas enseñanzas –hoy igual- solamente algunos elegidos cuya preparación espiritual abarque entender ese simbolismo, en cierto modo, algo discriminatorio con respecto a los “gentiles”.
Sólo entenderían ese lenguaje –nada fácil a mi entender- aquellos de “preparación espiritual” suficiente como para entenderlo, aquellos que lo merecen, aquellos a los que se elige? La palabra solo se entiende por la fe?. Sigo para el siguiente por si interesa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Aburridos, personajes, raros, lectores y conspiradores. Por qué de vez en cuando es bueno sentir el tedio: he aquí el resultado de hoy.



La imaginación entendida como un derecho a la pertenencia de una realidad concreta, en el fondo no es más que una pérdida de sí mismo, es una pérdida sobre todo de la infancia y de la capacidad de fantasear en diversos planos de un mismo escenario. Todos los días encuentro las mismas payasadas, música de americanos, muy poco o nada sublime, con escaparates horteras y miradas del inconsciente involuntario que susurran lo más despreciable. Nino Bravo sigue martilleando canciones llenas de emotividad, por la radio hoy, creo, de esa emoción que te repatea las tripas, sobre todo porque no sabes bien de dónde viene (otra vez con la búsqueda de un origen), igual que si tuviéramos un Fidel Castrito dentro del cuerpo, como los cubanos, al tiempo uno se encuentra desubicado fuera y dentro de la isla. Nada que hacer, nada que vender y nada de qué hablar con nadie. Otra vez el vacío de la estupidez, aunque probablemente no sea vacío, sino simplemente aburrimiento. Hacía mucho tiempo que no me aburría, casi desde que era pequeña donde todo parecía tedio y disparate, donde las horas pasaban muy despacio, los veranos también eran muy largos, después cambian, y se transforman, bien es cierto que esto dura hasta que uno aprende a sacar partido a lo que parece tedio. La vida casi que es así para gran parte de los occidentales, europeos por fijarnos una especie cercana, un puro tedio; es como las bibliotecas, Europa, los conciertos, las óperas, la oración, o quizás el amor, en realidad no hay nada divertido en nada de ello, no hay nada cachondo, al menos en principio. Después, todo lo hacemos cambiante, porque uno reconoce que en las bibliotecas se aprende a amar el silencio, la investigación, el amor por la música, el encontrar libros inéditos que nadie ha mirado casi nunca mientras tú los tienes en tus manos, puede que por primera vez sólo para ti. El desarrollo de la voluntad en suma. Principios duros y asquerosos hasta crear la cotidianeidad habitual que supone estar en una biblioteca... Es esa una acción que a la inmensidad de la población no le importa, le resultan paparruchas, por lo que se comprende que ese es uno de los principios del aislamiento social, la consciencia de saber que al resto de nuestros semejantes les importa un bledo lo que hacemos, o nos discriminan por que no son capaces de hacer lo que nosotros sí. Un lector siempre es un conspirador, nadie controla  lo que haces. Mosquea.
Una vez asimilado eso, y habiéndonos hecho un personaje rarito donde los haya, hay que seguir, aunque no sin olvidar que algunos, una vez alcanzado ese nivel de autorreconocimiento en cuanto a extravagancia y excentricidad, se hacen sectarios al buscar a otros que hacen lo mismo que ellos, pero no por eso dejan de estar solos, simplemente comparten aficiones, o creencias. La verdadera hermandad de almas es otra cosa. En fin.

Creo yo que me siento en cierto modo agradecida (diríamos), a la vida, por vivir en los años en los que nos ha tocado vivir y agradecida por tener la oportunidad de gozar de los enormes beneplácitos de los libros.  "Los conocimientos que te otorgarán los libros jamás te abandonarán, y nunca te sentirás sola», me había dicho alguien de pequeña. Hoy los que habitamos en países desarrollados no conocemos el significado de la gratitud.

Los libros, bueno la lectura, te dan soledad, una soledad rara, convirtiéndote en alguien peligroso, sospechoso, una condición, en principio buena, para poder ser desgraciada universal, fundamental para ser un personaje inmortal y tener tu mundo. Alguien que lee será alguien que piensa y aunque le acoses seguirá pensando si cabe más todavía hasta llegar a la cefalea y a dónde le de la gana, también. ¿Acaso eso se reserva para el mundo de la imaginación o sólo se traduce en los hechos prácticos, en los conceptos más básicos? Yo soy en esta vida una serie de resultados y de efectos y a medida que pasa el tiempo no soy persona, soy personaje. Osea que estoy fatal.
«El héroe sale de casa en busca de aventuras», canon literario de tantas y tantas materias novelescas, eso mismo me repito yo para ver si salgo del aburrimiento absoluto de la vida; pero nada. Hoy es de esos días de mal humor, en que no hay iguales, donde o haces un monólogo o no te comes un roscón, sola en el escenario, una se siente incomprendida, lejos de la realidad del mundo que nos rodea y sobre todo de los testigos presenciales del mundo que son las personas que..., en fin. Eso es un trozo de soledad, el desierto. Es saber que no le importas a nadie en el fondo y que lo que haces importa bledo y medio —como ya he dicho antes—; ni búsqueda de los iguales ni nada, porque «nadie es igual que tú», y menos cuando se es personaje y protagonista. De ahí la tendencia equivocada de muchos a buscar alter egos a mansalva, y a volverse sectarios, pero reconfortados, en sus quehaceres cotidianos o en sus creencias más profundas. 

Como digo, hoy me he levantado con la personalidad algo trastornada, mal, pero aceptandome, con el humor de perros de siempre en su estado puro, odiando la humanidad, sin caridad ninguna y no me arrepiento nada, es simplemente odio a la propia vida ¡y qué le voy a hacer! Creo que me he levantado siendo un poco Flaubert y otro poco siendo Emilia  Pardo Bazán en plena insolación..., algunos sabrán a qué me refiero.


El caso es que contemplaba yo con astucia —siendo uno de estos días anodinos en que el mero hecho de hacer algo produce sistemáticamente múltiples achaques de los que zafarse de ellos es mera ensoñación, transformándonos en una cuasi perfecta unión con la cama o el sofá—, pues sí, observaba ensimismada la enorme, cuanto más, inmensa, negligencia de mi perro ante el simple hecho de aproximarse a engullir su comida. Y admiré, más que con asombro, con espanto, la aciaga similitud que en cuanto a la pereza, tiene con el comportamiento de los mortales. «¡Lucas!»—que así se llama el mastín, grité—, «¡toma tu comida, chiquitín!» —Creo que no me oyó—. «¡Luuuuuuucaaaaaas!»—De nuevo—. «¡Toma tu comida, desgraciado!» Se produjo un profundo y aterrador silencio. Pasaron tres o cuatro horas en las que mi perplejidad no hallaba límites y, ¡por fin!, muy lentamente y con caminar más propio del mejor de los bailarines dignóse levantar y con serena mirada parecía exclamar: «¡Ya voy, no tenga prisa, ama!».

Tiene que ser domingo, -sí lo es- me he quedado trabajando toda la noche, como algunos sábados -no todos- y es que francamente odio los domingos y si es por la tarde aún más. Hay países como Francia donde sus habitantes son conscientes de este bajón moral y ético que proporciona la caída de la tarde dominguil y lo controlan, ¡pues qué bien, ¿no?! Esto no impidió mi natural tendencia del día de hoy ante aquellas circunstancias a continuar apaciblemente en el sofá, ya que el camino hacia la cama resultaba interminable por lo luengo que resulta, digo, pero reflexioné... ¡Será posible, estúpido perro, encima que le traigo la comida me hace esperar cuatro horas! Claro que, cotejando que es gerundio, me acordé que esa misma aflicción me invade cuando voy al banco a abrir una cartilla o a hacer cualquier cosa, ¡qué desagradecidos, será posible, encima que les traigo dinero me hacen esperar! Lo cierto es que esta espera,
propia en muchos casos de la pereza nacional, se repite continuamente casi como una persecución  fundiéndose a nuestras vidas cual uña a su carne y es que hay que esperar para todo. ¡Quiero operarme en la Seguridad Social! Pues tengo que esperar aunque tenga gravedad dos o tres años, esto después de haber pasado por la consulta innumerables veces, ya sea para pedir cita, ya sea para el papeleo burocrático ajeno por completo a mis dolencias, en fin, ya sea. Bueno hay que añadir a su favor, eso sí, que si te mueres en eso sí que son rápidos, muy rápidos (la representación del entierro es algo que no debe faltar en todo ser humano, y su desarrollo como personaje). Ir y volver muchas veces, deambular por pasillos de un sitio a otro cual peonza y si a mano viene un broncazo con la de recepción que te trata fatal y no me da la gana callarme a todo. Si usted quiere una entrevista con algún concejal de ayuntamiento para ofrecerle cualquier fructuoso proyecto, le llevará por lo menos treinta y cinco llamadas telefónicas —de las cuales, casi siempre, le dirán que está reunido—, personarse otras cuarenta veces, y si persevera armado de paciencia, su secretaria, haciéndole un enorme favor y muy lentamente, le abrirá un día las puertas del tan esperado despacho. Ni que decir tiene que la entrevista concluirá con un vuelva usted otro día. Es importante que a estas cosas no asistan individuos/as con la sensibilidad al límite como yo, con algún proyecto literario o cultural, por utilizar una acepción más universal, que sea bueno, que realmente merezca la pena, no, no, no. Nunca se debe acudir a estos sitios, ni a estos concejales, agregados culturales y demás especies de instituciones, porque si no, estamos como yo hoy, al borde del suicidio, sin fuerzas para continuar viviendo y pensando en que si no me suicido puede que aniquile definitivamente al concejal de cultura, eso, eso, ¡eso es lo mejor!, aniquilare, asolare.

Hoy todo es una enorme cola, ayer también lo fue porque era sábado y tuve que hacer la compra, enormes colas invadían el supermercado, y lo pasas prosternándote, llorando e implorando que por favor alguien te cobre. Las de la tercera edad por designar de alguna forma a las mujeres más mayores, se cuelan, con un hocico más grande que el de un oso hormiguero, y todo porque te ven más joven en cuanto al físico, pero no en cuanto al interior, y mucho menos en cuanto a la paciencia, que probablemente esté mucho más quemada que la suya, mucho, pero que mucho más. Nunca entenderé por qué (este sector de la sociedad que tanto quiero, osea las abuelas) aparece los sábados a comprar sabiendo que ahí estamos nosotras, las que trabajamos, ¡a jodernos la marrana! A demostrar que son muy amigas de Pepe el carnicero, quien les ha reservado los mejores solomillitos, y a ti, te ningunean con ese clásico amiguismo del que se entiende muy bien y quiere excluirte de forma extraordinaria de la situación. Es triste, tristérrimo que tengamos que echar mano del amigo Freud y nos trasportemos sin querer, claro, a la infancia cuando no te querían en la pandilla, al final vuelves a casa comprando cualquier cosa, odiando a estas prepotentes ancianas que se lo saben todo, les da todo igual porque ya han pasado lo peor y sin duda están más jóvenes que tú, que tienes la moral por la moqueta, catorce detrás de ti para sacar adelante, y sin fuerzas para luchar ni por un kilo de filetes, ¡bien terciaditos!

Todo es lento a nuestros ojos, todos están coordinando y a nadie le importa en absoluto tu problema o tu espera, porque en este país de siesta, la ineficacia y la lentitud dan mucha pereza porque para todo hay que armarse de valor y esperar. Colas para cobrar el paro, colas para apuntarse, colas para información, para hacerte el dni, para el pasaporte, colas para el autobús, colas para comer, una enorme cola, esperar y esperar, pereza para mirar y para decidir... Y en este estado de gandulez sofariana física y mental en que me hallo, recordé con cierta vaguedad eso sí, un artículo de José de Larra, el llamado Vuelva usted mañana, escrito en 1835, en el que genialmente se habla de la tan traída y llevada pereza nacional, de lo que hay que esperar y siempre volver, y en fin, de la enorme paciencia que tenemos que practicar cualquiera que quiera vivir en nuestra querida y no menos adorada tierra de lazarillos y quijotes que es España.

En esto estaba pensando, en las razones del porqué después de trece años en que un día envié a la editorial un proyecto literario me responden ahora, que sí, que tienen mucho interés. ¿Pero si han pasado trece años? ¿Y si de resultas me he muerto? De nuevo el tedio y el aburrimiento de saber cómo pasa el tiempo aguantando el vacío de la voz que no existe, aunque otros la busquen y crean que la han encontrado: ¡Por fin la voz! Puedo morirme, eso sí a poder ser con un libro en la mano. ¿Pero qué voz?

martes, 9 de noviembre de 2010

Cuando voy por España (ya tengo arreglado el teclado, menos mal)


Ya saben algunos que voy a Madrid con bastante frecuencia, casi cada mes y medio, aunque a veces he estado cinco meses sin volver, una cantidad de días para mi bastante significativa como para poder valorar muchas veces el estado de la cuestión. De cualquier cuestión. Cinco Meses de vida andariega prestan al alma una virtud muy poderosa de síntesis, de crítica y de visión panorámica. Un individuo puede habitar multitud de años en este pozo que llamamos España, y acaso no llegue nunca a sentir el contraste y la perversión de ese mismo pozo donde vive. Pero se sueltan las amarras, sale nadando, flotando la nave del individuo, y entonces las cosas adquieren un color, un relieve, tan distintos, que verdaderamente queda uno pasmado.

He rondado por esos mares de Dios; he ído con las muchedumbres emigradoras; he sentido la emoción de los desembarcos en puertos o ciudades exóticas, he metido mi persona en el báratro de aquellas poblaciones americanas, orientales también, tan llenas de entusiasmo y de esperanza; la vida libre y amplia de los centros cosmopolitas ha rozado mi mente y la ha hecho vibrar. He conocido la agitación de esos países nuevos, en que todo habla del porvenir, en que no se advierte la tristeza colectiva, en que cada ciudadano presiente que su nación irá ascendiendo como por una escala milagrosa hasta llegar a los últimos peldaños de la grandeza. En que todo cambia, se renueva, se multiplica.

Ahora he vuelto a España, he vuelto a Madrid, y he creído que todo había sido un sueño. Nada ha cambiado. La gente sigue comentando la política, el teatro, la mujer, o los toros. La gente sigue perdiendo el tiempo en una serie de divagaciones intelectuales de fondo estúpido. Encuentro la misma tendencia semimística, casi metafísica, de ocuparse todas las horas del día de/en problemas abstractos, como son esa misma política, ese mismo teatro, esa misma mujer y esos mismos toros. Todos se duelen de vivir mal, de no tener suficiente dinero, nadie quiere poner la mente en el último y gran ideal del hombre, que es salir de la miseria y dignificarse varonilmente (ahora también hay que decir mujerilmente) por medio del poder del dinero. Hallo idéntica pereza del querer, de la voluntad vamos, puesto que esta vida ratonil, agria o quejumbrosa no es más que pereza. A ninguno se le ocurre hablar de negocios, de asuntos materiales. En las esferas políticas todo es abstracto, todo es idealismo; en la Prensa todo es también abstracto, todo es idealismo; en la Prensa todo es también abstracto, idealismo perezoso, cambio y recambio de tópicos holgazanes; todos lo esperaron en un día, ahora ya no, alienados por una monarquía que solo gasta, pero algunos seguimos en realidad esperando, la llegada de una República, esperamos que venga alguien y que se vayan otros, que haya turnos. Lo que hay es pereza, apoltronamiento, hasta para hacer huelgas. Mucha pereza.

Y las calles de Madrid las encuentro abandonadas a los vendedores, al tráfico manipulador de las vidas humanas, que alborotan a los vagos, a los desocupados, a los pordioseros, los de toda la vida que están ahí de toda la vida, tan tranquilos. Los mendigos desarrollan todos su potencia sentimental, cantando o quejándose hasta llegar al último grado de lo trágico. Y esto lo siente, lo palpa, lo roza el público, y nadie se asombra. Madrid ofrece un tono trágico, doloroso diría yo, que tiene un valor literario y artístico inapreciable, pero que socialmente es un verdadero crimen.

Madrid, volviendo del mundo da la impresión de una ciudad de provincias, de un pueblo y yo siempre continuo practicando las mismas picias. Y leo los artículos, la literatura, los versos, cuanto se imprime en esas hojas y esos libros, todo me produce asombro, pena y cierta vergüenza. Se escribe por darle gusto a la pluma, por unir dos frases con arte, por hacer un poco de ingenio o dar una nota lacrimosa y decadente. La poesía y la emoción de la Naturaleza, de los campos, de los ríos, de los mares, de los puertos, de los almacenes, del comercio, de las multitudes, de las risas o de las muecas de la humanidad, todo eso permanece ausente de tanta letra como se imprime.

Falta de nervio, falta de vida, de realidad, de jugoso e ideal materialismo, de salud, de ilusión, de fe, de optimismo, de voluntad y de enérgico deseo: he ahí lo que encuentro al volver a la patria. Y pienso que esta nación está demasiado lejos del mundo, que Madrid se halla a mil leguas de Europa, que son necesarias ocho líneas férreas que vayan desde el corazón de España al seno del mundo para que esta nación pueda tomar un aire civilizado.

Vivimos aún en el tiempo de Felipe IV, el tiempo de la literatura conceptuosa, de la ciencia parásita, (me refiero a las instituciones no al trabajo de los científicos que se tienen que ir fuera para poder tener medios donde desarrollarse) de la filosofía nula, en esto no me duelen prendas: filosofía nula y mucha teología exclusivamente católica, claro. Encuentro que España entera tiene un gran valor literario artístico y literario, pero que socialmente es una aberración y en esto cito texto de 1910 donde Salaverria viene a decir lo mismo, que avanzamos a trompicones y en detrimento de una verdadera evolución social, damos un paso adelante y cuarenta atrás: “España en su sociedad es aberrante. Acaso por eso muchos literatos nacionales y extranjeros se han llenado últimamente de devoción por la España original, por la España antigua, por el Greco, por Goya y por las escenas “fuertes” trágicas, de esta España que ha venido a caer en un mero tópico literario, para escritores y pintores, en el fondo íntimamente reaccionarios. El reaccionarismo de España no está en los carlistas, sino en muchos que se llaman radicales. En una palabra: encuentro que España sigue en el mismo estado en que la dejaron los ministros civilizados de Carlos III”. (Extracto de Salaverria publicado en el ABC, de diciembre 1910).

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Meditando sobre los "negros" y demas. (Lo siento pero sigo con el teclado sin acentos, sin egne y me pone mala, para colmo de mis males aqui no me lo han sabido arreglar, pero lo conseguire, no me puedo perdonar esos -ion sin acentuar, si, ya se que duele.)

Estuve de viaje por Madrid la semana pasada, lo cual no tiene nada de interesante para mi,  habida cuenta que mantengo alli todavia y espero que por mucho tiempo familia, amigos, actividad empresarial (por decirlo asi) y cultural…en fin, casi todo. La cosa es, que tomando el pulso al pais por medio de un zapping televisivo cai en dos programas que me llamaron la atencion -si, ya se que hay muchos pero ese dia tocaron dos-. Uno era la campagna de alienacion y mentalizacion que a la sazon se pretende con el pueblo para colocarnos la dinastia borbona como sea. Bien, este tema que es muy, pero que muy grave, requiere un tratamiento especial, requiere que me dedique otro dia a fondo,porque como digo el asunto tiene su miga y parece que los de dentro no se aperciben, no se dan cuenta como nos damos cuenta los de fuera, c-est comme ca.  Esto sucede a menudo en las sociedades que son los de  fuera  los que piensan y ven con objetividad la situacion de los de dentro. Bueno. (Suspense).

El otro tema que llamo mi atencion era un debate, bueno en realidad no era debate porque en Espagna no saben hacer dialectica, son peleas de gallos, no tienen en absoluto la frialdad necesaria ni el temple, ni la cultura, ni la inteligencia, ni las tablas, como para poderse decir en una conversacion las mayores barbaridades sin apenas alterarse y respetando al maximo el turno de palabra, como hacen en Europa, sin ir mas lejos en Francia, que la persona que menos se pueda esperar uno, tiene mas riqueza linguistica que un ministro. Eso lo da la lengua en si, que le vamos a hacer. Me entristecio,  no obstante, ver que seguimos igual con peleas de gallitos y de gallitas, a ver quien levanta mas la voz, a ver quien se hace oir mas a base de gritar o de decir la mayor ordinariez o la frase que mas moleste…mal, muy mal. En fin, una vez comprobado y recomprobado –en esto lo reconozco- que no nos llevan a la tele a los que tenemos algo que decir sino que en esto sigue la misma endogamia de siempre con personajes absurdos, comprados, que se cambian la chaqueta o la corbata y se pasan de un programa a otro diciendo las mismas majaderias, llegue al punto algido de mi habitual cabreo, espagnol. El debate, digo, giraba en torno a los « negros » o personas que se dedican a escribir en silencio, de forma invisible y anonima para los demas. Algunos estaban como soprendidos de la cuestion, otros, indignados con el sobrenombrecito, y que culpa tenemos…digo yo. Al final, y como de costumbre en los planteamientos dialecticos de los programas espagnoles acababan mezclando la cuestion de los negros, en lo que yo pienso que es una profesion como otra cualquiera, hay mucha gente en todas las profesiones que hace el trabajo en la sombra y luego la fama o la gloria se la lleva el que dirige el equipo –medico, abogacia, fontaneria, disegno de vestuario- que son los que asumen riesgo y nombre y punto. Si la gente piensa que cualquier mindundi por el hecho de ser famoso, tiene talento para escribir un libro y vender cuatro o cinco ediciones es que –perdoneme usted-  la gente es imbecil, y como tal nos tratan. Escribir un libro es una cosa muy seria, que cuesta mucho trabajo y que no sale de la noche a la magnana, ni mucho menos…Memorias, libros de cocina, libros de medicina, experiencias varias…ninguno de los que firma el trabajo lo ha escrito, se lo han escrito que es distinto.


Pero el tema se mezclaba con la cuestion del plagio, que evidentemente no tiene nada que ver con el trabajo que hacen los escritores en la sombra para otros. Eso es robo, copia, ultraje, del que ademas dificilmente se puede demostrar. Y es que lo de que te escriban un libro tambien se extiende a los profesionales del tema, osea a los escritores, que en ocasiones no tienen ideas, estan cansados, o no les sale algo bueno, porque a veces para que salga algo bueno y diferente se tarda tres o cuatro agnos, hay quien lo escribe en tres meses com Galdos o Emilia Pardo Bazan, pero estaran conmigo en que eran otros tiempos. Hoy en dia, no es tan facil la cosa y de no ser que escribas sobre el mismo tema, es decir, lo que yo llamo ser monocolor o recalcitrante que ya te salen las cosas como churros, -como yo con Galdos-  dudo yo mucho que en dos meses tengas listo un texto de 500 paginas. Alla penas y alla cada uno, eso es lo que yo digo, por si acaso, nunca presento nada a concurso, solo a los que se lo que pasara con mi texto. El que tenga oidos para oir que oiga.

Mi reflexion es que en realidad,  Hoy, los autores, los creadores, son los verdaderos negros de los interpretes, son los genios que estan al servicio de los que hacen uso de su obra. Por ejemplo, acudimos a aplaudir a un violinista determinado y aplaudimos enormemente lo que ha interpretado pero no nos acordamos del que lo compuso, es decir, de la obra que esta tocando, a una determinada orquesta igualmente por su ejecucion, pero nadie aplaude al pobre desgraciado que creo la obra. Vamos al cine y aplaudimos a los intepretes, igualmente en el teatro enloquecemos con los actores, pero no nos acordamos del autor que invento el texto. No sale nadie al escenario a sugerir al publico un aplauso por favor para el autor…otras veces, los personajes han tenido tanta fama e importancia que sobrepasan al autor como por ejemplo Quijote y Sancho, Lazarillos –cuyo autor ya era anonimo, osea que no hace falta el autor-, luego entonces, los autores, si se mira bien, somos unos pobres negroides al servicio de los demas y nadie dice nada. Seguiremos con estos temas eh!

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...