sábado, 18 de diciembre de 2010

En torno a la escritura. Capítulo III: El autor ante el "publico"




Escribimos para el lector, para los lectores y el público? El público de un escritor, son evidentemente los lectores. Hasta ahora, un escritor no ha tenido público, en principio, de no ser que hablemos de los autores dramáticos. Ya se discutirán en otra ocasión las denominaciones, pero creo por hoy que el público del escritor es más bien anónimo, desconocido, aunque esto comienza a cambiar con las nuevas tectonologías y los feisbuques. ¿Escribimos para los editores, para que se venda nuestro libro, para esa masa de lectores que pueden estar esperando o simplemente escribimos porque necesitamos desarrollar ese ejercicio de creación? ¿Lo hacemos por obligación, por necesidad, por dinero, por fama, por imposición...por oficio? Cada escritor –no hablo para los intrusos ni para los que por azar escribieron alguna vez un libro- debe preguntarse en algún momento qué quiere hacer exactamente con su trabajo, con sus ideas, debe saber qué posición va a tomar en determinados momentos de su vida profesional, hasta dónde está dispuesto a llegar y qué haría por su obra. Es decir lo que en Historia de la Literatura se estudia como El compromiso del autor con su obra, bueno, es un buen título cuando se estudia a un autor que ya ha fallecido pero al mismo tiempo es un título molesto cuando se trata de un autor que vive y que debe posicionarse consigo mismo. Es decir lo que en Francia se estudia como autocrítica, que en este caso consistiría en preguntarnos a nosotros mismos qué somos, qué queremos hacer, cómo escribimos y hacia dónde va nuestra obra. A mi, en general, y ahora vuelvo con lo de los feisbuques, me parece bien que existan los blog, son interesantes, válidos, modernos y abren ventanas al recluído creador que es el escritor, pero al mismo tiempo abren la ventana también de la confusión, ¿cuál? La de que nadie sabe quien es quién. Sufrimientos de la modernidad que tampoco extrañan tanto, si bien se piensa, cuando a Cervantes ya le salió un cometidor en su momento, el tal Avellaneda, que si no llega a ser por aquel bicho malo, don Miguel no escribe la Segunda parte de El Quijote, eso está claro. El libro electrónico funciona muy bien igualmente –mucho más en otros países como Holanda especialmente- pero dan pie igualmente a un mercado de desconocimiento y de dudosa profesionalidad. ¿Por qué los lectores no exigen del escritor profesionalidad como se exige de un músico o de médico? No lo sé. Probablemente por que es muy dificil conseguir tener criterio o simplemente porque una obra gusta porque gusta y en muchas ocasiones no se sabe porqué. Si mi amiga lee historias mal traducidas sobre draculines, verbi gratia, pues yo hago lo mismo y no me cuestiono nada en absoluto, aunque haya pagado 25 euros por el librito. Para esto, para el invisible e imprevisible criterio de los lectores influye –de esto ya he hablado en otros lugares- el marketing jevimetal de las agencias publicitarias que lo hacen sin tener en cuenta el valor de la obra, cuando lo mejor seria que hiciera la publicidad con una obra muy buena, esto seria quizás lo ideal, solo es que algunos autores de obras muy buenas no les da la gana entrar en eso. Punto. Conocemos a algunos muy buenos y ahí quedarán para siempre, otros han quedado ya, en esto estarán todos conmigo, vamos que no digo ninguna tontería. (Lo digo porque últimamente desbarro mogollón y me meto con todo el mundo, estoy como esos abuelos barra abuelas que les da todo igual y arremeten con to Dios, conperdón).


El caso es que hay muchos libros, muchos tipos de escritura y muchas maneras de llegar al público. No se debe publicar todo, claro que no. Hay quien es perfeccionista y solo edita una gran novela en su vida como Alas Clarin, sin embargo, dedicó su vida literaria como periodista, escritor de cuentos y ensayo. Poca suerte tuvo con el teatro. Yo decidí en su dia ser profesional de la escritura e intento “vivir” de ello, así me va, durilla la cosa pero seguimos. En esto se incluyen claro está ensayos, traducciones, obra periodística y ahora ya voy directa a defender lo que escribo en materia novelesca, aunque todavía no es el momento. Escribo cosas de poesía, si se piensa bien, todo escritor con sensibilidad es poeta, pero no considero que sea sorprendente ni bueno lo que hago, he leido a otros que lo hacen divinamente, eso sí lo considero un pasatiempo, no una profesión, sería una intrusa publicando mis poemas. En fin, por ejemplo pasé siete años trabajando en el teatro de Pérez Galdós,ya editado en Cátedra-Anaya, un libro que se vende muy bien, por lo visto. Son trabajos de “profesión” unos gustan mas y otros menos, algunos llevan desde luego muchas pero muchas horas, que no son pagadas como el que hago ahora transcribiendo manuscritos. Luego será una muy buena edición para la RAE. Todo el mundo cree que un escritor vive del éxito que tuvo con no se qué novela que le dió mucho dinero y fama, y no es así. Es verdad -y yo creo firmemente en este principio- que a fuerza de trabajar, trabajo y trabajo, un día suena la campana, quizás el día menos pensado. Borges, como Cortázar y tantos otros, tenían que hacer otros trabajos que a veces gustaban, a veces no, pero que te mantienen cerca de las letras, te relacionan con ellas, estás junto a la literatura y te dan pa comé. Cortázar ha hablado alguna vez de los ingreso que le dieron las traducciones. Entre esas preposiciones, verbos y conjunciones de otros que alomejor estás traduciendo del alemán, o entre medias de ese manuscrito del XIX que nadie conoce nada más que tú surge la ensoñación, la idea, dejas ese monstruo de lado y te pones con el tuyo (con tu monstruo) a escribir ese cuento que ya estabas intuyendo en tu mente, que de hecho estaba alli y que tienes que hacer salir como sea. Te pones y del tirón escribes ese cuento fantástico. Entre medias de esos mundos literarios o explicando a tus alumnos una lección sobre la poesía de posguerra surge la continuación de ese capítulo que no sabías muy bien como salir de él. Estás ahí en lo literario, te gusta, lo necesitas. Después poco importa lo que digan los demás, -aunque cuando eres profesional las críticas son mordaces e influyen mucho- pero creo que una evz que la obra está hecha poco importa lo que opinen los lectores, ¿por qué? Por que de todas formas esa obra una vez que salga de tu territorio y pase al terreno de una editorial dejará de ser tuya y pasará a ser de los demás.

Con suerte, lograrás que cada lector la haga suya y esboce algo de agradecimiento por haberle conmovido, o haberle hecho reflexionar o gritar, o unirse a una revolución -que nunca se sabe-, con mala suerte, tu colega que además es crítico, publicará una mala reseña o lo peor no escribirá nada de tu libro, ninguneándote como si tu trabajo no hubiera sido nada. Vilezas que han existido siempre y que ahora tampoco nos van a extrañar. Por tanto, no es grave cuando es por afición, pero cuando es tu profesión molesta y mucho. Tanto como cuando los colegas dejan de hablarte por que has publicado otro libro y cosas así. Claro, a los intrusos esto no les pasa, como a los que caen en la literatura por azar, tampoco, no les va la vida en ello. Yo cuando toco el violín, pues lo hago con mucha pasión, pero claro lo toco realmente mal, aburro a las ovejas que ya es decir, distinto es de mi amiga Laure que es una profesional del violín y que desde luego pasa muchas horas en ello.
Ante el público -se diría- que no hay que hacer nada, ante el público hay que esperar a que lean los trabajos que uno ha elaborado con el gusto de escribirlos y pensando que uno ha hecho lo que tenia que hacer, sin pensar en escribir para complacer a determinado sector o al otro. Y poco a poco tendrán un criterio tuyo. Entelequias me dirán. Probablemente lo sean. Lo mismo que yo soy profesional de los ensayos literarios y alguno filosófico, también hay colegas que son profesionales de los relatos de ficción o de adolescentes o de qué sé yo. Vale. Sin embargo, todo escritor quiere ser conocido. Si la gente supiera lo mal que lo pasan los escritores conocidos, no lo querían ser, te lo digo yo. Cuando no eres conocido, eres libre y puedes hacer, opinar y escribie lo que te de la real gana ¿y luego? Me dirán, luego igual. Pues no señor. Luego viene el tio Paco con la rebaja y con el aro. Y que no paso por el aro y que si paso por el aro. ¿Qué hay cuando un escritor "conocido" no vende ni froncio? Qué horror ¿no? Pues eso, que la creación es otra cosa, cuando uno se imagina un escritor, cree una cosa y a veces es otra. Y a mi me siguen dando ganas de ir a abrazar a aquellos que leen mis cosas y que les gusta, y de momento no pienso nada más que en trabajar y en un posible lector, que con que haya uno, me vale, la anagnórisis ya vendrá sola si ha de venir, y sino pues al menos hacemos lo que nos gusta y necesitamos hacer para vivir. Seguiré.


(Y ahora a seguir con el manuscrito galdosiano unas cinco horitas más, ya voy por el folio 480 de la versión Beta, ya tengo Alpha terminada. Hurras! bueno, ¡hurras! que me digo yo sola, claro.)


martes, 14 de diciembre de 2010

En torno a la escritura II: Lo que hay detrás de la obra de un autor.



¿Qué es lo que hay detrás de una obra literaria? Qué persona o qué autoría se escode cuando nos enfrentamos a la lectura de un texto? Importa realmente tener datos a cerca de quién o de qué cosas ha hecho el que ese texto escribe a lo largo de su vida? Yo creo que no debería importar lo que haya detrás porque esas circunstancias en realidad no definen el texto filológicamente hablando, claro. Cuando estudiamos un texto, la obra de un autor, lo estudiamos todo, el contexto, las influencias del momento de otros autores, las lecturas que hacía el autor, las enfermedades por las que pasaba esa persona, en suma, su biografía parece ser definitiva para la obra...sin embargo, yo les digo a mis alumnos que cuando estudiamos una obra, un texto literarario –filológicamente hablando- estudiamos eso, la obra, no la vida del autor, estudiamos lo que ese autor ha escrito, lo que ha conseguido hacer. Es cierto que todo lo que rodea la vida del creador es importante, claro que sí, importa lo que ha influído al oficio del que escribe, de quién se ha enamorado, si le influyó o no la pérdida de su madre, de un hijo, si eso marcó en profundidad su obra como en ocasiones dictan los manuales de literatura, a mi, me parece una exageración a todas luces exenta de objetividad y de sentido común. No se puede reducir el mundo del escritor porque aquella tarde tuviese un encuentro con su amante en aquella habitación de aquel barrio marginal y que por eso al llegar a casa escribiese ese y no otro soneto o esas páginas de aquella novela de guerra. Eso cierra por completo el universo del escritor, lo empequeñece. Todos sabemos que el arte, cuando existe, brota como una necesidad de hacerlo, brota sin explicación, casi previo a la inspiración, ésta, la inspiración, lo que hace es dedicarse a provocar para que salga fuera de la mente del autor, de la mente y del mundo emocional osea de su corazón, pero sobre todo de su mente, esa que a menudo está llena de ideas en su inconformismo interminable. Cuando se estudia una obra se tiene en cuenta la vida del autor, pero solo como un referente, pero no se estudia, solo se estudia la obra, la obra literaria que es la obra de arte. En realidad, poco nos importa lo que haga, lo que hagamos, los autores para inspirarnos, es decir, para que algo provoque en nosotros la necesidad imperiosa e imperativa de en ese momento y no otro tener que escribir. La inspiración provoca que saquemos algo que ya está creado, ¿dónde? dentro. A mi, en la vida del autor poco me importa si fue suficiente y rica o pobre como para ser capaz de hacer, de crear, y a veces no quiero saber nada en absoluto del autor para que no me condicione. ¿por qué? Porque me encuentro un ensayo escrito por un sabio que tiene una vida muy simple y que su vida es simple, pero tuvo un resultado magnífico o encuentro un autor que vivió una vida muy intensa y escribió los poemas más sencillos y puros del mundo. No se sabe y casi nunca se corresponde con la realidad, y nadie debe intentar hacer corresponder ni crear esas asociaciones de ideas que nos producen en el fondo una sensación de extrañamiento: claro como vivió intensamente tiene mucho que contar, pues no, le digo yo, alomejor no sabe cómo hacerlo y existe otro que no vivió tanto pero sí tiene la capacidad de vivirlo en su imaginación. La imaginación y la observación son dos herramientas y armamentos importantes del escritor, son las dos grandes armas, además de vivir, bueno, que deben, deben, confundir al lector para que nunca sepan el lugar de dónde, el lugar de la fuente de dónde el creador ha obtenido para sí y por consiguiente esa idea. La tiene y nadie debe saber cómo la ha tenido.

El escritor, el autor debe estar al margen de la sociedad, su vida quiero decir, y con su obra ser el motor de la sociedad, combate con su obra, no con su persona, ésta como imagen pública debe estar siempre en su segundísmo plano, casi invisible. Claro, esto hoy ha cambiado y a los editores les gusta que los autores nos presentemos en público, que seamos enigmáticos, extraños...en definitiva vendibles. Que hagamos entrevistas, de esas odiosas en las que en nada aparece tu pensamiento sino más bien el pensamiento del que entrevista. Ahora está de moda hacer entrevistas de gilopoyas porque así llegas más al salón de la casa del vecino. No. No hay por qué llegar al salón de la casa de nadie, lo que uno hace con eso es decepcionar, porque el lenguaje escrito es una cosa y el discurso oral, otra. Ahí es por donde muchos de mis colegas pierden su lugar porque dan preferencia a lo que no es la obra literaria, dando con su vida un precio y no con su obra que es como debería ser. Todos sabemos que un libro es en si mismo suficiente para incitar una revolución, o un movimiento social determinado, para cambiar el mundo en definitiva, yo creo en eso, por lo tanto, ideología, sí, letras, sí, pero micrófonos e imágen no, porque eso no es escritura ese no es el dominio del escritor.  Hemos visto en ocasiones a muchos poetas como Alberti o el propio Neruda –pongo un ejemplo- que leian regular sus poemas, cosa muy lógica por otra parte. Eran poetas, no comunicadores y su ritmo, el ritmo de esos poemas lo tenían en su corazón, en su mente...no eran actores especializados en oratoria y dicción para leer sus versos. Eran poetas y los poetas no son expertos en leer poemas, no es lo suyo, otra cosa muy distinta es que a uno le encante ver al propio autor leer lo que ha escrito, vale, pero no porque lo haga bien. Lo que quiero decir con esto es que lo que sí es seguro es que esos versos dejaron de ser suyos una vez que los lanzaron al mundo, y se nota cuando lo leen que ya no son de ellos, son del mundo, de los libros, de las aulas, del viento, de los ancianos, de los presos, de los niños, de los que sufren, de los enamorados...y cada uno debe hacerlo suyo. Eso es el compromiso con la obra literaria, en especial con la poesía, el lector debe hacerla suya y olvidarse de lo que le pasó al autor, ya ha desaparecido hasta cuando cerramos el libro y acaso es en esa lágrima de agradecimiento donde está ese autor, o cuando nos lo encontramos por la calle, también le agradecemos, o le escribimos: gracias por ayudarme con tal o cual libro. Lloramos en silencio las obras y sus autores agradeciéndoles su esfuerzo cuando les reeditamos y estudiamos sus obras o transcribimos sus manuscritos, dando variantes de texto muy interesantes para la historia de la filología. Agradecemos por tanto a un autor por todo lo que hace de avance a la cultura de un país y por lo que ha dado a las personas con su trabajo de servicio a los demás. Pero no nos importa mucho lo que hacía por las noches o con quién dormía. Eso no perdura, en realidad todo eso no va a ninguna parte, ni siquiera sirve para vender porque como se dice en mi pueblo eso es pan para hoy y hambre para mañana.


Es por ello que hoy en día, los autores debían pensar en esto y fijarse bien en que a los lectores nada les importa lo que hagan en su vida. Debemos preocuparnos en dar buenas obras a la humanidad, obras que queden de generación en generación, obras de solemnidad, con elementos eternos. Hoy, algunos autores toman demasiado partido por los asuntos de la sociedad, no desde su obra, no, sino desde los micrófonos televisivos, desde la radio, desde la imagen, desde lo comercial. Comercializan su persona -sin caer en que para todo hay límites- haciéndose como los demás, perdiendo de esta manera el interés que produce su papel de escritor, de observador y de creador casi casi al margen de los demás, al margen de la sociedad pero en el fondo “dirigiéndola” con sus ideas de inconformismo. Cuando algunos han traspasado esta frontera –metiéndose en política, en moda, en periodismo- por una u otra razón –porque todo el mundo tiene derecho a equivocarse- siempre les ha costado muy caro, no a ellos, somos personas todos y el que más o el que menos se equivoca, sino lo peor, a su obra, sobre la que se pasa una factura muy grande, quizás excesiva, y comienza a perder su valor, ese que en un momento determinado obtuvo por sus méritos propios pero que pasa inmediatamente a dejar de tenerlo. La sociedad, los lectores, empujan y adoran grandemente a un escritor, pero también lo castigan duramente, siendo capaz de mandar al destierro todo lo que éste haya hecho con tan solo “opinar”. El escritor, debe por tanto dedicarse a escribir y la escritura debe ser su palestra.

martes, 7 de diciembre de 2010

En torno a La escritura: Parte primera: El buen gusto. II: Detrás de la obra. III: Ante el público. IV: profesión y ciencia


Hay cosas que tienen delito y otras cosas que no tienen solución como es el caso del buen gusto en las personas, para algunos es obvio que no saben lo que es ni en Estética, para otros, bajo ese título se dedican a la escritura. Para escribir hay que tener buen gusto, con esto se nace, sin embargo existen muchos empecinados en ser, existen los que como sea, no importa el precio, quieren ser de la profesión, ¿por qué? Por que hoy en día todo el mundo es escritor, por lo tanto portador de ideas y teóricamente con sapiencia como para desarrollarlas.
La escritura es algo que desarrollamos algunas personas como algo, que nos gusta hacer, en realidad todo el tiempo y nos sirve para dar testimonio, para jugar con la filología y su canon ideal, para denunciar, para ilustrar, para criticar, para acariciar...para hacer llorar, divertir, ilustrar, hacer pensar, culturizar... Tiene muchas utilidades y para mi es algo sagrado. Después está la persona que ejerce esa acción, lo que podríamos denominar -seguro- como el escritor y todo lo que le rodea, es decir la escritura y todo lo que la rodea. Éste -el escritor- como tal, conlleva ensimismo otra serie de cargas que aunque no deberían sin embargo influyen directamente en la escritura y en la aportación del mensaje que esta tiene. Esto pertenece a lo que entendemos como el mundo del escritor. Conviene recordar que en la actualidad  por delante de la escritura está la venta de otras cosas, si es del escándalo, mejor.
Por desgracia hoy en día no se sabe quién es quién y qué persona puede o debería dedicarse a tal o cuál cosa. ¿por qué? Porque en un país como el nuestro –me refiero a España- suceden cosas que solo suceden aquí. En otros lugares suceden otras cosas pero desde luego, éstas no. Y claro, todo tiene su razón de ser y su razón de existir. Hoy hablaré en continuidad a lo dicho por Javier Marías sobre la zafiedad y sus ventajas, vamos, a las palabras y acciones que últimamente venimos contemplando en algunos escritores y otros que se hacen llamar periodistas, locutores, habladores...gentes que tienen un contacto directo con las masas. La escritura también tiene su parte televisiva, este es el segundo punto importante a analizar.
No sé por qué o de qué se extraña mi apreciado colega de la forma de expresarse y de calumniar de gentes que pretenden ir de tertulianos, de periodistas o gentes de la política o de la cultura. Van por ir, pero lo que es ser, no son, nada. Son los canallas, los cafres, los canívales de la Humanidad, de la indecencia filológica porque ya se ve que la decencia no la conocen, asesinos del buen gusto, porque el gusto también se ve que nunca podrán tener y eso sí, maestros de la calumnia porque eso es lo que vende, y no su arte, ni sus políticas. Mientras se sigan permitiendo programas y programas donde se favorece y se facilita el calumniar a hombres, mujeres, enfermos, profesiones...todo, no debe extrañarnos nada de lo que suceda en los que “dan la cara” y que tenga por claro el que esto lee que en esta  “meriendas de negros” ninguno de los que da la cara delante de su público es inmune ni indemne. Ojo que lo quiero decir es que mañana le tocará a otro, a ti como no te andes con cuidado en un país donde no se respeta absolutamente nada. Pero ¿alguien se extraña? ¿se extrañan los hombres cuando llevamos siglos oyéndoles hablar asquerosamente de las mujeres? ¿Se extrañan los médicos de que les ataquen cuando ellos se hacen publicidad o hacen programas jugando con la salud, cosa inaudita y exclusiva de este país? No encuentro nada de relación entre la patanería y la disconformidad que mueve al escritor a reaccionar y escribir. Disconformidad, sí, insatisfacción.

En mi profesión en la que ser mujer entraña mayor dificultad, tengo que soportar la manera de cómo hablan los hombres de las mujeres, pero es que también hablan así las mujeres de las mujeres. Yo la última vez que escuché decir que a una compañera la Tesis doctoral le había tocado en una tapa de yogurt, me cabreé, claro que no sé para qué la defendí si esa misma compañera se dedicó hace unos años a desacreditar mi trabajo diciendo lo de siempre, que los que apoyaban mi revista era porque habian tenido un lío conmigo. Triste y poco inteligente su reflexión que nadie se creyó, porque no me conoce. Al final terminó por dar pena, ella, que quedó de envidiosa de una profesora mayor que envidia a la que es más joven. Punto. Comportamiento muy habitual y cerdo, que al final como el tiempo pone a cada uno en su lugar voy a tener que pensar que sí, que su tesis se la encontró en una tapa de yogurt, pero me resisto a hacerlo. Las mujeres no debemos reírnos de los comentarios machistas y puercos de unos y de otras, pero yo los he oído mucho y me cabrean soberanamente. Algunos lo consideran la sal de la cocina española. La lengua española, adalid de la sátira, de la novela picaresca, de los embites entre Quevedo y Góngora, es una maravillosa arma del sacarmo y de la diversión cuando se sabe utilizar, pero cuando es mal usada, puede llegar a ser lo más grosero del mundo y por lo tanto un arma de ofensa.
El escritor con su escritura siempre ha vivido condenado a la soledad, pero hoy en día eso ya no es así. El escritor con su escritura era la mayoría de las veces alguien extraño, poco conocido, tímido (por eso se dedicaba a la escritura) y alguien a quien no le interesaba exhibir su vida privada. Pero lo peor es que el escritor –para mi- pierde su sentido y su función en el momento en el que se dedica a abrazarse con los políticos, sean cuales sean sus ideales, mucho peor si son de Franco, claro. Esto pasa factura. A partir de ahí está uno  perdido. Si alguna vez tengo problemas –que visto lo visto nadie está exento- me gustaría que me defendieran aquellos que hacen lo mismo que yo, aquellos que viven y sirven a los demás en la soledad con su escritura y sus trabajos y que en ocasiones tienen que hacer funciones de escritor: conferencias, clases, lecturas...esos, los que son de lo mío, los intelectuales y no los políticos esos no quiero que salgan al quite a defenderme porque yo espero no estar a su servicio, nunca. Yo incluyo en “los políticos” a todo aquello que entraña politiquería, también pueden ser editores y otras joyas nacionales.
Sobre el mal gusto imperante y sus dineros, insisto en que no es más que un fiel reflejo de lo que hay en la sociedad. En las muchas funciones que corresponden al escritor –osea a su vida- no debe estar el perder los papeles como se pierden hoy en día, con tan poca inteligencia y tantas ansias de llamar la atención, aunque sea con escándalo del más cutre. También existe algo que se llama la dignidad, pero es para los muertos de hambre como yo. Con eso está todo dicho, ni hay inteligencia ni es culto lo que hacen, ni Cristo que lo fundó (expresión galdosiana). Por eso no puede ser escritor cualquiera, ni intelectual, ni periodista, ni comunicador, porque hay que saber muchas cosas para no meter la pata y que se vea el plumero más de lo que concierne. Yo metería en la cárcel a toda la gente que se cree en el derecho de poder hablar y calumniar a los demás, a los que invaden las profesiones, a los que se rien de los que defectos físicos de otros, costumbre tan andaluza como extendida por todo el territorio cada uno con su aderezo, se ríen de los mayores, de las mujeres, de los que tienen exceso de peso...sin gusto alguno en la sátira, todo es molesto y la gente es muy faltona, faltar por faltar, no saben de educación porque no les interesa o porque no les ha hecho falta. No saben manejar el idioma como otrora lo hicieron nuestros predecesores (praedecesoris). La educación (educatio), como la discreción (discretio) y otras cualidades del ser humano que ya nadie conoce, cuando se tiene es un disfrute, es una manera de relacionarse, de dialogar, de trato, pero también de ataque, de la más dura batalla, de crítica...solo que hace falta inteligencia para manejarla y algunas otras condiciones más. Hacen falta desde luego enemigos de la misma talla. De estos adecerezos poco quedan a los españoles. Ya pocos sonetos de hombres pegados a narices podemos leer porque no hay Quevedos, mal que les pese.


No hay nada más fácil, característico, tradicional y chabacano por otra parte que un hombre alardeando de lo que probablemente no sea capaz luego de hacer ni por asomo, ni creo que tenga que ver nada con lo que le concierne a su profesión. Peor aún si hace las cosas y las cacarea. Menos aún soporto a las mujeres “hablar de cómo la tiene Fulano o Mengano”, me parece de un mal gusto que produce exacerbación y sobre todo que no me interesa. Eso no se cuenta, nunca. Yo creí que estas cosas la gente las sabía, pero no, no lo saben. Querido Marías ese lenguaje brutal y vocabulario deleznable del que hablas en tu texto del domingo también ha sido utilizado en ocasiones por muchos académicos, con sinceridad con muy poca gracia y menos arte. Les hemos escuchado. La guasa machista sigue existiendo, y tristemente permanecerá porque es la manera “jocosa” de divertirse de algunos hombres. Vamos, el bocazas de toda la vida que merece que se la partan, al que yo no me acercaba ni loca o que intentaba reconducir con mis comentarios, probablemente sin conseguirlo y expuesta a que al darme la vuelta, ese mismo, me atacase a lo bestia. Pues esos, siguen ahí cada vez con más fuerza. Pero la verdad termina por salir, yo creo en la verdad, pero en los mentirosos también, en los traidores, en los groseros, mucho más y creo en combatirlos, ellos colaboran a mi disconformidad con la sociedad, colaboran a la insatisfacción necesaria del autor y es seguro que tendrán su merecido porque a cada cerdo le llega su San Martín. Son muy numerosos pero quizás sean necesarios -son los buffone de la sociedad-, útiles quizás para que pueda brillar alguna vez algo verdaderamente hermoso aunque sea a codazos. Es una lucha que ha permanecido desde siglos y que continuará.





jueves, 2 de diciembre de 2010

Extranjero


Cuando se es extranjero, todo te viene mal, sino todo, casi todo. Por más que pienses que eres uno de ellos es inútil que te creas una cosa así porque nunca serás como ellos, nunca serás como los que viven en su país y son los dueños únicos de su patrimonio y de su cultura. Por más que te compongas, tú eres un extranjero y lo seguirás siendo. No quiero decir con esto que los pueblos no acojan bien a los que venimos de fuera, supongo que habrá mil historias a este respecto y otras mil anécdotas que tampoco quiero descifrar, los pueblos acogen bien pero solo relativamente bien. Alomejor tampoco hay que pretender más. Alomejor tampoco los que acogen tienen que esforzarse en hacer más por otros que han venido a su casa sin que nadie se lo haya pedido y aún así.
Europa en estas cosas vive la misma frialdad que corresponde a su clima, pero no solo los paises europeos, hoy en día, no es fácil sentirse verdaderamente como en tu casa cuando estás fuera de ella. No existe esa sensación ni problemente existirá jamás. Claro, cuando eres extranjero en Asia, la cosa se agrava más todavía si cabe, porque además te sientes completamente diferente físicamente y no te sientes ni parecido con sus comidas ni con la manera en la que te puede tratar –por ejemplo- uno de sus médicos, tú no eres oriental. Igualmente habrán tenido que pasar por esos carros la gente de color, de diferentes razas que vienen a nuestros países y que nuestros médicos deberían atender –creo que así lo hacen- con el debido conocimiento de causa.
Está claro también que cuando sales de tu casa –esto parece que le sucede a muchas personas- después viene lo peor de todo y es que: ya no te sientes bien en ninguna parte, vamos lo que entendemos como ser culo de mal asiento. Por mucho que te integres y te integres de todas formas, eres extranjero y siempre habrá quien se aproveche de esta situación de “inconsciencia cultural” o de “desconocimiento del medio” de un vacio cultural que en ocasiones es imposible llenar y que favorecen que estés siempre como perdido en la inmensidad del océano, en ocasiones algo triste también. Para desgracia de propios y ajenos, además de buscar razones raras para justificar tu “presencia” en ese país de acogida que en realidad no te acoge nada –y esto se nota perfectamente por ejemplo en Navidades y otras fechas importantes de la vida del ser- pues resulta que tus compatriotas, es decir que tus paisanos, los de tu país, tampoco te quieren ya. ¿Por qué? Por que has desertado, porque has preferido otra cultura, porque ganas más dinero, porque tienes más huevos que ellos, porque has logrado un éxito que ellos ven pero que tú ni de broma lo apercibes en tu soledad, porque vas y vienes, porque no cuidaste a tus padres en los últimos momentos, porque no pudiste venir a la comunión de tu primo...mil cosas, te pasan factura por todo, haciéndote ver claramente que “no estás al corriente” de todo lo que sucede en el país (claro en el fondo has desertado y ahora no tienes ningún derecho a opinar), de modo que chitón paa todo y a callar. Ya no eres de ellos y tus hijos menos. Esos son apátridas.

Los del país de "acogida" te miran mal porque hablas un idioma –según ellos muy rápido- con tus hijos y no entienden y claro, no les gusta. Como si por el solo hecho de irse a vivir por ejemplo a Inglaterra, una familia de franceses fuese a dejar de hablarse entre ellos en francés. Pues evidentemente no, pero les sienta a cuerno quemado que lo hagas tú, porque tú eres extranjero y estás en su tierra invadiendo en cierto modo su país. Si traes una profesión y un éxito mejores que el suyo, esto no gusta porque estás en el fondo por encima de ellos, -sigue dando igual porque te tratan también por debajo- y si vienes sin profesión, o con profesión dudosilla, también sigues siendo peligrosillo porque no se sabe muy bien a qué y por qué vienes. Sucede esto en todas partes. Está claro a quiénes les gustan por ejemplo los españoles, o los latinos y a quiénes no, a quiénes les gustan los franceses y a quiénes no, o los ingleses, no hablemos de los americanos. Los orientales se protegen un poco más y en términos más generales o bien por cuestiones idiomáticas tardan más en intergrarse o terminan por no hacerlo nunca. Vale. Ser extranjero es ser raro, es ser alguien a quien no terminan de entender, probablemente ni en tu pronunciación, y probablemente alguien que tampoco entiende nada de lo que le rodea y va por la vida dando palos de ciego.
La cuestión es que tú estás siempre ahí, consciente de que en realidad no formas parte de nada, en realidad lo que haces son esfuerzos muy artificales, postizos por ser una cosa que no eres y que no lo serás nunca, que cada quién lo aplique a su caso. Yo creo que uno, debe mantener su propia identidad aunque se adapte uno muy bien, o mejor dicho parezca que se adapte o eso haga creer a los demás, porque yo no me creo que cuando una persona –hablo de los que ya vamos a un país más o menos hechos no de bebés- de repente pase a ser otra persona con otra cultura de la noche a la mañana sin que esa misma persona no sufra cambio alguno. No me lo creo y quizás no haya que hacerlo. Aquí entra a formar parte del juego, la creencia (Philèbe, Platón) y analisis de los conceptos risa y ridiculo que provienen del no conocimiento de lo que nosotros somos y lo que creemos ser, añadiendo –claro está- lo que van a creer lo demás que somos nosotros. Al final, es un juego ciertamente incómodo que no permite liberar el alma, sino sentir una pena grande por cómo la vida juega en ocasiones a la contrariedad más absoluta. Al menos ser extranjero, también significa la no pertenencia a nadie, la no atadura y el espíritu libre de ida y vuelta. Extranjero sin atavismos, el espíritu del extranjero lo debería tener cualquier ser humano de la tierra.

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...