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Los cajones: espacios recónditos de la mente humana


¿Que hay en los cajones de un mueble o de un aparador? ¿Los cajones de un armario? ¿para qué sirven? ¿qué objeto tiene su existencia? ¿quién los inventó.? Los cajones de los muebles –en mi modesta opinión y tras sondeos estadísticos de amigos y vecinos- he llegado a la conclusión de que no sirven absolutamente para nada. Porque en realidad, ¿qué ocultan? Acaso no son espacios recónditos de nuestra mente? Que porqué digo esto? Porque es la verdad. Si analizamos, bueno, sin ni tan siquiera analizamos, sino que simplemente miramos lo que hay en los cajones de un aparador ¿qué encontramos? (Hablo de una familia de unas cuatro o cinco personas) porque los que viven solos no cuentan. Pues podemos encontrar diversas uniones que sin saber porqué se han asociado en comunión perfecta y se mantienen ahí para toda la vida, quiero decir que soportan mudanzas, guerras, divorcios... siempre vuelven a aparecer: hablaré hoy del cuarteto formado por pila-cordel-bombilla-pinza. La pila, siempre está ahí en el cajón y nadie sabe si sirve o no, pero nadie se atreve a tirarla (hay varias razones para ello), el cordel, es algo mágico de las casas, siempre se guarda y nunca sirve, la bombilla, es alucinante, su presencia es inequívoca de que algo no va bien, hay que verificar si está rota o no, pero una vez realizada esta prueba vuelve al cajón, (si no es ésta será otra), y la pinza, ya sea de plástico en rojo, ya sea de las de madera de toda la vida nunca falla aun a sabiendas que su lugar está en el tendedero, ella se escapa, se fuga de su lugar habitual. Presencia ominisciente. Un libro de instrucciones de cafetera, con unos zapatitos de Barbie, un clik de Famovil, una moto de juguete rota, varios cromos de Pokemon, un juego de la videoconsola agradará la pupila curiosa igualmente, una pulsera, un solo pendiente, gomas elásticas. Velas, muchas velas de cumpleaños, unas nuevas, otras usadas, un mechero gastado, botones, muchos y de diferentes envergaduras, una bobina de hilo, una felicitación de Navidad y una tarjeta postal del verano pasado de uno de los niños. Sigo. Una vez desesperados porque también hemos visto ese chupete que tanto le gustaba a Anita y que abandonó a los 7 años de edad, mas unas fotos impresas en papel normal, osea en casa, algo arrugadas pero de hace tres años...ese verano que vinieron los primos y que lo pasamos bomba, nos hace ver que el tiempo pasa muy rápido...también hay fotos...junto a unos caramelos sin azúcar de anis, unos chupa-chups, y bastante globos de diferentes colores que no se sabe si están rotos o si sirven, un chicle pegado en forma de pelotita reseco, el inefable boli Bic medio roto completará la colección de objetos...De repente entramos en la fase de nostalgia, pensamos en cómo pasa el tiempo, pensamos en que cómo voy a tirar el chupete de Anita, de aquella moto pequeñita que aunque está rota me recuerda aquel día con Juanito en Carrefour que se la ganó después de portarse bien durante las compras...Uf! y empiezas a llorar sobre todo porque no sabes si agarrar todo y tirarlo a la basura o qué...Dios mio, cómo voy a tirar esos trozos de vida aunque estén rotos y arrumbados! Sí, pero el caso es que ocupan todo el cajón para nada, te marea abrirlo porque es un horror...y si estuviera ordenado podrías guardar, pues no sé, unos manteles bien dobladitos con sus servilletas como en las casas bien –claro que bien pensado como el mantel sea grande no cabe en el puñetero cajón- o el caso es que se podrían guardar unas partituras –pero tampoco caben porque se doblan-, pues unos cubiertos aunque sea al retortero...conclusión, no sirven para nada, los cajones no sirven para nada, las cosas grandes se estropean al pretender empequeñecer su espacio vital en unas mínimas dimensiones, y las cosas pequeñas se revuelven con el abrir y cerrar nervioso de las Amas de casa. (estas últimas son y deberían ser la Jerarquía absoluta máxima y mundial de las casas, de la vida misma, de la sociedad, las que más gobiernan y mandan, ¿por qué? Porque son las que se lo curran, y deberían tener muchos más derechos y prestigio social que hasta ahora y no sé por qué razón no tienen. Ellas –mostruos inteligentes- organizan, inducen, intuyen, ejercitan, ordenan....en fin, muchas cosas que son las que hay que hacer para que el gobierno de un hogar funcione correctamente. ¡la releche!

Pero hay muchos tipos de cajones, los del aparador de la sala de comer, ya lo hemos referido, pero hay muchos otros camuflados en esos mueble-edificio de las casas, sí, los cajones de calcetines, los cajones que guardan calzoncillos o bragas...¡madre mía! ¡Cajones para corbatas! Cajoneras y cajoneras de juguetes que no caben en los cajones y que se rompen al intentar meterlos dentro. Lo único que se puede hacer es dar un grito salvaje del tipo: aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh!!!!!!! Cuando se te viene encima o cuando te quedas con el asa en la mano...¿y qué puede pasar cuando se cae la base del cajón de la mesilla porque tu hijo ha guardado, cuatro diarios, las obras completas de Harry Potter, tres enormes sacos de canicas y algunas piedras del ultimo viaje a Canarias, mas siete cochecitos de hierro mas algún que otro soldadito de plomo? Qué va a suceder? Pues que el cajón comienza porque se abre a duras penas, se cierra a trompicones y termina por desvencijarse porque es de Ikea y las cosas de esa tienda ¡ya se sabe! Además de tenerte que hacer el cursillo de montaje de ingeniería grado superior (de la puñetera mesilla) que es horroroso, lo montas, pero lo montas mal, a lo que se le añade una madera de dudosa procedencia, osea malilla que tampoco ha resistido los ultimos vasos de leche que han caido sobre ella, resultado: la mesilla desvencijada, cajón roto, todo por el suelo. Mas gritos, esta vez huracanados, de mamut. Otros cajones producen –si se analizan- el mayor extrañamiento que uno se pueda imaginar, puro surrealismo, esto es cuando pensamos en los cajoncitos absurdos –que no cabe nada- de los cuartos de baño. ¿Qué guardar ahí? El botecito de Betadine, una brocha de afeitar que nadie usa, unas compresas, una barra de labios, un botecito de alcohol que alguien puso equivocadamente por que las cosas de Botiquín no son ahí, pero da igual, algodón, bastoncitos para las orejas...pero todo cabe mal, y cuando te levantas por la mañana te das cuenta de que el tubo de dentífrico no cabe en ese cajoncito, o que está todo amarillo porque el Betadine se ha abierto y derramado entero. Atracón de chillidos mentales.
Es por ello que a mi entender, tenemos siempre la sensación de que lo que escondemos en un cajón, pues eso, se esconde y nadie lo va a ver: ya ves tú, qué tontería y tendemos a creer que así es, que nadie lo va a ver, siendo con ello muy inocentes. Pero claro, es un acto del susbconsciente: uno guarda y guarda y piensa que nadie lo toca más, mentira. Tú ordenas y otro desordena. Sobreprotegemos las cosas en un paralelismo con nuestra mente que protege ideas o experiencias tristes, o sentimientos que guardamos en un cajón en forma de bazar. Los cajones son la visión real de nuestra mente, guardan cosas de difícil asociación, guarda cosas que no tienen sentido pero que son nuestras, absurdas, insólitas, melancólicas las otras...guarda, guarda. Nos empeñamos en ordenarlos como a nuestra cabeza, en realidad para nada porque como abrimos y cerramos ese cajón tantas veces y además vienen otros a hacer lo mismo y si a mano viene depositan en él más cosas que cada vez el cajón está más y más cargado, sin que nos atrevamos a tirar nada...no logramos salir de la situación en la vida. Un día vamos y tiramos todo...y qué sucede, pues que ahí siguen impertérritos el cuarteto de pila-cordel-bombilla-pinza...De donde se deduce que habrá siempre ideas, sentimientos, experiencias que jamás nos van a abandonar y más vale que nos acostumbremos a ello. Hay que vivir y aprender a vivir con lo que a uno le ha tocado.

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