martes, 4 de enero de 2011

Robert y el niño


(La escena asemeja un aula con una pizarra verde de las antiguas plagada de integrales y de cálculos infinitesimales de física, fórmulas diversas. Un niño de unos doce años estudia en un libro.)


Suena la puerta.

Persona.-Hola, buenos días.
Niño.-(El niño que mira con indiferencia). Buenos días. (Continúa estudiando en su libro sin prestar atención a nadie.).
Persona.-¿Puedo entrar?. –Dice la persona que ha llamado a la puerta.
Niño.-Y por qué no va a entrar?, haga como quiera.
Persona.- ¿Es esta la clase de 6º-B?
Niño.- Pues sí, sí, es esta la clase de 6º-B.
Persona.- (Con entusiasmo.) ¡Estupendo! ¿Y teneís Mates?
Niño.- (Con extrañamiento.) Claro que sí, es asignatura troncal.
Persona.- (Riendose.) ¿Cómo troncal?
Niño.- Sí, eso dice mi madre que sabiendo Mates y Lengua, lo demás es pan comido.
Persona.- Pues sí, tu madre tiene razón, supongo que se refiere a que si esas dos materias, con sus afluentes claro, están dominadas, el resto de las asignaturas solo es aplicar las mismas claves y estudiar. Con todo eso se tiene éxito en los estudios, en los estudios, bien entendido que hay que estudiar.
Niño.- (Le mira.) Y usted qué hace aquí, es profesor?
Persona.- (Con dulzura y gracejo.) No, yo soy niño. Bueno, yo...soy un caso raro. Estoy matriculado en tu clase.
Niño.- (Muy soprendido.) ¿Qué dice? Pero si es un viejo.
Persona.- (Riendo.) !Hombre! Dicho así.
Niño.- Disculpe usted, no quería en absoluto hablar así, lo que quiero decir es que no tiene aspecto de niño, usted es...es...un anciano, diría yo.
Persona.- Lo sé, pero yo lo soy, yo, soy un niño.
Niño.- Ah! caramba, quien lo diría, es un niño, ¿y por qué está arrugado y lleva melenas de color gris? Y ese aspecto....perdóneme usted...aspecto de tan mayor...como en las fotos de esas personas...
Persona.- ¿Yo anciano? (Con casticismo.) ¡Estás tu listo! El hecho de que tenga la piel arrugada no significa nada, como el cabello gris y largo, lo llevo así porque quiero. Yo, hago lo que quiero, eso es lo que notas en mi persona, la fuerza o capacidad de hacer lo que quiero, porque mi aspecto no es nada comparado con lo que tengo adentro, adentro, adentro, adentro.
Niño.- (Comprendiendo lo del adentro.) Ya, ya...yo sin embargo, no hago en absoluto, nunca en mi vida nada de lo que me gustaría, por más simple que sea, porque en realidad solo quiero cosas simples.
Persona.- Sí...simples como las fórmulas de física. La vida es libertad de existir y de pensar y ser lo que uno quiera. No vivir por los demás.

Niño.- Eso es lo que hago yo, vivir por las órdenes de los demás, no por lo que yo quiera, que en realidad tampoco quiero nada del otro mundo. Eso diferencia los adultos de los niños, que nos creemos que los adultos, hacen lo que quieren y los niños no y viceversa.
Persona.- Pues eso, no siempre es así. Los ancianos terminan al final de su vida por hacer lo que no quieren hacer, son tan dirigidos como los niños, por eso soy niño, pero uno de esos rebeldes que solo quieren jugar.
Niño.- Vamos, lo que se dice un gamberro, como yo, pero pasado de coeficiente intelectual.
Persona.- ¿Y quién me dice a mi que tu eres un niño?. Por ejemplo, porqué tienes un teléfono y una cartera que exibes encima de tu pupitre, y libros, y ordenador, por que este trasto es tuyo ¿no? Y además qué haces aquí solo? ¿Por qué tienes esos aires de listillo y ese aire de mayorcete, con tus gafas...? Ahora soy yo quien pregunta.
Niño.- Vale, yo respondo. Estoy aquí solo, porque estoy castigado aunque sea el más listo de la clase, que lo soy, pero soy irreverente, contesto a mis profesores, soy un listillo y según dicen, no me adapto.
Persona.- Por qué?
Niño.- Por que me aburro como una ostra.
Persona.- ¿Todas esas fórmulas que estan en la pizarra las has escrito tú?
Niño.- Sí.
Persona.- Pues están mal, esa, la fórmula de la esquina, te has equivocado ahí en dos centésimas, pero está bien, está bien, me gusta que también te guste la física como a mi.
Niño.- Bueno, eso no es nada, no uso calculadora.
Persona.- Es mejor que no la uses, la física es más divertida así, no digamos las fórmulas. Lo peor viene cuando un día empieces a olvidarlas. Pero dime, ¿no te gusta la escuela por lo que veo, tampoco tienes amigos?
Niño.- Me gusta estudiar y no tengo tiempo de amigos, lo que no me gusta es el sistema. Y no, no tengo amigos, ¿para qué? Para que se rían de mi.
Persona.- ¿Y por qué se van a reír de ti? ¿No eres un poco mal pensado?
Niño.- No, no soy en absoluto mal pensado. Se ríen de mi por muchas razones que ahora no vienen al caso, y yo, prefiero mil veces estar solo.
Persona.- Pero tendrás familia...hermanos...
Niño.- No, soy hijo único y además hijo de padres divorciados, lo que quiere decir que cada uno, después de haberse odiado a muerte y de haberme hecho sufrir todo lo que han querido, pues cada uno ha encontrado su nueva pareja, de modo que yo no pinto nada en su vida. Me dan todas estas cosas de “mayorcete": gafas, ordenador, teléfono, viajes, dinero...
Persona.- (Siente lástima y compasión.) ¿Y tú qué querrías? Si quieres puedo jugar contigo.
Niño.- (El niño le mira con extrañamiento, pero con alegría.) Pues...vale, todavía me quedan dos horas de estudio y total...ya me lo sé. Podríamos ir por ahí, a vagabundear... Podríamos jugar a construir palabras, o a las cartas...o mejor seguimos hablando...¿Seguro que usted viene a mi colegio?
Persona.- Claro que sí, estoy matriculado otra vez, yo quiero hacer el colegio otra vez, por eso estoy aquí, porque he olvidado todo. Eso es lo que dice el médico.
Niño.- Ah!...que ha olvidado todo....pero yo no encuentro que usted tenga problemas para hablar conmigo...a ver! ¿cómo se llama?
Persona.- (Rascándose la cabeza.) Me llamo como quiero, vamos como me da la gana, de hecho cada día me llamo de una manera distinta, hoy no me llamo y se acabó.
Niño.- (Haciendo el mismo gesto de rascarse la cabeza.) Bueno eso está bien, pero eso es un mecanismo de defensa...¿Y qué ha olvidado según su médico?
Persona.- Él dice que se olvida todo lo que queremos olvidar por alguna razón que nadie conoce y que con el tiempo se convierte en la enfermedad de Altzheimer.
Niño.- Ya...entonces eso sucede porque se quiere.
Persona.- No, no es porque se quiere. Yo soy físico y puedo reconocer fórmulas –ahora lo he hecho- y grandes avances que yo mismo he impulsado en la Universidad, pero cada vez más a menudo, sin saber por qué, se me va la memoria y no sé nada más, ni siquiera volver a mi casa, ni cómo me llamo...nada, no sé nada y no me acuerdo de nada. Mi mente no retiene nada, se me olvida todo. Pero ahora te veo a ti.
(Un gran silencio se cierne entre los dos. Se miran un largo rato.)
Niño.- Sí, ahora le reconozco, usted vino a este colegio desde los Estados Unidos a darnos una conferencia hace tres años. Decían que era una eminencia...decían que le darían el Premio Nobel.
Persona.- (Encogiéndose de hombros y poniendo sus manos entre sus piernas con gesto humilde.) No sé nada de eso. No lo sé, yo vivo aquí al lado.
Niño.- (Ya, en el Hospital. Dice el Niño para si.) Pues a mi, me gusta estar con usted, usted es mas niño que yo y yo puedo ser su padre...o...su hermano mayor, eso es, su hermano mayor.
Persona.- (El anciano le mira con una sonrisa muy tierna.) Sí, mira tengo canicas en los bolsillos, (le muestra sus canicas muy bonitas y también chapas.) si quieres jugamos...yo prefiero el colegio a la vida de ahí fuera.
Niño.- Yo...prefiero alguien como usted. ¿Cómo te llamas?
Persona.- Robert.
Niño.- (contento.) Vale Robert, estamos los dos igual de solos, si quieres te acompaño a tu casa y jugamos un rato.
Robert.- (contento.) De acuerdo, hermano.
(El niño sale con el anciano del Instituto y le acompaña a la Residencia que se encuentra justamente a la izquierda del edificio. Al entrar hay un médico y dos enfermeras que le esperan con ansiedad. El médico muestra su preocupación diciendo: otra vez se ha escapado profesor, no nos de estos sustos. El niño responde: no se ha escapado doctor, el profesor es mi abuelo, ha salido a verme por que yo se lo he pedido, pero a partir de mañana vendré todos los días para estar con él y le sacaré de paseo ¿de acuerdo?. Ah! y que le pongan en su cuarto una pizarra, música y todo tipo de juguetes. Robert asintió contento: eso, eso, que venga mi nieto.)
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