lunes, 28 de febrero de 2011

Una pareja misteriosa hacia 1900


Ella era hermosa; él, apuesto y, ambos jóvenes y de marcado tipo extranjero. Su llegada a San Sebastián fue un acontecimiento. Entraron en magnífico automóvil blanco; pasaron por el bulevar cuando las aceras del café de la Marina y de Novelty se encontraban densamente concurridas y los veladores rebosantes de polícromos aperitivos. Se detuvieron un momento delante de cada uno de dichos establecimientos para preguntar algo en francés a los camareros. Él guiaba entre paciente y aburrido, ella repartía provocativas miradas de matrona excelsa. Un torero (después de atusarse los tufos, igualarse el ala del cordobés y escupir) Pa encunarse. Otro (casi vestido de señorito y que ha matado en Francia) -¡Vaya buillón!
Un escultor con coleta, -Buena modelo.
Un mequetrefe -¡Camarero! ¿Sabe usted quiénes son?
El camarero, -Sí señor, dos desconocidos.
El mequetrefe.- Gracias; y se sienta satisfecho.
El automóvil continúa su marcha; recorre las avenidas y las calles donde hay aceras con veladores; la preja detiene la marcha delante de cada establecimiento y pregunta al camarero más próximo.
Cualquiera creería que se les ha extraviado un camarero de lanas y lo andan buscando. Por la noche, los dos forasteros se presentan en la terraza del Gran Casino. Los esperaban. Son el asunto debatido en todos los corrillos. Los llaman "la pareja misteriosa". Ella va exuberante de encajes y de brillantes; lleva un capital encima, si todo ello es verdad, como parece.
Buena parte de la concurrencia sigue con disimulo y discretamente a la pareja misteriosa.
-¿Quiénes son? -se preguntan todos.
Hay versiones para todos los gustos: Un príncipe ruso expulsado de su país  por haberse unido morganáticamente con una mujer de codición humilde, una norteamericana, hija del rey del bacalao, la cual se ha fugado del hogar paterno con un célebre cantante.
Un croupier y una estrella de café concert. Lo único exacto es que se dejan todas las noches algunos pesos en los caballitos, ferrocarril y demás entretenimientos del Casino, y que se hospedan en un entresuelo del bulevar. Se extraña no sea en un hotel de los más elegantes.
Algún curioso ha tenido el atrevimiento de preguntar al dueño de la casa; éste ha contestado con evasivas; sólo ha dicho que son un misterio; comen donde les coge la hora, y el tiempo que están en casa se encierran por dentro, en su cuarto y no reciben a nadie.
La curiosidad ha llegado al máximo. Las vidrieras del entresuelo, que dan al bulevar, permanecen cerradas de continuo. Por fin, una mañana de la semana grande se despeja la incógnita. La banda municipal toca en el quiosco; es día de toros; el Mediodía francés se ha despoblado sobre San Sebastián, es la hora de la ostentación...
El balcón de la pareja misteriosa está abierto, cosa rara.
Se oyen dos detonaciones casi a un tiempo.
La mayoría del público cree que son cohetes anunciadores de la corrida; pero, no. Del balcón de la pareja sale humo; allí es donde han sonado los disparos. La gente corre, y pronto se forma inmenso corro alrededor del blanco automóvil que espera a la puerta. Los municipales suben a la casa. La puerta de la habitación está cerrada por dentro. Corren a dar parte al Juzgado, que venga con un cerrajero...
Ahora es cuando la gente cree haber acertado el enigma: dos amantes, hastiados de la vida, acaban de dar fin a su existencia. ¡Dios les haya perdonado...! La noticia irradia con gran fuerza centríguga...
¿Qué pasa? Un vocerío extraño sale de la muchedumbre. Es la pareja misteriosa que ha salido de la casa y ha subido al automóvil. En sus semblantes no hay tristeza, sino sonrisa de triunfo. Uno y otro llevan una pistola en la mano, y puestos en pie en el carruaje dirigen la palabra al público:
-¡Señores! -gritaron- Para defenderse de los atropellados por el automóvil no hay como las admirables pistolas de repetición constuidas por la casa Siemens-Labrouyeres. Y dándole al volante, salieron veloces en dirección a Bayona, ants de que llegase el Juzgado y les hiciese pagar cara tan estúpida manera de anunciar la mercancía.

sábado, 19 de febrero de 2011

El asesino, políticos y reyes (leer solo si se sabe comprender la ironía).


En nuestro país el asesinato a cargos públicos -otrora reyes- se ha dado con mucha frecuencia, en otros países también, ahora comienza a desencadenarse en otros lugares con bastante profusión el desbancamiento de dirigentes y gobernantes explotadores (al menos no se les asesina que ya es). Las personas que gobiernan a los pueblos, o las que siguen la carrera de la política tienen que contar cotidianamente con un elemento intruso, pavoroso y muchas veces irremediable: el asesino. En todos los tiempos desde que existen gobernantes, hubo atentados a la persona; pero eran aquellos atentado fruto de una confabulación, movimientos colectivos que tenían carácter de conciencia y de responsabilidad. A César no le mató Bruto; le mataron todos los enemigos del cesarismo. Después y ya entrados en el XIX y XX, surgió la figura del hombre individual, que mata espontáneamente, a requerimientos personales. Este hombre de ahora tiene un sabor nuevo, más terrible y desconcertante que los conspiradores antiguos; tiene un sabor de fatalidad y de inconsciencia considerable, y esta inconsciencia y fatalidad le convierte en un ser tan pavoroso como irremediable.
¿Que cómo surgió esa figura del asesino aislado? la sociedad europea, también fue europea nuestra sociedad incluso a principios del XX y hasta el fin de la República, vio que los vínculos internos y asociados se rompían, dando paso a una forma de nihilismo o de independencia personal importante. El individuo que antes se sentía en las tupidas mallas sociales, y que dependía de la colectividad por una serie de jerarquías y sumisiones cesararias, hoy se encuentra aislado, libre de trabas, aéreo y móvil como una cosa al viento. La instrucción fundamentalmente enciclopédica le liberta de la dependencia cultural: tiene nociones de todas las cosas, y los libros baratos, los periódicos fácilmente adquiribles le nutre de numerosos y universales conocimientos, hoy el uso de internet le proporciona esa ventana a un mundo enorme y mágico que le nutren de universales conocimientos. Estos mismos perióricos y noticiarios que imagino que después son los que elaboran el notición, le aleccionan en los asuntos públicos y poniéndose humildemente a su servicio le hacen a él, anónimo lector, punto central de la vida política. Este hombre de ahora se siente halagado, y convertido, por consiguiente, en sancionador y juez de las cosas públicas. Añádase, además, el espíritu cosmopolita que va adquiriendo la vida civilizada, la dignificación del individuo por las huelgas y concesiones sociales y tendremos un ejemplar de hombre moderno que sigue, instintivamente, las lecciones de Marx Stirner: el uso del arbitrio individual ante todas las contingencias, morales o sensorias.

Los que se aventuran hoy en la carrera pública están obligados a contrar con este hombre moderno, aislado, individualista, obediente a sus impulsos personales y arrastrado por el arbitrio de sus pasiones. Este hombre fatal es mucho más temible en los pueblos latinos o meridionales, por existir en tales pueblos una mayor propensión al homicidio y al asesinato. Y entre los pueblos latinos, el que más debe temer a esa clase de seres es el pueblo español, por haber sufrido una triste condición de raza inexperta, ignorante y poco batida en los azares de la civilización. El pueblo italiano ha pasado lo suyo, todavía más propenso al homicidio que el español ha dado hasta ahora la mayor parte de los asesinos políticos; pero, pasado el tiempo vemos como pasó a ese género de actividad el pueblo español, y de su inexperiencia, de su amorfismo rudo, se deben esperan grandes desdichas.

El desprecio por la vida es ahora mucho mayor que antes. Cohibían el alma de nuestros antepasados múltiples terrores de índole religiosa y material; apartados los elementos airados, como eran los militares, los pícaros y aventureros, el resto de los hombres vivía en un cierto estado de infantilismo. Hoy la vida e la desprecia más, acaso porque vivimos en un régimen sensual; siendo el fin de la vida la consecución del placer, quien no alcance ese placer se sentirá fácilmente dispuesto a dejar una vida que no da lo que se pide. Los que ahora se inmolan y matan que lean la letra gorda, porque probablemente sean ejemplares típicos del hombre que renuncia a todo, porque carece de todo; rodando de taller en taller, disgustado del mundo y de sí mismo, se abandona por último a la fatalidad de su destino como una alga; las últimas monedas las emplea en adquirir la pistola (un decir de una bomba) y cuando se lanza a la catástrofe está previamente roto, muerto, perdido para toda reacción de la voluntad. Más que un acto consciente, es una cosa que se desploma y que se rinde...
Decía Maquiavelo, al adiestrar a los príncipies en la escuela de la tiranía, que un príncipe debe apretar hasta el último extremo los resortes del poder y de la fuerza. Para esto aconseja que se prevalga el príncipe de un buen ejército y de unos inteligentes capitanes, y escudado en ellos, puede desafiar los agravios del enemigo exterior y del populacho. Y añade después, para sosegar los temores del príncipe, que éste no ha de temer el ataque individual, porque los hombres aman mucho su vida y nadie se expone al riesgo inminente de perderla. Pero esto podía escribirse en el siglo de Maquiavelo. Hoy todos podemos comprobar que no bastan ejércitos y los capitanes y quee toda la fuerza imaginable deja siempre un resquicio por donde se cuela el asesino individual. Maquiavelo no conocía para los príncipes la posiblidad de consolar alienando al populacho casando a éstos con una de los de aquellos. En tiempos de Maquiavelo le era más fácil a un príncipe resguardarse de los ataques y asechanzas; pero hoy el enemigo -felizmente para algunos dirán- tiene armas de fuego certeras, bombas terribles y asoladoras. Quizás el remedio principal consistiera en proponer a los hombres que dirigen las conciencias una mayor responsabilidad; convencer a los que hablan y escriben de que el atentado personal es una regresión a la barbarie y de que una vez puesta al alcance de los inconscientes el arma ejecutiva y justiciera, los mismos inductores de hoy pueden ser los agredidos de mañana. Que el sistema de tomarse la justicia por la propia mano es un sistema incalificable, estéril, desconcertador, que debe poner miedo en todas las conciencias medianamente responsables, de acuerdo, pero que no se puede abusar de un pueblo al que se le humilla, se le deja en el paro, mientras otros se pasean por exposiciones, por países, asisten a cenas maravillosas con toda su geta, porque por fin han conseguido alienar a los otros con sus astucias. Eso es provocar al individuo...y luego, pasa lo que siempre ha pasado, que despiertan al asesino individual.

lunes, 7 de febrero de 2011

Cuando se tiene un amigo escritor


Los escritores en general somos personajes peligrosos. Esto sin duda se puede comprobar de una manera cotidiana con las reacciones que tienen nuestros amigos y familiares. Yo he podido ver, sufrir y padecer muchas reacciones de las personas que me rodean y seguro que a otros colegas que se dedican a lo mismo les sucederá igual. De entrada, nuestra profesión parecerá –para la mayoría de la gente- algo ocioso, nada fundamental y mucho menos algo importancia para la marcha de la economía de un país. Me refiero concretamente a la “opinión” que de estos temas tienen mis confrères españoles, pues en otros países conceden otra importancia a escritores y filósofos como es el caso, por ejemplo, de Francia. Bien, dicho esto, paso a comentar algunas reacciones curiosas que de este tema he podido cosechar. Siendo consciente de mi estatus de vaga nacional, constaté en algunas amigas (todas eran mujeres las que me lo decían sin saber hasta hoy porqué) la mala leche que tenían cuando me lancé en pleno embarazo y crianza de varias criaturas a hacer un Doctorado en Filosofía y Letras. Lógicamente nadie daba un duro por mi, considerada escoria social, osea una mamá que ahora quiere ser intelectual, un horror, ni siquiera el director de tesis –del que podría decir y acusar ahora de más de una cosilla- confiaban en mi proyecto. ¿Para qué quieres ser Doctora en letras ahora? Ese ahora castrante, me sonaba a fascismo puro. Pero me dió igual porque uno debe confiar y creer sobre todo en su propio potencial y nada más. El tiempo pasó y lo que la gente normal tarda seis o nueve años en terminar, yo lo hice en tres, es decir, que cuando leí mi tesis, fui con varios libros publicados y me dieron mi notaza. (también llevé varios bebés). Los libros de ensayo literario y filosofía que escribí a partir de aquellos años cayeron en saco roto. Todavía hoy, colegas de Universidad –un mundo dominado por acomplejados y por machismo paternalista- continúan a hacerlos pasar desapercibidos. A mi me sigue dando igual porque no me paran. Cuando uno escribe “esas cosas tan serias que nadie entiende” te dejan de lado por marginada social, o por alguien que en realidad no llegará a nada porque escribe cosas raras y desde luego de poco pecunio. Yo digo siempre: eso, por ahora.
Temas académicos aparte de los que se podrían escribir aburridos tomos, llegamos al momento en que el escritor comienza a escribir otras cosas mas molestas, artículos, cuentos, poesía, novela...¿qué sucede con amigos y familia? Para los amigos, tener un amigo escritor o poeta es desconcertante, es como encontrarse con él, y si no has hecho los deberes...mal, vas, mal. A un primo poeta o a una hermana novelista hay que leerle algo ¿no? Los amigos se sienten presionados –supongo- por esta situación. ¿por qué? Porque te preguntan bueno, y ahora qué haces? –pues lo de siempre...escribo esos textos que pongo en mi blog (subsconsciente: y que tú nunca lees) que a la gente le gustan mucho, el otro se pregunta en su subsconsciente (a qué gente) trabajo sobre una novela...ultimo los detalles de mi último libro de cuentos...ya sabes, artículos para revistas...(en fin vida de vagos...) El amigo a quien hace alomejor dos o tres meses que no ves se siente obligado como a decir alguna cosa para agradarte con una cara rara porque en realidad no se ha leído ese libro que tú con tanto esfuerzo le regalaste entre otras para que te conozca, para que sepa lo que haces y no te juzgue tan a la ligera, ¡leñe! Y descubres que es un traidor, que no lee nada, que solo se tira el pisto con lecturas ociosas, con cuatro cosas de bobo de salón, que leer, leer, en realidad no lee nada, o que sino es un cabrón si no se toma la molestia de leer un libro de un amigo o e decirte algo, de reconocerte. Punto. Ahora llegaría el momento de terror absoluto: Por cierto ¿te gustó mi último libro? Horror y más horror en el semblante de nuestra amiga o amigo...por lo tanto: Esta es una pregunta que nunca se debe hacer.

Luego están los que se sienten intimidados ¿cuáles son? Los que creen que serán fuente de inspiración para algún cuento o quizás un personaje..y por consiguiente te temen. Y llevan razón...por eso un escritor es molesto porque observas y luego de manera consciente o inconsciente lo llevas al folio, pero no es grave, es la vida y la novela por ejemplo, es imagen de la vida. A partir de ahí eres sospechoso. Después están los que han leído algo tuyo y no les gusta pero cómo te lo van a decir, están los que querrían hacer un Simposium sobre lo que han leído de ti, y claro, tampoco es eso (yo siempre digo...ah! yo he dicho eso...no me acuerdo) y luego están los que han leído algo tuyo pero no te encajan nada en absoluto con tu imagen o con lo que representas, es decir, con la persona que eres. Lo que leen no es la persona y la persona no está o sí está en lo que está escrito...pero no saben qué hacer con ese material. Resulta que les parecias una pacifista y acaban de leer algo tuyo que incita a la revolución, o piensan que eres una mística y tus libros son una apología del edonismo ¿qué hacer?.
En Francia, me han parado muchas veces por la calle para felicitarme por el artículo Les chaussettes Ah les traites! En su versión española Los calcetines traidores. Ya ves tú, probablemente el texto que más rápido he escrito en mi vida y que menos complicaciones me creó. La razón es sencilla y simple, es un relato que habla de un asunto de orden extremadamente cotidiano como son los calcetines que uno se encuentra por la casa de la manera más absurda y loca, pero contado, quizás con cierta gracia y veracidad. El lector, probablemente –a juzgar por lo que ellos mismos dicen- encuentra una comunión muy grande con el escritor que se acerca a él para hablar de cosas de orden diario, cosas normales, nada sublimes que son las que nos hacen recrearnos quizás absurdamente a los escritores. El lector –o mejor dicho a determinado tipo de lectores- quiere que el escritor se acerque a él. El resultado es que el otro día en una cena, algunos dijeron refiriéndose a mi: es una estupenda escritora española, y escribe sobre calcetines...que si lo leyeras te va a encantar. Vale. No hablemos de ideologías y demás...muchas veces me han preguntado ¿pero tú has sido espía y comunista? O ¿pero cuando has tenido esa experiencia con un músico? Yo he dicho la verdad, no, nunca he tenido esa experiencia con ningún músico (es por el texto de El Oboísta) y de haberlo tenido jamás lo sabría nadie...En fin, la gente se despista, se descoloca, se despeinan al ver que en realidad de una persona de apariencia llana y tranquila (como soy yo creo) no saben nunca qué eres, qué diablos tienes en la cabeza, y eso, te convierte en peligroso ¿por qué? Porque no te controlan. Y yo, río de felicidad completa de poder tener ese mundo particular, íntimo, sorprendente que te permite ir de un lugar  a otro fácilmente como un navegante sin que nadie sepa en realidad qué eres, ni quién eres. Si te mueres de hambre...pues, ya se verá.

martes, 1 de febrero de 2011

Un 30 de enero de 2011


Abrió la puerta y cuando entró en la casa pudo ver el rostro extraño de su madre. Mamá tú escondes a alguien. ¿Yo?, qué dices a quién voy a esconder yo? Siempre estás igual con tu vida de novelas, imaginando cosas que no existen aquí y allá. Quita, quita, me aburres con tu imaginación absurda, -dijo la madre de Gloria. Entró Luisa, la hermana de Gloria, nerviosa, como con algún mensaje que dar a la madre de ambas. La madre, Concha, hizo un gesto a Luisa como diciendo despúes, después. Gloria pudo apercibirse de la señal con toda claridad, pudo sentir el nerviosismo que latía en el ambiente. Prepararon las lentejas de ese día. Estaban programadas, las lentejas, se programan. ¿Y qué -dijo la madre- no sales hoy a ver a tu amiga Carmen como de costumbre? ¿no tienes nada que hacer hoy en la Biblioteca ni en ninguna parte?
-Pues...no, hoy la verdad es que no tengo ganas de ir a ninguna parte, me duele la cabeza y por eso he aprovechado para visitaros...-asintió con cierta convicción Gloria. (Pero veo que no soy muy bien recibida. pensó para sus adentros.) ¿qué pasa hoy?
-¿Hoy? ¿Hoy? pues no pasa nada hoy, hoy no pasa nada, ¿qué tendría que pasar?-hablaba Luisa.
-Vale, vale, -contestó Gloria, he venido a comer con vosotras y no tengo ningun interés en que regañemos, ninguno. Solo que os encuentro raras, como si quisierais ocultarme algo.
-Se abrió la puerta del baño. Gloria quedó estupefacta.
-Vaya, hombre, -dijo la madre.
Era la tercer hermana Isabel a quien Gloria no veía desde hacía muchos años, porque se había ido a vivir a Irlanda, pero no era esa solo la razón. Isabel tenia por marido un ser insoportable que la había llevado a anularla completamente como persona y por consiguiente a romper todo tipo de lazos con su familia.
-Pero ¿por qué me ocultais que está aquí Isabel?, corrió a abrazarla pero se dió cuenta de que algo pasaba, la encontró muy desmejorada, tenía un ojo más cerrado que el otro y le faltaba un trozo de cabello justo en la entrada de la frente, tenía sangre. ¿qué ha pasado? por qué estás aquí escondida?
-Madre -asintió- es mi hermana ya vale de números, somos una familia. Sí...sí...yo lo hacía por ti. No quería preocupar a nadie, dijo la madre.
-Pero no diga usted tonterías, hombre, -habló Gloria alzando la voz con carácter y firmeza.
Gloria aunque en efecto era la bohemia de la familia, en los momentos de dificultad era la única que sabía establecer orden, calma e inteligencia a las situaciones. Bueno, vamos a ver, ¿por qué estás aquí Isabel? Hemos venido Antonio y yo a la fiesta de licenciatura de Carlos, rompió a llorar. Caramba con mi sobrino ya es médico...como pasa el tiempo. Bueno, -intentando mantener la calma y encontrar explicaciones- bueno, bueno, calma, bien, fenomenal, habéis venido a Madrid para la licenciatura de Carlos y tu marido y tu, supongo que os habíes alojado en un superhotel como de costumbre ¿no? Si, sí, efectivamente.
-Y Carlos está bien...Sí -dijo Isabel- está muy contento, ayer el decano le condecoró con una medalla al mejor alumno de su promoción...
-Entonces ¿por qué lloras?
-Se hizo un desolador silencio entre las cuatro mujeres. ¿Y tu marido?
-Se miraron con complicidad, en la mirada de Isabel se sentía complacencia, alegría, rotundidad. La madre solo miraba a la pared con decisión y firmeza.
-Mi marido...ha muerto.
-¿Queeeeé?-gritó Gloria, que se ha muerto?
-No, lo he muerto.
-A ver, a ver, a ver (decía esto toqueteandose el rostro y el cabello que se lo movía a derecha y a izquierda). Sus dos hermanas y la madre permanecían en desolador silencio, en el silencio de la complicidad. 
-Pero qué has hecho mujer? ¿has matado a tu marido? -bien, bien, bueno, no, mal, mal, quiero decir...(toda nerviosa) es cierto que era un hombre...pero no se debe matar, Isabel, qué has hecho mujer?.
La madre dijo: aquí no ha pasado nada ¿te enteras? Nada. tu hermana ha estado aquí todos estos días con nosotras cuidándome ¿te enteras?. Sí, sí....pero puedo saber cómo ha sido el asunto, qué pensáis hacer?...La policía...


Ese desgraciado al final ha salvado la vida de Isabel, al menos tanto calvario ha servido para algo.
¿Por qué dice eso madre? preguntó Gloria. Ya conoces el sufrimiento de tu hermana Isabel, y no te voy a recordar las situaciones por las que ha tenido que pasar ella, no lo recuerdo porque me da vergüenza pensar que el padre de tus propios hijos pueda llegar a tratar así a la que se supone debería ser la mujer más sagrada. No lo voy a recordar porque para mí justifica cualquier asesinato. Lo cierto es que tu hermana en su debilidad y sufrimiento ayer iba a suicidarse tirandose por una de esas ventanas tan grandes de ese tan estupendo Hotel donde se alojan cuando vienen de Irlanda.
-Y...
-Pues que por un fallo que ese...bueno que Antonio quiso evitar, tras un forcejeo y algún tortazo que pensaba propinar como de costumbre a tu hermana cuando vió que la pobrecilla desesperada, harta de ser invisible quería poner fin a su vida, perdió el sentido porque estaban en la terraza y fue él quien cayó por el edificio.
-Ah!...gritó Gloria, horrorizada. Vale, vale....bien (que bien, que bien se decia por dentro) pues...nada, no os preocupéis, ahora volveremos a estar las cuatro juntas...abrazó a su hermana Isabel con gran alegría por cierto...Haremos entonces lo que sea necesario...
-Sí -dijo la madre- haremos todo, todo, lo que sea necesario para convencer a la policía.
-De acuerdo, de acuerdo...Gloria fue a la cocina y preparó las lentejas, se pusieron a comer. Nunca un hermanamiento había sido tan visible y tan grande. Como huidas de una guerra y salvadas de ella se reunían alrrededor de la mesa camilla que presidía la madre. Una sonrisa de complicidad y de triunfo invadió aquel hogar humilde y honesto. Aquella fue la comida de la liberación, un dia remarcable de la existencia humana, un 30 de enero de 2011.

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...