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Un 30 de enero de 2011


Abrió la puerta y cuando entró en la casa pudo ver el rostro extraño de su madre. Mamá tú escondes a alguien. ¿Yo?, qué dices a quién voy a esconder yo? Siempre estás igual con tu vida de novelas, imaginando cosas que no existen aquí y allá. Quita, quita, me aburres con tu imaginación absurda, -dijo la madre de Gloria. Entró Luisa, la hermana de Gloria, nerviosa, como con algún mensaje que dar a la madre de ambas. La madre, Concha, hizo un gesto a Luisa como diciendo despúes, después. Gloria pudo apercibirse de la señal con toda claridad, pudo sentir el nerviosismo que latía en el ambiente. Prepararon las lentejas de ese día. Estaban programadas, las lentejas, se programan. ¿Y qué -dijo la madre- no sales hoy a ver a tu amiga Carmen como de costumbre? ¿no tienes nada que hacer hoy en la Biblioteca ni en ninguna parte?
-Pues...no, hoy la verdad es que no tengo ganas de ir a ninguna parte, me duele la cabeza y por eso he aprovechado para visitaros...-asintió con cierta convicción Gloria. (Pero veo que no soy muy bien recibida. pensó para sus adentros.) ¿qué pasa hoy?
-¿Hoy? ¿Hoy? pues no pasa nada hoy, hoy no pasa nada, ¿qué tendría que pasar?-hablaba Luisa.
-Vale, vale, -contestó Gloria, he venido a comer con vosotras y no tengo ningun interés en que regañemos, ninguno. Solo que os encuentro raras, como si quisierais ocultarme algo.
-Se abrió la puerta del baño. Gloria quedó estupefacta.
-Vaya, hombre, -dijo la madre.
Era la tercer hermana Isabel a quien Gloria no veía desde hacía muchos años, porque se había ido a vivir a Irlanda, pero no era esa solo la razón. Isabel tenia por marido un ser insoportable que la había llevado a anularla completamente como persona y por consiguiente a romper todo tipo de lazos con su familia.
-Pero ¿por qué me ocultais que está aquí Isabel?, corrió a abrazarla pero se dió cuenta de que algo pasaba, la encontró muy desmejorada, tenía un ojo más cerrado que el otro y le faltaba un trozo de cabello justo en la entrada de la frente, tenía sangre. ¿qué ha pasado? por qué estás aquí escondida?
-Madre -asintió- es mi hermana ya vale de números, somos una familia. Sí...sí...yo lo hacía por ti. No quería preocupar a nadie, dijo la madre.
-Pero no diga usted tonterías, hombre, -habló Gloria alzando la voz con carácter y firmeza.
Gloria aunque en efecto era la bohemia de la familia, en los momentos de dificultad era la única que sabía establecer orden, calma e inteligencia a las situaciones. Bueno, vamos a ver, ¿por qué estás aquí Isabel? Hemos venido Antonio y yo a la fiesta de licenciatura de Carlos, rompió a llorar. Caramba con mi sobrino ya es médico...como pasa el tiempo. Bueno, -intentando mantener la calma y encontrar explicaciones- bueno, bueno, calma, bien, fenomenal, habéis venido a Madrid para la licenciatura de Carlos y tu marido y tu, supongo que os habíes alojado en un superhotel como de costumbre ¿no? Si, sí, efectivamente.
-Y Carlos está bien...Sí -dijo Isabel- está muy contento, ayer el decano le condecoró con una medalla al mejor alumno de su promoción...
-Entonces ¿por qué lloras?
-Se hizo un desolador silencio entre las cuatro mujeres. ¿Y tu marido?
-Se miraron con complicidad, en la mirada de Isabel se sentía complacencia, alegría, rotundidad. La madre solo miraba a la pared con decisión y firmeza.
-Mi marido...ha muerto.
-¿Queeeeé?-gritó Gloria, que se ha muerto?
-No, lo he muerto.
-A ver, a ver, a ver (decía esto toqueteandose el rostro y el cabello que se lo movía a derecha y a izquierda). Sus dos hermanas y la madre permanecían en desolador silencio, en el silencio de la complicidad. 
-Pero qué has hecho mujer? ¿has matado a tu marido? -bien, bien, bueno, no, mal, mal, quiero decir...(toda nerviosa) es cierto que era un hombre...pero no se debe matar, Isabel, qué has hecho mujer?.
La madre dijo: aquí no ha pasado nada ¿te enteras? Nada. tu hermana ha estado aquí todos estos días con nosotras cuidándome ¿te enteras?. Sí, sí....pero puedo saber cómo ha sido el asunto, qué pensáis hacer?...La policía...


Ese desgraciado al final ha salvado la vida de Isabel, al menos tanto calvario ha servido para algo.
¿Por qué dice eso madre? preguntó Gloria. Ya conoces el sufrimiento de tu hermana Isabel, y no te voy a recordar las situaciones por las que ha tenido que pasar ella, no lo recuerdo porque me da vergüenza pensar que el padre de tus propios hijos pueda llegar a tratar así a la que se supone debería ser la mujer más sagrada. No lo voy a recordar porque para mí justifica cualquier asesinato. Lo cierto es que tu hermana en su debilidad y sufrimiento ayer iba a suicidarse tirandose por una de esas ventanas tan grandes de ese tan estupendo Hotel donde se alojan cuando vienen de Irlanda.
-Y...
-Pues que por un fallo que ese...bueno que Antonio quiso evitar, tras un forcejeo y algún tortazo que pensaba propinar como de costumbre a tu hermana cuando vió que la pobrecilla desesperada, harta de ser invisible quería poner fin a su vida, perdió el sentido porque estaban en la terraza y fue él quien cayó por el edificio.
-Ah!...gritó Gloria, horrorizada. Vale, vale....bien (que bien, que bien se decia por dentro) pues...nada, no os preocupéis, ahora volveremos a estar las cuatro juntas...abrazó a su hermana Isabel con gran alegría por cierto...Haremos entonces lo que sea necesario...
-Sí -dijo la madre- haremos todo, todo, lo que sea necesario para convencer a la policía.
-De acuerdo, de acuerdo...Gloria fue a la cocina y preparó las lentejas, se pusieron a comer. Nunca un hermanamiento había sido tan visible y tan grande. Como huidas de una guerra y salvadas de ella se reunían alrrededor de la mesa camilla que presidía la madre. Una sonrisa de complicidad y de triunfo invadió aquel hogar humilde y honesto. Aquella fue la comida de la liberación, un dia remarcable de la existencia humana, un 30 de enero de 2011.
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