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La llamada "concupiscencia"


Desde que era pequeña y educada en el más ferviente de los catolicismos, he estado escuchando sin parar lo de la concupiscencia, sin saber, claro está en qué consistía el tema. Es evidente que la Iglesia católica ha acuñado el término apropiándose de su significado o caracterizándolo de una manera muy peculiar. En España –ahora espero que no- pero hasta hace muy poco la única enseñanza moral y ética era procurada por los católicos y su original forma de enfrentar cuerpo y alma.

En este sentido y con respecto a concupiscencia, la RAE define el término como “el deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos”.

La definición, bien entendida, se relaciona directamente con la opción de elegir del ser humano, es decir, con su libre albedrío. Según la tradición, para católicos y protestantes la concupiscencia se traduce como la capacidad del ser humano de hacer el mal, mal que está dentro de si mismo heredado del pecado original. Es decir que el hombre es malo por naturaleza. En su sentido más general y etimológico, concupiscencia es el deseo que el alma siente por lo bueno, en su forma de deseo desmedido, negativo y no en el sentido del bien moral, sino en el todo lo que produce satisfacción; en el uso propio de la teología moral católica, la concupiscencia es un apetito bajo contrario a la razón. Aquí apetito quiere decir inclinación interna, y la referencia a la razón tiene que ver con la oposición entre lo sexual y lo racional, no con el uso común de la palabra razón. El objeto del apetito sensual, concupiscente, es la gratificación de los sentidos, mientras que el del apetito racional es el bien de la naturaleza humana, y consiste en la subordinación de la razón a Dios. La Iglesia Católica ha hablado y distinguido entre sentir los deseos y la propensión a sentir esos deseos, relacionándolo directamente con “la carne”. La concupiscencia no se identifica en la moral católica con el pecado, sino con la inclinación intrínseca al hombre a cometerlo, pero en la tradición protestante sí se identifica con el mal; esto tiene que ver con las distintas interpretaciones del pecado original, que para los teólogos protestantes corrompió la naturaleza humana, hasta entonces inclinada al bien, y para los católicos privó a los hombres del don que hasta entonces compensaba la propensión de la naturaleza humana, desde su mismo origen, hacia el mal.

Hemos aprendido por tradición que en el principio Dios creó a los primeros seres humanos puros y sanos espiritualmente y por eso Adán y Eva fueron creados limpios y sin pecado (Génesis 1:27, 2:15-17, 3:7). Sin embargo, después de la creación los dos pecaron al desobedecer el mandamiento de Dios (Génesis 3:6), sufriendo las consecuencias de sus acciones (Génesis 3:16-24) y se hicieron pecadores. No se habla en ninguna parte del término pecador, sin embargo es así como ha pasado a la tradición o al entendimiento, el hombre cayó y se hizo pecador y punto. Cuando se explica la Caída, se explica la Caída, no el pecador, caer no quiere decir ser un pecador, quiere decir caer, elegir algo, elegir entre varias opciones y ser consecuente después con ello, es no dominar una situación, pero ésta acción no prevista puede haber sido realizada “sin mala intención”, por ejemplo por engaño. Así lo explica Eva diciendo “la serpiente me engañó” aunque sea de momento un poco justificación. Le engañarano no, no cumplió el trato que después les haría dioses al conocer el bien y el mal según se deduce las escrituras. No fueron pecadores, transgredieron una norma ygracias a ello, el ser humano pudo tener el conocimiento del bien y dle mal y así poder elegir por si mismo. La Caída, ha donado la libertad y la esencia del ser humano integrada esta por la capacidad de responder a sus acciones. Si uno lee atentamente el Génesis, no se traduce en modo alguno, ni que sean malos Adán y Eva, ni que sean pecadores, ni concupiscientes. La serpiente les incitó a querer conocer, a tener conocimiento y distinguir el bien y el mal, tal y como se diceen Génesis 3:22-23 que aquí reproduzco para los que no lo recuerden: Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora, pues, no sea que alargue sumano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre. Este no es el modelo respecto a quién es pecador. Es cierto que a través de Adán el pecado, y las consecuencias del pecado entraron al mundo, pero los seres humanos no son pecadores a causa de Adán. Hay la doctrina enseñada que nos hace pecador solamente por haber nacido. La verdad es que no somos nacidos pecadores, sino, el pecado –si es que existe como tal- proviene de otra manera, viene por tanto del conocimiento adquirido y la capacidad de manejar las fuerzas del bien y del mal adecuadamente.

La inclinación al mal del bautizado es explicada de diferente manera por católicos y protestantes. Para la Iglesia Católica, por el bautismo le es perdonado al cristiano el pecado original o algo así, aunque no es eximido de sus consecuencias por él; así que no recupera el don perdido, igual que no recupera la inmortalidad corporal, que si bien no era parte de la naturaleza propiamente humana antes del pecado de los primeros padres, sí se ha considerado como una gracia especial de la que gozaban los primeros padres Adan y Eva. Esta gracia de la inmortalidad se perdió como castigo a su pecado. Los protestantes, incluidos los anglicanos, consideran que el bautismo no perdona el pecado original, sino sólo la responsabilidad personal del bautizando, y por eso no desaparece con él la concupiscencia. Nadie puede venir al mundo con el pecado de otro, está en contra de la propia naturaleza del ser, uno responde de sus acciones y no de las del otro, tampoco el ser humano es malo en si mismo. El ser humano tiene capacidad de decisión y maneja sus acciones, puede hacerlo. Sin embargo, esto no es así para la tradición aprendida quien ha afirmado que venimos ya predispuestos, dicho de otro modo, la concupiscencia debería relacionarse con la capacidad de elegir, el libre albedrío, lo que uno quiere hacer no dando por hecho que ya lo hace o que el mal está dentro de si mismo. Es en ese sentido una de las posibilidades que tiene el ser humano, una de las actitudes que puede elegir como forma de vida pero no algo que tiene dentro y que no pueda controlar. Es solo su libre opción, desear las cosas, tener apetito desordenado no quiere decir nada según se mire o quiere decirlo todo, según se mire también. Esas ideas están ahí y solo depende de la capacidad o manejo de la mente del ser para desarrollarla en una o en otra dirección, teniendo en cuenta que probablemente sea el pensamiento quién dirija toda la maniobra. Católicos condenan al hombre por el solo hecho de que se les pase por la imaginacióno mejor por suvoluntad, ya está condenado. Por el contrario, no podemos obviar que esas sensaciones o sentimientos están ahí y tan solo forman parte de un agran abanico que el ser humano va a dirigir por si mismo eligiendo en este caso lo más feliz para él. Saber lo que está bien y saber lo que está mal, también es algo con lo que el ser humano cuenta, y el verdadero valor de él es dominar aquello que no es bueno ni para nosotros ni para los demás, al margen de la condena, esa vendría en todo caso mucho después cuando sedimientada una “mala” acción o pensamiento, bien alimentada, llega a sus consecuencias perjudicándonos tanto a nosotros mismo como a los demás.

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