viernes, 18 de marzo de 2011

Un comienzo mariano


La figura de María, la madre de Jesucristo, ha sido venerada en España y en general en los paises católicos por una serie de razones que se remontan a los principios del cristianismo y a su tradición, transmisión e interpretación de las Escrituras, entendiendo en este sentido que probablemente haya documentos que no han llegado hasta nosotros o que han sido “ocultados” graciosamente, sin podernos explicar hoy ciertas corrientes y tendencias del cristianismo. En España se reza a la virgen, se hacen cofradías, se hacen peñas, se le canta, se le grita “guapa” y se hace de ella un mito viviente del que muchas veces -para muchas gentes- visto desde fuera presenta serias dificultades para su entendimiento. Aunque las mujeres en la antiguedad y según se puede entender las Escrituras han tenido potestad de profetizar y además han tenido un mando bastante significativo, no se les ha prestado ninguna importancia, salvo por la virtud. Para la tradición, las mujeres en la religión o son virtuosas o no lo son, pero nada más, no se les destaca por nada más. La espiritualidad y virtud de la mujer va unida directamente a su celibato, a las abstención absoluta de los placeres carnales y al apartamiento absoluto de su cualidad divina y sagrada de tener hijos. Ser Virgen o no serlo se relacionará directamente con esa posiblidad. Sin embargo, podemos encontrar varios tipos de vírgenes y la mayoría –según la tradición hispánica- han obrado algún milagro y por eso se han convertido en Santas. Los milagros realizados nunca se establecen con su condición de madre, son madres para la humanidad porque conceden milagros y dan –aparentemente- respuesta a las peticiones de sus fieles pero no responderán nunca a su condición espiritual y divina de dar vida, de crear vida. Ejemplos hay sin duda en el Antiguo Testamento de la inteligencia femenina, de su influencia en las decisiones que se relacionan con el Hombre, de su capacidad para convertir en algo práctico la fe. Esta ha sido una causa de división entre los cristianos, sin duda.

                                                                      

El protoevangelio de Santiago que se incluye en los llamados Evangelios Apócrifos, tiene una finalidad apologética. Sabido es que los Apócrifos han sido desestimados por el catolicismo  y por casi todas las Iglesias cristianas donde no fueron aceptados tampoco por otras Iglesias cristianas históricas (ortodoxa, comunión anglicana, mormones, Iglesias protestantes...), cosa nada de extrañar. Sin embargo han existido, han estado ahí y han sido si se quiere orígen de grandes controversias. Multitud de gentes, santos y otros, han tratado de defender a María de las acusaciones que contra ella hacían tanto judíos como paganos, y que son registradas -no que él lo afirme, él lo registra- por Orígenes -me refiero al autor-  en Contra Celso. Celso -escribió probablemente para cercenar el crecimiento del cristianismo, dirigiendo sus escritos contra Jesucristo, claro está. Esto fue contestado por Orígenes en la citada obra. En sus obras Celso, se burla de Jesucristo, diciendo que habría sido hijo de una judía que habria estado amancebada con un soldado romano, que habría practicado la magia que aprendió en Egipto y que por eso se ganó unos cuantos discípulos de entre la plebe más miserable y digna de compasión. A pesar de todo, para Celso el argumento más fuerte en contra de Cristo es su humillante muerte en la cruz, absolutamente indigna de una divinidad. Todo esto implicaba que la madre de Jesús habría sido una mujer pobre e ignorante, adúltera y repudiada por su marido, que habría dado a luz a un hijo ilegítimo de un soldado romano. Para rechazar estas acusaciones, el autor del protoevangelio enfatiza la santidad de María, y, sobre todo, su virginidad, incluso después del parto. Salomé -un personaje que aparece también en Marcos, citada entre los asistentes a la crucifixión, comprueba empíricamente tras el parto la virginidad de María (capítulo 20). La redacción de este evangelio tiene sin duda relación con los inicios del culto mariano. Quiere decir que este texto extralimitado en su categoría de reivindicación ha creado la forma más radical de culto a la Virgen, pasando de ser –en efecto- una mujer elegida, de altísimo nivel espiritual y cultural, santa en sumo grado, buena y de dignidad suprema, a ser la base de una discusión que dura hasta hoy. ¿En qué se polemiza? pues sobre si continuó siendo virgen o no, o si por el contrario las veces que encontramos en el Evangelio alusiones a los llamados hermanos de Jesús eran hermanastros (por ser hijos cuatrohombres y dos mujeres fruto del primer matrimonio de José que después quedó viudo) o primos –familiares- según algunos traductores, o si María después de Jesús concebido por la alta divinidad dio al Mesías otros hermanos.  

                                                           

Como sea, esta mujer que virgen o no, sufrió el mas grande de los martirios al tener que contemplar la infamia cometida contra su hijo, ejemplo perpetuo de sabiduría espiritual, pase a ser simplemente discutida o cuestionada por la virginidad, dejando a un lado sus hallazgos como ser humano especial, siendo todo esto algo bastante difícil de asumir. La Reforma protestante se aleja de la veneración de María. El protestantismo acepta la concepción milagrosa de Jesús por obra del Espíritu Santo como una verdad bíblica, pero además, cuando las Escrituras se refieren a los "hermanos de Jesús", o cuando el apóstol Pablo escribe "Santiago el Menor, el hermano del Señor", lo interpretan literalmente, por lo que niegan la virginidad perpetua de María. Por otra parte en Mateo 1 versículo 25 cuando José despierta del sueño donde se le comunica que María ha concebido del Espíritu Santo se dice: “Y cuando despertó José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y la recibió como esposa. Pero no la conoció hasta que ella dio a luz a su hijo primogénito, y llamó su nombre Jesús”. De modo que quedan sobreentendidas dos ideas, una, que conocer a su esposa significa estar con ella, mantener relaciones y la otra es que cuando se habla de un hijo primogénito es porque han habido otros. El razonamiento lógico es que sabemos que en aquella época no tener hijos era una afrenta grande y ninguna mujer deseaba ser vista como estéril, lo que más anhelaban las mujeres era tener un hijo y ofrecerlo a Dios. Son muchos los que piensan que el mayor error de los judíos no fue matar al hijo como tradicionalmente se piensa sino no reconocer la virtud y dignidad de la madre. La cuestión es –habiendo tenido hijos o no después- si eso importa o debe importar en el momento de considerar a Jesús como el Salvador, creo que no, como tampoco influye la tan cuestionada virginidad de María para la enorme significación de su persona en la historia del hombre. María ha aportado a todos un gran conocimiento de la Verdad y en este sentido debemos considerarla. El que tenga oídos que oiga.



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