lunes, 4 de abril de 2011

Los diálogos de Lucas y Mateo

(La escena presenta dos personajes blancos, dos personajes de luz que pasean. El fondo del escenario representa un campo de margaritas, amapolas y dientes de león, es decir un campo de primavera.) Conversan preocupados pero con sabiduría. Lucas representa el cabello blanco y largo, barba y Mateo es un joven de unos 15 años.
Lucas.- Y yo te digo que la experiencia terrenal del hombre no es más que una prueba para ver si éste concentra sus esfuerzos, su mente y su alma en las cosas que contribuyan a la comodidad y la satisfacción de su naturaleza física, o si dedica su vida a la adquisición de cualidades espirituales.
Mateo.- Pero eso por qué, muchas personas no lo admitirán, por qué hay que vivir sujeto a unas leyes absurdas?
Lucas.- No, para muchos eso son leyes absurdas y para otros no. Pero esas son las leyes que definen que el hombre es un ser de dualidad.
Mateo.- Para mi no, para mi el hombre viene a la tierra para disfrutar de los placeres terrenales.
Lucas.- Y nadie dice lo contrario, querido amigo. Pero no me negarás que el hombre se define en su naturaleza con un cuerpo natural y un cuerpo espiritual. Para el que solo es terrenal el hombre solo es cuerpo. Sí, así será para el agnóstico o ateo como mejor quieras definirlo pero para el creyente no es así y te hablo desde mi perspectiva. Digo que así lo podemos leer en Abraham 5:7 "Y los Dioses formaron al hombre del polvo de la tierra, y tomaron su espíritu (esto es el espíritu del hombre) y lo pusieron dentro de él, y soplaron en su naríz el aliento de vida, y el hombre fue alma viviente".
  
Mateo.- Entonces, la pregunta en cuestión sería clara: entre ser indulgentes con nuestra naturaleza física y cultivar lo espiritual de nuestro yo, ¿cuál de las dos cosas nos brindaría más la vida en abundancia? ¿No es ese el verdadero problema?
Lucas.- El complacer contínuamente y en exclusiva los apetitos, deseos del cuerpo en una proyección hedonista del ser humano, solo trae una satisfacción momentánea, pero, en un momento determinado puede conducir a cierta desdicha.
Mateo.- ¿Por qué?
Lucas.- Porque no siempre hacemos del cuerpo cosas de las que no haya que arrepentirse, sin embargo, los logros espirituales producen un gozo del cual no hay por qué arrepentirse. Pablo en su epístola a los Gálatas menciona específicamente las "obras de la carne" y "los frutos del Espíritu" por si lo quieres recordar.
Mateo.- Sí, ya sé cual es aquella que termina diciendo que si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu o algo así.
Lucas.- El hombre por tanto tiene un destino mucho más grande que la mera vida animal porque tiene la influencia del espíritu. Todo hombre, toda mujer que haya comprendido eso tiene un testimonio de la dualidad del hombre y éste tiene un cuerpo, como todos los otros animales lo tienen, pero tiene algo que solo proviene de su Dios, y es que tiene derecho a la inspiración y es susceptible a ella, es sensible a las influencias de su Padre Divino, a través del espiritu santo, que es el intermediario entre nosotros y el Padre y Jesucristo.
Mateo.- Entonces la verdadera prueba de cualquier religión sería ver qué clase de personas logra hacer.
Lucas.-La experiencia terrenal del hombre en realidad no es más que una prueba para ver si concentra sus esfuerzos, su mente y su alma en las cosas que contribuyan a la comodidad y la satisfacción de su naturaleza física, o si dedica su vida a la adquisición de cualidades espirituales. El hombre está a prueba hasta volver al Padre otra vez, después dará explicaciones de sus obras.
Mateo.- La espiritualidad es una meta, es la percepción de la victoria sobre sí mismo, de la comunión con el Infinito...pero no lo es para todo el mundo...esto me marea bastante.
Lucas.- Entiendo que te maree, no es para menos. Y no es para menos (por lo de...soy yo quien os ha elegido) Por supuesto que no lo es para todo el mundo. Hay muchos hombres que hacen (para mi) una continua parodia de si mismos cuando se contentan con trabajar o elevar una sola parte de la dualidad del ser, cuando se contentan con ser solo el hombre natural, el pasional. Aunque en realidad me da igual que cada uno haga como quiera, no me meto, pero sí expreso lo que quiero, estaría bueno.
Mateo.- Claro porque cultivar el otro, la inteligencia, el espíritu, requiere mayor esfuerzo, mayor dominio, una búsqueda mayor, más elevada, pero más eterna...así lo entiendo, ¿no?
Lucas.- Así, es, joven amigo. El verdadero propósito de la vida no consiste en una mera existencia, ni en el placer ni en la fama ni en las riquezas. El verdadero propósito de la vida es el perfeccionamiento de la humanidad por medio del esfuerzo individual y con la guia de la inspiración de Dios.
Mateo.- La verdadera vida, según esto, es una reacción a lo mejor que hay dentro de nosotros. El vivir sólo para los apetitos, el placer, el orgullo y el dinero, y no para el bien y la bondad, la pureza y el amor, la poesía, la música, las flroes, las estrellas, Dios, la esperanza eterna, es privarse del verdadero gozo de vivir.
Lucas.- Así es querido y joven amigo, pero eso no le sirve a todo el mundo y más te vale que no hables así con cualquiera porque entonces serás atacado muy duramente. Muchos otros hombres, contemplan esto como una agresión cuando ven que sus obras -que a menudo no son buenas- son puestas en evidencia y en el fondo su conciencia se resiste a admitirse como válido algo que en el fondo saben que no lo es.
Mateo.- Ya, y no voy a venir yo que soy un joven personaje a revolverles para que me echen del escenario.
Lucas.- Exactamente. El otro día ya nos tiraron todos los tomates del mundo...de modo que hoy, mejor nos vamos.
Mateo.- Sí, mejor, sigamos nuestro paseo por otro escenario  y a poder ser de otro mundo.
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