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No hay pan para tanto chorizo Capitulo I


Un día, me di cuenta -con mi titulo de investigadora, osea doctora en filologia, filósofa, escritora, madre de tres hijos, de que no tenía ningún futuro en mi país y carretera y manta me dispuse a salir de mi amada tierra en busca de otra mejor donde poder criar a mi familia con mi marido, médico e investigador también. Putadón. Como tantos otros me sentía desgraciada por todo, incluso por haber estudiado tanto ¡me cago en la leche! Por mucho título que tengas y experiencia -en aquel entonces ya tenía algún que otro libro publicado- siendo mamá no te quieren en ningún lugar y mucho menos si tú lo que quieres hacer es investigar. En las Universidades españolas no existe la figura del investigador. Punto. El salario de mi marido, salario de risa e inestable, tampoco daba para nada, cuando nació el tercer bebé le pusieron en la calle sin más compasión...Nos marchamos. Han pasado 8 años. Ahora, aquella misma situación que yo viví se ha multiplicado y se ha radicalizado al punto de que muchos profesionales -si pueden claro porque hay que hablar idiomas- tienen que irse de España para poder vivir. La gente sale a la calle porque no aguanta más. El futuro en este país español es negro porque en su momento llegó el aire fresco y ricachón y todo el mundo pensó que todo el monte es orégano y que España iba bien cuando ya en aquel entonces aquello era una mentira. Los grandes pecunios no se aplicaron en hacer que se pudiera vivir en cualquier lugar de España, más al contrario, se está desertizando en pos de un fomento enorme de la gran ciudad donde se vive a bofetadas y donde de la única manera que se puede vivir es gracias al carácter español. Pero esto a los que se lo curran también empieza a tocarle los huevos, porque la realidad está ahí y por mucha unidad familiar y mucha cañita de hermandad, la peña pasa las de Caín. ¡Cómo va a haber trabajo si todo el mundo quiere trabajar en el mismo lugar! es normal. Pocos son los profesionales que podrían ejercer fuera de una gran ciudad ¿por qué? porque en las ciudades pequeñas, menos en los pueblos, no hay de nada. Toda la pasta, en su momento la que Europa les dio, la han gastado en mejorar el Metro, aquí y allá de la gran ciudad, de esta y de aquella...de resultas que una familia de profesionales y de gente normal, una secretaria y un fontanero -por poner un ejemplo, no puede criar a sus hijos con las facilidades que tendría en una gran ciudad, Escuela de idiomas, no hay un buen Conservatorio, buena guardería, no hay un enorme Supermercado con buenos precios y comida fresca, no hay los mismos espectáculos de teatro, ni de ópera, ni conciertos...la programación de los colegios no es la misma, no hablemos de los institutos...No hay igualdad de oportunidades. No hay trabajo y las casas en esos mismos pueblos medio desiertos también son caras. ¡Qué hacer! En Francia, sí se puede vivir en cualquier lugar, porque cualquier pueblo tiene de todo, absolutamente de todo y nadie está desfavorecido, los mismos conciertos, iguales óperas de un lugar y de otro, espectáculos medievales, exposiciones, cosas de espadachines pueden ser disfrutadas por todo el territorio. La enseñanza pública, cualquier día del año que eligas, estarán dando la misma lección en cualquier colegio del territorio francés, si me apuras, más atención ofrecen en los colegios de la campagne. Hay trabajo, de momento.
Democracia Real, tendrían igualmente que pedir los franceses, porque libertad aquí, lo que se dice libertad no hay ninguna, es un Estado tan policial como cualquiera o más, aunque todos sabemos que cuando algo no les va, la lían. El Estado manipula más que nadie y son innumerables los ejemplos...qué te voy a decir del circo Sarkozy. Los Bancos y su política por aquí hacen estragos con sus leyes que son mucho más duras que en nuestra tierra, aquí si no te llega para pagar tu hipoteca, no es que se queden con tu piso, como yo digo, total...aquí es que vas a la cárcel y no te salva ni la caridad, si las cosas te van mal, te van mal de verdad y de un día para otro. Aquí se protesta cuando les tocan el bolsillo. Ahí está el quid de la cuestión, que cualquiera tiene sus trescientos euros de ayuda del Estado de momento y que dificilmente un individuo se queda atrás, de momento. Sin embargo, es una sociedad que tiene sus diferencias con la nuestra. Aquí dan hostias (sí de fostiar) y en nuestro país a esos mismos que las dan les denunciaríamos ¿o no? El otro día recogiendo a uno de mis niños, según esperaba en la puerta una de las seños, gritaba y zarandeaba a un niño handicapé, por tocar una bici, estando las madres delante ¿qué no pasará cuando no estén? que cada uno piense lo que quiera, pero unos por unas razones y otros por otras...De momento aquí sigo sin poder volver a trabajar a mi tierra que es donde me gustaría. Mañana más.
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