sábado, 16 de julio de 2011

Carta de Tristana a Isidora Rufete


Ya te dije querida amiga que las cosas no se presentan en absoluto nada halagüeñas. El otro día encontré dos noticias en un periódico del 10 de octubre de 1907 unas efemérides del ABC como otras cualquiera si no fuera porque los contenidos me parecen de suma actualidad. Es por ello que te lo cuento, porque sé que te interesa, porque sé que has sido muy desgraciada y por eso mismo tienes piedad para comprender estas cosas con amor y humanidad. Ojalá pudieras ser hoy juez y ojalá pudieras ser algo más que un personaje de una novela aunque yo sepa que existes. La noticia decía así:

Esteban Adrián Asenjo, que es hombre pacífico y de buenas intenciones, demostró todo lo contrario una tarde del mes de junio del año 1905, y por su mujer, Antonia Lázaro, habíale contestado en forma violenta, o por si él no estaba de humor para aguantar tales insubordinaciones, cogió una estaca y puso negra a su consorte. Esta, al verse tan ferozmente apaleada, se apoderó de una escopeta de salón que había en el jardín de la casa que ambos cónyuges habitan en el inmediato pueblo de Vicálvaro, y con ella se hubiera defendido, aunque su intención no fuese la de herir a su marido, si éste no hubiese sido causa, al agarrar el cañón para arrancar el arma de las manos de Antonia, de que se disparase y lo hiriera en el hombro izquierdo.

El fiscal, Señor Durán, calificaba estos hechos considerándolos constitutivos de un delito complejo de disparo y lesiones; pero la reforma del Código hízole modificar, apreciando sólo la existencia de un delito –el de disparo- pues las lesiones, por haber curado antes de los quince días, constituyen una falta.

El defensor de Antonia Lázaro, que lo era nuestro compañero de redacción Don Manuel Tercero, sostuvo en su informe que faltando en el hecho la intención, la voluntad de cometerlo, debía ser absuelta su patrocinada, o en otro caso, considerarla autora de una falta de lesiones por imprudencia.

La causa quedó pendiente de fallo. Según decía el ABC.

¿Qué te parece? Y es que muchas de nuestras de nuestras compañeras deberían de hacer un curso de defensa personal y tener licencia para matar para defenderse de cuanto animal les ataque sin piedad por el mero hecho de querer dominar. Ya hemos olvidado que los hombres nos diferenciamos en algunas cosas de los animales, éstos, nos dan buenas lecciones. Te cuento estas cosas porque tú has sufrido en tus carnes el maltrato y tuviste que callar aún cuando desfiguraron tu bello rostro. Que sepas que ahora las cosas se han agravado y muchos no se conforman con marcar a las mujeres, también en el alma, sino que van mucho más allá: ahora asesinan sin clemencia.
He estado revisando el otoño 1907 del Doctor Fausto y contemplo con tristeza lo poco que las cosas han cambiado en esta sociedad sumamente hipócrita en que nos encontramos. Triste panorama querida amiga. Ahora parece que nuestra profesión –la de mujeres- ha cambiado con eso de la emancipación y demás zarandajas…no, no ha cambiado en absoluto. Ni se ha alcanzado una igualdad, ni sabemos casi lo que es eso. Yo encuentro serias deficiencias y un gran cinismo. Quizás contribuye la poca solidaridad que tenemos entre nosotras. Sabes que te aprecio una barbaridad, pero he penado en muchas ocasiones por el dalo que la sociedad ha hecho en tu persona y no lo puedo cambiar. ¿qué ha sido de esos hermosos ojos azules? Querida amiga, parece que nos hemos renovado en esta argamasa de clases sociales, aunque esto no es verdad, en el fondo –ahora soportando el poder de las religiones- sin embargo, muchas de nosotras penan por construirse a si mismas. Contemplo con pena madres que no quieren ser tales, mujeres que arrancan sus hijos de sus entrañas porque no pueden concebir su vida con ellos, determinaciones de lo más licenciosas. ¿te acuerdas imagino de tu Riquín? A pesar de ser macrocéfalo, ¿cómo has querido a tu chiquitín aunque por tus circunstancias tuviste que abandonarlo? Claro que le has querido, ¿hubiese sido mejor hacerlo desaparecer? Quién sabe.
En tus tiempos la crianza era difícil, pero ahora créeme querida, también lo es. También es difícil el amor inalcanzable, soñado, el amor galán, esa relación que a duras penas todas buscamos y que es una falacia. En realidad una quimera que no existe. Es una figura de nuestra invención, el cortejo, el abrazo, la mirada, la caricia…Ya no hay ternura querida amiga, seguimos dejándonos engañar al tiempo que buscamos esos elementos a todas luces del imaginario. Tú porque leías novelas, y nosotras las de mi generación porque además de leer novelas vemos muchas películas de eso que nació años después de tu existencia: el cinematógrafo. ¡Cuánto daño han hecho en nuestras vidas esas ficciones! Tanto es así que en busca de un amor inventadoha cambiado nuestras vidas de forma categórica. Bueno qué te voy a decir que tú no sepas ¡con lo que hiciste por el Pez! Para nada. Amar significa perder siempre. Sólo el saberse enamorada en esta sucesión de días absurdos, diarios, odiosa y repetitivamente cotidianos nos hace grandes, vivas aunque en la mayoría de los casos sea exclusivamente patrimonio de la imaginación. Aún así, puede que merezca la pena, según, claro está, el precio que tengamos que pagar. Yo solo sé que tú eras feliz en esa utopía de tu existencia construida y solo sé que rompieron tu ensoñación. La mano de Pez fue implacable, tenías que haberte enfrentado a él, tenías que haber actuado probablemente de otra forma...pero, ¿cómo cambiar la Naturaleza? ¡qué se yo! Tenías que haberte rebelado pero ¿cómo hacerlo de aquellos horrorosos acontecimientos que sucedieron en tu vida y que te persiguieron sin cesar, yo sé que de aquellas, la que más te hirió fue el despecho de Pez, su traición. A partir de ese momento te dejaste arrastrar hacia un lugar de existencia duro y terrible: hacia el fango de la desilusión amorosa. ¡Con la hermosa vida interior que tu tenías! ¿Qué falló? A pesar del daño sufrido por la creencia impuesta de pertenecer a la aristocracia, nada del sufrimiento que tuviste que pasar se hubiese dado sin el abandono de Pez. Si él hubiese cumplido su palabra y se hubiese casado contigo, tu vida habría cambiado notablemente. El desengaño amoroso te llevó a lo peor, víctima de una sociedad que no supo aprovechar tus cualidades y tú tampoco pudiste buscar en ti. Sin embargo, seguiste fiel a tu libertad. Cuanto sabía nuestro buen Galdós.
De tu amiga, Tristana.
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