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La inutilidad del contrincante y la humildad del sabio

No recuerdo qué día fue, no hace mucho desde luego…creo que un día de estos. Estuve en casa de unos amigos, una visita de esas en la que crees que vas tu solo y después te encuentras con un montón de gente indeseable. No te queda otra que hacer vida social ¡un horror! Yo, que tengo fobia social. La cuestión es que lo que en un principio parecía que iba a ser una reunión distendida, una fiestuqui relajadita, veraniega, a la que vas olvidándolo todo porque no quieres que te recuerden ni quién eres, ni a qué te dedicas, ni a qué se dedican los demás, ni nada de nada, termina siendo un examen de las profesiones, una competición del haber quién sabe más, una exhibición del cacareo del listo, osea del inútil, del que no sabe nada, del bobo de salón, ese que se dedica a criticar, a hablar, a inquirir, a hablarlo todo por hablar. En realidad tú solo quieres tomar algo, comer...sandía por ejemplo, picar...pasar del tema, cambiar las ideas, hablar de vanalidades, mirar, escuchar, observar, oler...aprovechar el estío. Pues no. En dicha reunión había un académico que obviamente no quería en absoluto que le preguntaran nada de su profesión, había un médico que le pasaba lo mismo, un productor de cine, y otros y otros...que idem…igualmente hallábase gente absurda, mucha del tipo de Antonio o del tipo del Marcelito de los que ya he hablado en otras ocasiones, esos que se dedican a hablar mal de los que se lo trabajan y a quejarse de lo mal que les va cuando no hacen nada en absoluto por que les vaya bien…Estos personajes en lugar de dejar tranquila a la gente cuando acuden a las reuniones, no lo hacen, van a las reuniones a trepar, o a no sé qué, a hacer relaciones, no dejan tranquilos a los demás, no, ¿qué hacen? Se dedican a entrevistar sobre sus profesiones, a cuestionar, a hablar de igual a igual a las personas que llevan por ejemplo trabajando en su especialidad treinta años o quizás cuarenta...qué sé yo. Hablando de cualquier cosa y sabiendo mucho de cualquier cosa. Osea saben de todo.
Los opinadores de oido, opinan y opinan, y saben de todo, claro. Es así. El caso es que luego esa información no les sirve para nada, a las pruebas me remito, pero ellos preguntan y preguntan sin cesar y el profesional se ve obligado a disertar y responder contínuamente porque sino quedas de grosero. Así es, lo que en principio era una reunión en la que no habías previsto hablar con nadie, ahora tienes que hacerlo y además de algo como es tu vida cotidiana profesional, esa de la que te querías olvidar en esa reunión veraniega. Yo siempre termino mal este tipo de fiestas, pensando que soy muy blanda, que no tengo personalidad para mandar muy lejos a tanta gente inútil que solo vienen a amargarte la vida y a remedarte la plana. ¡que carajo! por qué no harán ellos lo que hacen los demás, y sin embargo opinan y opinan con esa facilidad. Me cabreo terriblemente porque no soporto ese tipo de inquisición de gente que habla para amargarle a uno la vida sin hacer nada, ¡bastante tiene uno ya con los políticos!. En fin, cosas de la vida que hay que asumir si uno quiere socializar, pero como bien dice mi amigo ruso Serguei cuando hablamos de estos tipos que tanto hablan: no hay que fijarse en lo que hablan las personas sino en lo que estos hacen…y cuanta razón lleva.
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