miércoles, 17 de agosto de 2011

Lo mismo me da a cuestas que al hombro



Muchos comienzan ahora las vacaciones, otros (los menos) las tendrán allá para septiembre, la mayoría las han tenido en julio y en la primera quincena de agosto, otros no las han tenido ni las tendrán...pero como sea, si vas o si vienes, si has tenido dinero o no lo has tenido -porque estás tieso- el estío es una de las mejores temporadas para cambiar ideas, reflexionar y hacer otras cosas diferentes...yo prefiero no hacer nada. Sin tener ni  mucho menos la intención de ser una redactora de  revistas de relax, y ni mucho menos aún pretender dar consejos o que sea éste un texto recalcitrante de temporada que habla y dirige a los lectores sobre lo que tienen que hacer y no hacer este verano, me propongo, eso sí, comentar algunas cosillas. Mi caso es raro porque al llegar el comienzo del verano contemplo con alegría las imágenes de mi mente que van y vienen recreándome la visión de mi misma y en definitiva haciéndome enormemente feliz. Pero claro, todo queda en la imaginación, lugar único de felicidad y gozo. Vemos que lo que imaginamos nunca corresponde con la realidad aunque si ya lo sabemos tampoco será un trauma. Quiero siempre trabajar mucho en cosas creativas y hacer mogollón de cosas...lo que no consigo nunca porque o vives o escribes, con lo que la quimera de "este verano voy a trabajar mucho" se desvanece. Bien, no pasa nada. Como un día, así de la noche a la mañana, decidí aceptar las cosas sin problemas lo hice también conmigo misma, osea que aceptándo mi propio "fracaso" de proyectos imposibles me encuentro bastante mejor. Decido sobre la marcha que no tengo que hacer nada, que la vida fluye cual río y que si no tengo gana de hacer nada...pues por algo será. No se puede estar todo el año con un rítmo frenético. Paso a la fase de hacer NADA y veo que me va bien, duermo, observo y estoy como suele decirme mi hermana: OooooMMMM! No me immuto por nada, me alimento de lo que me apetece y suelo -al mismo tiempo- ponerme el mundo por montera que es lo que más me gusta. ¿Por qué? porque solo se vive una vez y porque lo mismo estamos aquí que dejamos de hacerlo con bastante facilidad no te creas.
La única cosa que me molesta bastante aunque también veo que me da igual a cuestas que al hombro es que todo tiene una inercia y claro acostumbrada a levantarme a las 7 de la mañana o antes y pasar a levantarme a las 10 o las 11, pues hace bastante en nuestras costumbres porque luego no hay quien me acueste. Esto en el fondo me gusta porque me recuerda mucho a mi juventud en la que además de ser bohemia activa no había manera de acostarme...particularmente por la noche. Luego me he visto algo abuela al descubrir que por la noche estoy palarastre y cambiados los hábitos de concentración de nocturna a diurna...pues eso, descubro en las vacaciones que no soy tan abueloide como pensaba, ¡tontaca, me digo! es solo cuestión de hábitos. Respiro...¡menos mal! Claro, si viviendo en Francia me dedicase a acostarme a las mil de la noche...sería imposible estar normal por el día con sus actividades y demás pruebas de la vida para dar la talla. Cogemos de aquí y de allá, hacemos recuento de esos amigos y conocidos que hemos visto este verano, llamamos a los que no sabemos nada de ellos, lloramos por los que ya no están, recordamos los lugares, los olores, y seguimos con ese trajín de idas y venidas mentales que tanto me gustan. Es una pena no poder estar en muchos lugares a la vez, lo pienso y me entristece pero veo que tengo fuerzas en el fondo por haber dormido tanto para comerme el mundo, para tener muchos proyectos incluso de hacer taekuondo, cuidarme mogollón, escribir cien novelas y otras tantas ediciones y cosas de esas, ¡la leche! y sobre todo querer continuar en el mundo otro poco. ¡Durará na, pero en fin!. La inercia, ahora hay que combatirla para regresar poco a poco a esos horarios cerdos y a ese corsé de vida que en el fondo me gusta porque me ordena el coco -yo soy caótica- y lo necesitamos para progresar y ponernos en nuestro sitio. Me siento más descansada que antes pero sé que cansaré en dos minutos de nuevo en cuanto me cabree con algo de todos los días, fijo. ¡Viva! ahora este intermedio de acople, ese combate con lo que han dado en llamar síndrome post-vacacional que me suena a enfermedad, como todo lo que encontramos en nuestra sociedad, pero que en el fondo no es más que la frase de toda la vida esgrimida como defensa y a la que nos han contestado siempre de mala manera: Mamá, no quiero ir al cole...pues ¡ala! al cole.
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