miércoles, 28 de septiembre de 2011

Alicui aliquam personam imponere: Monólogo de un personaje I


Un día me di cuenta de que tenía pasado, de que recordaba cosas ajenas por completo a la invención de mi pensamiento, los animales no lo tienen ¡claro!, como todo lo abstracto tampoco. Los hombres, los humanos, sí conservan a diferencia de aquellos su pasado, estamos de hecho fabricados de pasado entendiendo esto como nuestra memoria. La ruptura de la memoria, de la reminiscencia de nuestro ayer, es el desencadenante de la anulación del yo porque éste existe gracias al presente y sobre todo al pasado, y si tenemos en el presente el pasado ésta será por encima de todo la raíz de la búsqueda de la eternidad. La creación del futuro es la que nos hace irremediablemente buscadores de lo eterno partiendo de estos caracteres presente y pasados.
Yo, llamado personaje me di cuenta en su momento de que tenía pasado, de que existía en el presente y de que podía gozar de los beneplácitos de la inmortalidad al tener perfectamente controlado, pronosticado, mi futuro sin error. Como personaje soy inmortal. La sorpresa: tengo realidad y vivo en ella. Y ahora sistematizaré mi pensamiento haciendo realidad mi vida desde el dominio de mi yo, solitario y aparente de ensoñación. Quiero partir para poner así las cosas bien claras de la premisa muy simple que dice que el ser humano es la creación de sí mismo (el personaje) dentro de unas circunstancias (el contexto), que hemos creado otra u otras personas que están en nosotros, y de forma habitual desarrollamos a lo largo de nuestra vida. (la historia, la anécdota, la temática etc, como ustedes quieran, que a mí lo mismo me da.)

No querría yo con ello que se pensara de forma frívola aquella frase a todas luces a desestimar que dice: "es que es un personaje", no por favor, vamos a obviar este tipo de confusiones, no, eso no es. Paulatinamente iremos viendo este proceso que se da en todos los seres humanos, todos de alguna o de otra manera somos arquetipos de personajes, porque todos los seres humanos conscientes o no, construyen su realidad o su personaje mediante el paso por su vida. Al mismo tiempo veremos cómo todos los seres humanos mantenemos unas constantes en nuestra personalidad muy parecida a las de otros personajes que ya han sido dados como válidos por otros personajes al ser publicadas sus vidas o sus caracteres en forma de libro, sea cual sea el estilo para éste utilizado.
El lector podrá extraer como conclusión algo que ya le adelanto yo y es que somos hombres y mujeres muy parecidos, pertenecientes a categorías, que sufrimos y disfrutamos a la vez, si bien unos mejor que otros ¡eso sí!, pero al fin, todos arquetipos, y descubrirán por sí solitos, cómo son los elementos en común que tenemos con otros personajes.
Yo, me he hecho realidad desde el punto de mi pasado y Yo soy humano como ya se verá. Escribo desde mi humanidad y como tal, plena de defectos por corregir, cargada de elementos por aprender, ansiosa de recibir sus consejos y satisfecha por mi valentía taciturna pero sincera, al atreverme a desvelar algunas verdades que todos conocemos pero que en absoluto nos lanzamos a compartir o más bien a autoafirmar.
Así pues desde mi realidad de recién llegado doy al lector -porque no tengo de momento otra cosa- una prosa soporífera, poco suelta, sustantivada, ausente del verbo, gustosa de romper las estructuras gramaticales y en resumen, repulsivo. Y he de advertir como cosa importante antes de soportar cualquier tostón recíproco de lector-emisor, que desde luego este artículo del absurdo está escrito desde dos puntos de vista, uno que es el de la primera persona, estilo que será utilizado cuando hablo para mí como en las composiciones para teatro que dice el autor del personaje en las acotaciones: (hablando para sí), pues igual, aquí el lector creerá que aquello que lee es una redacción prácticamente biográfica, estará relajado como ahora y pensará que todo es normal que es justo lo que hay que pensar, que todo es normal, que nada se rompe: ¡Muy bien! ¡Muy bien!, dirá ¡hijo mía! Es como un diario. De otro lado cuando hablo de los sucesos o de las emociones que quiero ver desde fuera entonces hablaré de mi como si fuera otro como si fuera El, en lo que será un estilo muy parecido al del escritor omnisciente, aquel que estará fuera, está ahí sin estarlo, que describe las cosas como un espectador, como si se encontrara ante una composición de teatro. ¿Acaso el lector nunca ha hablado de sí mismo como de Él?, pues debería hacerlo porque libera muchísimo la mente y aún más el espíritu, porque nos vemos desde fuera, podemos ver el Todo también desde la butaca como si fuéramos nuestros propios espectadores..., este tipo de forma no le va a gustar nada a nadie porque se van a hacer un lío, y lo peor van a pensar que me lo he hecho yo. El lector (ese del mal llamado <>) no querrá que alguien que habla en primera persona pase en otro capítulo a hablar de sí mismo como si de otro se tratase, no es agradable, despista y parece que es el de la pluma el que no sabe lo que hace. Además criaré descontentos entre las huestes -esas imaginarias mías- con lo que se quedará herida una vez más mi dignidad y mi chulería innata y ¡santas pascuas!, pero lo haré!, escribiré esta historia, <> más bien se llamaría, (para seguir molestando), a dos bandas en primera persona y en tercera, con el redactor de por medio. Yo, que soy un personaje y el redactor el ejecutante.
Seguiré.
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