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El personaje continúa con su disertación


Sí señor, sí buen hombre, el premio a la fuerza del novelista que ha salido del escritor para saldar cuentas y crear su mundo a expensas de éste, ¡qué se ha creído! Addiiiiiioooos Augusto Pérez, sí tú el de la Niebla unamoniana, eres y has sido un blanducho y no has tenido valor, acaso te recordaré tus lamentables palabras que te condujeron al peor de los fatum, ¡Hombre, teniendo como tú en la mano la posibilidad de la revolución! El punto clave de mi partida, el juego de lo verosímil y lo inverosímil:

Apenas si sentía el contacto del asiento sobre que descansaba ni el peso de su propio cuerpo. ¿Será verdad que no existo realmente? -se decía-. ¿Tendrá razón este hombre al decir que no soy más que un producto de su fantasía, un puro ente de ficción?Tristísima, dolorosísima había sido últimamente su vida, pero le era mucho más triste, le era más doloroso pensar que todo ello no hubiese sido sino sueño, y no sueño de él, sino sueño mío. La nada le parecía más pavorosa que el dolor. ¡Soñar uno que vive..., pase; pero que le sueñe otro!...
"Y ¿por qué no he de existir yo? -se decía- ¿Por qué? Supongamos que es verdad que ese hombre me ha fingido, me ha soñado, me ha producido en su imaginación; pero ¿no vivo ya en la de otros, en la de aquellos que lean el relato de mi vida? Y si vivo así en las fantasías de varios, ¿no es acaso real lo que es de varios y no de uno solo? Y por qué surgiendo de las páginas del libro en que se de deposite el relato de mi ficticia vida, o más bien de las mentes de aquellos que la lean -de vosotros, los que ahora la leéis- por qué no he de existir como una alma eterna y eternamente dolorosa? ¿ Por qué?" Miguel de Unamuno, Niebla, Madrid, Sarpe, 1984, pp. 213-214.

¡Basta ya Augusto! ¿Cómo te atreves? Ese es el quid de la cuestión, una cuestión a todas luces innoble por parte de don Miguel, por mucho Unamuno que éste fuera. Como que encima quería resucitarle, ¡habráse visto desvergonzado! ¡Como si tal cosa! “Ahora voy y le resucito porque esta es mi ficción y este es el personaje que está en la creación de mi mente, de mi propia ficción de creador y aunque digas ¡mu! te callo porque eres un ente de ficción”, el único y personal ente de ficción creado por Unamuno, irrepetible e irresucitable. Pero, ¿por qué no se puede resucitar a un ente de ficción que ha muerto? ¿Quién lo ha dicho? Según don Miguel es ¡Imposible- no se puede resucitar a los entes de ficción! Los entes no se mueren, somos inmortales. ¿Acaso Isidora Rufete a quien damos por acabada en La desheredada no aparece después en otras novelas de Pérez Galdós? Claro que sí, sigue viva y también continúa resucitada en nuestra realidad, el lector trae a la vida al personaje ¿Usted no ha conocido a ninguna Isidora en su vida? Entonces no sabe nada de la vida.(...) Y no sólo ella. Otros miles de personajes invaden unos espacios y otros, ¿y qué? ¡Es que es un Quijote, escuchamos una y otra vez, son inmortales! El mundo de Balzac o el de Galdós son algunos de los ejemplos más representativos del viaje estelar entre páginas, del viaje y la reivindicación de los personajes a querer ser, a querer existir. Y eso es una eterna verdad, cuando un personaje nace o se le transcribe desde su mundo supuestamente ficticio porque ya no se quiere ir. Por eso mismo nacen los arquetipos, los tipos o las conocidas caracterizaciones de los personajes que no son otra cosa que variantes de una misma personalidad. Algunos incluso han conseguido ser verdaderos tipos, verdaderos mundos que todos llegamos a conocer y que se repiten en los escritos y en las novelas como verdaderos dioses con sus innovadoras ideas gestadas en una realidad. ¿Quién no reconoce a los donjuanes, a los pícaros, a las adúlteras por poner leves y primarios ejemplos de esta construcción de mundos y caracteres paralelos a la supuesta realidad en la que vivimos?. Si uno es un donjuan me pregunto, ¿a qué mundo nos referimos al mencionarle así?¿Al de mi vecino? ¿No pertenece a un supuesto mundo de ficción o literario? Pues no, porque en realidad no se sabe con exactitud cuál es la procedencia, si de la realidad vamos a la ficción o viceversa. Si de la realidad vamos a la ficción, entonces cualquier mundo ficticio existe y en verdad no conozco a ningún personaje supuestamente literario que no exista en la realidad pues ésta generalmente supera con creces la invención. (No si no me lío.)
Bien, dicho esto, parece que está claro mi derecho a la existencia real como personaje imaginariamente llegado de la ficción. Así que estoy resuelto a que me encarcelen, ¡sí señor!, a que me denuncien. Que empiece mi propio supuesto creador -ese a quien he asesinado de forma exprofesa- que empiece él, el novelista de poca monta que quiere triunfar gracias a mi potencial de personaje, gracias a que yo ya existo antes de que empiece a pensar en mí, antes de que empiece a escribir sobre mí, sobre todo porque dice que tiene la técnica de los escritores realistas que copian de la realidad, por tanto, eso me beneficia porque yo ya estoy creado y no soy un ente de ficción como el desgraciado Augusto Pérez. Yo soy Marcelo. 

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