jueves, 13 de octubre de 2011

Yo, Marcelo Gómez, personaje y ente mundial independiente de su creador


Escribir es una hecho espiritual y como tal hay que considerarlo, cada vez que leemos reorganizamos el cosmos del creador conjuntamente con él, lo vivificamos (claro yo que soy un personaje protagonista), pues muy bien... eso me interesa, cuantos más me lean, más contribuyen a mi nacimiento: ¡Ahora tú que eres el primero o la primera ya lo has hecho, ya has creado la realidad que previamente desde mi mundo había imaginado-creado yo, para que tú la hicieras en el tuyo forma palpable, el contexto. Es fácil, has caído en la trampa, así que, puedo desde ahora, desde este bautismo que me propináis como convertidores reales de mi realidad en otra que creéis vuestra, decir y hacer lo que yo quiera. Augusto Pérez (el de Niebla de Unamuno) ha estado a punto de conseguirlo pero le ha faltado entereza, simplemente se ha quedado en una mera dialéctica con su supuesto creador, ¡ese chulo de dos al cuarto! del que está por encima años luz. ¡Sin mí, te hundes! le tenía que haber dicho...Menudo geta ese Unamuno: “Y ahora voy y te resucito porque me da la gana”. Ahora te mato, ahora te resucito... ¡No señor! ¡Eso es imposible! ¡Los entes no resucitan! ¡Pobre Augusto!, tenías en la mano la oportunidad de oro para ser inmortal y no lo has conseguido. Pero no te preocupes, Pérez, que aquí estoy yo, Marcelo Gómez, un héroe español para resarcirte, y a nada que me lean, que ya lo están haciendo, darán razón a nuestros sueños, y veremos cumplida suerte de nuestra verdad en el mundo de nuestra realidad, esa que creen suya. ¡Ahora nos lees, ahora se cumple! ¡Que me encarcelen! ¡Que se van a enterar de lo que soy capaz, porque ahora nunca van a saber quién es quién y voy a cambiar los papeles: el supuesto ente de ficción se va a inmiscuir en el mundo de la realidad, esa que creen que viven los demás del género humano, y voy a decir lo que me de la gana... que se atrevan a decirme algo! ¡Por primera vez encarcelarán a lo que ellos llaman un personaje, un ente de la ficción! Muy bien. ¡Pues a por ellos! (Esto lo decía Marcelo convencido de que nadie le escuchaba.)
No cabe la menor duda –eso me tranquiliza- que los psiquiatras y psicólogos de hoy hubieran metido en el manicomio sin reservas por semejante discurso tanto a Pirandelo como a Unamuno, por paranoia y esquizofrenia, pero ¡claro! Aunque han pasado lo suyo y lo ajeno, no son noveles y yo sí que lo soy.
Con todo, hay que decir que el primero que lo tuvo claro en esto de la esquizofrenia y del desdoblamiento de la escritura y los personajes, sin duda, fue Galdós, pero como no se lo van a reconocer, nunca iremos de entierro; sin embargo, es verdad que en El amigo Manso, daba una buena idea del mundo de ficción de los personajes que no es otro que un mundo real de apariencia ficticia. Valle Inclán, quien le apreciaba y admiraba muchísimo y de hecho construyó sus esperpentos con una base galdosiana, tuvo un día la desgraciada idea de llamar a don Benito, “el garbancero”, puesto este apodo en uno de los personajes de Luces de bohemia, Max Estrella ¡Y se acabó! Lo único que ha quedado en las gentes es eso que don Benito era un garbancero. ¿Lo ven? Hasta los insultos de un personaje en un escenario trascienden la vida pública del mundo que supuestamente no es de ficción, es decir de la vida real. A partir de ahí, todo el mundo ha creído que Valle y Galdós se odiaban, cuando esto no era así. Piensese por tanto en el poder que tienen -que tenemos- los personajes, podría hacerlo pero no voy a poner más ejemplos por ahora. ¡Lástima que nos quedemos a medias en todo y no sepamos de la buena relación que los dos escritores tuvieron! Bueno, en España, sólo quedan las anécdotas de todo, rumorología que llaman muy mal llamado, esa es la forma en que se estudia la literatura de tal forma que... ¡qué se puede esperar!. Hasta en los congresos supuestamente más eruditos, también se dicen los mismos despropósitos.
Lea, lea usted los dos primeros capítulos: Yo no existo y Yo soy Máximo Manso para poder discernir los distintos niveles semánticos del entramado novelesco, pero aún así como digo, Máximo tampoco remata la faena, igual que Augusto Pérez en Niebla que bebieron personaje y autor de El amigo Manso, de Benito Pérez Galdós, quien a la sazón ya planteó estos asuntos de derechos y personajes.
No es esquizofrenia no, eso es otra cosa, no confusión entre lo que es y lo que uno cree que es, no, eso es otra cosa. Ahora que ya hemos sentado las bases, yo, Marcelo Gómez me da la gana de inventar y reinventar, crear y recrear un mundo que desde la ficción que vosotros los lectores creéis tener, traspase al vuestro para que el mundo sea el real y el vuestro el ficticio. (Ahora parece que no lo tengo claro, pero Luego mejora la cosa ¿eh!) Vosotros sí que estáis en un sueño perpetuo, mientras que nosotros los personajes siempre vamos a ser inmortales, esa es la única razón de que no podamos ser resucitados, es que somos inmortales, nunca vamos a morir mal que os pese lectores. Por eso Unamuno jamás podría resucitar a un ente de ficción, por que él no sospechaba en el fondo que éste nunca muere por mucho que se suicide Augusto Pérez o lo suicide su amo don Miguel, cretino de tres al cuarto. Los personajes nunca morimos tenemos la llave de lo sempiterno con tanto afán de crear tipos, pues eso, ahora comprobaréis que éstos ya no desaparecen, todo lo contrario.

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