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Aquellas pequeñas cosas


Hoy día la mayoría de los seres nos preguntamos en momentos de crisis por lo que verdaderamente nos importa de la vida. Yo no puedo decir nada porque siempre estoy en crisis, de modo que continuamente ando cuestionandome asuntos que no me llevan a ninguna parte, bueno, me llevan a pensar y reflexionar sobre todo lo que me rodea lo que para mi se traduce en "vivir". El vivir hace daño muchas veces con el análisis, el cuestionamiento de todo, los sentimientos, las ansiedades, el puñetero estrés que nos mata la vida, el tener hambre o el no tenerla, tener sed...sentirse vivo. A menudo lo que más nos cuesta es controlar y unificar dos cosas que son la mente (el cerebro lugar de análisis) y el corazón (entendido este como un lugar donde residen los sentimientos y donde se genera la alegría, la tristeza...incluso el motor del alma humana). Es obvio que nuestra cabeza o mente funciona en ocasiones muy bien porque intelectualiza los asuntos de maravilla, porque somos inteligentes, cultos y verbaliza las cosas que nos suceden queriendo entender algo de la vida. Y se consigue, ¿por qué? porque podemos desmenuzar los problemas, nuestra mente entiende -por poner un ejemplo- la muerte de un ser querido pero después sentimos con el tiempo que esto no es tan fácil y que nuestro interior (el mundo del alma me gusta más que el mundo del corazón) sufre y hace su duelo que no tiene nada que ver con la rapidez de nuestra mente. Cuando perdemos a un ser querido nos damos cuenta con el tiempo de que no tenemos ganas de reír, de que hemos perdido la ilusión por las cosas, que no hay interés, no hay fuerzas, tenemos un cansancio que no podemos dominar...y la mente continúa su costumbre de intelectualizarlo todo sin dar lugar a que salga también en forma de intelecto "todo lo que tenemos guardado" y por consiguiente se haya la persona en una situación de conflicto interno, de lucha interior entre ideas y sentimientos, en suma, en un inexplicable combate interno. Es es momento en que no tenemos tiempo para la caridad con los demás, porque nuestro "corazón" no puede ocuparse de los problemas de otros, es un tiempo de egoísmo irrefrenable pero lógico donde los demás nos parecen un horror que no nos interesa lo más mínimo. Nos concentramos en nosotros mismos aborreciendo nuestro entorno que no sufre como lo hacemos nosotros, ese entorno sufre por cosas que para nosotros -en nuestro duelo- nos resultan ociosas, ridículas, colaborando todas estas circunstancias al asilamiento absoluto. (Los médicos en general acuden a recetar pastillas porque lo que tienes es una depresión...pues vale, machote.)
Lo de la pérdida de alguien no tiene por qué ser siempre con la muerte de por medio, también se pierden personas que simplemente se marchan de nuestro lado y el duelo es el mismo cuando esa persona -por ejemplo- nos ha abandonado. ¡Qué situación más terrorífica para el ser humano! La muerte es irremediable y como tal se impone en nuestra infantil lógica haciendo que nos digamos: no se puede hacer nada. Cuando no es la muerte sino el libre albedrío el que actúa esto ya no lo podemos aceptar tan fácilmente porque a nadie le gusta que le abandonen, por ejemplo y temblamos con las decisiones de otro. Cuando uno es abandonado sufre como un maldito en una condena a vida, aunque su mente y su cerebro se empeñen en decir: era mejor así, esa persona no era para ti...o mejor ahora que no después. Estas frases son absurdas porque cuando alguien nos interesa, nos interesa y punto. La amamos y la queremos para siempre. Grave error. Cuando una persona abandona a otra comienza un autocuestionario enorme para el que ha sido abandonado, claro está, este se lo cuestiona todo, pregunta tras pregunta llegando a la desesperación...diecinueve días y quinientas noches, que diría uno que yo me se.
Y es que lo peor de todo -en mi humilde modo de ver las cosas- llega cuando no sabemos porqué amamos a una persona. ¿Por qué quiero a mi madre o a mi hijo? ¿por qué me repatea no tener a mi padre ya fallecido? Cuando nos enamoramos de alguien por su dinero, tiene su explicación, cuando es el sexo lo que nos interesa, es algo superable, si es su inteligencia, con el tiempo también se olvida aunque nos haga polvo...pero cuando no es nada, es decir, cuando no podemos explicarnos por qué queremos a esa persona, entonces probablemente y digo probablemente (ya he dicho que no creo en esto) podemos decir sin miedo que estamos enamorados. ¡Qué situación horrible! y ¡Qué hacer!




Perdemos nuestros padres, y en el amor que sentimos -que nos siempre es recíproco- no hallamos explicación alguna: es tu madre, es tu padre o es tu hijo y los amas sin saber por qué, los amas, tienes con ellos una completa y absoluta relación de amor enormemente potente que no puedes explicarte con la absurda frase de "es que es tu padre o es que es tu madre", no señor, les amamos porque hay un enamoramiento hacia unos progenitores que han estado junto a nosotros y no podemos intelectualizar nada, solo hay Amor y cosa inexplicable que nos lleva en muchos casos a dar la vida, si hiciera falta. Parece que cuando uno, la persona, viene a la vida mortal y se instala en una familia, la que sea, comprueba cómo las relaciones de amor y odio vienen intrínsecas también. Los mayores sufrimientos son por la famiia y las mayores felicidades también. Bueno, yo añadiría el logro de avanzar en la vida interior de la persona que también ofrece al ser no pocos momentos de alegría y regocijo. Pero claro, esto es muy personal y las cosas tan personales no tienen nada que hacer en la vida de hoy, en esta sociedad quiero decir. En general, preocuparse por tener vida individual, vida interior, lejos de los otros, y dominar a la soledad, (esa que te pega unos mordiscos toreros) es algo que no se contempla en absoluto y es por ello que el ocio, el entretenimiento, el pasatiempo cobra un primer lugar quitando la plaza a la reflexión y al recogimiento. Osea, se intenta que nadie piense y punto.
La soledad es una gran amiga o una gran enemiga, según para quien y puede convertir en horror los mejores momentos de la vida del mundo. Puede llevarnos a equivocación la mayoría de las veces porque por evitar la soledad, por evitar encontrarnos con nosotros mismos hacemos el pelícano muchas, pero que muchas veces, nos tropezamos, nos equivocamos, nos negamos a nosotros mismos...Muy mal, la soledad si no está aceptada y controlada nos lleva a error. Al mismo tiempo si está controlada es muy gratificante.
No podemos explicarnos todo en la vida, por qué nos llama la atención una persona y no otra...por qué sufrimos...por qué estamos tristes o alegres, por qué estamos muy bien con alguien y no con otro...por qué eludimos nuestra personalidad que cambiamos para poder estar, ser o hacer algo que en realidad no lo deseamos pero que lo hacemos por no estar solos. Necesitar a alguien? amar a alguien? Mirar, escuchar...hacer algo por alguien? Nosotros podemos hacerlo todo pero hay que saber aceptar los virages que nos pega nuestro coche en esta ruta de la vida, no esperarlo todo, escuchar nuestra voz y no la de los demás...crecer y remontar el dolor que pueda uno sentir con la separación de un ser querido. La muerte, como dicen es lo único que no tiene solución y por ello debemos esforzarnos en vivir cada día como si fuese el último, sin más esperanza que una eternidad y sin forzar a nadie al amor: lo que tenemos hoy es lo que vale, el mañana no existe.
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