lunes, 7 de noviembre de 2011

Siguiendo a Hamlet


No cabe duda de que la humanidad es indecisa, y de que antes de tomar una determinación sentimos que nuestro pensamiento se balancea mucho más que si fuera embarcado o en un columpio de los que instalan en las verbenas.
El ¿qué va a ser? de los camareros es una cosa que nos repetimos a nosotros mismos infinitas veces al día y antes de tomar la menor decisión.
-¿Ha leído usted a Rajoy? ¿le gusta a usted Rubalcaba?
-Le diré a usted...
No es que tengamos que decir algo tan trascendental que merezca anunciarlo previamente o pensarlo mucho, no; es que no hemos formado un juicio definitivo sobre Rajoyes y Rubalcabas, y no sabemos si decir: "Oh, superior, querido", o replicar: "son dos adoquínes perfectos".
Esta indecisión nos causa, indudablemente, grandes perjuicios; pero así somos y de tal manera de ser no hay quien nos saque, aunque vengan guardias municipales con orden expresa del teniente de alcalde.
-Vamos, Lolita, que ya la he visto a usted tontear con ese chico del pelo rizado.
-¡Ay!,muchas gracias por lo del tonteo; pero no es cosa decidida. Hay días en que me parece mejor que un postre de dulce, y otros en que le mandaría a la peluquería de buena gana. No sé qué hacer y es lo que yo digo: para estos casos deberían los padres decidir e imponernos el novio.
Los hombres formales sufren del mismo mal citado, y hay ocasiones en que se cedería gustosamente la corbata que en más estima se tenga con tal de que alguien viniera a resolvernos una duda de éstas.
-Me han asegurado que ha hecho usted declaraciones políticas en tal sentido.
-La verdad es que no lo sé. Una tarde de lluvia me cogió Ramírez y me llevó a casa de don Frumesio; éste me acogió como si fuera a librarle de la familia, me dio un puro, me cantó trozos de La duquesa del Tabarín, y me asguró  que tenía enormes deseos de conocerme. Yo, ¿qué iba a hacer? Correspondí gustoso a tantos obsequios, y aquí me tiene usted: frumesista. ¿Usted sabe si eso es un partido serio? Porque me he afiliado a él; pero, la verdad, ni sé siquiera qué ideas son las nuestras ni para qué servimos.
Es difícil, muy difícil en la vida adoptar determinaciones rápidas y decisivas, sobre todo cuando hay varios caminos que elegir o se atraviesan consejeros desinteresados, que producen perturbación en nuestro ánimo.
-De modo que decidido a ir a la oficina.
-Sí, chico; el jefe me ha encargado un expediente que he de resolver, y quiero demostrarle que soy un empleado modelo.
-¡Valiente idiota! El jefe, es en todos los casos, un ser tiránico y hasta abusivo.
-Te advierto que el mio es tan bondadoso, que hasta nos da pitillos y nos deja discutir de toros. El otro día entró en el negociado el subsecretario, y halló a Faldllín armado de dos cuadradillos, imitando el modo que tiene de poner banderillas al cambio JOselito.
-Pues a pesar de eso, fíjate en a nariz del jefe. ¿A que la tiene porruda? Eso demuestra que es hombre disimulado, pero absorvente.
Aquel amigo, con sus malos consejos ha matado al empleado. Este que ansiaba llegar a la oficina para entregarse al estudio del expediente y al resolverle emplear una de sus mejores letras redondillas, penetra en el negociado, naturalmente receloso, y antes de dedicarse al trabajo comienza a hacer investigaciones acerca de la nariz de su superior.
-Pues sí que me parece que la tiene porruda. ¡Caray! ¿Tendrá razón ese, y este señor estará abusando de mi?
Desde aquel momento, el que antes era un celoso empleado dispuesto a sacrificarse por la administración pública, empiza a vacilar, se deja invadir por la duda y no resuelve el expediente. He aquí otra víctima de la eterna incertidumbre.
¿Qué va a ser? ¿Cómo ha de ser? Esto es lo que nos pasamos la vida entera preguntándonos, claro está que sin sin saber qué contestarnos.
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