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Los deseos no cumplidos


A menudo en estas fechas hacemos acopio personal de lo que ha sido el último año de nuestra vida. Esta práctica la suelo hacer con mucha frecuencia porque me preocupa bastante ver cómo pasa el tiempo por mi vida y me gusta provocarla suficientemente como para que sucedan cosas, a poder ser, muchas. Pero la vena creativa no lo es todo, no siempre va unida a la rapidez o lentitud con que trabajan los demás y en eso se encuentra uno con no pocas dificultades. No podemos medir a los demás por nuestro rasero ni podemos pensar por ellos. La vida es evidente que se manifesta de manera distinta para unos que para otros, los hay que pasan todo su tiempo igual, en el mismo lugar geográfico, en el mismo lugar de pensamiento anclados a ideas que ya ni ellos mismos creen, en el mismo lugar de trabajo...en lo mismo. Y lo que está claro es que sea como sea la vida pasa para todos a velocidad vertiginosa. ¿Por qué no habré hecho esto? ¿Por qué no me lancé a hacer eso que quería hacer? ¿Por qué no declaré mi amor a esa persona? Esa acción de servivio a los demás que no hice, esa lectura por hacer, ese viaje...¿Por qués? Y con el recuento de los días, seguimos dándole vueltas a la cabeza continuando a no hacer, continuando a no cambiar nada de nuestras vidas, si amar, sin variar...todo sigue igual y continúa en el mismo lugar. Solo somos nosotros los que podemos cambiar nuestra existencia pero nos da pereza o miedo hacerlo. ¿Y qué más da? No pasa nada por cambiar nuestras cosas, por arriesgarse, claro esto mientras seamos nosotros solos, el ser, el que se arriesga, quiero decir que no debemos llevar a nuestro riesgo a los demás, solo nosotros, hablo de la persona, del ser como único en su identidad y dueño de su vida. Si el hombre, el ser tiende a perpetuarse por qué perder el tiempo y no hacer nada por perpetuarnos? Un año comienza y con él las buenas intenciones de renovación en diversos aspectos de nuestra vida. Los medios publicitarios ayudan a ese afán con nuevas dietas, nuevos propósitos de preparar el cuerpo para estar bien en primavera, de rebajas y más rebajas con las que incitarnos al consumo bestial pero que regenera -se conoce- las meninges...cambiar, hacer, comprar...todo impregnado de banalidad y eso es solo banalidad, es todo banal, nada de eso nos ayuda a perpetuarnos, nada. La gente en general no se apercibe de ello y continúa a batallar por la supervivencia absoluta, pero solo lucha por aquella que en realidad se quedará aquí y que no se irá con la persona porque no pertenece al mundo de la mente, de la inteligencia y sí pertenece directamente al mundo del cuerpo, del apetito del ser que en realidad provoca esos deseos como formas de esencia del hombre. Es decir, nos agarramos también al mundo físico por la misma razón de perpetuidad, dejándonos invadir de ese querer estar en la realidad tangible de lo que nos rodea, formando parte de una sociedad, confusa que pretende al mismo tiempo que nosotros perpetuarse. Y solo el yo, la persona y su voluntad puede dominar su espacio temporal y hacer, y seguir haciendo cosas, unas y otras con el fin de perdurar y de sentir la propia vida, acumulando conocimiento porque éste es infinito.
Yo no sé si como decía Spinoza queremos o apetecemos las cosas no porque juzguemos que sean buenas, sino al revés, creemos que algo es bueno porque tendemos a ello, lo queremos, apetecemos o deseamos. Muchas veces deseamos las cosas pero no porque sean buenas, sino por el hecho en si mismo de desear, de prolongarnos en la manera de hacernos sentir vivos. Spinoza le une además la alegría y la tristeza que corresponden al aumento o disminución del ser y de la perfección, osea que de esos tres afectos, la cupiditas o deseo, la alegría y la tristeza proceden todos los demás y toda la vida psíquica del hombre: el amor, el odio, etc. Esta es la parte que Spinoza -dicho grosso modo- denomina apetito para referirse a la mente y al cuerpo, pues la mente sola sería en este caso la voluntad que es el estado más importante de la persona y desde ahí se generan los demás. Para mi, la voluntad está por encima de los otros estadíos que aunque son la prueba de la vitalidad, de su esencia, de seguir siendo siempre, solo la mente perdurará indefinidamente y de forma consciente, por lo tanto la voluntad es el motor de todo porque puede generar, crear o inventar cualquier cosa que se nos ocurra. Dominar la voluntad es dominarlo todo en uno y en otro sentido y es sin duda la manera de perpetuarse, por tanto de perdurar.
Triste es, que el hombre hoy, el ser, se ocupe más de lo externo, del deseo y menos de la mente que en definitiva es la que será perpetua, pero supongo que esto es lo lógico en la propia necesidad de sentir la vida y su paso por nuestras "emociones" por nuestros deseos. Sin analizar, sin querer entrar en si esos deseos son buenos o no, debemos intentar luchar por ellos, por nuestros sueños y hacerlo de verdad, no dejarlo para mañana. El hoy es ahora y será caldo de cultivo para el mañana que es siempre incierto, comparado con lo que tenemos hoy en el momento presente de vivir y de preparar la acción de mañana, pero para ejecutarla no para dejarla. ¿De qué sirve la no acción de dejar las cosas sin hacer? Solo tendremos un conato, nada más que un conato de vida, pero no tendremos la vida.
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