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Rea

La sala presenta cinco sillas y sobre las que descansa un cenital encima de cada una de ellas. Suena una viola de gamba con un violoncello de fondo interpretando la conocida melodía de Redeemer of Israel. Sobre cada silla, hay una mujer, vestidas todas de un solo color indistintamente. Sube un poco la luz general saliendo al ritmo de la música líneas de luz laterales azules que salen de cada caja. La tarde ha terminado, es de noche. Se oyen tres golpes en la puerta cuando termina la melodía. Es una cárcel de Madrid del año 2016.
Rubia.- (Con voz temblorosa.) Síiiii. Adelante, pase quien quiera que sea.
Castaña.- Yo no quiero que venga nadie.
Canosa.- Yo tampoco.
Morena.- A mi, me da igual.
Peliroja.- (Queda en silencio.)
Rubia.- Bueno, pues en ese caso...(con voz fuerte.) ¡que no entre nadie! Gracias, no queremos nada.
Voz.- ¡Es la hora!
Morena.- Pues esperen.
Voz.- Solo diez minutos.
Rubia.- La hora de qué?
Peliroja.- (que irrumpe a llorar desesperadamente.) ¡Nooooo!
Morena.- (Con un tono muy maternal.) Amiga, no te preocupes...yo...yo...te quiero mucho.
Peliroja.- (Llora más amargamente.) Es que mi niño pequeño tiene solo dos años, el mayor...tiene 10, luego va...Cristina que tiene 9, Marisol de 7, Juanito de 5 y el chiquitín...de dos, Marcelín. Todavía me duelen las entrañas de la cesárea que me hicieron para que pudiese salir. (Llora más fuerte.) Yo....los quiero ver.
Morena.- (Esta hermosa mujer tiene un fuerte acento extranjero, el característico de las mujeres árabes.) Bueno, si te sirve de algo...yo, tengo también cinco hijos, aunque son un poco más mayores. (Canta una Nana en su lengua materna, el árabe.)
Rubia.- ¿por qué han llamado? Diez minutos para qué.
Canosa.- Oye, Peliroja, no estés triste...mira, quizás nos den otros diez minutos más. Yo, ya no tengo hijos pequeños, los mios son grandes y están casados. Pero tengo nietos. A ti, te gustan los niños Castaña?
Castaña.- (sintiendo su pánico.) Pues...sí, creo que si me gustan pero no he podido tenerlos, por eso soy médico...bueno, investigadora. (Castaña es inglesa aunque habla muy bien español.) Mi padre...bueno, mi padre un día me dio una paliza tan grande...que, me quedé estéril, dijeron del disgusto por ser mala. Luego me trajeron a España a una casa de señores de mucho dinero...del Opus. Les estoy agradecido, porque me dieron estudios. Cuando me convertí al protestantismo...bueno, ahí...pues ahí se acabó todo. Creo que han sido ellos los que me han denunciado. Tienen mucho poder. Sí que lo tienen, sí.
Castaña se levanta apoyándose sobre un bastón para poder caminar, aunque su cojera es muy grande.
Rubia.- Bueno...por qué no jugamos a algo? Se levanta de su silla y comienza a abrazar a las otras mujeres fuertemente. (alzando la voz.) Yo me sé muchos juegos de palabras...divertidos, divertidísimos...(se ríe).
Castaña.- (fijándose en Rubia detenidamente y señalándola.) Pero si tu, pero si tu...tu eres esa famosa escritora que vive en Australia y que acaba de recibir el Premio Excelencia de las Letras Españolas?
Rubia.- (intimidada.) Sí, bueno, no, bueno sí, yo soy. Ahora eso da igual, querida amiga Castaña. ¡Juguemos!
Canosa.- Pero tu siendo escritora y tan conocida...¿por qué estás aquí? Todavía yo que soy una simple enfermera?
Rubia.- ¿Simple enfermera? Quién te ha dicho que eso sea simple. Eso, es muy importante y la que no entiende por qué estás aquí soy yo. Claro que soy la última en llegar y no entiendo nada de lo que está pasando. A fin de cuentas mi pluma ha luchado y matado en ocasiones más que un batallón, pero tú, enfermera, tú, maestra, tú, médico y tu, Morena, la mejor ama de casa que ha dado el mundo...¿por qué estáis aquí?
Canosa.- Bueno...aquí, ahora, en España han cambiado mucho las cosas...verás...(sin saber qué voz poner, tosiendo para componer su tono.) Digamos que antes, en el ayer han gobernado unos políticos que con su política por lo visto "liberal" permitíeron la libertad de cultos...
Peliroja.- (interrumpiendo con fuerte grito.) ¡Estamos condenadas a muerte! ¿no lo entiendes?
Ahora suena un oboe interpretando el tema principal de las danzas polovstianas del principe Igor de Borodín.
Rubia.- (Permanece en estado de congelación.)
Castaña.- (Llora en alto.) Yo...lo que pasa es que tengo miedo. (Su actitud transmite el temblor de pánico ante la situación.)
Rubia.- ¿Qué? que estamos condenadas a muerte? Pero por qué.
Canosa.- Pues...Estamos condenadas por lo de la libertad de cultos.
Rubia.- (Moviéndose de un lugar a otro contínuamente, los dedos enganchados a sus lácios y largos cabellos.) Pero, pero, pero...por qué? Pero por qué? Por qué por qué.
Canosa.- Amiga...estos últimos diez minutos, son nuestros últimos diez minutos de vida.
Peliroja.- Pero yo no quiero que me maten, tengo mucho que hacer todavía.
Morena.- Yo también, hay otras vidas que dependen de mi. ¿Cómo van a sobrevivir sin su madre? Y yo, cómo puedo morir sin la presencia de mis hijos?
Canosa.- A ti, Morena te han acusado de ser una musulmana que trabaja como enlace con los talibanes. A ti, Castaña te han condenado por ser protestante de la "rama agresiva" han dicho, osea que según parece has debido de matar a alguien. Tú, pelirroja te han acusado de ser bruja porque dicen que tienes una religión oriental donde solo hacéis encender incienso y conspirar brujerías. Yo, he dicho muchas veces que soy mormona de las pioneras mormonas que existieron en España, hace ya cuarenta años. Parece que mi religión cristiana que está extendida por todo el mundo, es una secta....de ti Rubia, ya lo sabes...eres judía de religión y de raza...de los pocos que quedaron en España. Tu marido, también es judío ¿no?
Rubia.- (con asombro.) Si, somos los dos judíos. Pero y qué? qué le importa a nadie lo que yo sea?...esto no puede ser verdad, eso es una locura. No puede ser cierto.
Morena.- Sí que lo es. Yo llevo aquí un mes. No he querido comer por rebelión y como he sido la primera en llegar...ya podeis imaginaros las torturas que he sufrido. (Morena es la única que mira al frente inmóvil todo el tiempo, estirándose la falda hacia abajo, solo hace ese gesto.)
Rubia.- Oh, no, pero eso no puede ser. Todo esto no es verdad, no puede ser verdad.
Castaña.- (Llorando.) Bueno, a mi, la verdad es que me han hecho de todo. Yo, que en mi vida he hecho nada malo a nadie...yo, que por mi esterilidad...he consagrado mi vida a la investigación genética.
Canosa.- (Acercándose a ella, la abraza.) Tranquila, tranquila...nosotras sabemos que tendremos después algo mucho mejor que lo que tenemos en esta tierra. Allí...estaremos de nuevo con nuestra familia...Yo, yo lo sé. Nosotras, debemos ser valientes y enfrentar la muerte como una suerte de partida hacia algo mejor.
Castaña.- A esto hemos llegado en nuestro país...parecía imposible.
Rubia.- Ahora despierto, parecía imposible pero no lo es. El brazo inquisidor, ha vuelto.
Pelirroja.- La vida no es sagrada.
Se abrazan todas, menos Morena que permanece en la misma actitud de estirar su falda y mirar de frente. No saben que no puede caminar, ni levantarse...le han quebrado las piernas. Se acercan a ella el resto de sus compañeras que entre todas la levantan abrazándola fuertemente. La unión no se puede describir. Quedan en silencio mientras se oye un violoncello que interpreta
Canosa.- Hermanas, hemos desarrollado aquí más amor que ahí fuera en dos mil años. Sigamos con este amor hasta la muerte. Nosotras sí que nos salvaremos, no ellos.
Suenan los tres golpes. Se abrazan mucho más.

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