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Rabiosos


La envidia, ha sido y sigue siendo uno de los males que más y peor azota a la humanidad. El hombre tiene problemas para poder reconocer en el otro a alguien que es mejor o que simplemente se ha esforzado más y como recompensa a ese esfuerzo sus resultados son mejores que los nuestros. Así es.
Cuando encontramos a alguien que tiene talento ¿qué sucede? pues que la inmediata es intentar ver cuáles son sus defectos, de qué pie cojea o qué ha hecho para adquirir dicho talento, buscamos lo negativo,"sí pero no sabes qué vida lleva" o "claro es que ha pasado por carros y carretas"...decimos cosas para desacreditar a esa persona, muchas veces sin darnos cuenta.  Es triste pero el ser humano responde la mayoría de las veces de esa manera, lo contrario sería alabar a esa persona o reconocer de lo que es capaz -a diferencia nuestra-  y eso nos pone en una situación de inferioridad, de complejo o de insuficiencia. El caso es que hay personas que en efecto tienen muchos talentos y que trabajan para poder desarrollarlos, uniendose de ese modo trabajo y capacidad innata con lo cual el resultado generalmente es redondo. ¿Y qué sucede? Pues que de inmediato brotan de no sé dónde ejércitos de enemigos, de envidiosos, los cuales se "hacen los locos" referente a los éxitos que dicha persona cosecha, intentan ningunear, obscurecer, obviar en definitiva. He visto un caso reciente de este problema tan triste en las relaciones del ser humano y resulta verdaderamente lamentable poder asistir al envilecimiento de personas, muchas que se tornan en enemigos implacables, probablemente sin que ellos lo puedan contemplar, y el caso es que en general se les tiene por amigos. Pongamos algún ejemplo, no puedo soportar cómo los profesionales que se dedican a algo -sea música, literatura, arte, pintura- destruyen a los mismos que se dedican a esa misma profesión. Resulta paradójico porque en general son los mismos de esa profesión los que se encargan de matar a cuanto ser humano destaque. Debe de ser porque ellos están frustrados, hemos oido esto en multitud de ocasiones cuando nos referimos a aquellos que dedicados a la enseñanza -por poner un ejemplo- se dedican a hacer polvo a todos sus alumnos con celos, intrigas, obscurantismos. Creo que un crítico de arte o de lo que sea, tiene el derecho de opinar en los medios porque para eso le pagan en general, pero con lo que no estoy en absoluto conforme es con la rabia acumulada de muchos que dedicados al profesorado en Conservatorios, escuelas de arte y demás, se dedican a cercenar a aquellos que son mejores que ellos mismos aunque sean sus alumnos. Ser alumno hoy en día es estar ojo avizor para que no te copien lo que escribes, es tradicional que los directores de tesis fusilen materiales de su doctorandos, un alumno ha de vivir ocultando que tiene conciertos, o que te han propuesto para una sala de exposiciones. Son pocos los que reconocerán en los que llegan un poc más lejos ese talento y sobre todo esas ganas de trabajar, que generalmente los demás han perdido o han dejado de lado al ver que no les daba todo lo que ellos mismos querían. La inmediata es querer hacer pasar desapercibido lo que los demás de talento están haciendo y que ellos no hacen. ¿Cuál es la manera? no darte tu sitio, impedir que continúes, ocultar todo lo que haces, criticarte ferozmente, inventar bulos a cerca de tu persona y lo que es peor acudir a tu vida privada para con ello desprestigiarte sumamente. El problema es que además existen medios de comunicación que viven de la crítica más repugnante y que hay además muchas personas que se entretienen con ese clima de crítica bestial que tanto mal hace en nuestra sociedad auque en beneficios sea pingüe. En la enseñanza, en los medios, en la calle...hay una atmósfera de negatividad y de competitivdad infame que se hace insorportable y que creo que no es buena para nadie. El ser humano cuando está conforme consigo mismo y contento con su vida no tiene ninguna necesidad de nada de esto porque está claro que el sol sale para todos y cada uno en la vida tiene y debe tener su lugar. Hacía tiempo que no hablaba de los rabiosos porque hacía tiempo que no me los encontraba. Estos días los he vuelto a ver y me desagradan enormemente.
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