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Complejo de hormiga



No sé que me pasa últimamente pero a todos los lugares a los que voy no hago nada más que tener complejo de hormiga y no me extraña porque la gente está de un agresivo que echa para atrás. Un horror. Cuando voy a España siempre hago noche en Irún y nada más encender la TV, me hago una idea bastante acertada de como está el tema sobre todo por Tele 5, que si hace tiempo me podía hacer más o menos gracia por la fauna y flora que aparece, ciertamente ahora me resulta totalmente aborrecible por su ordinariez supina y violencia en el trato extrema que destila. Las maneras de hablar son chavacanas, el lenguaje limitado al máximo, las ocurrencias paupérrimas...no quiero decir que todo lo que tenga que salir por la Tele tenga que ser culto, no, claro que no, la Tele es un medio de entretenimiento pero también debe ser un lugar que eduque, que tenga buen gusto, si puede ser "blanco" que distraiga de verdad y que lo haga con elegancia. Debe de ser que esas maneras trascienden a la sociedad y luego una se ve en su vida cotidiana destrozada por los demás cuando cede el paso a alguien por la calle y a cambio recibe un codazo, o en los pasos de cebra se pare mientras los de atrás le piten, eso mientras a una jamás se lo cedan, y dejes pasar en la caja del supermercado a esos gandules que solo llevan unas latas frente a ti que llevas un carro enorme y ¡claro! pobrecillos cómo van a esperar a que tu termines... Creo que lo que se haga en las maneras cotidianas del vivir y que se vea en TV ha de ser "con cierto gusto" aunque sea el odioso gran hermano, que si fuera hecho con inteligencia y clase, quizás hasta sería otra cosa, no lo sé. Lo que se pide se les da. La cuestión es que uno cede a los demás por educación y politesse y cuando sucede a la inversa (en mi caso) en el supermencado nadie me deja pasar y me tengo que aguantar con los dos mil carros delante con una paciencia estoica y un complejo de hormiga enorme al pensar que no tengo personalidad o que soy imbécil, que va a ser que sí. El otro día en la consulta del médico aquí en Francia, pasaron una legión de jubilados delante de mi persona, yo, como extranjera me daba apuro decir nada, (más de mi tontería)  cuando pasaron 45 minutos y vi con pesadumbre que no me iba a dar tiempo a buscar a mis niños del colegio frente a los machotes y sanotes jubilados que estaban bastante mejor que yo, pregunté con timidez a la enfermera. Pensé quizás que me habían nombrado -algo muy habitual cuando se es extranjero y que no lo había oído- sucede que pronuncian tu nombre pero lo hacen mal, tú no te enteras y a partir de ese momento, tienes todas las de perder porque a pesar de que has llegado muy puntual, eres invisible y hormiga, con tus derechos por los suelos porque cuando han dicho tu nombre no te has presentado y han pasado al siguiente. Fatum. Esta vez, no. Respiro. Simplemente la médico se le pasó llamarme ¡albricias! Sonreí en mi quehacer hormiguil y le dije: menos mal doctora...el caso es que yo estaba ahí y la vi salir varias veces (esto se lo dije en francés), a lo que ella respondió: pues yo salí muchas veces y lo siento pero no la vi, disculpe usted, Madame. (Lo de madame, siempre me llega al alma). Claro, de ahí mi depresión absoluta a pesar de haber estrenado un abriguito muy mono rojo como el que luce Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, pero nada, sin efecto ninguno claramente porque nadie me miraba. Al menos, nadie fue borde conmigo, cosa rara aquí, yo que me tengo por educada y por ello tonta. El paso por la consulta fue como de costumbre absurdo, porque no me hizo ni caso a pesar de que estaba yo peor que esos jubiladitos tan maltrechos. Un carro de medicamentos que me recetó la tía y a casa a sufrir. Casi, ni llego a por los niños y claro según iba paseando con bastante garbo (pensaba yo) mi abriguito nadie se daba cuenta de mi, cuando en la cola del Decatlhon (lugar que odio) se me colaron cinco personas, osea que no existía yo por lo que se ve. Si te cuelas, cuélate pero no lo hagas con aire de superioridad, por favor!. De repente tuve la sensación esa de ser la pobre desgraciada que la van a ejecutar los de las SS porque te miran con desprecio y sé lo que digo. Cuando me subi al coche llevaba la música de Pablo Milanés y casi me hundo del todo, ¡qué triste! En estos momentos siempre te acuerdas de tu madre. ¿Por qué no estás aquí? Socorro, que venga alguien. No sé si es mejor que continúe a no salir mucho de casa o bajarme a mi país donde por lo menos y aunque sean mas verdulerillos seguro que se darían cuenta de mi abriguito rojo y de mis maneras de hormiga. 
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