miércoles, 23 de mayo de 2012

Libros y comercio



Los libros son muy caros. Es una frase que decimos y que oimos por todos lados y en parte es discutible. ¿Qué libros nos cuestan demasiado dinero? quizás los escolares, las novelas de moda, los libros de cocina?...Hay muchos libros, como hay también mucho tipo de información en esos libros y muchos tipos de formatos, de presentación, quiero decir. Ahora que hay crisis en todos los sectores de consumo por supuesto ha llegado la crisis al sector del libro especialmente en un país donde no se lee nada, comparado con otros países europeos, mal que les pese a muchos que intentan imponer otra cosa. Esa es la realidad. Es cierto que se venden muchas máquinas, somos creo que los terceros en adquirir (a pesar de la crisis) ipad, móviles último modelo...pero no para leer evidentemente, sino para ver los partidos y para comunicarnos que es lo nuestro. Que nadie piense que los ebooks se venden mucho y que con ello los editores se forran, eso es una mentira absoluta ¿quién puede creerse semejante cosa? un ignorante. Tener un libro, pagar al que lo ha escrito, pagar el isbn, pagar una posible traducción, maquetarlo, tener un diseño de portada, hacer las cosas con calidad y venderlo en ebook electrónico a 2 euros es una porquería, de no ser que se vendieran millones de ejemplares, ¡una quimera!. ¿Qué libro se vende en millones de ejemplares? Eso no es un negocio y como todo arte, también tiene derecho a ser un negocio. Otras industrias de la cultura como el cine tienen muchas ayudas porque claro, los pobrecitos nos salvan a todos de ser un país inteligente. Yo cuando voy al cine tengo que pagar una entrada que me cuesta lo mismo que un libro de literatura clásica, por ejemplo, de la editorial Castalia, o Cátedra. Además también hay bibliotecas ¿no? Voy a ahorrarme opiniones sobre el cine español porque habría mucho que decir, pero sí sabemos que con la subvención de una de esas pelis salen adelante más de una editorial. Por no hablar de las entradas del fútbol que digo yo que de algún sitio lo sacarán, como el dinero para los conciertos y etcétera. ¡Bref! Ahora se hacen segundas ediciones y terceras ediciones con tan solo 200 ejemplares y la gente se lo cree, como los carteles de cien mil ejemplares vendidos, ¡pues vale! algo hay que poner para vender. Los medios de comunicación en la televisión dicen continuamente mentiras y a todo el mundo parece caerle bien, vamos que está aceptado por todo el mundo, no pasa nada, por qué no mentir en estos reclamos publicitarios, pero de ahí a creérselo, va un trecho. Algo insólito, pero supongo que es lícito usar esos mensajes animados para poder vender, porque lo que se dice vender no se vende gran cosa. Ahora que vuelve de nuevo la Feria del Libro, la gente va como cada año al fetiche, a encontrar a Ana Obregón a ver si le firma ese asqueroso libro de intrusa mal avenida, pero seguro que a ciencia cierta venderá más que Andrés Trapiello, aunque sea un escritor más que consolidado. Estas cosas hay que hacerlas, se dice y la vanidad de muchos escritores tiene que estrellarse con ese juego que es inevitable, quiere los aplausos en directo, porque el escritor no encuentra otra manera de ser reconocido.
En estos temas de ventas, firmas y reconocimiento nos topamos directamente con los criterios de los lectores. Ahí vemos el nivel. Otro tema importante es que la gente en general no tiene formación para saber qué comprar, por eso se va a cualquier caseta o se deja llevar por la primera publicidad, el primer cartel, el mensaje convincente. Los hay, por supuesto, que saben muy bien lo que quieren y van a brujulear, quizás a divertirse, a echar un ojo. Vemos también las horas y horas de "aguantoformo" de libreros que estoicamente y como cada año esperarán con optimismo sus ventas, llevando como reclamo a escritores que como papá noel se exiben en las casetas pasando calor o frío, según el día y nada más. Hay lectores incondicionales que vienen y van y saludan y el firmante se siente alagado y sobre todo contento de ver que se venden sus libros. Hay otros lectores que te dicen que fotocopiaron tu libro para leerlo y que les gustó mucho, o que lo pidieron prestado, que conocen tu obra, que te siguen en el blog...etcétera, con lo cuál son de los abrazables, a estos son de los que se les tendría que regalar todos los libros. Hay lectores para todo. Muchos ni conocen a los que firman, se ponen en la cola más larga y punto. También hay firmantes que no son autores, son firmantes. Otros autores se sientan ahí a deprimirse viendo que a pesar de los años de trabajo y de fama que les respaldan, ven en la caseta de al lado a un impresentable que nadie conoce, pero que tiene una cola que da la vuelta. Alguien dice, ¿y quién es? no sé, es un escritor inglés de cosas de miedo...Ah! ya. Otros atraen a todos los amigos que vienen porque les has comprometido, otros porque lo tienen que hacer, otros se inflan a firmar porque vienen todos sus alumnos y sorprendes a todos los que te rodean, otros porque la vanidad de escritor te obliga a querer ver y oír tu nombre por los altavoces. Yo no sé si eso es ser escritor de fama o simplemente ser escritor. Creo que no. Es otra cosa. Las giras con los libros, las ventas con los libros, la buena literatura, y pasar a la inmortalidad con tu obra, son cosas muy distintas. Las ferias son para el ganado y es horrible tener tu mismo que vender lo que haces: ¡Hola bonita, qué quieres que te firme, qué quieres que te ponga, ¿cuántos libros te llevas? Yo, francamente, no sirvo para eso y así me va, claro.
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