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¿Qué hace usted en la vida?




Ayer, tuve una experiencia aquí en tierras francesas que como siempre azotó mis meninges de manera apabullante, y es que, en Francia, es difícil pasar indemne a la vida cotidiana. No suele pasar nada, pero cuando pasa algo, pasa todo. La anécdota de ayer fue graciosa. Yo necesito ya cambiar de coche ¿por qué? por que el mio ya está en esa fase de restauración en la que cualquier cosa te cuesta un dineral, y cualquier cosa ya es prácticamente todos los días, llevas el teléfono del seguro porque sabes que en cualquier momento te puede dejar tirada...en fin, que no tienes ninguna seguridad en el pobre instrumento, sobre todo yo que le hago sus cuatro mil kilómetros al mes sin problemas. La cuestión es que yo siempre he dicho que los franceses no trabajan gran cosa, esta es una verdad como un templo, unos tienen la fama y otros escardan la lana. Sí, lo digo, porque los españoles (sobre todo los del sur) tienen fama de dar poco golpe, pero luego ves como trabajan en otros lugares y alucinas un ratillo. Aquí con la conquista de sus derechos, no hacen más de 35 horas de curro, paran a comer a las 12 aunque haya un terremoto, no hay una tienda abierta antes de las 9:30 o 10:00 y cierran a las 18:30, de modo que matarse, no se matan. Debe de ser que trabajan "más concentrao" que nosotros que perdemos mucho tiempo -eso seguro- entre cafés, comidas absurdas y demás zarandajas. Pues vi un coche que me gustó en internet y los de la casa de automóviles (no voy a decir la marca) te lo traen a tu casa para que lo veas y de paso valoran el tuyo. Vienen dos hombres, tios, caballeros, mecs, como se quiera llamar, bien vestidos como en las películas, con su corbata, su camisa blanca, su pelo impecable, limpios ellos, zapatos a la moda, sus maletines cargados de cosas...y en la puerta de tu casa te hacen el número de venta, todo hay que decirlo, bastante bien hecho, con su móvil lleno de fotos y de posibilidades de financiación, controlando el tema, ¡la caña! El que no queda convencido es que es tonto o no tiene en realidad ninguna intención de comprar, pero claro en ese caso, a mi me dan pena y lógicamente no les hago venir hasta mi casa, aunque sea su trabajo. Yo, la verdad es que como no pensaba que fueran a venir tan rápido estaba hecha un asco después de una jornada de trabajo diverso de ordenador y de preparaciones de mudanza, es decir con los nervios de punta,  sin arreglar, sin personalidad, mal, muy mal, limpia, pero poco más. Me ofrecieron, claro está, la posibilidad de dar una vuelta, un paseo en el coche, de probarlo con uno de los hombres de copiloto, dije que sí, parecía lo lógico. Todo hay que decirlo: alucinaron con mi coche porque estaba lleno de arañazos, abolladuras, golpes...bajaron bastante el precio los muy cucos, insinuaron que era el coche de una macarra. Claro, yo es que me meto por sitios muy raros, ¡qué le voy a hacer! No cuido el coche más que mi casa, es evidente para mi que está a mi servicio y no yo al suyo, algo incomprensible para los hombres los cuales en cuanto te ven un golpecillo ya te tiene por loca. En este caso es verdad.
Cuando salí de paseo con el joven, me preguntó: tengo entendido que se marcha usted de Francia. Dije, sí, sí, ha entendido usted bien. El joven tenía ganas de cotilleo, no comprendía cómo era posible que yo dejara esa casa y este país. ¿Es por trabajo? Dije, sí, sí, es por trabajo. Esta es otra cosa que me cabrea, los franceses son muy celosos de su vida privada, nunca cuentan nada, es un terreno difícil en el que no se puede entrar y me parece muy bien, pero cuando a ellos les da la vena, no veas, se ponen a preguntarte y te hacen la biografía paso a paso. Aquí vino la pregunta culminante que es muy francesa, ellos cuando quieren saber ¿a qué te dedicas? o ¿cuál es su profesión?  suelen decir ¿qué hace usted en la vida, o a qué cosa se dedica usted en la vida? ¿Porque usted es de origen español no? ¡Pachasco! solo me falta la mochila del toro y un clavel en el pelo, pero en fin. Yo, que ayer estaba algo depre, miré al joven de ojos azules y le dije: bueno, yo en realidad me dedico a contemplar el universo, aquí y allí, vamos, que lo contemplo donde quiero. Después le advertí que era una broma entre acelerón y acelerón y la perplejidad claramente visible del tío bueno. La cuestión es que la curiosidad del vendedor que tan solo quería conversación y algo de cotilleo para mi fue algo trascendental, ¡qué hago yo en la vida! ¡tantas veces me lo habré preguntado! me sonaba fuera de lugar en un momento de transacción económica, de puro materialismo, de horror al tener que soltarme la pasta si quiero tener un coche más seguro...y en ese momento surgía de nuevo como tantas veces una tormenta en mi cabeza de puro surrealismo entre coches y existencia, entre ser y estar, entre parecer y querer ser algo que en realidad no me interesa. Le agradecí bastante el gesto de venir hasta mi casa, le agradecí todo hay que decirlo, su dinámica manera de trabajar, me pareció un sistema bueno de venta...en fin, fui educada. El resto, la conmoción interior me la guardé, eso es, descubrí que en realidad me importa un bledo tener otro coche, que ese que me querían vender era muy caro, muy pintón, pero muy caro, que yo no pego en ningún lugar...total, si voy a ir dándome golpes por las esquinas: yo lo que necesito es un tanque. De nuevo me encontré con otra de mis crisis de convivencia conmigo misma y con mis circunstancias. Así vamos, como podemos.
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