lunes, 3 de diciembre de 2012

Alfonso y La visión de Ezequiel


Raffael 099.jpg

Llevaba un pantalón de color negro, una camisa de color malva a juego con corbata y una chaqueta de pana negra. Sus cabellos grises le daban un aspecto muy agradable de madurez bien asentada y comprendida. Era en suma, un hombre muy atractivo y de complexión bastante fuerte, lo que le hacía bastante inconfundible. Cuando la miró era como si mirase cualquier cosa, era la mirada del que no ve porque está pensando en otra cosa. Su mujer, hacía tiempo que no le dedicaba el tiempo que él necesitaba, no porque no quisiera sino porque sus obligaciones de "madre" la habían transtornado y ocupado todo el tiempo que tenía. Era una chica agradable, atractiva y más joven que nuestro protagonista que ya andaba por la sesentena. Sandra su mujer aún tenía 46 años y un aspecto jovial, lo que en cierto modo se nota mucho a ciertas edades. Este hombre, Alfonso Gutiérrez como así se llama en nuestra historia, se ocupaba de llevar y traer obras de arte a ciertos puntos de Europa, donde marchantes, anticuarios y subasteros adquirían dichas joyas a precio increíble. Ese día estaba nuestro hombre en el aeropuerto esperando pacientemente su vuelo, su mujer en casa con los cinco hijos, mientras que él se debatía entre diversas ideas que le atormentaban. Se preguntaba una y otra vez por aquel sistema de vida que sí, le daba pingües beneficios pero no siempre. Envidiaba con frecuencia la ocupación de maestra que tenía su mujer y por eso la odiaba en el fondo. ¡Pues confórmate con menos, le decía ella! -como hago yo. Él sabía que no podía conformarse con menos porque tenía muchas bocas que alimentar y quería alimentar a toda su familia y hacerlo bien, por todo lo alto. Por esa razón dejó su puesto de diplomático, porque le tenían de un sitio en otro, en embajadas que nadie quería ir, y llegado el momento no pudo soportarlo más. Con sus contactos y su bagaje cultural, se volcó en la representación de obras de arte lo que le daba una mayor libertad de acción. 
Cuando aquel día la vida le proporcionó aquella oportunidad, no lo pensó dos veces. Estaba harto de ir y de venir, del hastío de la vida misma, de la frivolidad del ser en su entorno, de su incapacidad para ser feliz, de no poder "perdonar" ni comprender los porqués de la ocupación maternal de su mujer, a la que siempre encontraba cansadísima....Estaba harto de la vida misma. El cuadro de La visión de Ezequiel de Rafael, representa a Dios rodeado por dos ángeles y por los cuatro animales simbólicos de los Evangelistas o tetramorfos. Rafael en este lienzo de tamaño bastante reducido, representó a las cuatro formas o criaturas de las que habla el libro bíblico de Ezequiel y el de Revelación. Después de que fuese llevada a París cuando formaba parte de la colección de la Galería de los Uffizentre 1799 y 1816, terminó tras el regreso de las colecciones de pintura florentina, en la Galería Palatina del Palacio Pitti. Ahora, tendría que volver a París como una muestra especial que se celebraría durante los meses de noviembre, diciembre y enero. 
No lo pensó dos veces, intentaría por todos los medios, falsificar aquel cuadro y llevar la copia al Louvre. ¿Cómo lo haría? No era tan difícil para él, conociendo a pintores buenísimos y tantos otros ayudantes y faranduleros de la plástica. Convencido de que esa sería una de sus tretas finales para disfrutar plenamente de la libertad y puede que de su familia, quiso antes de nada asegurarse bien, de cómo haría el cambio. Al ser el encargado de ejecutar la traída y llevada de aquella obra, lo haría a sabiendas de que nadie iba a sospechar, mucho menos la escolta que le acompañaría durante el viaje. Sandra no paraba de llamarle porque sabía que hurdía algún plan a escondidas y llevaba razón. Pensar en que aquel "cambiazo" saldría bien era algo imposible, pero salió bien. Con su poder de persuasión, Alfonso Gutiérrez logró atesorar una fortuna y poder "jubilarse" de la vida pública vendiendo aquella joya en el mercado negro, bueno, no tan negro, a sabiendas de que todo iría bien. ¿Fue así? (continuará).
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